Un héroe nacional de Salta
¡Olvidado en la historia, luego de transitar en el camino de nuestra independencia!

por el Capitán de Navío Raúl Medina Alvarado

     

Viendo cómo avanza la historia en nuestra Salta y quizás en lo nacional, me duele apreciar la poca difusión en este nutrido tránsito del bicentenario, de la figura del Dr. Francisco Bruno de Gurruchaga y Fernández Pedroso, simplemente Francisco de Gurruchaga. Hombre noble, caballero, descendiente de patricia familia salteña, bachiller en derecho, ex oficial de la Real Armada de España, con participación en la batalla naval de Trafalgar y comisionado por la “Primera Junta Gubernativa” para alistar y armar la incipiente escuadrilla naval para la guerra de nuestro país, entre otras de las actividades públicas que realizó en nuestra región, a lo largo de sus ochenta y un años de vida.

Había nacido en Salta el 6 de diciembre de 1766. Siendo aún niño, aproximadamente a los ocho años de edad, siguiendo las férreas tradiciones de la familia española, le correspondió aprender ciencias jurídicas por ser el segundo hijo de tres hermanos, para lo cual fue enviado al Reino de España. En la ciudad de Madrid, ingresó primero al Colegio de los Nobles, selecto instituto de enseñanza, donde sólo podían entrar quienes tenían títulos de nobleza o una muy buena posición económica dentro de la sociedad española, para afrontar los gastos de aprendizaje, fuesen esos alumnos nacidos en la península ibérica o en alguno de los
virreinatos españoles. Posteriormente se graduó en la universidad de Granada, como bachiller en derecho.

Conocedor a fondo de las actividades políticas españolas por permanecer y participar de ellas, en especial entre 1800 y 1809, fue encargado de tramitar la correspondencia del rey, hecho que habría permitido relacionarse en las cortes de Carlos IV y Fernando VII, rechazando la intervención de José Bonaparte en el gobierno del reino de España. Esta situación lo puso como una de las figuras de la oposición, en especial por su origen virreinal, costándole su libertad pero gracias a favores logró escapar a Londres y de allí a Buenos Aires, trasladándose posteriormente a Salta, luego de estar ausente aproximadamente unos treinta años de su tierra natal.

Evidentemente hacia los aciagos meses de 1810, tenía el Dr. Gurruchaga una vasta experiencia en el campo político, destacándose su actuación pública en Salta, en especial durante la gobernación interina del intendente Don Nicolás Severo de Isasmendi. Contaba con cuarenta y cuatro años de edad y tal vez en parte por estas virtudes de vida y experiencia política, fue nombrado como representante del Cabildo de Salta ante el llamado a conformar la primera “Junta de las Provincias Unidas del Río de la Plata”, según decisión adoptada por los integrantes de la Junta Provisoria de Mayo.

Arribó a Buenos Aires, el 18 de diciembre de 1810. Pero esta embrionaria junta legislativa no logró reunirse tal cual era la idea inicial, por problemas de relaciones internas, situación que le habría exigido tal vez quedarse en Buenos Aires en los meses siguientes o porque quizás el vocal Juan Larrea, responsable del incipiente ministerio de defensa, encontró en el Dr. Gurruchaga una persona capacitada y experimentada en el arte de la guerra en el mar como para hacerse cargo de la tarea de preparar una flota de guerra.

 

Francisco de Gurruchaga. Fotografía de un grabado de época; Colección fotográfica de Monseñor Vergara, Archivo del Museo José Evaristo Uriburu, Complejo Nacional Museo
Histórico del Norte.

Debemos estimar en forma lógica, que en un estado de transición en la forma de administrar un Estado, en este caso del virreinal a una nueva forma de gobernar camino a la república, el Dr. Gurruchaga era un valioso hombre para la causa rioplatense, demostrado cabalmente cuando fue nombrado comisionado el 10 de enero de 1811, por parte de la “Junta de la Capital” para participar del alistamiento y armamento de la primera escuadrilla naval de combate del Río de la Plata. Dado que por el otro lado el incipiente ejército patrio ya estaba en plenas operaciones en dos frentes, el altoperuano y el Paraguay, como bien lo expresara el Dr. Mariano Moreno en su “Plan Revolucionario de Operaciones”, referido a las acciones políticas, económicas y militares que deberían realizarse en la causa de Mayo de ese 1810, era necesario disponer de una propia fuerza naval de guerra para enfrentar a la marina real española con asiento en el Apostadero Naval Real de Montevideo. Formalmente estas unidades navales de guerra nunca integraron el poder militar del Virreinato del Río de la Plata, de allí que en mayo de 1810, no tuviera este primer gobierno una fuerza naval militar, excepto la balandra “Vizcaina”, inmediatamente renombrada como “Americana”, cuyo comandante era el Primer Piloto Del Pino, más algunos lanchones, falúas y faluchos chasqueros. Recordemos que en general las fuerzas militares de mar y tierra en los virreinatos españoles tenían dependencia directa del rey de España, de allí que sus ejércitos, ostentaban la bandera de guerra con la ornamentación real y no del virreinato, excepto cuando las compañías de las milicias armadas
representaban una región determinada, allí aparecían las “coronelas” a la cabeza de la formación.

     
     
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