La bandera argentina y sus primeros usos en nuestra Armada

Por el Contraalmirante (R) Horacio Rodriguez (†)
 

La trilogía de Bandera, Escudo e Himno Nacional conforman nuestro sentimiento de Patria. La entrañable Asamblea Constituyente del año XIII, si bien por razones ajenas al tema de este trabajo no llegó a darnos una Constitución (la que era su principal misión), cumplió con importantes fines subsidiarios y entre otras nos legó dos leyes: el “Sello de la Asamblea y Escudo Argentino” y la “Marcha Patriótica”.

Respecto a la creación del Escudo no se han encontrado referencias en las Actas de la Asamblea, conociéndose al respecto sólo lo que dice el periódico de esa corporación, “El Redactor de la Asamblea”:
“La Asamblea General ordena que el Supremo Poder Ejecutivo use el mismo sello de este cuerpo soberano, con la única diferencia de que la inscripción del círculo sea la de Supremo Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata”.

Respecto al otro tema tampoco se encontró Acta alguna, y sólo una comunicación que hizo el Triunvirato a los gobiernos del interior, en la que les informaba que:
“...fue aprobado por esta Asamblea General la canción que por comisión de este soberano Cuerpo en 6 de marzo último, ha trabajado el diputado López, téngase por la única marcha nacional, debiendo por lo mismo ser la que se cante en todos los actos patrióticos...”.

Sobre éste asunto y apoyándome en investigaciones realizadas por distinguidos historiadores, me permito asentar que parecería que el que pasó a ser nuestro Himno Nacional era de existencia y uso previo, lo que dejaría como mérito a la Asamblea sólo su oficialización, y por supuesto en caso de ser así, también como romántica fábula el conocido relato de la reunión en casa de Mariquita Sánchez de Thompson.

Entrando al asunto de nuestra Bandera éste es aun más difuso, tanto en lo relativo a sus colores originales y formas, como a su posterior evolución. Las banderas como los escudos de todo el mundo están formados con los cuatro colores heráldicos: negro, verde, azul y rojo; los que corresponden a los cuatro elementos de la naturaleza: tierra al negro; agua al verde; aire al azul y fuego al rojo; a los que se agregan los colores de dos metales nobles: el oro y la plata.

Si bien los colores adoptados por cada bandera tienen su razón de ser y obedecen a circunstancias mayúsculas o minúsculas, en el caso de la Bandera Argentina no han quedado registrados los motivos de la elección del azul celeste y blanco, pudiendo al respecto darse únicamente y sólo como antecedente, el uso previo de esos colores en diferentes oportunidades y símbolos, lo que trataremos de hacer.

A principios del siglo XV, Beatriz de Silva había ingresado en el convento de las hermanas dominicas de Toledo luego de ser expulsada de la Corte por la reina, celosa de las atenciones que le dispensaba su esposo, el rey de Castilla y León. Un día y luego de permanecer cuatro años enclaustrada, mientras se encontraba en oración cayó en éxtasis y vio a la Virgen María vestida de blanco, con un manto color celeste, lo que le inspiró la idea de establecer su culto en el misterio
de la Inmaculada Concepción, culto que en 1489 fue aprobado por Breve del Papa Inocencio VIII.

Posteriormente Carlos III de España declararía a “la Inmaculada Concepción de María singular y universal Patrona y Abogada de todos mis reinos de España y los de las Indias y demás dominios y señoríos de esta monarquía”, y que los caballeros ostentaran la Gran Cruz de esa Orden (esmaltada de celeste y blanco), y usaran “una banda de seda ancha, dividida en tres franjas iguales, la del centro blanca y las dos laterales del color azul celeste”.

Como sabemos Manuel Belgrano estudió leyes en universidades españolas y con seguridad vio este uso del celeste y blanco, al tiempo que como nos lo dice en sus Memorias adquiría ideas liberales:
“Como en la época de 1789 me hallaba en España y la revolución de la Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mi las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aun las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente...”.

También sabemos que regresó de la Península con el nombramiento de Secretario del Consulado de Buenos Aires, y que la reunión inaugural de esa institución se realizó bajo la protección del poder divino “por la intercesión de la Virgen María en su Purísima Concepción”, así como que posteriormente por iniciativa de Belgrano, se dispondría se formarse la bandera del Consulado con los colores de la Inmaculada, es decir azul celeste y blanco.

Tiempo después encontramos que con motivo de la Segunda Invasión Inglesa, el 14 de junio de 1807 se celebró una Junta de Guerra(1), en la que se determinó que “inmediatamente se diese vestuario a los Dragones de esta Capital, para lo cual se destinaron los paños blanco y triple azul que se existían en la Aduana”. Sería también con esos colores que se integraría el uniforme del principal Cuerpo formado en ese momento, los Patricios: pantalón blanco, chaqueta azul y penacho azul celeste en sus sombreros.

Hay también quienes relacionan el uso que en ese momento se hizo de esos colores con la masonería, como Martín V. Lazcano en su obra “Las Sociedades Secretas Políticas y Masónicas en Buenos Aires”, en la que reproduce un escrito aparecido en La Gaceta Mercantil Nº 840 del 26 de agosto de 1826, firmado por “un agradecido a los reconquistadores de 1806”, en el que en uno de sus pasajes se decía:
“el día 14 de agosto del año 6, salieron los reconquistadores con un distintivo en la cadena del reloj para reconocerse, y era la cinta blanca y celeste; bajo el mismo pretexto pasaron el distintivo al día siguiente 15 a un ojal del chaleco, y formaron la reunión de lo más lucido de este pueblo en casa del señor Juan Martín de Pueyrredón, de donde salió el plantel de la Independencia, quiero decir del Cuerpo de Oficiales el primer escuadrón de Húsares, que después se ha repartido en todos los Cuerpos que la han consumado. El 26 del mismo mes y año, se presentó en la Plaza de la Victoria este primer escuadrón con don Juan Martín de Pueyrredón a la cabeza como su comandante, sin insignias militares españolas, colocadas en su lugar las republicanas que hasta hoy cargan nuestros sargentos y cabos, entonces decinviros y quintuviros, que fue lo mismo que decir a todas la provincias y naciones que los veían: los reconquistadores del año 6 marcharon de frente a ser republicanos...”.

     
  BIBLIOGRAFIA CONSULTADA  
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