• 11 4362 - 1225
  • info@inb.gov.ar
  • Av. Alte Brown 401

Nombran al presidente del Instituto Nacional Browniano, Comodoro de Marina (RN) Dr. Miguel Ángel De Marco, oficial de Estado Mayor “honoris causa” de la Armada Argentina

En el transcurso de una tocante ceremonia realizada en la Dirección de Educación de la Armada el día 12 de julio del corriente año, el presidente del Instituto Nacional Browniano, Comodoro de Marina Dr. Miguel Ángel De Marco, recibió el diploma y distintivo que lo acreditan como oficial de Estado Mayor “honoris causa” de la Armada Argentina.

Se hallaban presentes oficiales superiores en actividad y retiro de la Marina de Guerra y el Ejército y miembros de la Academia Browniana.

Previa lectura de la resolución que firman el director de Educación de la Armada, Contraalmirante Marcelo Tarapow, y el director de la Escuela de Guerra Naval, Capitán de Navío Ciro Oscar García Repetto, ambos pusieron en manos del oficial superior galardonado el emblema que distingue a los oficiales de Estado Mayor junto con el documento que lo acredita en dicho carácter.

ENTREGA DEL DISTINTIVO DE ESTADO MAYOR NAVAL (H.C.) AL COMODORO DE MARINA (R.N.) DOCTOR DON MIGUEL ÁNGEL DE MARCO

PALABRAS DEL SEÑOR DIRECTOR DE EDUCACIÓN DE LA ARMADA, CONTRAALMIRANTE MARCELO TARAPOW

En primer lugar, quiero agradecer a todos los presentes por acompañarnos en este momento tan especial. En minutos más tendré el honor de entregar el distintivo que acredita doctor comodoro de Marina don Miguel Ángel De Marco como oficial de Estado Mayor Naval.

Como todos los presentes sabrán, debimos posponer esta ceremonia en varias oportunidades, por las limitaciones protocolares por las restricciones impuestas por el COVID 19 y por un mantenimiento de media vida en la planta propulsora. Hoy finalmente llegó ese día, y esta pausa en nuestras actividades será para reconocerle al Dr. de Marco, sus probadas competencias para desempeñarse como parte de un Estado Mayor Naval.

Hace unos pocos meses ejercí durante dos años la jefatura del Estado Mayor del Comando de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada, sin lugar a dudas el corazón operativo de nuestra Institución, lo que me permite reconocer rápidamente cuales son las características de excelencia que debe reunir un oficial de Estado Mayor Naval, integrando un equipo conformado por una gran variedad de especialistas.

Las acciones y participaciones en su larga trayectoria en la Armada Argentina son imposibles de enumerar y de resumir haciendo magna justicia.

Sus escritos, muchos de ellos dedicados al quehacer naval se caracterizan por una prístina riqueza, profunda investigación sin la pérdida de detalles que coadyuvan a contextualizar sus claros carriles objetivos.

Hoy me siento un privilegiado, por tener sobre mis hombros la honrosa responsabilidad de cumplir con este merecido reconocimiento. Y a la vez, si sus lectores se regocijan disfrutando mientras navegan entre sus hojas, humildemente me permito compartir un viejo hallazgo, hay algo aún mejor que leer los libros del señor comodoro de marina y es poder escuchar al Dr. Miguel Ángel De Marco, PRIVILEGIO este IRREMPLAZABLE. Su sapiencia y visiones estratégicas son superlativas, altamente requeridas y necesitadas en un Estado Mayor Naval.

Anteriormente he mencionado y hoy ratifico las cualidades y competencias principales: ejemplo, valores, confiabilidad y lealtad son imprescindibles. Saber oír y escuchar. Emitir su opinión con fundamentos y firmeza aún cuando pueda existir o generar disenso. Saber trabajar en equipo, poseer resistencia ante las exigencias impuestas por largas jornadas donde el descanso escaseará.

La Armada Argentina está sumamente agradecida con el señor comodoro de marina Dr. Miguel Ángel De Marco por su empeño infinito, por sus charlas y consejos, por compartir desinteresadamente sus conocimientos y por todo lo que ha y viene desarrollando a través de sus múltiples actividades por nuestra querida Marina y por nuestra Patria.

Sr. comodoro De marina De Marco, testigos que su corredera sigue girando, timón en manos firmes, ¡Gracias por la estela, esa estela que nos guía!

AGRADECIMIENTO DEL COMODORO DE MARINA DE MARCO

“Recibo hoy, con honda satisfacción y gratitud, el diploma que me acredita como Oficial de Estado Mayor Naval honoris causa de la Armada Argentina.

“En primer lugar deseo expresar mi sincero agradecimiento al señor Director General de Educación de la Armada, Contraalmirante Marcelo Tarapow; al director de la Escuela de Guerra Naval, Capitán de Navío Ciro Oscar García Repetto, a quien conozco de Guardiamarina en comisión y con quien compartí el XXIV Viaje de Instrucción de la Fragata Libertad en 1988, y al jefe de la División Reservas, Capitán de Fragata Luis Díaz, que también impulsó esta distinción, y a quien vi por primera vez formado en cubierta como Guardiamarina en Comisión en el XXVIII Viaje de Instrucción en 1992.

“Mis palabras serán, inevitablemente, autorreferenciales, pero quizá permitan ratificar lo que todos sentimos en lo profundo de nuestros corazones: un inextinguible amor por la patria y por su gloriosa Armada.

“Los lazos que me unen a la Marina de Guerra son muy antiguos. Podría decir que se remontan a mi niñez en Rosario, ciudad nacida a la vera del “sagrado río, primogénito del mar”, como la definió a fines del siglo XVIII uno de nuestros primeros poetas, Manuel José de Lavardén. Rememoro la visita de la Fragata Sarmiento en su último viaje fluvial antes de quedar fondeada definitivamente en Buenos Aires, y los frecuentes arribos de los patrulleros King y Murature, que traían a los cadetes de la Escuela Naval en sus primeras experiencias náuticas y solía visitar con los compañeros de la Escuela Normal de Maestros. Décadas después embarcaría alternativamente en aquellas veteranas naves con saco naval o con el irrompible uniforme gris de diario que varios de los presentes seguramente han vestido.

“Ya había desarrollado buena parte de mi carrera universitaria como profesor y directivo de la Universidad Católica Argentina en Rosario, miembro de la Academia Nacional de la Historia, autor de varios libros de historia política, militar y naval, además de editorialista del diario La Capital, cuando una tarde, en la Redacción, donde traqueteaban cien máquinas de escribir -la informática aún estaba en pañales-, me invitó a tomar un café el corresponsal naval del diario, Agustín Ernesto Viale Ábalos. “Bolita”, lo llamábamos nosotros, y por ese apelativo también se lo conocía en la Armada, ya que era redondo y de baja estatura. “Mire, jefe, me dijo. Quería hablar con usted para proponerle que se acredite ante la Armada. Yo estoy mayor y pienso dejar el cargo de corresponsal”. Lejos de desagradarme, la idea me encantó y el director del diario prestó conformidad.

“Unos meses más tarde ya estaba realizando con otros periodistas un curso de actualización en la Escuela de Guerra Naval, ciclo que nos abrió las puertas del Cuerpo de Corresponsales. Nuestra precedencia jerárquica era de Tenientes de Navío y en lugar de coca remataba las dos tiras el emblema de la Armada. La capacitación incluía, además, visitas a distintas bases y breves embarcos en una marina que aún navegaba bastante. Transcurrido el tiempo reglamentario se promovía a corresponsales de guerra a la precedencia jerárquica de Capitanes de Corbeta.

“Mi pertenencia al Cuerpo de Corresponsales me permitió embarcarme en dos de las grandes aventuras de mi vida, más allá de los muchos viajes y becas de investigación y docencia en el extranjero que he realizado: el periplo de la Fragata “Libertad” hacia el lejano oriente, en 1988, dispuesto por el presidente Alfonsín para que esa nave desarrollara en remotos mares su misión de embajadora de la Argentina, y la Gran Regata Colón 92. En el primero de esos viajes, que abarcó tramos de la ruta corsaria de la Independencia y, entre diferentes puertos, nuestro buque recibió en Tokio la reiteración de la gratitud del pueblo japonés por el apoyo argentino en su guerra con Rusia, a principios del siglo XX, traducido en la entrega de los acorazados Moreno y Rivadavia para modernizar su flota y obtener la victoria. En el segundo, me gustó imaginar en la bella, rumorosa y para mí familiar Cádiz, la preparación de una segunda Lepanto, al contemplar las banderas de todos los veleros del mundo al tope de los mástiles. Surge en mi recuerdo con mucha frecuencia el momento sencillo y solemne en que cotidianamente, durante las navegaciones, la enseña patria se alzaba en popa, confundiéndose con los colores del cielo y el mar, mientras un melancólico toque de pito marinero acompañaba su ascenso al tope.

“Procuré cumplir, además de la labor específica como encargado del noticioso del buque, profesor de historia de los GUCOM y cronista de nuestras singladuras, las obligaciones que impone la pertenencia a una dotación, tanto en días bonancibles como cuando el “gongo” advertía que el embravecido oleaje obligaba a navegar a son de mar.

“Felizmente me acompañan, si hubiese que ratificarlo, mi comandante de entonces, el hoy Contraalmirante Carlos Alberto Berisso, y mi amigo de todas las horas, entonces Teniente de Navío y hoy Contraalmirante auditor Raúl Lachnicht.

“A mi pedido, el entonces jefe de cubierta, Capitán de Corbeta Enrique Germán Martínez, me instruyó en los toques de pitos de maniobra durante varios atardeceres, sentados en la toldilla, y guiado por un suboficial de mar confeccioné mi propia rabiza y mi porta-navajas. En un libro que denominé A toda vela, en la Libertad, registré no mis propias experiencias -que están anotadas en dos gruesos diarios íntimos- sino las que son comunes a todos los viajes.

“En 1992 solicité el pase a la Reserva Naval con el grado de capitán de corbeta en el Escalafón Especial. Allí ascendí, cumplido el tiempo reglamentario, a Capitán de Fragata, última jerarquía que dispone la ley.

“Más tarde me tocó, con el Capitán de Navío Guillermo Oyarzábal, gestionar ante el jefe de Estado Mayor, Almirante Stella, que la Marina de Guerra incorporara al escalafón profesional a los historiadores con título universitario específico. Y en diferentes ocasiones pertenecí a los tribunales examinadores de aquellos CUINA. Creí cubierto mi ciclo, pero en 2017 la Armada quiso hacerme oficial superior designándome Comodoro de Marina. El mismo año fui elegido presidente del Instituto Nacional Browniano.

“Camaradería, respeto, culto a las tradiciones, solidaridad sustentada en el espíritu de buque, amor a la patria, son los vínculos entrañables que conforman la pertenencia a la Armada. Y también la certeza, para los que amamos las aguas mansas y las tormentas, de que son absolutamente ciertos los versos del poeta inglés John Masefield: “no hay nada mejor hecho que la mar y los barcos”.

“Dejo constancia de que junto al botón de ancla ocupa un sitio similar en mi espíritu el escudo que ostentan los componentes del Ejército Argentino, a cuyas hazañas y tradiciones dediqué muchas páginas de mis libros. Y el emblema de oficial de Estado Mayor, el “huevo frito” que ostenta mi saco naval, refleja la profunda cercanía con una institución que, como la nuestra, nació con la patria.

“Desde esta alta edad de la vida, cuando se da valor a lo que realmente vale, no puedo sino considerar la distinción que recibo como un nuevo abrazo que me da la Armada. A modo de hurras lanzadas desde lo alto de la arboladura expreso a las autoridades navales y a cuantos hoy me acompañan: ¡Gracias, gracias, gracias!”

Contacto

Datos de contacto

(011) 4362 - 1225 / Fax: (011) 4307-9925

Av. Almirante Brown 401 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires - C1155AEB

info@inb.gov.ar


Como llegar

25 - 29 - 33 - 53 - 64 - 74 - 93 - 152 - 159 - 168

ESTACIONAMIENTO: acceso por calle Tomás Espora

Seguinos en @Instagram