El Capitan de Navío Miguel de la Sierra,
contendor del Almirante Guillermo Brown

Por el Profesor Alejandro Nelson Bertocchi |

Quienes han dedicado su existencia al estudio de la historia naval, y por ende se han especializado en la investigación de las ciencias conexas que rodean al medio marítimo, reconocen que es muy raro hallar un acto de cobardía en un oficial de marina. Los ejemplos son contados con los dedos de una mano. Quizás el caso mas publicitado deba ser el del contralmirante Dumanoir Le Pelley en la batalla de Trafalgar, pero trae en si solo una situación de enemistad entre este y su superior, en aquella emergencia, el almirante Villeneuve, amén de que la situación táctica en dicho hecho lo alejó del grueso propio a causa del giro dado por orden de su comandante en jefe.

A total diferencia de la guerra terrestre donde el comando se puede hallar a buen cubierto a kilómetros del frente, y donde se puede ordenar una retirada con toda posibilidad dado el terreno, en las operaciones navales si el buque es impactado, corre el mismo peligro de muerte y su misma suerte, tanto el comandante que se halla en el claustrofóbico puente acorazado como el último maquinista en las profundidades de la obra viva. Además en la mar es muy difícil romper el contacto con el enemigo, y más aún en los venerables tiempos de la navegación bélica, donde la acción de vientos y corrientes hace que la maniobra evasiva se haga imposible.

Algo de todo esto se dio entre los dias 14 y 17 de Mayo de 1814 en aguas frente a la costa montevideana: la batalla del buceo, pieza decisiva para la historia del Río de la Plata, pues su final supuso la eliminación de la dominación hispánica en la región en una hora donde Napoleón se hallaba en retirada de la península ibérica, en total derrota. La capitulación de Vigodet hizo penetrar al Plata en un nuevo capítulo histórico.

En este menester, para encarar este hecho tan importante y revisar la actuación del último comandante general del Apostadero de Montevideo- el capitán de navío don Miguel de la Sierra-debemos, siguiendo la escuela del almirante Carrero Blanco, analizar en forma específica los factores materiales, morales y orgánicos que sostenía en esa hora histórica la sitiada plaza de Montevideo.

El análisis material nos muestra que hasta el combate de Martín García, librado el 15 de Marzo de 1814, los buques del Apostadero habían negado el uso del río a sus contrapartes. Las acciones de San Nicolás, mas los bombardeos navales de Buenos Aires, lo acaecido el Patagones y el bloqueo de costa establecido por Montevideo, suponían que esta última plaza no solo sobreviviera a raíz de que obtenía sus bastimentos gracias a la acción de sus buques, sino que hacia sentir al adversario el rigor de la clausura de sus comunicaciones fluvio-marítimas. Pero desde la hora en que Buenos Aires logra hacerse de una flota, la situación se revirtió rápidamente; tanto que el Apostadero cometió un grave error al enviar a su jefe mas capacitado, el capitán de navío Romarate, al sacrificio sobre el Plata superior. El combate de Martín García, acción sin resolución clara para los dos bandos, significó que Romarate quedara embotellado río Uruguay arriba, perdiendo Montevideo sus mejores buques y hombres.

 

En lo que hace a las diferencias cuantitativas en buques y artillería las mismas eran plenamente favorables para Buenos Aires. Las causas son claras: mientras los bonaerenses contaban con los intereses mercantiles de los armadores anglosajones, identificados con su causa, los españoles poco podían esperar desde la península ibérica. Gran parte de esta ayuda se había perdido irremisiblemente en los naufragios de la PRUEBA y el SAN SALVADOR.

En cuanto a la marinería las diferencias eran asimétricas: Montevideo dependía de la leva portuaria, que ya no daba gentes con pie marinero, sino presidiarios y hasta gauchos metidos a marino. Buenos Aires hallaba muy buenas gentes de mar, veteranos de Nueva Inglaterra, Islas Británicas y personajes de muy variados horizontes y por ende debe remarcarse el proceso material de la potencia bonaerense, cuyo mayor ejemplo lo tenemos en la figura del almirante Guillermo Brown, marino con centenares de millas recorridas en el Plata o el mismo Atlántico.

En análisis del factor moral nos conduce inequívocamente a los hechos que se suceden dentro de los muros de Montevideo, luego del estrechamiento del segundo sitio. La gran batalla campal del Cerrito- según señala H.D. en su página 347- provocó una situación límite llevando al hambre a miles de montevideanos. En esa hora dramática surge la olvidada figura del religioso franciscano Juan de Ascarza que aparece enmarcado en la abnegación y el sacrificio, asistiendo a centenares de indigentes, cruda referencia de esa hora. Esto supone ulteriormente que la moral combatiente de Montevideo se hallaba por el piso en razón de este panorama. Martinez Montero en su obra referente sobre el Apostadero -anexo 20- se explaya sobre las causas de la rendición montevideana y su escuadra haciendo referencia a los juicios y tribunales que se dieron en España entre los años de 1815 y 1822. En dichas instancias tomadas por la autoridad española con plena rigurosidad, se hallaron en juego el prestigio y la misma carrera de Vigodet, Romarate, Primo de Rivera y De la Sierra, así como del resto de la oficialidad de marina involucrada en el Río de la Plata en los conflictos por la independencia.

En las justificaciones y defensa de estos jefes, sobresalen los dichos sobre el estado de la moral colectiva intramuros de Montevideo, en aquellos meses de 1814, donde el ex-gobernador Vigodet llegó a acusar de cobardía al cuerpo de oficiales de la Real Armada que luchó en esta contienda.

Todo este proceso se dio en una momento muy grave de la historia española, inmersa en la fraticida lucha de facciones, entre absolutistas y liberales, por lo que todo este contencioso llevó largo tiempo, con idas y vueltas, cosa que ameritó hasta la intervención misma del rey Fernando VII. Por lo tanto resulta indicativa la explicación constante que hacen los incriminados actores de este drama en referencia a la moral de la sitiada Montevideo.

     
  BIBLIOGRAFIA CONSULTADA  
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