Una aventura náutica (un viaje al fin del mundo)

Por el Dr. Luis Marcos Camisani

Soy propietario del velero Kaiken(1) y socio del Club de Veleros Barlovento, instituición que se creó bajo la advocación de un extraordinario marino: el Comandante don Luis Piedra Buena.

Motivo éste por el que quizá en varias oportunidades los integrantes de la misma se lanzaron con la proa al Sur para tratar de conocer el bravío Mar Argentino, ese Mar y esas Costas de las que “Don Luis” fue a lo largo de toda su vida un celoso custodio.

En nuestro caso, a lo largo de esas largas charlas que la gente marinera tiene en los fondeaderos, hace dos años comenzó a germinar un proyecto entre un grupo de amigos de los que ninguno es marino profesional, mezcla de aventura y desafío: como Kaiken es el nombre de esa ave integrante de la fauna de nuestros mares australes, por qué no desplegar sus alas (o velas), navegar hacia la Isla de los Estrados y luego continuar hasta virar el mítico Cabo de Hornos ?... Mirando ahora hacia atrás, nos parece increíble todo lo que pudo hacer el grupo integrado por el capitán-propietario y sus amigos, esa incondicional, experta y entusiasta tripulación, para conseguir poner el barco a son de mar. Aquí y antes de seguir adelante debemos destacar el apoyo táctico que la Armada Argentina y la Prefectura Naval prestó, como habitualmente hace con todos los proyectos náuticos deportivos y “hechos de la Mar”; en particular el “cable a tierra” que significaron las dos comunicaciones diarias (a 11,00 y 17,00 hs) establecidas con el S.A.R.A. (Servicio Auxiliar de Radioaficionados de la Armada), a través de las cuales pudimos mantener contacto con nuestras familias y recibir un parte meteorológico producido por el Servicio Meteorológico Nacional, que se cumplió a
lo largo de todas las singladuras.

La primera etapa: San Isidro - Mar del Plata


En las primeras horas de la noche del 19 de noviembre de 2004, empezamos a llegar al Barlovento uno a uno con enormes bolsos, repletos de equipo surero y sueños marineros, ya que para nosotros la navegación oceánica a vela es en sí misma el destino, en ella es cuando el velerista disfruta más su condición de tal; pero a la vez cansados luego de tantas jornadas de alistamiento, puesta a punto, compras y estiba y asombrados al ver que tantas cosas habían encontrado su lugar correcto y que la seca sentina del Kaiken lucía como góndola de supermercado.

Luego de despachar con destino a Ushuaia y escalas, en una hermosa y despejada noche de cielo claro y luna en creciente, zarpamos el día 20 a las 00,30 horas con viento franco, que poco después se afirmó en 25 nudos con el que surfeábamos a 8 nudos entre la espuma de una importante marejada.

Para la primera etapa la derrota se trazó desde San Isidro a Mar del Plata, y en ella los tripulantes fueron: Luis Camisani, Antonio Maraia, Germán Camps, Jorge Gnesda, Franco Momeso y Carlos Lambruschini, y la cumplimos acompañados por los muchachos del S.A.R.A. con mayor a tope y foque, de borde, hasta trabuchar al través de Punta Médanos por afuera de la canaleta, sin apuro, disfrutando de la empopada.

El 22 recalamos en Mar del Plata sin problemas y tomamos amarra en el Yacht Club Argentino, donde nos inundó ese penetrante y particular olor del puerto. Allí nuestra bandera ondeó orgullosa en el mástil del Club junto a las banderas de cortesía de los barcos allí amarrados en tránsito hacia el Sur: alemanes, españoles, holandeses, franceses, ingleses..

La segunda etapa: Mar del Plata – Puerto Parry (Isla de los Estados)

Desde la zarpada de éste puerto hasta iniciar el regreso al Norte, incluido el pasaje del Cabo de Hornos, la tripulación estaría formada por el capitán, el doctor Luis Camisani de 57 años del Barlovento; el teniente coronel Horacio Barreiro de 60 años del YCA; de Antonio Maraia de 56 años del Barlovento y del doctor Germán Camps de 42 años del Club Náutico Buchardo, todos unos “pibes”...

La zarpada para la segunda etapa (Mar del Plata – Puerto Parry en la Isla de los Estados), la planificamos para el día 6 de diciembre y respecto al horario sólo fijamos que sería después de almorzar en el resto-bar del fondeadero. Después de los consabidos brindis, el zigzagueante muelle se fue llenando de amigos y familiares, mientras nosotros cargábamos los últimos pertrechos, y las tripulaciones extranjeras vecinas sonaban sus cuernos de niebla y bocinas varias, haciendo muy emotiva la partida.

Para completar la toma de fotografías y video, los muchachos del YCA ofrecieron una lancha de apoyo en la que muchos siguieron nuestra estela hasta la bocana del puerto.

A las 13,15 horas partimos dejando claras las para nosotros, altas escolleras, cual “Columnas de Hércules”, y pasamos a ser hijos del viento al rumbo 220º que nos alejaba de tierra, a la que no volveríamos a ver por 10 días. Lo último que divisamos de ella sería la luminosidad de Quequén-Necochea.

Con el viento rotando suavemente al NNE empujándonos a rumbo, nos fuimos aclimatándonos a la mar océano que nos regaló una noche de cielo azul oscuro lleno de estrellas, con delfines enmarcados por la brillante espuma de las noctilucas que nos acompañaban con sus acrobacias, lo que nos hacían acordar palabras de Saint Exupery:

“Quién no se lanza mar adentro, nada sabe del azul profundo de las aguas que bullen...”
“Nada sabe de las noches tranquilas, cuando el navío avanza dejando una estela de silencio...”
“Nada sabe de la alegría de quedarse sin amarras, apoyado sólo en Dios, más seguro que el propio océano...”.


Así fueron nuestras primeras tres singladuras en la inmensidad del Mar Argentino, acompañados por un numeroso y variado enjambre de aves marinas.

Sin éxito en la pesca, dejamos de tirar el señuelo luego que un hermoso petrel se enredara en la tanza, mientras las guardias seguían siendo cumplidas regularmente: Luis con Germán, Antonio con Horacio; uno afuera en “AUTO” y el otro adentro en “STAND BY”.

Gracias a las excelentes condiciones meteorológicas hasta más allá de Viedma, la variedad del menú fue digna de elogio: carne al horno by Antonio, fideos all´agli-olio by Horacio, todo con la música en vivo producida por la proa del Kaiken surcando aguas patagonas. También eran dignas de elogio las dos comunicaciones diarias por BLU con Norberto y Saúl del S.A.R.A., gracias a los que contábamos siempre con un pronóstico preciso en el momento indicado, lo que nos permitía amarinar anticipada y eficientemente el barco, y con ello ganar millas preciosas.

     
  BIBLIOGRAFIA CONSULTADA  
Página 1 2 3 4
       
  NOTA
(1) Un “Victory 40”, eslora 12 m; manga 3,6º m; puntal 1,80 m; calado 1,85 m. Arboladura France Spar con doble par de crucetas y burdas complementarias (se le agregó un stay de trinquetilla). Motor Volvo. Como ayudas a la navegación: instrumental de viento, VHF, HF, Radar, Piloto Automático, GPS y PC para software Ozi-Explorer y meteos. Tanques de agua potable para 450 litros y tanque de GO para 100 litros.