El Almirante Brown en Guayaquil.
El enfrentamiento epistolar, febrero 1816.

Por el Capitán de Navío (R) Magister Tomás Merino

     

El ataque a Guayaquil, en febrero de 1816, decidido por Brown durante la campaña de corso al Pacífico, a pesar de la limitada información que disponía, contaba con poder producir una reacción de los criollos que le ayudaría a tomar la ciudad.

Este plan se asentaba en la precursora aunque fallida revolución del 10 de agosto de 1809, y por la situación económica de la región, que debía competir con el virreynato de Perú, favorecido por disposiciones monopólicas en su desmedro.

La flotilla corsaria al mando de Brown arribó en la mañana del 8 de febrero de 1816 a la isla de Puná, en la desembocadura del río Guayas, donde permanecieron los buques mayores, sirviendo prácticamente como una base temporaria de apoyo de dicha flotilla en su acción contra Guayaquil.

Brown decidió no perder tiempo para poder atacar por sorpresa a Guayaquil, y valiéndose de un práctico apresado en Puná, ese mismo día remontó el río Guayas embarcado en el bergantín Trinidad seguido por la goleta Carmen, ambas naves de dimensiones acordes a las aguas restringidas que debían recorrerse hasta la ciudad a atacar.

Pero en su avance aguas arriba, se produjeron dos hechos que provocarían un cambio de fortuna que afectaría sobremanera el plan del comodoro corsario patriota.

Avistada su presencia y avance por José Villamil, quien como pasajero acababa de dejar Guayaquil a bordo de un bergantín hacia Luisiana para instalarse y residir allí con su familia; Villamil decidió retornar y dar la voz de alarma a la ciudad, y este acto cambió su vida, siendo luego uno de los principales patriotas ecuatorianos. Al respecto expresó años después Villamil:

“El capitán de la goleta me avisó que muchos barcos estaban fondeados en Puná, y reflexioné que nunca se habían visto nueve velas en Puná… Era pues la escuadrilla porteña con sus presas… Brown me había dejado pasar... Pero la idea de entregar, con indolencia, a tantos amigos que dejaba en Guayaquil… me avergonzó; retrocedí
no sin perjuicio de mis intereses”.


Por otro lado, el río Guayas sufre la acción de las mareas y Brown ante la necesidad de tomar el fuerte de Punta Piedra que le ofrece resistencia, pierde la onda de creciente y con ello también pierde alrededor de 12 horas. Villamil al respecto reflexionaba años mas tarde:

“Había conseguido mi objeto, Brown había fondeado; la marea no le alcanzaba ya para sorprender la ciudad, y yo llegaba a tiempo para ponerla en armas…. Como a la media hora de haber principiado el tiroteo, una gran llamarada me avisó que Brown celebraba su triunfo, pegando fuego al galpón que... servía para sombrear quince milicianos que había dispersado, después de una resistencia que no esperé”.

 


Plano del Puerto y Ciudad de Guayaquil - Dionysio de Alsedo y Herrera - 1741


Vista de la catedral colonial de Guayaquil
Vista del Guayaquil colonial
     
     
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