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COMBATE DE MARTIN GARCIA
Operación cumbre de un estratega

A fines de 1813 la presencia de los buques españoles en nuestras costas se hacía cada vez mayor y molesta.

El General Belgrano derrotado en Vilcapugio y Ayohuma había emprendido la retirada desde el norte y las tropas patriotas del General Rondeau que bloqueaban por tierra a Montevideo, no tenían posibilidades de éxito si al mismo tiempo no se impedía el aprovisionamiento de esa plaza por el Río de la Plata.

A pesar del fracaso naval del primer intento en San Nicolás en 1811, el gobierno patrio decide reiterar la creación de una flota y nombra en su comando al irlandés Guillermo Brown con el grado de Teniente Coronel por su experiencia en buques de guerra y mercantes. Totalmente consustanciado con el patriotismo criollo prepara un plan amplio y ambicioso sobre ideas del General Alvear y Sarratea para erradicar el dominio de los españoles en el Río de la Plata. Presentado y aprobado, se inician aceleradamente
los trabajos de alistamiento.

El plan exigía primero conquistar la Isla Martín García, reducto fortalecido de los españoles que dominaba el acceso a los ríos Paraná y Uruguay, provocar con ello la atracción y atacar parte de la flota española surta en Montevideo que pudiera concurrir en su apoyo, y de lograrse éxito, atacar posteriormente al resto de la flota española y bloquear el puerto de Montevideo, entrada obligada al Río de la Plata, dando apoyo así al General Rondeau en su bloqueo por tierra; caso contrario volver a Buenos Aires.

Nada era sencillo. Brown no solo se vió en la necesidad de alistar los buques aptos y necesarios en el poco tiempo que tenía sino también debía instruir y adiestrar la tropa para sus dotaciones y en particular, para realizar un desembarco con tropas preparadas especialmente ante un enemigo reforzado en el terreno con armas livianas y una artillería posicionada estratégicamente para impedir la aproximación y el desembarco.

Se gestaba así la primera operación anfibia argentina.

La proyección desde el agua de una fuerza de desembarco hacia una costa hostil con apoyo naval era toda una novedad entre los hombres y requería del máximo arrojo individual y coordinación. El trabajo de inteligencia para conocer los pormenores de esa defensa en la isla insumió a Brown la máxima cantidad de horas basándose en la información que él ya tenía de la misma y la que obtenía de todos aquellos que de alguna manera habían tenido acceso a ella. Fue muy importante la información suministrada por el Teniente José Caparrós que el 6 de julio de 1813 realizó un golpe de mano, sobre la isla llevándose tres cañones, fusiles, pistolas y municiones , amén de una balandra realista y algunos refugiados.

Brown conocía la capacidad de Romarate al frente de la escuadra realista y nada improvisó. Nuestro Almirante, formó la fuerza de desembarco con veteranos de otros enfrentamientos que ya habían probado su entrega y heroísmo y ante el imprevisto de perder al jefe de la operación a último momento, puso al mando de la misma al Sargento Mayor de Marina Ricardo Baxter.

Los 350 efectivos previstos quedaron conformados en dos grupos, uno embarcado y otro de desembarco, quedando este último (240 hombres) a las órdenes del Teniente Pedro Oroná (Batallón de Dragones) incorporado como refuerzo con 40 hombres desde la Colonia en la Banda Oriental.

Los buques dispuestos para la operación estarían, parte en proximidades de la isla en condiciones de apoyar con su artillería el desembarco y el resto, a órdenes de Brown, en posición apta para el ataque a la flota española sobre la costa noroeste donde su comandante el Capitán Romarate se hallaba en espera en proximidades del Muelle Viejo. Esta sagaz maniobra de Brown permitió, como se verá después, cumplir con el plan previsto.

El 15 de marzo de 1814 a las dos y media de la madrugada, en total sigilo, los dragones capacitados para el combate de a caballo, con freno en mano, desembarcaron en proximidades del corral donde se sabía que los isleños guardaban sus equinos y tomados éstos, allí esperaron para intervenir con el ataque principal a las baterías emplazadas. El resto, conformados en tres grupos cada uno, hizo el desembarco a la hora coordinada llevando su centro de gravedad sobre el emplazamiento de las baterías de artillería y un ataque secundario sobre las defensas dispersas en defensa del caserío y otras instalaciones.

El desembarco sobre la costa sureste de la isla, elegido por el propio Brown, contó con apoyo de fuego naval de los barcos previstos. El combate se hizo duro, la resistencia combatió con el máximo furor y nuestras tropas, incentivadas en la oscuridad por el redoble del tambor y pífano con sones de la marcha “La mañana de San Patricio” (otra idea de Brown), alcanzaron los objetivos en los tiempos previstos y al despuntar el sol, en plena persecución del enemigo que buscaba embarcarse en los buques españoles en el muelle viejo, la Bandera Argentina era izada por el teniente Primero Thomas Jones como señal de misión cumplida. Romarate no perdió un segundo de tiempo y antes de verse atacado por los buques de Brown que estaban en condiciones para ello, emprendió la fuga hacia el norte buscando refugio en Arroyo de la China.

Martín García permitió que poco tiempo después -17 de mayo de 1814- Brown, con refuerzos recibidos desde Buenos Aires, venciera lo que quedaba de la flota española e iniciara el bloqueo de Montevideo que caía definitivamente ante las tropas del General Alvear un mes después.

Con las operaciones en la isla de Martín García, en Arroyo de la China y con la derrota de la Real Armada Española en Montevideo y el posterior bloqueo de este apostadero español en el Río de la Plata, finalizó el dominio de España en nuestras aguas, permitiéndole al General San Martín gestar su gran campaña americana.