El submarino y la navegación submarina en la Argentina.
El inventor persistente: ingeniero Teobaldo Ricaldoni.

Por el Capitán de Navío (R) Magister Tomás Merino

   

En su obra “Historia del Torpedo y sus buques en la Armada Argentina, 1874- 1900”, Humberto F. Burzio, en cuatro renglones expresa escuetamente:

En esta reseña no debemos dejar de mencionar al ingeniero Teobaldo J. Ricaldoni (1873- 1923), profesor de física, decano y académico de la universidad de La Plata, que también proyectó un submarino de su invención y llegó a fabricar un modelo en miniatura(1).

Al respecto debe señalarse que el ingeniero D. Teobaldo Ricaldoni fue quien en Argentina presentó el más interesante y completo proyecto de embarcación submarina, cuya documentación original se exhibe en el Museo de la Escuela Naval Militar en Río Santiago.

Según también señala Burzio, el proyecto en el ámbito de la Armada fue girado en 1901 para su estudio a una comisión presidida por el Capitán de Fragata D. Manuel Domecq García. Esa comisión, luego de un detallado análisis del desarrollo de este
tipo de embarcaciones en el mundo, efectuó la siguiente recomendación, que indica Burzio, fue la política de nuestra Armada respecto a la incorporación de submarinos a su Flota, hasta bastante avanzado el siglo XX:

El proyecto en cuestión no aporta ninguna idea nueva y factible, en pro de los múltiples problemas que constituyen el tipo de submarino útil y eficaz en una Marina de Guerra, y creemos que en materia de submarinos deberíamos seguir el ejemplo de Alemania, Rusia, Austria e Italia que han decidido no gastar un centavo en semejantes construcciones, hasta que experimentos posteriores hayan demostrado su valor. Inglaterra misma hace construir únicamente para ensayos cinco submarinos encargados a la casa Vickers.

Por su lado, el ingeniero Ricaldoni en su impreso “Mi Submarino”(2), recopiló sus vivencias e interpretaciones de casi 12 años de actividades relacionadas con sus intentos para interesar a la Armada Argentina para avanzar en concretar su proyecto de embarcación submarina. Comienza su relato indicando que la cuestión submarinos le atraía desde su juventud, que abrigaba la certeza de que el problema tenía solución, y que buscó ponerla a disposición de Argentina. A continuación reseñaremos los conceptos más destacados de esas memorias.

A fines del año 1892 presentó al Ministerio de Guerra y Marina sus ideas para la construcción de buques submarinos. Después de estudiarlas y discutirlas con Ricaldoni, la comisión designada para su estudio, le indicó “que solo tomarían en consideración esas teorías si presentaba un proyecto con planos y cálculos, que satisficiese las 17 condiciones que exigían los Estados Unidos para la admisión de proyectos”. Asimismo Ricaldoni fue estimulado para que presentara, sin desanimarse, los planos y cálculos exigidos y se le entregó el pliego de condiciones exigidas por los Estados Unidos.

En mayo de 1893 entregó a la comisión un trabajo constituido por numerosos dibujos que representaban distintas proyecciones, cortes y detalles, una memoria con las causales del invento y un cuaderno de fórmulas y planillas de cálculos, que fueron nuevamente discutidos hasta en los más insignificantes cálculos.

 
       
Ing. Teobaldo Ricaldoni
       

Ricaldoni creía que la comisión opinaría que se debía aprobar el proyecto y aconsejaría la construcción. No obstante pasó el tiempo, y recién después de dos meses pudo tener vista al informe al ser publicado en “La Nación” el 1 de septiembre de 1893. En ese informe se indicaba luego de una larga argumentación, que a pesar de la laboriosidad y competencia demostradas por el ingeniero en su proyecto, no se debía hacer lugar a lo solicitado.

Dicho informe fue refutado por Ricaldoni en forma pública el 10 de septiembre de 1893 a través del diario “La Nación”, pero según comenta el ingeniero, el Ministerio nada resolvió.

En enero de 1894 Ricaldoni pidió el nombramiento de otra comisión de estudio, pero lo rechazaron por no ir en papel sellado y no tuvo mas remedio que recoger sus planos, planilla, etc., y archivarlos.

En mayo de 1895 tuvo entrevistas y conferencias sobre su proyecto en las cuales participaron oficiales de la Armada además de congresales, ingenieros y otros profesionales. En esas reuniones los diputados presentes prometieron patrocinarlo y tratar de hacer votar los fondos necesarios en el Congreso. La suma que se necesitaría era de alrededor de 150.000 $ oro. Al poco tiempo el asunto fue tratado en sesión secreta de la Cámara de Diputados del Honorable Congreso Nacional y se votó, casi por unanimidad con sólo un voto en contra, la autorización de los fondos; así el proyecto pasó al senado que lo pasó a estudio de la comisión de guerra, donde quedó archivado.

     
     
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NOTAS:
1) Burzio, Humberto F., Historia del Torpedo y sus buques en la Armada Argentina, 1874-1900. Dpto. de Estudios Históricos Navales, Armada Argentina. Pág. 259.
2) Ricaldoni, Teobaldo J., Mi Submarino. Argos, Casa editora, imprenta y encuadernación, Calle Cuyo 657. Buenos Aires. 190.