Coronel de Marina
D. José Félix Murature.

por el Ing. Saúl Eduardo Farías Pizzurno

     

El Círculo Argentino de Descendientes de Legionarios Italianos en el Río de la Plata durante el siglo XIX, había brindado hace algunos años al autor de este artículo, la oportunidad de presentar una reseña biográfica de la actuación de este legionario naval de origen itálico en diversos escenarios bélicos sudamericanos, siendo dicha
presentación la base de este artículo.

Hay una clase de argentinos, la de aquellos que, no habiendo nacido en nuestro suelo, eligieron a éste para continuar en él su existencia y aún rendir su vida por su patria adoptiva, tras brindarle eminentes servicios a la par de los nacidos en esta tierra.

Así, a nuestras costas y, en especial, para participar en nuestras guerras navales, a lo largo del siglo pasado, arribaron irlandeses, ingleses, escoceses, franceses, malteses, italianos y tantos otros de origen no ibérico, de los cuales cabe mencionar en primer término, a nuestro máximo prócer naval, don Guillermo Brown, con quien, entre otros, estuvieron vinculados dos italianos, Luis Cabassa y José Félix Murature.

Hago mención de Cabassa, porque su actuación, por lo general enfrentada a la de Murature, resulta inseparable de la narración histórica relativa a este último.

Ambos lígures nacieron en los alrededores del puerto de Génova, Cabassa en 1799 y Murature en 1804, en la vecindad de Alassio.

Guerra con el Imperio del Brasil y las luchas civiles hasta 1852

Los padres de José Félix Murature fueron Francesco Murature y Rosa Alsiature. Su progenitor era marino, alternativa común a los lígures de su tiempo, ya que la exigüidad de los recursos de su limitado territorio los obligaba a tener su medio de vida principal en el comercio, prácticamente marítimo, y en la pesca.

Así, su padre lo embarcó a los nueve años como aspirante en una fragata de guerra francesa, obteniendo a los once años el grado de guardia marina, con el cual recorrió los puertos de Europa, adquiriendo suficiente experiencia marina como para desempeñarse como Pilotín en embarcaciones lígures que hacían la carrera a Río de Janeiro.

Precisamente, en ocasión de transportar un cargamento de café en la goleta Luisa, conoció a Giuseppe Garibaldi, tres años menor que él.

La muerte temprana de su madre lo llevó a buscar nuevos horizontes dirigiéndose a Buenos Aires. En efecto, su padre, Francesco Murature, arribó al Plata en 1825, en tanto que su hijo José, ya de veinte años, lo hacía como portador de una carta de presentación para Carlos Galleano, comerciante y armador marítimo genovés, contemporáneo y paisano de su padre, con cuya hija se casó el 1° de marzo de 1826 en la porteña iglesia de San Ignacio, cuando Buenos Aires y el país ya se hallaban en plena guerra con el Imperio del Brasil, iniciada precisamente el 1° de enero de ese año.

Al mando de su cúter particular, Luisa, prestó importantes servicios en ese conflicto, actuando como unidad de comunicaciones con las unidades principales de la escuadra al mando del entonces coronel mayor Guillermo Brown, a cuyas órdenes revistaba, así como en el transporte de municiones y otros elementos de guerra a esos buques, durante el principio del conflicto.

Posteriormente, esa misma nave se desempeñó como depósito de víveres de la División Cañoneras de la Escuadra.

 


José Félix Murature en cubierta.

Entre sus principales actuaciones corresponde citar que en la integración de un convoy de seis buques, entre ellos su cúter Luisa, conjunto a las órdenes del coronel de marina Leonardo Rosales, que izaba su enseña en la goleta Río, transportó a la Banda Oriental el regimiento 4 de Caballería de Línea al mando del entonces coronel Juan Lavalle.

Según informe del coronel de marina Antonio Toll, José Murature, como capitán de la goleta correo Rosa, transportó víveres, municiones y prestó el servicio de correo naval en los diferentes puntos en los que se encontraban las unidades de la escuadra en operaciones.

Todas esas actividades conllevaban gran riesgo, puesto que la escuadra imperial bloqueaba los accesos del estuario, pero su pericia marinera y su conocimiento del río de la Plata le permitieron sortear los peligros y cumplir exitosamente las misiones encomendadas.

No obstante que su intervención, como queda arriba explicada, no lo halló en situaciones reales de combate, en febrero de 1826, desde la Luisa observó a la flota brasileña a la altura de Punta Indio, en una maniobra tendiente a llevar a nuestra escuadra a aguas más profundas, donde el mayor porte y poderío de sus naves representaría una evidente ventaja sobre las unidades de Brown. Gracias a la mayor velocidad de su buque, pudo avisar a tiempo al almirante, que modificó el rumbo de los buques, que cambiaron el objetivo y pasaron a atacar el puerto de La Colonia.

Cuatro meses después, en junio de 1826, estuvo presente en el triunfo de Los Pozos.

Finalizada esta contienda, ambas familias, Murature y Galleano, retornaron a la actividad naviera comercial. Tanto Francesco Murature como su hijo José y el hijo de éste, Alejandro, cuando la edad se lo permitió, navegaron constantemente entre ambas márgenes del río de la Plata y realizaron algunos viajes a la Patagonia, actuando siempre Galleano como armador.

Así, entre los años 1829 y 1838, actuando al mando sucesivo de las goletas Rosa y La Rosa, de matrícula uruguaya y las goletas nacionales Luisa, Eliza B. Hallet y Buenos Aires y de otras embarcaciones menores, efectuó la carrera entre ambas orillas del Plata.

     
     
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