Los Centauros Marinos:
Granaderos que surcaron los mares.

Por Esteban Ocampo

Al estudiar detenidamente al ya mítico Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”, uno no termina de sorprenderse no sólo por la importancia que ha tenido en la Guerra de la Independencia sino también por la historia de aquellos hombres que formaron esa verdadera escuela de valor y disciplina en nuestro País y gran parte de América.

Es más que conocida la síntesis que Bartolomé Mitre realiza sobre el Regimiento en su obra “Historia de San Martín y la Emancipación Sudamericana”, pero siempre es bueno recordarla por ser una de las más fieles en cuánto a la sensación y la magnitud de la obra realizada por los Granaderos. Dijo Mitre:

“El primer escuadrón de Granaderos a caballo fue la escuela rudimental en que se educó una generación de héroes. En este molde se vació un nuevo tipo de soldado animado de un nuevo espíritu, empezando por un regimiento para crear el tipo de un ejército y el nervio de una situación. Bajo una disciplina austera que no anonadaba la energía individual y más bien la retemplaba, formó San Martín soldado por soldado, oficial por oficial, apasionándolos por el deber y les inculcó ese fanatismo frío del coraje que se considera invencible y es el secreto de vencer.

Concurrió a todas las grandes batallas de la Independencia, dio a la América diecinueve generales, más de doscientos jefes y oficiales en el transcurso de la revolución, y después de derramar su sangre y sembrar sus huesos desde el Plata hasta el Pichincha, regresó en esqueleto a sus hogares, trayendo su viejo estandarte bajo el mando de uno de sus últimos soldados ascendido a coronel en el espacio de trece años de campañas”
(1).

A estas palabras podríamos unirles muchos otros pensamientos dados por historiadores argentinos y extranjeros, los cuales siempre se han encargado de dejar más que en claro la importancia y marca que dejaron los Granaderos a Caballo.

He tenido la oportunidad y el orgullo de formar en las filas de este Histórico Cuerpo, y gracias a Dios plasmar en papel gran parte de su brillante trayectoria(2). Y es por ello que quisiera compartir con ustedes algunos aspectos interesantes de esa historia llena de gloria con el convencimiento que será de su agrado.

Resulta fascinante descubrir la unión del Regimiento Símbolo de la Caballería Argentina con otras armas(3) del Ejército. Como afirmación a este punto podría citar que los primeros reclutas granaderos provinieron del Nº 1 de Infantería, es decir, del Regimiento “Patricios”. La lista con los nombres de esos primeros soldados quedará por siempre como el más fiel reflejo de esa unión(4).

Pero esos hombres no serían los únicos ejemplos de unión o intercambio entre la caballería y las otras armas del naciente Ejército Patriota. Hay otros oficiales granaderos que hicieron sus primeros pasos en la carrera militar en el Regimiento de Artillería de la Patria, un Cuerpo cuyas baterías estaban distribuidas en los distintos teatros de operaciones de ese momento. A tal fin podríamos mencionar al Teniente Ladislao Martínez y al Capitán Juan Ramón Rojas(5), ambos incorporados al Regimiento y provenientes del citado destino.



Esta situación es más que comprensible ya que era natural que los oficiales en esta época tuvieran conocimientos en el manejo y la táctica de las distintas armas y, en un Ejército como el nuestro donde debía organizarse prácticamente de cero, era más que necesaria esta flexibilidad.

Ahora bien, este intercambio no sería sólo propiedad entre componentes del Ejército. El Regimiento de Granaderos a Caballo, tuvo su unión con la Armada, y de este punto es que quiero referirme en el presente artículo. Por ello lo invito a que pueda acompañarme a los orígenes del Cuerpo y la unión de éste con la Marina y sus hombres.

Su Creador: José Francisco de San Martín El 16 de Marzo de 1812, nace el Escuadrón de Granaderos a Caballo, bajo el mando del entonces Teniente Coronel de Caballería(6) D. José Francisco de San Martín y Matorras, un oficial recién llegado de España el cual había tenido mucha consideración en el Ejército del Rey “a pesar de ser americano” como él mismo expresaría tiempo después.

Sabido es que ingresó en el Regimiento de Infantería de Murcia “El Leal” y tuvo su bautismo de fuego al mando de una compañía de granaderos durante el sitio de Orán en junio de 1791.

Pero siguiendo con su Foja de Servicios voy a detenerme en el año 1797, momento en el cual su trayectoria en el Real Ejército Español lo lleva a desempeñarse junto a parte de su Regimiento como Infantes de Marina.

Desde el 23 de junio de 1797 y por el lapso de trece meses, el 2º Teniente San Martín, estuvo embarcado en la Fragata “Santa Dorotea”(7) junto a parte del Segundo Batallón del Regimiento de Infantería de Murcia. En este período navegó por el Mar Mediterráneo y las Bases Navales de Cartagena, Cádiz y el Puerto de Tolón, tomando parte en seis campañas contra los ingleses y acumulando, sin lugar a dudas, una experiencia notable para la futura Expedición Naval al Perú ya en el año 1820.

     
     
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