William Brown en las costas de Chile

Por Carlos Tromben
Colaboración: Lic. Susana Iduya
Centro de Estudios Estratégicos - Armada de Chile

La infatigable actividad de este insigne marino de origen irlandés al servicio de Argentina también se manifestó en aguas chilenas y aún más al norte, en una interesante campaña de corso realizada en el contexto de la emancipación de los países del cono sur y del esfuerzo realista por ahogar este proceso.

Este artículo está centrado en el aspecto naval del asunto y no en las consecuencias en el comercio entre Chile y Perú que fueron muy importantes.

El contexto

Antes de entrar en materia, es conveniente recordar que la emancipación del Reino de Chile había comenzado en 1810 con una primera Junta que luego se transformó en un gobierno realmente independiente.

Este período, conocido en nuestro país como la Patria Vieja, terminó con la Batalla de Rancagua el 2 de octubre de 1814, iniciándose entonces una etapa de reconquista realista.

Este retroceso en el proceso emancipador tuvo como causa principal la incapacidad del bando independentista de organizar una fuerza naval para oponerse a las sucesivas invasiones enviadas por mar desde Perú hasta producir la derrota patriota. Otra importante causa fueron las divisiones políticas entre los independentistas que culminaron en el desastre de Rancagua.

Los restos del disperso Ejército y un abigarrado conjunto de civiles prominentes trasmontaron la Cordillera de los Andes para encontrar refugio en las Provincias Unidas. El bando del general Bernardo O´Higgins fue generosamente acogido por el general José de San Martín y Matorras recién nombrado Gobernador de Cuyo por aquel entonces. El grupo encabezado por el general José Miguel Carrera y Verdugo, en cambio, se dirigió mayoritariamente a Buenos Aires.

La pérdida de la independencia hizo reflexionar a los exiliados chilenos sobre el tema del Poder Naval.

Por otra parte, en Argentina existían ideas similares después de haber eliminado la presencia de buques españoles en el Río de la Plata, hecho que permitió hacer cesar la dominación realista en Montevideo.

En esta campaña tuvo una destacada intervención, como Comandante de la Fuerza Naval patriota, el joven teniente coronel William Brown (1).

También se fraguaba por aquellos días la idea que la independencia de Argentina no estaría consolidada mientras no se eliminara el Virreinato del Perú y que esta tarea no era posible de lograr a través del envío de fuerzas terrestres, siguiendo el camino que va por el norte argentino pasando por el Alto Perú. Lo que debía hacerse, era enviar un Ejército combinado a través de la cordillera para liberar Chile y, desde los puertos de este país, proyectar el poder militar hacia el Perú. Debe destacarse en esta última concepción a los generales San Martín y O’Higgins (2).

Lo señalado era una tarea gigantesca por la falta de medios materiales, debido al desgaste producido por las guerras de emancipación y por las desavenencias políticas, dentro de los respectivos bandos patriotas chilenos y argentinos.

En el contexto anterior, se produce la gestación de una campaña de corso organizada por el gobierno de Buenos Aires en conocimiento de que España estaba formando una fuerza militar para enviarla al cono Sur en 1815.

 

Según el historiador chileno Diego Barros Arana, la primera intención fue preparar una fuerza naval capaz de enfrentar esta amenaza pero las dificultades materiales, ya aludidas, hicieron cambiar la idea original, reemplazándola por la creación de una flotilla corsaria(3).

La organizaciòn de la flotilla corsaria


A fines de 1815 se organizó la fuerza corsaria bajo el mando de William Brown que, por aquel entonces, tenía 38 años de edad y una bien ganada fama de marino valiente e inteligente. Su misión era: rescatar a los patriotas chilenos confinados en la Isla Juan Fernández por las autoridades realistas después de la Batalla de Rancagua, atacar las líneas de comunicaciones marítimas comerciales, provocar los sentimientos independentistas en las poblaciones costeras del Pacífico mediante una proclama dirigida por el Director Supremo argentino a los habitantes de Chile y enfrentar las fuerzas navales españolas siempre que las condiciones fuesen favorables (4).

El convenio del 1° de septiembre de 1815 entre el gobierno y los armadores, capitanes y tripulantes “estipulaba que las presas que se tomasen…serían vendidas en Buenos Aires y que su producto líquido sería dividido en nueve porciones, de las cuales una debía ser para el estado…dos para el jefe de ella…(W. Brown)…y las restantes para los oficiales, soldados y marineros que se repartirían en relación a su rango” (5).

La flotilla corsaria quedó compuesta por las siguientes unidades: “Hércules”, “Trinidad”, “Halcón” y “Constitución”. La descripción de estos buques, como asimismo su origen y comandantes está en el Anexo A, con notas que explican las incertidumbres existentes.

Las dotaciones estaban compuestas por aproximadamente quinientos hombres de las más diversas nacionalidades pero, en su mayor parte, eran nacionales de las Provincias Unidas o de Chile. Estos últimos prevalecían en la goleta “Constitución”. También estaban presentes en el resto de las unidades: “chilenos de cierta representación: presbítero Julián Uribe, vocal de la última junta gubernativa de Chile; capitán de artillería don Nicolás García; capitán de caballería don Ramón Freire(6) y capitán de infantería don Pablo Vargas…Estos tres últimos poseían alguna experiencia en la navegación por haber sido antes marino el primero y los otros dos por haber hecho algunos viajes” (7).

Prevalecían entre los chilenos los pertenecientes al bando del general Carrera pero éste último, al no encontrar eco entre las autoridades bonaerenses y con la franca animadversión de las de Cuyo, se fue a Estados Unidos el 15 de noviembre de 1815 a proseguir sus esfuerzos por liberar Chile de manera que no le cupo actuación alguna en la expedición que se estaba preparando, como tampoco la tuvo su rival el general O’Higgins.

La flotilla de William Brown en Chile

El 15 de octubre de 1815 lograron hacerse a la mar desde Buenos Aires los buques “Hércules” y “Trinidad”, recalando a la Isla Mocha dos meses después, bastante maltrechos debido al paso por las aguas australes. Poco más tarde arribará el bergantín “Halcón”, también en muy malas condiciones y trayendo la noticia que la goleta “Constitución”, su acompañante en la navegación hacia el Pacífico, se hundió cuando ambos buques debieron soportar un temporal de catorce días en el Cabo de Hornos. Esta unidad no pudo soportar la tormenta por venir excesivamente cargada con artillería pesada, yéndose a pique sin poder ser auxiliada por su nave consorte.

     
   
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