El Gran Irlandés
Homenaje al Almirante Guillermo Brown - 3 de Marzo de 2007.

Por Dinorah Cabral
       
Nimbado de victorias
sunombre ha alcanzado
las puertas de la gloria.
Por él, los hombres y mujeres
de la patria argentina
nos ponemos de pie.
     
       
En los umbrales de la historia viva
hay un hombre.
Nació en un predio de colinas negras
de bosques arrasados
y atardeceres con olor a muerte.
Persecución y sangre
castigaban los credos de su infancia.
En los ojos de lágrimas y humo
se grabaron las horas del infierno.
Destino a mar abierto
atrás quedaba Foxford
como un astro lejano, inalcanzable.
Navegando el olvido
surcó las rutas de la inmensidad.
Una nave sin nombre
de jarcias retorcidas
desafiaba el alud de la intemperie.
Ventiscas sin retomo
inflaban el velamen
con la forma perfecta
de vientres fecundados.
Soledad, pena, nostalgia
enjugaban sudores
en su frente espartana.
Enormes olas de sal enlutada
mutilando la máscara de proa
afirmaron su temple.
En los umbrales de la historia viva
hay un hombre.
El gesto altivo, la mirada inquieta
mística lumbre de faros distantes.
Arreciaba en sus venas
el frío temporal de la contienda.
Audaz y temerario
como una estaca de mármol
clavada en los arrecifes
ancló su tiempo
al sur del continente.
Estatura de acero damasquino,
en la fragua de soles y heroísmo
amalgamó su idioma
con nuestra sangre gaucha.
Navegante de umbríos nubarrones
estratega de guerras justicieras.
Peregrino del viento
amó esta tierra de trigal y luna
de aire sureño y horizontes grises
donde eligió quedarse a vivir
y morir y ser un héroe.
Fantasmal y solemne
su flota penetraba
las auroras del Plata
a emancipar las aguas argentinas.
Búfalos de metal
avanzaban sin tregua
por la arteria invisible
de un sendero marcado
por la estrella polar.
El tronar de sórdidos cañones
con la ira en el vórtice del fuego,
con un grito de horror en la garganta
marginaba las naves enemigas
sustentando la fuerza
del pueblo alzado en armas.
Sus majestuosos buques, invencibles
ululantes de mareas nocturnas
abrazados a los Hombres de Mayo
inauguraron la Escuadra Nacional.
El «Hércules» crecía
igual que el Ave Fénix
del eco de vandálicas tinieblas.
La pólvora flotante
con estruendo de roncas baterías
cruda estampida en la línea mortal.
Sólo la Cruz del Sur
bendecía las víctimas navales.
Hombres de pampa y potro
bautizados de pronto
en ríos vespertinos
quedaron en cubierta
con los rostros al cielo
empapados de espanto,
con las bocas abiertas al espacio
y los pechos valientes
invadidos de rojas amapolas.
Hay un caer de llanto contenido
en las ojeras del bravo capitán.
Paladín de los mares planetarios
su estandarte de niebla
abría nuevos rumbos
hacia la libertad.
El Universo iluminó su gesta
por liberar banderas sometidas
de nuestra raza indígena y morena
y un clamor sordo
de voces y aleluyas
elevó un himno
de honor a su memoria.
Guillermo Brown
águila con alas
de espuma marina
bajó a la oscura profundidad oceánica
donde beben los dioses
los elixires de la eternidad.
En los amaneceres de ultramar
se perfila la imagen
del heroico Almirante,
despejando la bruma costera
contempla el vuelo matinal
de las gaviotas
y el oleaje sin pausa
de la argentinidad.
En los umbrales de la historia viva
hay un hombre.
En los umbrales de la historia viva
hay un héroe.