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Nació en Buenos Aires el 5 de noviembre de 1792.

Luego de abandonar sus estudios en el Colegio Real de San Carlos, comenzó a navegar en el tráfico fluvial junto a su padre. En marzo de 1814, en calidad de artillero, se embarca en la sumaca “Santísima Trinidad”, uno de los barcos de la escuadra de Brown destinado al patrullaje del Río de la Plata. Participó en numerosas acciones navales libradas contra el poder español.

Tras su valeroso comportamiento en el Combate de Arroyo de la China, contra la escuadrilla realista al mando del Capitán Jacinto de Romarate, fue ascendido a Sargento.


En mayo de 1814, asistió a las gloriosas jornadas del Combate Naval de Montevideo, en las que Brown derrotó a las fuerzas realistas, encuentro que permitió la rendición de esta importante plaza.

Rosales tuvo participación en las luchas interinas que se vivían por entonces, al formar parte de una expedición enviada por el gobierno de Buenos Aires para controlar las montoneras al frente del caudillo entrerriano Francisco Ramírez que se había hecho dueño de la situación en Santa Fé, en el combate de Colastiné venció a Ramírez.

En 1821, ya como Capitán, se califica a sí mismo como "un soldado del orden", adhiriendo al partido unitario. Al comenzar la Guerra con Brasil, Rosales recibió el mando de la cañonera N ° 6, con la que participó en el primer combate frente a Buenos Aires, el 9 de febrero de 1826, y del ataque a la Colonia del Sacramento.

Dadas sus condiciones excepcionales Brown le otorgó el mando de la goleta "Río de la Plata", afectada a la custodia de convoyes para el abastecimiento del ejército que operaba en la Banda Oriental. Al mando de la "Sarandí" estuvo en el Combate de Los Pozos, el 11 de junio de 1826, donde en pleno combate Brown expresó:

“No conozco mas valientes que Brown, Espora y Rosales”.

Colaboró como jefe de la escuadrilla del General Lavalle contra los federales y en 1829 es ascendido a Coronel de Marina.

Al producirse el ascenso de Rosas al gobierno, el marino, de espíritu liberal, se decidió por el exilio. Fue privado de su cargo y borrado de la lista militar. Carente de recursos se estableció como pulpero en Carmelo (entonces Las Vacas), Uruguay, donde residió hasta su muerte el 20 de mayo de 1836.

Sus restos fueron repatriados en 1996 y reposan definitivamente en la Iglesia matriz de la ciudad bonaerense de Punta Alta, cabecera del Partido que lleva su nombre.