La guerra biológica no buscada.

Por el Arq. Jorge Laray

“Toda época está preñada de la que le sigue”, la historia será entonces, una cadena de acontecimientos que —aunque parezcan desvinculados en el tiempo y en el espacio— forman parte, de un proceso histórico.

Uno de los eslabones de este proceso, aún abierto, es la “Guerra biológica” que fue parte importante de la Conquista y Colonización de América. Hablar de una “Guerra biológica” sucedida a partir de 1492, requiere establecer la cadena de sucesos concatenados, en el tiempo y en el espacio, para que esa guerra fuera posible allí y entonces, y no en otra parte.

Pero esta guerra, se dio dentro de un marco mucho mayor, fue la principal protagonista de un enfrentamiento que excedió lo bélico. Fue el enfrentamiento de culturas diferentes, a las que las circunstancias, y sus respectivas historias, las hicieron antagónicas.

Si hubiese sido una guerra de conquista, hubiera quedado adscripta principalmente a lo bélico, pero fue también de colonización, y la colonización hizo de ella, un choque de culturas. Las culturas en colisión, su naturaleza, influyeron en el hecho bélico —porque la manera de hacer la guerra forma parte de la cultura de los pueblos—.

Habrá que mencionar, entonces, el perfil espiritual de quienes pertenecían a ellas, incluyendo qué peso tenían en cada una, las respectivas religiones.

Si incluimos en el concepto “cultura” los múltiples aspectos que se manifiestan a través del quehacer humano, desde la rutina cotidiana hasta las manifestaciones del sentir, tanto popular como de las clases “altas”, y los grandes en logros en las ciencias, las artes y la política.

Bloch decía que la historia era “por encima de todo la ciencia del cambio”, y que era necesario analizar los cambios para que un período revelara todos sus pormenores. Se anticipó así, al criterio de “la longue durée” de Braudel, y en un estudio sobre la Historia Rural de Francia hizo hincapié en la evolución, tan lenta que se torna imperceptible, de la vida rural en la Francia rural, modelada por la acción recíproca de la gente con su hábitat. No obstante su lentitud, en un momento dado, las consecuencias de esta relación pueden asumir un protagonismo destacado en un período de un hecho histórico.

Durante mucho tiempo la naturaleza, sea como ideología, sea como realidad material, fue el escenario de la historia en el se representa el verdadero drama real: el drama de la vidas humanas, de la acción humana. Dice Ortega y Gasset que “el hombre no tiene naturaleza, sino historia”, pero si la historia evolutiva del hombre es la suma de respuestas a las dificultades que le planteaba la naturaleza para sobrevivir, cabe reconocer que, de alguna manera, la naturaleza ha influido en la historia desde nuestros antepasados más remotos.

Podemos discutir si el hombre “ha vivido de la Naturaleza” o “ha vivido con la Naturaleza”. Hoy el tema sigue abierto. A la vista de respuesta que la Naturaleza ha dado a las agresiones del hombre: “Katrina”, por ejemplo, (que superó los mejores sueños de Bin Laden) habrá que reconocer que, si de la reiteración de fenómenos como este con sus consecuencias, cabe que surjan nuevos comportamientos y usos sociales: la muerte definitiva de la era del petróleo como combustible y sus consecuencias en las relaciones internacionales, en la dirección de los avances tecnológicos. La naturaleza, nuevamente habrá tenido un rol en un cambio de la dirección de la historia.



La Naturaleza a su vez, tiene su historia. El tiempo ha pasado para ella también y la ha modificado. La historia de la naturaleza puede hablar, por ejemplo, de los aspectos técnicos del clima, la vegetación y las enfermedades y también de la forma en que, probablemente, estos factores influyeron en la existencia material de sociedades anteriores a la nuestra. Si esa historia ha influido en los hechos humanos, deja de ser problema sólo de ecologistas.

La Naturaleza deja de ser, entonces, territorio exclusivo de biólogos, meteorólogos, epidemiólogos o ecologistas para ser materia de estudio de la historia de la gente, de lo que le pasó a la gente porque en ella se pueden encontrar también, modelos de la forma en que las sociedades humanas respondieron a las crisis ambientales y sociales que enfrentaron y cómo evolucionaron.

Así, la historia ambiental, que suele entenderse como la del ambiente como objeto, agente o influencia en la historia humana, historia de la relación humana con el mundo físico, ha pasado a formar parte de nuestro conocimiento de la historia y de la cultura.

     
     
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