Los penosos últimos días en la vida del Coronel de Marina
don Tomás Domingo Espora y la ingratitud
del pueblo de Buenos Aires hacia su persona.

Por José Bamio

"¡Lástima que pertenece a un país que no sabe valorar los servicios de sus buenos hijos!"

Esta frase expresada por el Brigadier General don Guillermo Brown ante el cadáver de Espora, sintetiza la ingratitud del pueblo de Buenos Aires hacia el heroico marino.

Los últimos días de la vida del Coronel Espora fueron plenos de penurias, calumnias e infamias.

El 18 de junio de 1832 Espora era separado de las filas de la Armada e incorporado a la Plana Mayor Inactiva del Ejército, lo que trajo aparejado su pase a revista pasiva situación que perduró hasta el 11 de noviembre de 1833.

Ello significaba una importante merma en sus haberes que pronto se concretó en estrecheces económicas en el seno de su hogar.

Nos dice Espora de ese período de su vida:

"Tranquilo en el seno de mi familia y cultivando con mis brazos la tierra que debía contribuir a mi sustento, me encontraron los sucesos de 1833.".

En los Corrales del Alto (actual zona del Parque de los Patricios) Espora había adquirido una quinta a su tía Doña María Luisa Ugarte. En ella edificó una sencilla casa que habitó con su familia hasta su muerte; allí era visitado por distinguidas personalidades, entre ellas Juan Manuel de Rosas y el Almirante Brown. Además de ser amigos de Espora eran padrinos de dos de sus hijos.

En estos Corrales del Alto, Espora cultivaba la tierra para alimentar a su familia.

Desde el 17 de diciembre de 1832 el Brigadier General Don Juan Ramón Balcarce era el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. En las filas federales se manifestaron dos tendencias: los llamados “federales netos o apostólicos” que respondían a Rosas y la línea moderna que seguían a Balcarce, que eran conocidos como los “lomos negros” (por el color de las listas con las que concurrían a elecciones).

En abril y junio de 1833 se llevaron a cabo elecciones que crearon un clima belicoso en las filas federales; todo ello culminó el 11 de octubre de ese año con la llamada “Revolución de los Restauradores”. Una multitud que respondía a Rosas marchó hacia Barracas y allí organizó una oposición armada hacia el gobierno de Balcarce, quien envió para reprimir el movimiento a tropas al mando del Brigadier General Agustín de Pinedo, pero éste se pasó a las filas de Rosas y la posición del Gobernador se hizo insostenible y a fines de octubre de 1833 se alejó del gobierno.

En esa ocasión Espora tomó parte de la “Revolución de los Restauradores” inclinándose hacia el bando de Rosas y al respecto dejó sentado:

"Instruído yo de las desgracias que habían traído al país el empeño loco de querer unos pocos sofocar la opinión de la Provincia, creí que ningún hombre debía permanecer indiferente y que todos debían presentarse a sofocar con su presencia un amago funesto en sus consecuencias.

Me ocupé, por la primera vez, de la política y de sus dimensiones y en resultado del juicio que formé, voté el 28 de abril contra la lista negra, cuando algunos que hoy cacarean mucho, votaron por ella."
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El Brigadier General Juan José Viamonte sucedió a Balcarce en el gobierno de la provincia de Buenos Aires, trayendo aparejado nombramientos y relevos en diversos cargos.

Uno de ellos fue el puesto de Capitán de Puerto de Buenos Aires, para el cual fue nombrado el Coronel Espora (11 de noviembre de 1833). A la sazón era el cargo más importante, a nivel nacional, en el ramo de la Marina.

Espora desempeñó ese puesto con suma eficiencia, a punto tal que su labor fue señalada en el Mensaje que Viamonte leyó ante la Legislatura.

En octubre de 1834 Viamonte también abandonó el cargo que desempeñaba y el Doctor Vicente Maza, que era compadre de Espora pues era padrino de uno de los hijos del marino, se hizo cargo del gobierno de Buenos Aires. Espora continuó al frente de la Capitanía de Puerto.

Por su carácter Espora no toleraba faltas que otro hubiera pasado por alto. Su férrea disciplina abría profundas brechas en personas vengativas.

El ambiente en la Capitanía de Puerto se hacía insostenible y Espora estaba predispuesto a renunciar a su cargo y a ello se disponía, cuando el 7 de marzo de
1835 apareció una hoja impresa en la Imprenta del Comercio, titulada Al Público.

Encabezaba la misma este párrafo:

"Basta ya de tolerar por más tiempo a la cabeza de la Marina a un hombre que marca todas las horas del día con los excesos más brutales y soezees: su embriaguez habitual, su carácter rudo y feróz, sus dilapidaciones en la administración de su cargo, su ineptitud consumada, el escándalo que da a su familia y al barrio en donde vive, su grosera ignorancia con motivos muy poderosos para alejarlo mucho del puesto que ocupa.".

     
     
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