Rosario y el mar,Vicente Anastasio Echevarría.
Rosario, noviembre de 2011

Por el Profesor Ernesto Del Gesso
   

El rosarino Dr. Vicente Anastasio Echevarría fue armador de dos barcos corsarios que hicieron historia: La corbeta Halcón capitaneada por Hipólito Bouchard en corso por el Pacífico a la par de Guillermo Brown con su fragata Hércules y la emblemática fragata La Argentina, el primer barco corsario en dar la vuelta al mundo con Hipólito Bouchard de capitán, ambas dejaron una de las más brillantes páginas de la historia naval argentina.

La ciudad de Rosario es una típica ciudad portuaria fluvial ubicada en la margen derecha del río Paraná, vía por la que la producción de su hinterland sale al mar. Sus principales productos de exportación tradicionales son cereales y carnes, alimentos que al ser requeridos por los continentes, la han relacionado con el mundo marino en forma permanente. Pero esta relación marina es indirecta, por cuanto los barcos que llegan y salen al mar, pertenecen a una gran variedad de colores de banderas extranjeras. En la ciudad no hay astilleros de envergadura y no existe oferta de mano de obra para tripulación marina. Sin embargo, en los años incipientes de la ciudad cuando faltaba más de un siglo para llegar a esa jerarquía urbana, uno de sus hijos nativos, fue armador de barcos corsarios. Estos navegaron por los mares del mundo, y por sus participaciones, los escritores de la historia naval los han mencionado en innumerables páginas narrando los actos heroicos de sus capitanes, oficiales y tripulantes.

Sin intención de hacer historia retrospectiva, a simple título de tarjeta de presentación, se señala que en el muro norte de la Iglesia Catedral de Rosario, en la faz exterior que da al patio del templo, se encuentra una placa de bronce en forma de vela de barco del siglo XIX. La misma cubre un cofre que guarda las cenizas de quien fuera en vida don Vicente Anastasio Echevarría. Las siguientes imágenes muestran el espacio donde se encuentra la placa. En la misma puede observarse el grabado de unas frases en la que se reseñan sus múltiples actividades y breves datos biográficos. Acertado homenaje, tanto por la ubicación como por el diseño en forma de vela. El solar es el sitio histórico del nacimiento de su ciudad natal, por cuanto en 1730 al crearse el curato del Pago de los Arroyos e instalarse una pequeña capilla, se conformó el primer grupo de viviendas, que aun cuando bastante desperdigadas, fueron suficientes para que el lugar se conociera como Capilla del Rosario. El nombre de Rosario responde a que se entronizó la Virgen del Rosario. En el mismo lugar del primer modesto templo se fueron realizando ampliaciones hasta llegar, por persistencia histórica, al edificio actual de la Catedral Basílica Santuario “Nuestra Señora del Rosario”. También el formato de la placa, resulta grato a la gente de mar por la valoración a ese símbolo que es la vela de los barcos que aquellos valientes marinos llevaron por los mares del mundo y, como muchos soldados, quedaron en el campo de batalla, en este caso sin poder dejar plantada la cruz ni hito que recuerde el lugar de su sepultura.

Todos los hechos de los hombres se realizan en las coordenadas de la historia, el cruce de las líneas del tiempo y el espacio. Ya tenemos el año y el lugar donde una pequeña construcción dio origen a una hoy importante ciudad. Pero el cruce de las coordenadas tiene un entorno, extenso campo de una estancia ubicada en una región conocida como el Pago de los Arroyos comprendida de norte a sur, desde el río Carcarañá en la provincia de Santa Fe hasta la cañada de las Hermanas en zona de la actual localidad de Ramallo en la provincia de Buenos Aires. Denominación que indica las características geográficas de la misma, surcada por arroyos que confluyen en la margen oeste del Paraná.

 

Esta imagen de Anastasio Echevarría,
luciendo las llaves de la ciudadela de
Montevideo, corresponde a un daguerrotipo existente en el Museo Histórico Nacional.

El pintor Rafael del Villar ha realizado
muchas reproducciones, una de las cuales puede ser vista en el Museo Histórico Provincial de Rosario.

La presente imagen está tomada de un mural de mosaicos venecianos que se encuentra en la Escuela Provincial N° 798 “Dr. Vicente Anastasio Echevarría” sita en la
calle Ovidio Lagos 5806 de Rosario.

El marco temporal de aquel momento ubica al acontecimiento como nuevo en relación a los pueblos y cabildos del virreinato tanto los del noroeste como los cercanos: Santa Fe fue fundada en 1573, el mismo año que Córdoba y Buenos Aires en 1580 en su segunda fundación. En aquella aldea un 22 de enero de 1768 nació Vicente Anastasio, hijo del vasco don Fermín Echevarría y doña María Tomasa Acevedo, criolla hija del maestre de campo don Pedro Pascual Acevedo, terrateniente de campos al sur del arroyo del Medio y con propiedad en la Capilla del Rosario, casa en la que nació nuestro hombre. Edificación ubicada calle por medio al costado sur de la Capilla y que, a igual que ésta, eran las dos únicas construcciones con techo de tejas, de las cuarenta y nueve existentes. Durante su infancia aprendió a leer y escribir, su maestro el cura Miguel Escudero que lo había bautizado a los pocos días de su nacimiento por hallarse en “eminente peligro”, pero vivió hasta los 89 años plenos de intensa actividad. Al entrar en la adolescencia fue enviado a Buenos Aires al cuidado y educación de su tío paterno don José quién, después de cursar estudios medios en San Carlos, lo envió a la universidad de Charcas con la expectativa que, tras doctorarse se consagrara al sacerdocio. Vicente Anastasio se recibió en leyes, pero desistió de su carrera como sacerdote. En Chuquisaca, ciudad en la que estuvo instalado por quince años, trabajó en la Real Audiencia.

Regresó a Buenos Aires en 1802 a la edad de 34 años. En la casona céntrica de su muy bien posesionado, social y económicamente tío José, se encontró con su prima María Antonina, de apenas diecisiete años de edad. Se inició un romance que los vecinos, amigos de la casa y la propia madre y tía de los novios aprobaron, no así don José, a quien nadie mencionó el tema porque frente a él los primos eran primos y como tales debían comportarse. Además, había prometido a su hija a un hombre de bien, prestigio y fortuna. Era razonable que nadie se lo dijese, porque la reacción de este hombre fue la de expulsar al sobrino de la casa y llevar a resguardo de una familia amiga a la hija para que olvidase la seducción que sufría de su “perverso primo”.

     
     
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