El naufragio del Isabella en Malvinas (1813)

Por el Doctor Alfio A. Puglisi, docente de la Escuela Naval Militar

La presencia en nuestro mar de piratas y aventureros, esposas y amantes, queda señalada en una de los más dramáticos naufragios ocurridos en Malvinas.

En 1813, el buque de bandera inglesa Isabella, procedente de Australia, había doblado el Cabo de Hornos e intentaba refrescar víveres en alguna caleta de Malvinas. La noche del 9 de febrero embistieron las rocas que rodean la isla Aguila (hoy Speedwell Is.) en la desembocadura sur del Estrecho de San Carlos que divide ambas Malvinas. Al día siguiente los sobrevivientes armaron un campamento en tierra; de ellos, 20 conformaban la tripulación, otros 20 eran pasajeros y había 14 soldados pertenecientes al Regimiento 73 que retornaban a Inglaterra. En el grupo se encontraban ocho mujeres y dos niños.

Uno de los pasajeros era el General Joseph Holt, antiguo revolucionario irlandés y expatriado, que había sido anmistiado por su buen comportamiento durante una rebelión local contra su gobernador, el tirano William Bligh, el mismo que tiempo antes había causado el motín del Bounty. Le acompañaban su esposa Hester y sirvientes; el barco no tenía camarotes, por lo que debió alquilar una determinada superficie y mandar a construir allí por un carpintero un espacio privado.

El Capitán Robert Durie que mandaba una Compañía del Regimiento 73, llevaba también la suya, Johanna Ann Ross, viuda de un Coronel, con dos hijos del matrimonio anterior y embarazada del nuevo; un Sargento del mismo, William Beam, lo hacía con su mujer Elizabeth y, por fin, estaba el tambor de dicho regimiento William Hughes que era acompañado por la suya.

Completaban la lista cuatro ex-convictas por prostitución que habían cumplido su condena, una de ellas Mary Ann Spencer, era soltera y estaba bien dispuesta a ser cortejada por la tripulación y el pasaje. Como se ve éste era de muy diversa clase social.

Los convictos marchaban destinados a Australia y Nueva Zelanda, de ese modo Inglaterra poblaba los territorios de ultramar. Varios países también recurrieron a ello, España y Argentina los solía confinar en la frontera, Patagones o Malvinas. Chile en la Isla de Juan Fernández. Salían hacia Australia verdaderas flotas, a veces con personas castigadas por delitos menores. Muchos cumplían su condena y eran devueltos a la metrópoli, otros eran perdonados.


En esta situación se hallaba la mayoría de los que retornaban. Por ejemplo, un pasajero, sir Henry Browne Hayes (1762-1832), era un personaje excéntrico, había sido armado caballero por favorecer al gobierno comprando votos por cerveza. Al querer mejorar aún más socialmente, raptó a una rica heredera irlandesa, Mary Pike, para casarse con ella. Fue a parar a Australia y allí también desobedeció al gobernador creando una logia masónica; fue sancionado, pero pasa por ser el fundador de la masonería en el lugar. Su mayor mérito es haber fundado además el primer hospital de Newcastle.


Naufragio del barco inglés Isabella, según Ch. Barnard.

Había pues de todo, a veces en una misma persona. El naufragio del Isabella se debió a la impericia de su capitán y la indisciplina de su heterogénea tripulación, quienes tampoco hicieron mucho por reflotarla.

Los náufragos consiguieron llevarse del barco lo mínimo e indispensable. En un intento de sobrevivir, el 22 de febrero fletaron un bote abierto de sólo 5,4 m de largo al mando del capitán mercante Richard Brookes quien, retirado, hacía su último viaje, el Teniente Richard Lundin del 73 y cuatro marineros quienes tras navegar más de mil millas en el mar llegaron al Río de la Plata el 31 de marzo.

     
  BIBLIOGRAFIA CONSULTADA  
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