La Natación en la Guerra Naval



Por Alejandro Bertochi Morán

Delegado del Instituto Nacional Browniano en la R. O. del Uruguay

La pérdida de vidas humanas ahogadas por sumersión suponen un delicado problema para todas aquellas instituciones que se hallan involucradas en el tema y su notorio aumento se debe a una larga serie de factores, aunque todo provenga de una suerte de carencia, una falla socio-cultural propia a la misma naturaleza humana. El vuelco de las sociedades modernas hacia el usufructo de los baños de mar, que se dio a finales del siglo XIX, más el importante auge de los deportes náuticos, que se observó desde principios del pasado siglo, hizo que el aumento de este tipo de siniestralidad, se hiciera sentir fuertemente a todo lo ancho del mundo.

Por ejemplo, en 1950 el promedio de personas ahogadas en playas de los EEUU suponía un índice de 3,2 por cada 100.000 habitantes y sólo en el año 1963 fallecieron de este modo 100 personas en piscinas particulares del estado de California.

El accidente en sí mismo consiste en la sofocación o asfixia producida por inmersión en un líquido. Aproximadamente en un 10% de los ahogados la muerte se produce por un laringo espasmo reflejo, y no suele ser complicada por la aspiración del líquido. El otro 90% aspira el líquido que casi invariablemente es agua. Sobre estos casos, existen notorias diferencias en la mecánica y en las consecuencias de estos accidentes pues el ahogamiento en agua de mar posee diferente acción a la del agua dulce.

Esta última penetra en la circulación de la sangre a través de los pulmones produciendo una rápida hemodilución que sobrelleva a la muerte. A su vez el agua salada aspirada es fuertemente hipertónica para la sangre lo que produce una intensa hemoconcentración y un edema pulmonar fulminante. En ocasiones el agua de mar provoca una resistencia del organismo a la entrada de líquidos a la tráquea, lo que lleva al súbito cierre del glotis, que a su vez conduce a la muerte por sofocación, causando un paro cardíaco, sin que por ello el agua haya entrado en las vías pulmonares.

Puntualmente, todo se explica a partir de la caída de una persona que no sabe nadar a cualquier espacio líquido donde no haga pie. Es así que se produce una lucha entre los principios de Newton y Arquímedes, pues una tira hacia abajo y otro hacia arriba. Es en este momento donde la generalidad cae en el pánico, peor enemigo que ese espacio de agua donde su cuerpo se hunde y por ende es decisivo el factor moral para lograr sobreponerse y así abrir una esperanza de salvación. Y tengamos en cuenta que todos los estudios que se han efectuado en referencia a estos últimos factores tan traumáticos- no solo para quienes caen a las aguas, sino también para aquellos náufragos que quedan librados a los medios de salvamento- siempre señalan el profundo temor del hombre a los elementos y a quedar librado bajo su arbitrio.1

El hecho es que existe un factor favorable para lograr la emersión, pues los pulmones al estar llenos de aire sirven como dos especiales flotadores que absoluta e invariablemente llevaran el cuerpo a la superficie, cualquier sea las condiciones en que se halle este. Pero si se desconoce cómo obtener un equilibrio acuático necesario para mantenerse a flote y asimismo el dominio de una mediana técnica como para lograr una traslación adecuada, el infortunado ser se ahogara sin remedio, aunque se halle a solo unos pocos metros de su salvación.

Sobre este caso y en particular concepción semántica los analistas señalan que el hombre al nacer pierde totalmente sus instintos intrauterinos, pues allí ha vivido sumergido en el líquido amniótico, el cual es en un 98% agua pura.2 El arte de nadar y sus posibilidades conexas como el buceo3 suponen un ejercicio nada común para los humanos aunque se conozca su uso desde lo profundo de los tiempos. En el libro XVI de La Ilíada, Homero señalaba como algunos griegos se dedicaban al buceo, pescando esponjas, y asimismo Plinio "el viejo" 4, comentaba en su "Historia Naturalis", como estos últimos utilizaban unos tubos para respirar desde dentro del agua, nada más que nuestro hoy popularmente conocido "snorkel".

Si bien la natación no dio lugar a competiciones regularizadas en sus juegos organizados, precursores de las olimpíadas, los griegos parecen ser el pueblo occidental que más recurrió a ello. En todos los escritos clásicos se dice que los atenienses y los habitantes de la isla de Delos han tenido fama de notables nadadores, a tenor, por ejemplo, de lo que afirmaba Sócrates que no pudo hallar explicación a determinados dichos de Heráclito sobre los marinos de Delos. 5

Quizás un buen ejemplo de todo este panorama histórico lo constituye la batalla de Salamina, donde buena parte de aquellos que se salvaron de morir ahogados, y que por ello lograron continuar en el combate, fueron justamente los guerreros y tripulantes de las naves de la escuadra lacedemonia,6 para quienes era obligatoria la enseñanza de la natación. Y yendo aún más atrás, han sido hallados en las ruinas de la egipcia Tebas, concretamente en algunos frisos de los templos de Luxor y Carnac, incrustaciones de madreperlas de procedencia china, sin duda pescadas a respetable profundidad por los arriesgados buceadores del Celeste Imperio. Y obsérvese, que el carbono 14 dio para tales joyas una edad fijada en los 3.200 años antes de Cristo.

Las crónicas bélicas de Herodoto y Jenofonte hablan de hechos dados en este tema en las luchas entre persas y griegos. Asimismo, siguiendo esta cronología, grandes cónsules romanos especializaron a buena parte de sus legionarios en las técnicas natatorias, atento al cruce de ríos y arroyos en el marco de la guerra. Así César se salvó nadando después del fallido sitio de Alejandría. Por ello, se reconoce que el hombre al encarar la necesidad de lanzarse a las aguas, busco imitar los estilos natatorios de algunos animales.

Así, surgió la "braza de pecho", también denominada en un remoto pasado como estilo "perro", pero que simplemente resultó una cercana imitación al arcaico sistema empleado por los canes o cualquier cuadrúpedo para asumir un cruce de aguas.7 Y reiteramos, en este caso puntual la mecánica natatoria supone una lucha entre los conceptos de Newton y Arquímedes que aplicado a determinada técnica lleva a que la gravedad sea invariablemente vencida por la flotabilidad. Entonces surge que el desplazamiento de un cuerpo sobre las aguas sea una situación similar a la de cualquier embarcación, cosa que unida a un apropiado deslizamiento hace que se pueda encarar el avance sobre las mismas, con el solo límite de sus propias fuerzas, unidas al estado y/ o condiciones del medio donde permanece.

El capitán James Cook en su publicitado segunda circunnavegación de la tierra (1772- 1775), detalló al papel el estilo natatorio de los polinesios y su enorme facilidad de desplazamiento, cosa que no lo sorprendió dado que ya en el pasado los navegantes europeos habían comprendido que el conocimiento del mar que tenían los pueblos malayo- polinésicos era ampliamente superior al de su mundo.8 Al paso del tiempo la imitación de estos estilos, especialmente la doble patada, llevó rápidamente a la perfección de la arcaica "braza de pecho", surgiendo además, los primeros balbuceos del "over arm stroke" 9, un mero preámbulo del mejoramiento que en las técnicas referentes habrían de sobrevenir prontamente.

El 3 de Mayo de 1810, lord Byron efectuó la primera travesía a aguas abiertas que al menos registra la historia, aplicando una "braza de pecho" mejorada, alternando su desplazamiento con un rudimentario estilo espalda, situación que le posibilitó encarar con comodidad, sin desfallecer, una distancia muy respetable. Así logró cruzar el Helesponto, desde Abidos a Sestos, unos 2.000 metros, en algo más de una hora, lo que a esa altura constituía toda una hazaña.

Byron continuó en estas lides, y en 1818 respondiendo a un desafío, se lanzó a las aguas del mar Adriático, nadando desde la isla de Lido hasta más allá de la entrada del gran canal de Venecia. Estuvo 4 horas y 20 minutos en el agua. En consecuencia, todo este entorno muy publicitado, unido a la explosión de la cultura de los deportes, hizo que la natación apareciera en la palestra, especialmente en la Gran Bretaña, donde se estaban regularizando las especialidades, preámbulo de los juegos olímpicos que luego el barón Pierre de Coubertín haría realidad en 1896, justamente en la vieja Grecia.

De tal manera, en aquella época auroral, la natación competitiva, tuvo su más notorio debut en aras de la hazaña de un marino. El 24 de Agosto de 1875, el capitán de corbeta Matthew Webb, se lanzó a las aguas del Canal de la Mancha, a la altura de Dover, logrando cruzar hasta Calais, poniendo 21 horas y 39 minutos corridos de nado para culminar tal trayecto de unas 24 millas de extensión. Esta gesta de un nadador de 27 años fue saludada por la prensa internacional con elogiosos artículos y ciertamente, entre otras cosas no menos importantes, significó que la Royal Navy tomara debida nota, regularizando la enseñanza de la natación para sus cuadros.

Sobre este último caso, el capitán Webb había cumplido con su deber, al interesar a la armada en tal ítem, pero lo cierto es que prontamente se desató en Europa y los EEUU el furor competitivo por la natación. Por ello, rápidamente, el arte de nadar paso de un sistema empleado ancestralmente como para lograr una mera supervivencia humana en las aguas, a ser encarado como un deporte más, situación que pronto absorbió el interés de las masas.

De esa manera se fueron mejorando los estilos y ya a altura de fines de siglo el doble "over arm stroke" o "trudgeon" 10, se había generalizado y regulado convenientemente por la naciente federación británica de natación 11 cosa que significó la aparición de diversos récord de tiempos. Pero ya en la primera década del entrante siglo XX, surgen claramente tres estilos precisamente definidos, 12 donde se destacó rápidamente el "crawl", 13 adelantado por los nadadores australianos, que habían copiado y por ello mejorado, parte de los sistemas de nado de sus vecinos polinesios. Así el gran nadador estadounidense Charles Daniel, en 1907, tomo la primera gran marca que reconoce la Federación Internacional de Natación Amateur: 55´´ 4/10 para las 100 yardas.

Es en estos períodos de tiempo donde el interés institucional se volcó hacia la enseñanza de la natación, situación impelida por las cifras de pérdidas humanas que daba la siniestralidad en la navegación, en especial en aquellos países que, como la Gran Bretaña, dependían en un todo del mundo marítimo.14

     
  NOTAS  
Página 1 2 3