Conmemoración de los 30 años del Hundimiento del Crucero A.R.A "General Belgrano"


Por el Contraalmirante (RE) Carlos B. Castro Madero

En este significativo y emotivo acto, donde conmemoramos el trigésimo aniversario del hundimiento del Crucero ARA "General Belgrano", queremos en esta Plaza de Armas del Edificio Libertad, honrar y rendir el merecido homenaje, a nuestros 323 héroes que ofrendaron su vidas en pos de cumplir con el compromiso irrenunciable y permanente del pueblo argentino, como es, resguardar nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes.

Asimismo, en esta conmoración, también recordamos y homenajeamos a todos, civiles, integrantes de las fuerzas de seguridad, de la Marina Mercante y militares de las tres FF.AA que desde el cielo mar y tierra, cayeron en defensa de la patria durante el Conflicto del Atlántico Sur.

NADA MÁS JUSTO y necesario para la ARMADA que reiterar cada año este testimonio público de respeto, admiración y emocionado afecto por nuestros camaradas caídos.

Es por ello un motivo de enorme emoción y congoja, porque estamos evocando a los verdaderos héroes de esta contienda, aquellos que cumplieron con la mayor consigna que nos impone el enorme privilegio de ser argentinos, como es la de dar la vida por nuestra patria.

Evocarlos nos genera un sentimiento de pesar y desazón, ante la irreparable pérdida y la dolorosa ausencia, pero también engrandece y exalta el orgullo y respeto que nos suscitan.

Ellos, se han hecho acreedores de nuestro más sincero reconocimiento y del recuerdo imperecedero nuestro y de las generaciones venideras.

Como ex integrante de aquella gloriosa última dotación del CRBE, no me es fácil revivir aquellos momentos, pero debo hacerlo, para testimoniar el reconocimiento de nuestra Institución, con quienes ofrendaron su vida por la patria y para transmitir y reafirmar el ejemplo entregado por aquella valerosa tripulación.

Hace ya 30 años, en aquel 2 de Mayo de 1982, mientras se dirigía a una zona de espera, luego de suspenderse una impecable operación de ataque a las Fuerzas Británicas, donde participaba el grueso de la Flota de Mar, dos torpedos impactaron al Crucero Belgrano, iniciando una rápida escora a su babor.

Nuestro Crucero estaba herido de muerte y comenzaba a hundirse en aquellas gélidas aguas del Atlántico Sur, con la dignidad de un grande, esa dignidad que lo acompañó durante toda su vida en el mar.

Noble como siempre, partió a su apostadero definitivo, dando tiempo a que gran parte de su dotación pudiera abandonar el mismo, llevando consigo 323 marinos convertidos en su más leal guardia de honor, acompañándolo en el lecho del mar para su reposo final.

Este suceso, marco a pleno mi posterior carrera, y pese a la enorme tristeza de la pérdida de vidas humanas y del resultado final, permanecerá por siempre en mi memoria, el ejemplo entregado por toda la dotación del Crucero General Belgrano, encabezado por su Comandante, el Sr CN BONZO.

Como no recordarlo de pie en el puente de Comando, dando las ordenes para salvar al Crucero ya herido de muerte. Firme, inquebrantable, con absoluto control de si mismo, mientras se vivían momentos trágicos, que sin duda destrozaban su corazón.

Como no recordar su entereza al comunicar, la que es sin duda, la orden que ningún Comandante quiere dar. La de abandonar el Buque.

Como no recordar su gallarda figura, organizando el abandono, dándonos animo y apoyo, recorriendo las cubiertas, donde permaneció hasta último momento, no sin antes asegurarse, que todos los sobrevivientes hubiese abordado su correspondiente balsa.

A la actitud heroica de nuestro Comandante, se le sumó el ejemplo entregado por la dotación del Crucero, con un comportamiento que debe llenarnos de orgullo y satisfacción.

En esos momentos dramáticos, aquellos valerosos marinos, venidos de los más recónditos lugares de nuestro país, de todas las clases sociales y jerarquías, en condiciones extremas y desfavorables, pusieron en evidencia todo ese cúmulo de valores, que la Armada Argentina nos inculca desde el primer instante que ponemos nuestros pies en ella, como patriotismo, coraje, compromiso y espíritu solidario, dando pelea, sin el menor atisbo de claudicación ante las difíciles circunstancias.

No hubo lugar para titubeos, actitudes egoístas o pérdidas de control por la situación tensa que se estaba viviendo. Todo lo contrario, liderazgo, disciplina, determinación por salvar al buque, asistencia al compañero en dificultades, y cumplimiento de todos los procedimientos aprendidos durante las sesiones de adiestramiento, se hicieron presentes.

Y en el último adiós al guerrero herido, cuando su figura desaparecía de nuestras retinas hundiéndose en la inmensidad del océano, un solo grito se escuchó desde todas las balsas que comenzaban su largo periplo en el mar. "Viva la Patria, Viva el Crucero Belgrano"

En esa actitud de enfrentar la adversidad, quiero rendir también homenaje a los cientos de marinos que desde el mar y el aire, se comprometieron en la operación de rescate más ardua y exitosa de la historia naval de todos los tiempos, acudiendo a nuestra ayuda con altísimo riesgo.

Como aquella aeronave Neptuno que localizó las primeras balsas, pero antes de ese encuentro, su dotación aceptó continuar la búsqueda a pesar que por remanente de combustible debía abandonar la misma, a riesgo de no llegar a tierra para su aterrizaje.

Todo ese cúmulo de valores mencionados, quedan resumidos en la respuesta que dio el entonces Comandante del Aviso ARA "GURRUCHAGA", bastión en esta operación, que permitió el rescate de cientos de camaradas, cuando ante la pregunta de un integrante de su dotación, ya agotado después de tanto esfuerzo y en conocimiento del enorme riesgo al que estaban expuesto, sobre hasta cuanto más iban a permanecer en el área de operaciones. La respuesta fue clara y contundente "hasta la última balsa"

Hasta la última balsa, resume el espíritu que prevaleció en todos aquellos marinos que debieron enfrentar una situación extrema y es la que debe imperar en nuestra Institución, ese que nos hace enfrentar los desafío diarios manteniendo la subordinación, basada en la confianza que infunde todo superior, en el convencimiento que aquel, estará a nuestro lado marcando el rumbo en las tempestades y defendiéndonos en situaciones injustas y arbitrarias, por las que ocasionalmente podemos pasar, sin importarle los riesgos o consecuencias que su defensa pudiera ocasionar.

     
     
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