La licitación de los acorazados Rivadavia y Moreno

Por TF Francesco Venturini

Tensiones diplomáticas entre Argentina y Brasil

El proceso que llevó a la licitación y compra de los acorazados Rivadavia y Moreno resultó significativo a la luz de la posterior importancia que tuvo la adquisición de los dreadnought (1) para la flota naval nacional y el equilibrio de poder marítimo con Brasil y Chile.

Luego de la firma de los Pactos de Mayo en 1902 con Chile, se limitó el poder naval de ambas naciones, aunque surgió otro frente de preocupación para nuestro país: Brasil. Este último sancionó entre 1904 y 1906 respectivamente, dos leyes que tenían como objetivo la renovación parcial de su flota con la compra de tres acorazados, diez destructores y submarinos.

Además, la política navalista del ministro de Relaciones Exteriores del Brasil, el Barón de Río Branco, ayudó a la promulgación de dichas leyes.

De esta forma, el país vecino pasó a ser la potencia militar de Sudamérica con la compra en 1908 y posterior incorporación en 1910 de los acorazados gemelos Minas Gerais y Sao Paulo. Cada uno de ellos tenía un desplazamiento de 19.300 tn. y 21 nudos de velocidad máxima. Poseían una artillería de 12 cañones de 305 mm., distribuidos en 6 torres y se construyeron en los astilleros ingleses Armstrong.

En 1906, las autoridades nacionales comenzaron a debatir qué medidas se tomarían para no quedar rezagados en materia naval. Para este fin se formó, a pedido del presidente José Figueroa Alcorta, una comisión asesora presidida por el ministro de Marina contralmirante Onofre Betbeder e integrada por el contralmirante Manuel Domecq García, vicealmirante Enrique Howard, capitán de navío Félix Dufuorq, almirante Rafael Blanco y capitán de navío Juan P. Sáenz Valiente entre otros. Esta Junta elevó al Congreso en julio de 1907 un estudio comparativo donde se vio reflejado el poderío naval del Brasil y las falencias de nuestra escuadra, así también una serie de sugerencias vinculadas al ipo de buques que era necesario comprar a corto plazo y el presupuesto necesario para tal fin.

Ambas naciones siguieron una línea política que emulaba a su par, con lo cual intentaron captar dentro de su esfera política a los demás países limítrofes con el fin de obtener aliados firmes en el hipotético caso de un conflicto armado y lograr una supremacía en la región. Los gobiernos de Bolivia y Paraguay pidieron la mediación del presidente Figueroa Alcorta en el conflicto fronterizo pendiente que tenían entre ellos, lo que molestó al gobierno brasileño. Por su parte, el gobierno uruguayo se acercó a Brasil y suscribió con el canciller Río Branco un tratado de límites. La similitud se vio reflejada también en el número de acorazados adquiridos por cada nación y los restantes navíos, con lo cual se buscó en todo momento por los gobiernos y armadas un equilibrio armamentístico en poder de fuego para no dejar que el oponente saque ventajas en materia naval.

En estos primeros años del siglo XX se dio una lucha diplomática entre el ministro de Relaciones Exteriores brasilero y su par argentino, defensor de una política pro armamentista nacional, el multifacético Estanislao Zeballos (2).

Tanto Zeballos como el ministro brasilero bregaron por un reequipamiento del material flotante a su parecer más pertinente. Río Branco tenía una concepción de “paz armada”, es decir, la nueva flota naval debería actuar como un elemento de disuasión ante las pretensiones de la Argentina.

En cambio, el ministro argentino estaba convencido de que el país estaba predestinado a ser un pueblo viril y fuerte. Para el escritor, las capacidades y potencialidades materiales, productivas y poblacionales hacían del país, una nación fuerte a nivel continental.

 



Aunque en 1904 mediante un trabajo publicado intentó conciliar con los brasileros una vía de negociación con un desarrollo equiparado de las dos flotas, posteriormente adoptó una actitud más beligerante al ser la construcción de los buques de la nación limítrofe un hecho consumado. Publicó una serie de artículos en el Boletín del Centro Naval y en la Revista de Derecho, Historia y Letras, encontrando también eco en el diario La Prensa. Este periódico se encargó de difundir editoriales de los exponentes que instaban a un reequipamiento del material flotante e hipotetizar sobre los peligros inmediatos del país vecino. Por su parte, el diario La Nación se encargó de poner calma a la escalada discursiva pro armamentista que produjeron los sectores intelectuales del nacionalismo argentino.

Una serie de artículos publicados por la prensa brasilera como el diario carioca A imprensa a mediados de 1908, analizaban las pretensiones que supuestamente poseía la Argentina sobre Paraguay y Uruguay, con el cual había litigios por la isla Martín García y las aguas jurisdiccionales del Río de la Plata. También los periódicos de Argentina junto a algunos grupos dirigenciales reflotó el viejo anhelo nacional de restaurar el antiguo Virreinato del Río de la Plata y esto generó un motivo de preocupación para el país vecino.

A su vez, distintos escritores e intelectuales nacionalistas como José Ingenieros y Ernesto Quesada hablaban de una supremacía racial argentina y panhispanismo en detrimento de la “raza anglosajona”, identificando a la soberanía nacional con independencia política, económica y militar.

Un factor primordial que fue causa de esta efervescencia naval fueron las ideas elaboradas por el marino estadounidense Alfred Mahan en 1890. Su doctrina tuvo eco en las marinas de un sinnúmero de naciones europeas y extra europeas. Consistía en la existencia de una poderosa flota naval que debía detentar un país para dominar a sus contrincantes, con los beneficios que traería aparejado esto mismo. Quien controlase los mares, controlaría el comercio y el transporte regional. En caso de una lucha armada, la flota más poderosa al vencer, bloquearía costas y puertos del enemigo, neutralizando su capacidad de reacción. La guerra ruso-japonesa de 1904 y 1905 abonó esta idea, al desarrollarse gran parte de ella en el mar y realizarse sus batallas decisivas en este escenario.

     
     
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