Combate de Martín García.
Primera operación anfibia argentina.

Por el Capitán de Navío (R) IM Ricardo Echagüe |

   

El 25 de mayo de 1810, conjuntamente con el grito de libertad de los criollos que anhelaban efectuar un primer desprendimiento de la corona española, se inició una prolongada lucha armada contra las fuerzas mandadas por España para evitar una de las pérdidas mayores de sus colonias.

El enfrentamiento y el acoso fueron, desde esa fecha, constantes y permanentes. El gobierno rioplatense hacía lo imposible para sobreponerse a ese asedio y la improvisación ante tropas orgánicas y preparadas era la única respuesta posible. Si los patriotas hubiesen pensado en esta debilidad y el martirio que provocaría en los habitantes, es probable que el sentir fogoso de aquellos gestores de tan trascendental acontecimiento se hubiese apagado antes del inicio mismo de los acontecimientos.

Derrotas importantes alternadas con pequeñas victorias en tierra y ríos desconcertaban a nuestros gobernantes sin poder hallar una solución definitiva. El espíritu español se fortalecía más y más a medida que pasaba el tiempo. Se acentuaba el pesimismo de aquellos no muy convencidos en los inicios de las gloriosas jornadas mayas y los enfrentamientos entre criollos era un aditivo en el marco de la situación general nada positiva.

Entre enfrentamientos bélicos con las fuerzas realistas apostadas en Montevideo por tierra y a lo largo del río Paraná, Uruguay y en el río de la Plata, las buenas intenciones de defendernos o atacarlos se hacían heroicas para no verse empalidecidas ante la superioridad de instrucción, adiestramiento y veteranía de los españoles.

Así transcurrieron 1811, 1812 y 1813. A mitad de este último año, el progresivo dominio de barcos españoles con base en Montevideo en las aguas circundantes al puerto de Buenos Aires, provocaba la presencia casi exclusiva de buques mercantes de la península ibérica y otros, de otras banderas especialmente autorizados, y hacía
del contrabando el mejor sostén de aquellos habitantes que demandaban productos para su confort y bienestar.

El nuevo gobierno patrio no podía así efectuar control ni establecer aranceles que dieran alivio a sus recientes arcas. Con el Plata dominado, la incursión hacia el norte argentino por las vías navegables Paraná y Uruguay se hacía para los criollos casi imposible y más cuando ambas vías eran caminos que facilitaban el aprovisionamiento de nuestras tropas en el norte del país.

Había que tomar una decisión que pusiera fin a este atropello.

Se dispuso así crear una escuadrilla de tres buques para entorpecer a los buques de la Real Armada Española. Puesta al mando del Coronel Juan Bautista Azopardo, pronto, el 2 de marzo de 1811 la escuadra bisoña sufrió una derrota donde se frustran los sueños libertarios.

 

“Combate Naval de Martín García, 1814”. Óleo de Emilio Biggeri, 1966.

San Nicolás es inicio y fin de la aventura naval revolucionaria. Sin embargo, San Nicolás dejaría una gran enseñanza que luego se convirtió en hito histórico para la historia naval argentina. El Capitán D. Hipólito Bouchard y otros oficiales que acompañaron al Coronel Azopardo en dicho combate, elevaron al superior gobierno argentino un informe detallado de lo acontecido donde resaltaban la necesidad de que nuestros buques llevaran tropas instruidas para combatir en tierra a semejanza de la Armada Realista que enfrentaban. Se gestaba así, un 28 de agosto de 1811 la idea de lo que sería más adelante nuestro glorioso Cuerpo de Infantería de Marina.

A fines de 1813 la presencia de los buques españoles en nuestras costas se hacía cada vez mayor y molesta. El General Belgrano derrotado en Vilcapugio y Ayohuma había emprendido la retirada desde el norte y las tropas del General Rondeau que asediaban Montevideo no tenían posibilidades de éxito si al mismo tiempo no se bloqueaba esa plaza por agua.

El Gobierno decidió reiterar la creación de una flota y nombró en su comando al irlandés Guillermo Brown con el grado de Teniente Coronel. Este marino era un conocedor profundo de la profesión por su experiencia en buques de guerra y mercantes. Totalmente consustanciado con el patriotismo criollo preparó un plan amplio y ambicioso para liquidar el dominio de los españoles por lo que, una vez aprobado, se iniciaron los preparativos. El plan exigía primero conquistar la Isla Martín García reducto fortalecido de los españoles que dominaba el acceso a los ríos Paraná y Uruguay; posteriormente bloquear el Puerto de Montevideo entrada obligada al Río de la Plata, tomar dicha plaza y aniquilar las fuerzas realistas allí apostadas y los buques de la Real Armada que la defendían, dando apoyo al General Rondeau en su misión.

     
     
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