UN VIEJO ARTÍCULO PARA LOS JOVENES LECTORES (REVISTA DEL MAR Nº 117)
Isabel Chitty de Brown

Por el Capitán de Navío (RE) Fermín Eleta
 

La señora Isabel Chitty de Brown, esposa del Gran Almirante, es una de las anónimas, virtuosas y sacrificadas mujeres que con sus maridos e hijos echaron las bases de la Nación Argentina.

Después de poner en conocimiento del lector una breve semblanza que dará la pauta de su poderosa personalidad, agregaremos dos cartas y dos documentos.

Aquéllas escritas a Brown –redescubiertas por el investigador Benecia- mostrarán algunos aspectos íntimos de familia, que son, debemos aclararlo, el factor común al marino de todos los tiempos en su vida al servicio de la patria en el mar. En ese sentido, Isabel Chitty de Brown ha sido aceptada también como el símbolo de la “Esposa del Marino”, medida feliz de la Liga Naval Argentina que cristalizó en la Plaza 1º de Mayo con la colocación de una placa hace unos años.

Nació el 7 de septiembre de 1787 en Deal Kent – Inglaterra. Provenía de una antigua familia inglesa de holgada posición, cuyos orígenes conocidos se remontan al siglo XIV. Su padre y hermanos eran armadores y marinos, de ahí su vinculación con Brown.

Brown y Elizabeth contrajeron enlace el 29 de julio de 1809, en el ahora municipio de Middlesex del condado de Londres, en la capilla San Jorge. En la casa materna nacieron Elisa, la primogénita, y Guillermo.

Para el año 1813 el Almirante había comprado la casa quinta de Barracas, conocida por Casa Amarilla, y cuyo símil está por terminarse. Comerciaba en ambas orillas donde tenía intereses, además de ejercer de tanto en tanto el corso contra los realistas de Montevideo. Trajo entonces su familia (Elizabeth sería considerada en el futuro, oficialmente, por Isabel Brown, pero en la intimidad se la conocía y firmaba como Elisa o Eliza; el Instituto Browniano ha considerado que el nombre correcto entre nosotros de acuerdo a la tradición argentina debe ser el de Isabel Chitty de Brown). Pronto nacerían Ignacio Estanislao, mellizo de Martina Rosa Josefa, y Eduardo.

Consecuentes con la documentación histórica, sabemos que la quinta, los negocios en Buenos Aires y la familia eran conducidos por ella, no sólo cuando el Gran Almirante cubría de gloria las aguas argentinas, sino también en muchos períodos de su vida en tierra. Su afabilidad corría pareja con su carácter según la tradición familiar que hemos recogido de sus tataranietas, a su vez oída de sus abuelos que tantas veces hablaron con los suyos. A su marinos y gente del pueblo por uno y otro problema para cuya solución se buscaba apoyo en el Almirante, solícitamente atendidos por ella y puestos en conocimiento del esposo por carta o emisarios cuando navegaba o correspondía.

En 1817 tuvo que tomar una actitud heroica para una mujer. Conocemos las graves dificultades de Brown con el Gobierno Argentino por su corso al Pacífico. En efecto, al negársele los pasaportes para ella y los cuatro niños en su intención de dirigirse a Inglaterra, se embarcó subrepticiamente en un buque de guerra inglés rumbo a Londres para unirse a su esposo. Llevaba a Elisa, Guillermo, Martina y Eduardo de brazos; Ignacio Estanislao había fallecido unos meses atrás. Llegó en los primeros días de abril; el 17 del mismo mes lo hacía Brown desde el Caribe, que recién conoció a Eduardo y supo de la desaparición de Ignacio Estanislao.

Desde mediados del año 1818, Isabel debió representar a Brown en Londres en todos los trámites judiciales relacionados con el juicio ante la corte del Almirantazgo y los Gobiernos Español y Argentino. Recién pudo embarcarse con sus hijos, otra vez sola, para Buenos Aires, entre 1822-23, cuando se devolviera al Almirante su casa quinta de Barracas, y así poder empezar de nuevo en la querida Buenos Aires una vida que suponía liberada de sobresaltos y ausencias sin límites del jefe de la familia. Se equivocó, pues no pasaron tres años cuando se iniciaba la guerra con el Brasil, y Brown, a requerimiento del Gobierno Argentino, volvería a las aguas del río de las glorias navales.

Años después de finalizada esta guerra, para 1839, el esposo se embarcaba una vez más, y poco más tarde lo haría también el hijo Eduardo. La nueva guerra duraría casi un lustro para ella. Cuando Brown se retiró en 1845, su hijo proseguiría en actividad en épocas tormentosas para el país hasta casi 1854.

Isabel perdió tempranamente a Ignacio Estanislao en 1816; a Elisa trágicamente en 1827; a Eduardo el 1º de enero de 1855, y a su amado esposo el 3 de marzo de 1857. Le quedaban Guillermo y Martina y sus respectivas familias; en Europa la esperaban los suyos de origen que la amaban mucho también. No se movió de Buenos Aires hasta el fin de sus días.

Con el producido de la venta de seis leguas de tierra dadas al Almirante por sus extraordinarios servicios, previo pago de una deuda contraída en vida por él, costeó el mausoleo que guarda los restos del prócer y de Elisa –la hija- que se halla en la Recoleta. Los restos del Almirante se encontraban en la bóveda del brigadier general D. José María Paz con quien lo unía un mutuo aprecio. Los de Elisa ignoro cómo fueron rescatados, pues se habían depositado en el antiguo cementerio protestante del Socorro (Juncal y Pellegrini) y probablemente a su desaparición fueron llevados al de los Disidentes de Hipólito Irigoyen y Pasco.

Isabel Falleció el 28 de julio de 1868 en la calle del Perú 341. Fue enterrada en el Cementerio de los Ingleses (o de los Disidentes), ubicado en la hoy Plaza 1º de Mayo, como dije. Cuando se lo levantó y se produjo el traslado o incineración de los restos ahí depositados para la Chacarita (actual Cementerio Británico), los suyos se perdieron inexplicablemente.

Creemos que por algún problema anterior debieron ir al osario común. En la actualidad, hay de noventa y seis a cien descendientes con vida entre argentinos y uruguayos de la gran familia rioplatense fundada por Guillermo Brown e Isabel Chitty, prócer insigne aquél y extraordinaria patricia ella.

     
     
Página 1 2