El uso del espacio Ultraterrestre y los Intereses Oceánicos Argentinos



Por Néstor Antonio Dominguez

Egresó de la ENM en 1956 y se retiró con el grado de Capitán de Navío en 1983. Cursó estudios en la UBA y con el título de Ingeniero Electrónico realizó estudios de Ingeniería y Filosofía en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA y en Inglaterra.
Profundizó conocimientos en tecnologías y ciencias del espacio logrando participación activa en el proyecto argentino Satelital Nahuel, logrando con ello un reconocimiento en el ámbito nacional e internacional.
Desarrolló una extensa actividad docente en niveles profesionales y académicos y en 1991 se lo designó como el primer Rector del Instituto Universitario Naval.
Actualmente preside la Academia del Mar. Su prolífera producción literaria abarca una gran variedad de temas que motivaron en reiteradas oportunidades obtener premios y distinciones como autor.

"Sagan contempla así nuestro planeta desde un privilegiado punto de vista extraterrestre, y lo ve como un mundo azul habitado por una forma de vida que apenas acaba de descubrir su propia unidad y se aventura en el vasto océano del espacio". "Cosmos", de Carl Sagan (contratapa). 1

 

INTRODUCCIÓN


Esta imagen de la Tierra vista desde la Luna puede ser apreciada de distintas maneras, tantas como especialidades hay en el conocimiento humano y más aun, según el conocimiento particular del mundo que tienen los miles de millones de hombres que constituyen la especie humana viviente actual. Cada uno de ellos tiene una visión del mundo que es distinta. Por lo tanto parto de la base que la mirada cuyos frutos expongo en este artículo es una de tantas porque no puedo librarme totalmente del especialismo que ha abarcado gran parte de mi vida.

El filósofo español José Ortega y Gasset nos hablaba de "la barbarie del especialismo" 2 . Irónicamente Bernard Shaw decía que un especialista es alguien que puede saber tanto de tan poco que podría llegar a saber todo de nada.
La cuestión es que los especialistas son necesarios para profundizar en sus temas desde sus "torres de marfil" 3, pero actualmente también son necesarios los generalistas que hurgan en los espacios que quedan entre dichas "torres" a través de lograr un trato interdisciplinario. Este se logra con un diálogo que siempre es complejo por la diversidad de las jergas especializadas.

El hecho es que, en algún momento de nuestras vidas debemos adquirir la aptitud de despojarnos de la visión especializada del mundo que debimos adoptar para asumir la moderna división del trabajo. Luego podremos agenciarnos de otra más amplia que nos permita comprender lo conocido por los otros, con conocimientos ajenos a nuestra especialidad.

El acceso a la contemplación del plano de lo interdisciplinario es facilitado por la adquisición de un conocimiento filosófico y/o sistémico. Si lo logramos seremos espiritualmente más ricos y más aptos para comprender el mundo en que vivimos.

Esto es totalmente necesario a la comprensión de nuestra reciente incursión en el espacio ultraterrestre y de la histórica navegación moderna por los espacios oceánicos.

También mejoraremos nuestra calidad de vida si nos damos la oportunidad de ejercer un pensamiento crítico que nos permita cuestionar las leyes y las normas que limitan nuestra acción en el mundo de la vida, aunque ello, por supuesto, no justifique su violación.

Y, finalmente, pese a vernos sumidos en un mundo tan materialista, no podremos privarnos del placer de crear otros mundos virtuales a través de un imaginativo ejercicio de nuestra libertad espiritual.

Desde un punto de vista estético debemos admitir que todo hombre tiene el derecho fundamental de crear y recrearse permanentemente durante toda su vida.

Tenemos un modelo de hombre que, más que ser un receptor pasivo de estímulos de toda índole, es un "creador de universos" que le son propios y manipulables gracias a su infinita imaginación artística.

En efecto, nuestra libertad individual no podrá ser más que un ejercicio retórico si no explotamos todas sus posibilidades hasta transformarnos en "hombres pluridimensionales", amantes de una vida que, más allá de tener que ser convivida, podrá ser, individualmente, tan amplia y rica como nuestra imaginación.

De esta manera seremos aptos para intentar llenar "lagunas del conocimiento", que de hecho ocupan los intersticios que permanentemente surgen entre las múltiples disciplinas científicas. Esto ocurre así, por ejemplo, en el ámbito del derecho donde las llamadas "lagunas del derecho" pueblan los espacios de lo que está permitido por no haber leyes que lo sancionen.

Estas faltas y delitos no punibles se cuelan entre el plexo de las leyes. Esto, aparte de constituir una "realidad tan indeseada como no punible", incita a los juristas y legisladores a una permanente tarea de depuración para darles status jurídico dentro del estricto marco formal del derecho positivo.

Se va estrechando así el vacío, siempre existente, entre las cuestiones de hecho y las de derecho.

Muchas veces una visión dirigida hacia un mar que se pierde en un horizonte aparentemente inalcanzable u otra apuntada hacia un cielo estrellado, más insondable aun, nos han llevado a reflexionar sobre la libertad y sus límites.

Libertad que se extiende más allá de los convencionalismos humanos y las mezquindades de este mundo, para perderse en vivencias poéticas ilimitadas.

Restricciones necesarias que nos exige la convivencia con lo otro humano y natural. La lápida de la tumba de Inmanuel Kant recoge la expresión de su Crítica de la razón práctica que, en una traducción libre, versa así: "El cielo estrellado ante mi, la consciencia moral en mí". Esa frase fue la "estrella polaris" de su vida.

Hoy descubrimos que el mar no es tan infinito como el "thálasos" griego y que nos hemos atrevido a incursionar en el espacio ultraterrestre como hace miles de años lo hicimos con el mar. Esto no nos habilita a negar sus inmensidades en relación con nuestra pequeña estatura humana.El reunir estos dos espacios, en gran medida aun desconocidos, con relaciones que puedan ser vistas bajo los intereses humanos, presentes y futuros, constituye un acto de soberbia intelectual que sólo puede ser admitido en base a la justificación del ejercicio de las libertades antes consignadas. Entonces ¿porqué no hacerlo? Y a esto, entonces, me aboco.

Podríamos intentarlo en forma multidisciplinaria convocando a gran cantidad de expertos en las ciencias del mar y las ciencias espaciales, por un lado, y a juristas especializados en derecho marítimo, del mar y espacial, por el otro.

Estos últimos tendrían por función el determinar cuáles serían los intereses humanos a defender comenzando por los de los marinos y astronautas y terminando por los de todos los que, desde tierra firme, se benefician o se perjudican con su acción. Esto, por supuesto, incluye a toda la humanidad.

Anticipamos que el intento fracasaría porque se establecería un caótico "diálogo de sordos" en el que cada uno hablaría "su idioma" sin interesarle que "el otro" lo entienda.

El hacerlo en forma interdisciplinaria parece mucho más razonable; porque, en la tarea común, cada uno tratará de explicar y comprender de manera que "el otro disciplinario" lo entienda y pueda aportar lo suyo al logro común. No se me escapa la enorme dificultad de esta tarea y es lo que realmente se esta haciendo en el mundo a través del aporte que reciben las llamadas Ciencias de la Tierra por parte de la información que brindan y telecomunican los satélites artificiales.

     
  NOTAS  
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