El 2 de mayo en el Río de la Plata

Por el Profesor Alejandro Nelson Bertocchi Morán |

INTRODUCCION

Trafalgar abrió la senda hacia una globalización a escala mundial compelida por el dominio de las vías de comunicación marítima. De tal manera a fuerza de velas los británicos obtuvieron la posibilidad de ir controlando grandes espacios geográficos para así abrirlos a su comercio firmemente sostenido por su incipiente Revolución Industrial. Y ciertamente en conserva con todo esto también vastas regiones fueron sujetas a caer en un círculo de hierro trayendo consigo los naturales desequilibrios políticos y sociales que todo cambio conlleva.

Agravante de este panorama fue la aparición en liza del poder continental napoleónico que buscó negar el control de la talasocracia anglosajona activando un bloqueo que tuvo sus éxitos, mal que pese a toda esa abundante multitud de geopolíticos amantes de las teorías de Mahan que no entienden que en aquella formidable partida que se jugaba entre la tierra y la mar primaron muchas veces circunstancias fortuitas propias al mundo de la vela, o la misma veleidosa fortuna.
Siguiendo este preciso hilo conductor tenemos que aquella primera década del siglo XIX ve surgir una lucha europea a escala ahora mundial, situación sin duda sin parangón en siglos anteriores pues todo sindica que tras el desenlace final aparecerá un vencedor nato que logrará proyectar un mundo casi a su medida.

Para España, plenamente inmersa en este conflicto, tanto Trafalgar como la irrupción inevitable de Francia como aliado a la fuerza- e inmediatamente ya invasorsupuso la entrada en un callejón cuya inevitable salida fue la pérdida de la parte mas señalada de su Imperio. En este capítulo de nada vale asumir culpas propias ni cargar tintas sobre las sucesivas direcciones políticas que tuvo España desde la Revolución Francesa en adelante pues como señalamos todo se dio en un devenir global donde situaciones e intereses de determinados factores lejanos fueron inclinando balanzas desatando enojosos procesos tanto en tierras cercanas como lejanas, como los vividos en aquellos años turbulentos.

Para proceder al entendimiento cabal que depara el título de este artículo es dable reconocer que es error común de algunos analistas históricos no tomar nota del tamaño relativo del mundo que están examinando de acuerdo a los medios de
comunicación que en este primaban en ese momento determinado. Ejemplos sobran de este aserto pues hasta la aparición del vapor en la propulsión naval, la velocidad de traslación de los contactos epistolares estaban regidos por la vela y el caballo y así de tal manera las noticias recabadas en Europa tardaban semanas y hasta meses en arribar, por ejemplo, a las mesas de los despachos de las autoridades americanas.

De acuerdo al momento histórico que reseñamos, en este norte fue mas fuerte la imposición de las distancias y las circunstancias físicas de la navegación que los bloqueos “efectivos” tan popularizados por los relativistas históricos proclives a Albión. En parte así lo dicen los registros portuarios españoles y americanos investigados en relación a los movimientos de buques desarrollados a la vista de la Royal Navy y si bien este entorno muestra la gravedad de la desconexión entre los puntos del imperio ultramarino no es de descartar la importancia de la navegación informal de cualquier bandera, reconociendo la acción del contrabando y la pesca ilegal, magníficas fuentes de información para los medios locales indianos por su constante y solapada acción en el Atlántico sur y el Pacífico.

Por ello cualquier análisis que se precie de concreto debe ser encuadrado sobre este importante factor, que en el exclusivo caso de los vertiginosos acontecimientos librados en España entre el motín de Aranjuez y el levantamiento general propiciado por el madrileño 2 de Mayo y el arribo de estas noticias al continente americano, significó que dicho lapso de tiempo fuera cubierto por toda una larga y entreverada serie de acontecimientos puntuales que marcaron una hora cardinal para los hispanoamericanos.

 

Y de este capítulo vital no solo no pudo escapar el Río de la Plata, sino que en la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo, donde solo pocos años atrás se había dado al traste con el invasor inglés, apenas arribada las tremendas nuevas desde el Viejo Mundo, se desarrollo la primera manifestación juntista de la América española, en el marco de un verdadero drama con el lógico colofón de un enfrentamiento fraticida.

Río de la Plata: de Marzo a Septiembre de 1808

Los acontecimientos rioplatenses en estos pocos meses obedecen plenamente a los hechos desarrollados en España desde el tratado de Fontainebleau al 2 de Mayo y solo gravitan sobre ellos situaciones dimanadas de factores locales- y ciertamente personales- que son especial coyuntura para el inicio de un largo conflicto que posee una base formidable en el enfrentamiento portuario decimonónico entre Buenos Aires y Montevideo.

Solo si esto se asume claramente puede entenderse el curso que tendrán los sucesos cuyos giros se verán obligadamente agravados por la presencia en el Brasil de la corte de los Braganza, unidos estos en “fraternal alianza” con la Gran Bretaña, a esa altura aún enemiga de España.

Además, existen otros detalles no menos importantes pues el Virreinato es encabezado por un marino francés de origen, pero firmemente vinculado al Plata como héroe número uno en la lucha contra el inglés: don Santiago de Liniers. Asimismo se halla a cargo de la gobernación de Montevideo el navarro don Francisco Xavier de Elío, figura controversial pero totalmente entregada al mas puro españolismo, justamente a cargo de una ciudad declarada rival de la capital platense y que por ello posee en si misma plantadas las semillas de la discordia y el cantonalismo muy propio de los pueblos ibéricos.

Y toda esta mezcla tan volátil pero firmemente encuadrada en el sentimiento popular configura todo un sugestivo espacio totalmente diferencial al resto de las posesiones hispanas en América, cosa que será confirmada por el desarrollo de los hechos.

Pero como si aun todo esto no fuera bastante, surge junto a la siempre amenazante presencia en la frontera norte de la Banda Oriental de un poderoso y veterano ejército portugués, la princesa Carlota Joaquina de Borbón esposa del príncipe regente lusitano, y por ende sus derechos a la Corona de la ahora invadida España se van a hacer sentir en todos los circunloquios y conspiraciones que sufrirá el Plata hasta mas allá de la vuelta del “deseado” al trono.

Así, este vibrante tiempo histórico comienza su andar cuando arriba a finales de Marzo desde el Brasil la noticia de que la corte lusitana se halla a pleno en Río de Janeiro y junto esta nueva una carta del ministro de RREE Souza Coutinho donde se expresa que “ante la sujeción de la monarquía española a la Francia“(1), al virreinato del Río de la Plata solo quedaba el camino de quedar bajo la protección de don Juan de Portugal. Justificando dicho escrito se hacía nota de que se enviaba al Plata al brigadier Francisco Curado para cerrar negociaciones inherentes al establecimiento de un protectorado.

Sin duda que el rechazo inmediato del virrey Liniers a tamaña iniciativa tuvo el firme apoyo de todos los estamentos locales habida cuenta de la tradicional inquina rioplatense contra el luso, redomado intrusor de estos territorios. Realmente esto hacía que la figura del héroe de la Reconquista alcanzara aun mucho mas prestigio, situación mediática que le rendirá frutos hasta que las circunstancias posteriores fueran debilitando su imagen a tenor de las idas y vueltas que sobrevendrán.

     
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