Congreso Internacional de Historia
Bicentenario de la Campaña Browniana en el Rio de la Plata (1814-2014)

ESCUELA DE DEFENSA NACIONAL, 22 y 23 de octubre de 2014. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


"La Táctica del Almirante Guillermo Brown en la Campaña Naval de 1814" por D. Guillermo Spinelli

Capitán de Fragata

 
   
   
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El concepto de táctica no tiene una definición única y singular. La que más se aproxima a lo que necesitamos para este trabajo es aquella que propuso el gran pensador prusiano de la guerra Carl Von Clausewitz: “táctica es la teoría del empleo de las tropas en el combate”, o el conocimiento de las maniobras y su aplicación según las circunstancias y localidades”.

Ambas definiciones por su  generalidad, son aptas para su aplicación en un escenario naval como el planteado para esta presentación.

Buques y forma de combatir

La táctica se encuentra muy imbricada con la técnica, ya que al evolucionar los armamentos se requiere de distintas técnicas para extraer de él todo su potencial.

Las armas que montaban los buques de la época, eran los cañones a los que se sumaban las armas portátiles (fusiles y pistolas) y por último en el abordaje, las armas blancas (espadas, picas, hachas, etc).

El cañón, su principal característica era el calibre, que es el diámetro interno del tubo cañón. A su vez, el calibre era dado por el peso del proyectil. A mayor calibre, mayor es el peso del proyectil y mayor es el daño producido por éste; el inconveniente es que el cañón también era grande estorbando en la disposición dentro del buque y  en la carga del mismo.

Como ejemplo citaré que:

El calibre de un cañón de 32 libras era 150 milímetros aproximadamente.
El calibre de un cañón de 12 libras era 110 milímetros aproximadamente.
Una bala de 18 libras perforaba 70 centímetros de madera.

Tipos particulares de cañones

Carronadas: eran cañones cortos cuya pared es más delgada, es decir que su cañón es de espesor pequeño. Su nombre deriva de la compañía inglesa que los fabricaba la Carron Company. Su uso era para disparar metralla (munición antipersonal compuesta de balas pequeñas), su efecto era muy destructivo pero su alcance era muy corto.

Obuseros: también conocidos como gonadas, colombiadas, licornios rusos o “swivel gun” su uso era similar al de las carronadas, con un calibre más pequeño.

Pedreros o falconetes: cañones pequeños que se montaban en horquillas que se aseguraban a las bandas del buque.

Munición

La munición más normal es la bala redonda de hierro, que se podía calentar para incendiar la madera o jarcias de los buques, conocidas como balas al rojo. Era posible unir dos balas o medias balas por medio de cadenas o una barra para inutilizar las jarcias y mástiles de los buques.

Para batir personal,  se usaban sacos de tela o lona rellenos con balas de mosquete que al salir del cañón se desintegraban liberando las balas; produciendo un gran efecto destructor.

Disparo

Para cargar el cañón se realizaban una serie de pasos:

Luego de un primer disparo, inicialmente se pasa por el tubo cañón un cepillo que retiraba los restos de pólvora y materiales encendidos. Luego se usaba una esponja para terminar de apagar los restos encendidos del disparo y para enfriar el arma.

Posteriormente se introduce la pólvora en un cartucho hasta el fondo del ánima y a continuación la bala.

Desde el oído del cañón (orificio que comunica el fuego desde el exterior hasta el cartucho de pólvora) se pincha el cartucho. Luego se ceba el oído con pólvora y el cañón queda listo para disparar aplicando fuego a la pólvora del oído que pasa, a su vez, al cartucho y se produce el disparo.

La puntería se realizaba materializando la línea de mira por medio de la parte superior del mismo cañón.

La distancia de disparo era muy corta, debido a los tipos de armas utilizadas y la escasa precisión de las mismas que disminuía con la distancia.

Tiro de fusil de 100 a 300 metros
Tiro de pistola de 50 a 100 metros
Tiro de piedra menos de 50 metros.

En la época a la que nos referimos, los buques montaban piezas de artillería en las bandas. Esto se debía a la necesidad de concentrar el fuego(1), que era impreciso, para obtener la supresión del poder de combate del enemigo. La concentración de fuego se obtenía por medio de colocar la mayor cantidad posible de cañones en el buque. Esto se lograba dividiéndolos en diferentes cubiertas(2), aquellos buques que tenían más de una, ubicaban los cañones de mayor calibre en la más baja, para no perder estabilidad. Los cañones y carronadas más livianos se situaban en las cubiertas altas y en la principal los de menor calibre. De esta manera el fuego se concentraba verticalmente.  

Por otra parte, se podía concentrar horizontalmente mediante  la formación y la proximidad de otros buques, que por medio del solapamiento de sus disparos podían darse apoyo mutuo. La formación en columna(3), era la más utilizada por su superioridad en la concentración del fuego y la facilidad de maniobra. En ella el buque guía podía ser el primero y los demás solamente tenían que seguir sus aguas, de esta manera, el manejo de los buques para el líder era mucho más sencillo que en cualquier otra formación.

Debido a que la propulsión de los buques se realizaba por las velas y estas a su vez necesitaban viento, este era un importante elemento a tener en cuenta durante la batalla. La posición de dominación era la de barlovento(4) desde donde se podía cerrar distancias para comenzar el combate o evitarlo.

Esto producía un cañoneo entre dos líneas de batalla, sin un resultado decisivo. En la Marina Inglesa inició un cambio táctico que comenzó con Los Almirantes Rodney (1782), Howe (1794), Duncan (1797) y llegó a su punto culminante con el Almirante Nelson en las batallas del Nilo (1798) y Trafalgar (1805) donde se logra doblar(5), la columna adversaria.

En la campaña que estamos estudiando se producen dos combates en los que participa el Almirante Don Guillermo Brown, la batalla de Martín García y el combate naval de Montevideo. No se trata el combate de Arroyo de la China por no encontrarse Brown al mando.

Fuerzas enfrentadas

Batalla de Martín García

Fuerzas realistas

Bergantín

“Belén”

12 cañones

“Aranzazú”

10 cañones

Sumaca

“Gálvez”

7 cañones

Cañonera

“Perla”

1 cañón

“Lima”

1 cañón

Balandra

“Murciana”

1 cañón

“Americana”

1 cañón

TOTAL

 

33 cañones

Fuerzas patriotas

Fragata

“Hércules”

36 cañones

Corbeta

“Zephyr”

18 mayoría carronadas

Bergantín

“Nancy”

15 mayoría carronadas

Goleta

“Juliet”

17 cañones

“Fortuna”

15 cañones

Falucho

“San Luis”

5 cañones

Balandra

“Carmen”

5 cañones

TOTAL

 

111 cañones


Batalla de Montevideo

Fuerzas realistas

Fragata

“Neptuno”

24 cañones

“Mercedes”

16 cañones

Corbeta

“Mercurio”

26 cañones

“Paloma”

18 cañones

Queche

“Hiena”

18 cañones

Bergantín

“San José”

16 cañones

“Cisne”

12 cañones

Balandra

“Corsario”

8 cañones

“La Podrida”

6 cañones actuaban con independencia de la escuadra

Lugre

“San Carlos”

8 cañones

Goleta

“María de los Catalanes”

4 cañones

Falucho

“Fama”

1 cañón

TOTAL

 

157 cañones

Fuerzas patriotas

Fragata

“Hércules”

36 cañones

Corbeta

“Belfast

22 cañones

“Agradable”

22 cañones

“Céfiro”

18 cañones

Bergantín

“Nancy”

15 cañones

Goleta

“Julia”

17 cañones

Sumaca

“La Santísima Trinidad”

14 cañones

Falucho

“San Luis”

3 calones

TOTAL

 

147 cañones

Campaña naval de 1814

Una vez integrada la escuadra patriota y puesta bajo el mando del entonces Teniente Coronel Brown, se nota de inmediato el compromiso y entusiasmo con que se proponía llevar adelante su tarea. El primer paso fue tomar la Isla Martín García que consideraba como la llave del Río de la Plata. La isla se encontraba en manos realistas y en apoyo de la misma se encontraba, al mando del Capitán de Fragata  Jacinto de Romarate, una pequeña pero abigarrada fuerza naval. Este jefe español de amplia y reconocida trayectoria, mandaba una fuerza homogénea con buques de poco tamaño pero de escaso calado(6). Sus buques se colocaron fondeados y acoderados cruzando el canal, presentando las bandas de sus buques al enemigo que debía navegar por dicho canal. De esta manera el marino español logró ubicar con ventaja a sus fuerzas, apoyadas a su vez desde la isla con artillería que varió, durante el combate, de una a tres piezas. Con esta disposición táctica el Comandante español pudo lograr una superioridad artillera local de 15/17 piezas en capacidad de disparar, contra 3 que podían disparar hacia proa desde la fragata “Hércules”. La posición lleva el nombre de “cruce de la T”(7).

A esto se le suma que la “Hércules” de Brown varó(8) en el canal, quedando sin arrancada(9) e imposibilitado para poder acercarse a los buques enemigos.

De este suceso, podemos sacar algunas conclusiones sobre cuál era la efectividad de la artillería de la época. El buque estuvo bajo fuego entre 8 y 10 horas, los cañones que dispararon en su contra fueron entre 15 y 17, la cadencia de fuego era muy variable pero tomamos una media de 10 disparos hora, por el hecho de que se combatió desde el medio día hasta más allá de la puesta de sol y la mañana siguiente, hasta que por la marea pudo zafar de su varadura y retirarse. El resultado fueron 82 impactos en el casco, sin tener no se tienen en cuenta los impactos en arboladura. Con estos inseguros datos obtenemos que la probabilidad de impacto (en el casco) era de entre 4 a 8 %, sobre un blanco fijo y que prácticamente no ofrecía resistencia a una distancia de entre 100 y 300 metros dependiendo de la posición de cada pieza. Por otra parte las bajas de una dotación de aproximadamente 190 hombres fueron de 49 muertos y 50 heridos, en total 99 bajas, un 48 % de la dotación fue muerta o herida.

En este momento cabe preguntarse ¿por qué Brown acepta el peligro de “cruzar la T”? y ¿para qué lo hace? La respuesta puede ser que se haya propuesto  reproducir la maniobra de Nelson en Trafalgar, que cruza la T de la flota combinada, soporta el fuego sin demasiado efecto y luego cierra distancia para obtener un resultado decisivo. De no producirse la varadura de la “Hércules”, seguramente hubiese tenido éxito dado que con una probabilidad de impacto tan baja (4 a 8 % sobre blanco fijo y sin contestar el fuego), hubiese podido resistir el castigo hasta estar sobre las naves españolas a las cuales luego inutilizaría con su poderosa artillería a corta distancia. Según la probabilidad de impacto que obtuvimos podemos ver que la fragata “Hércules” hubiese sufrido alrededor de 14 impactos antes de poder descargar su artillería y comenzar a degradar el poder de combate realista. Hay que tener en cuenta que hubiese sido un blanco muy difícil ya que presentaba la proa al enemigo, por lo que se asume una probabilidad de impacto del 4% y para el presente análisis se tomó como que podía disparar toda la línea enemiga (33 cañones) más los apostados en la isla (asumimos 2) en total 35 piezas de artillería. Teniendo en cuenta que soportó 82 impactos en el casco luego de su varadura, recibir 14 es perfectamente soportable. Como vemos el plan de Brown es perfectamente ejecutable y con buenas probabilidades de éxito de no haber varado su buque.

La derrota de Brown se debió a tres circunstancias:

  • Una excelente posición táctica adoptada por Romarate, que minimizaba sus desventajas frente a la superioridad numérica de Brown.

  • Poco calado en el canal para las naves de Brown, que limitaba las sus opciones y lo obligaban al ataque frontal.

  • Falta de cohesión en la flota patriota.

Luego de esta derrota y tras reparar provisoriamente las averías de su buque insignia, se decide por tomar primero la isla de Martín García por medio de un desembarco anfibio. Esta maniobra lograría quitarle la ventaja que representaba para quien la tuviera. Esta ventaja se puede equiparar a la de un buque pequeño; dada la artillería y su dotación, pero su principal ventaja era la de su posición.

Esta maniobra puede tomarse como un ejemplo del método de aproximación indirecta, presentado por el Capitán Liddell Hart en su libro “La Estrategia de aproximación indirecta” en 1946(10). Ya que en lugar de atacar nuevamente a la muy correctamente posicionada fuerza naval enemiga, eligió un desembarco anfibio que dislocó el dispositivo defensivo español.

Una vez tomada la isla, Romarate debe retirarse aguas arriba y de esa manera logra dividir en dos  a la escuadra realista. Esto tácticamente es un logro de gran importancia ya que al dividir la escuadra española, evitaba que se pudiese concentrar y actuar como un cuerpo único; haciéndola más débil y preparando el camino a la caída de Montevideo. De esta manera se las pudo batir por separado reduciendo su superioridad numérica y material. Distinto hubiese sido el resultado de realizar la salida de la escuadra española completa y con Romarate entre sus filas.

Sin dejarse influir por la presencia de la escuadra de Romarate, Brown pone sitio a Montevideo con prontitud, mostrando nuevamente una gran claridad en su pensamiento táctico/operativo. Buscando la decisión con rapidez y sin distracciones, logró separar lo importante de lo superfluo. Esto se mantiene luego de la derrota de Arroyo de la China y en contra de opiniones que buscaban vengar esa derrota.

En Montevideo, mientras tanto, al ser el bloqueo cercano y molesto provocó la reacción de los vecinos y del Capitán General Gaspar de Vigodet, quien había sucedido al virrey Francisco Javier de Elío. Se comenzó a trabajar en la preparación de una fuerza suficiente para enfrentarse a los buques de Brown. Esta fuerza estaba a las órdenes del Capitán de Navío primo de Rivera, reemplazado más tarde por Miguel de la Sierra poco antes de la salida.

En ese momento la moral de las fuerzas patriotas se encontraba en alta por la victoria de Martín García y la de los realistas en baja por el bloqueo a Montevideo, incluso la de sus mandos.

Producida la salida de la escuadra española de Montevideo, por presiones de la población, la escuadra de Brown realiza un muy buen movimiento táctico consistente en una falsa retirada para inducir a los realistas a alejarse del puerto de Montevideo. De esta manera, privaban a los españoles del auxilio y refugio que pudiera brindarles ese puerto.

La escuadra republicana se dejó perseguir por dos horas y luego viró(11)

para enfrentarse a la española, esto produce un cañoneo de aproximadamente 30 minutos. Hacia el mediodía del 14 de mayo, se produce una calma que separa y evita el contacto entre las dos fuerzas. Las naves españolas remolcadas intentan retirarse hacia Montevideo. El queche español “Hiena” con el comandante de la escuadra se retira (gracias a su velocidad), la calma dura hasta el 16. Se prosigue con la persecución de los buques españoles y hacia las 22.00 horas, la “Hércules” “corta” la línea adversaria entre los buques españoles “Neptuno” y San José”. Al pasar entre ellos los dos buques les descarga la artillería de las bandas y se rinde el “San José”.

La maniobra de romper o cruzar la línea se producía cuando el buque navegando perpendicularmente a la línea a cortar, alcanzaba la posición de los buques de la línea. Durante la aproximación debía soportar el fuego de las bandas de los dos buques sin poder contestarla, pero cuando la popa y la proa de los dos buques de la línea quedaban sobre sus bandas podía descargar su artillería.  Esta descarga se realizaba a corta distancia y con un efecto devastador sobre todo en el buque que presentaba su popa debido a que ésta es un lugar débil y sus disparos pueden llegar hasta la artillería. Esto provoca que el buque afectado pierda gran parte de su poder de combate.

OODA

Es un modelo que explica la toma de decisiones en el campo de batalla. Fue creado por el Coronel de la Fuerza Aérea Norteamericana John Boyd, como forma de explicar el motivo por el cual una fuerza se impone sobre otra. Su teoría es el desarrollo de este ciclo.

Observación, orientación, decisión, acción. Desarrollaremos sucintamente este modelo, para su comprensión y aplicación es los combates estudiados.

Observación: básicamente es conocer al enemigo, su composición, posición, movimientos,  las propias fuerzas y el entorno geográfico.

Orientación: implica procesar la información recolectada en la observación formando un cuadro mental de la situación y las posibles acciones.

Decisión: diseñar el cómo para lograr el cuadro mental que se formó en el paso anterior, y seleccionar una acción entre las analizadas en la orientación.

Acción: implementar la decisión, llevarla a término.

A causa de la acción, el ciclo comienza de nuevo; de allí que quien  realice más rápido el ciclo logre aventajar a su adversario. Esta ventaja se logra debido a que la acción por parte de la fuerza más lenta resulta ineficaz, al haber variado la situación que había observado.

Aplicando el ciclo del Coronel Boyd a las batallas estudiadas podemos decir que se manifiestan tres ciclos claramente diferenciados.

Primer ciclo: ataque de Brown a la fuerza de Romarate

Observación: En este paso del primer ciclo podemos distinguir como ambos comandantes conocen las fuerzas del adversario y tratan de maximizar sus propias ventajas; en el caso de Romarate su poco calado y su posesión de la isla. Ambos estaban conscientes del entorno geográfico y su impacto para cada fuerza.
Orientación: en este paso Romarate busca rechazar la mayor potencia de fuego de la escuadra patriota por medio del posicionamiento de sus buques apoyados por la artillería de la isla, sacando provecho de su menor calado. Brown se basa en su mayor poder de fuego capaz de romper la línea adversaria e imponerse sobre los buques enemigos.

Decisión: Romarate se despliega defensivamente y busca  provocarle el mayor daño posible a su adversario por medio del fuego cruzado entre sus buques acoderados y los cañones de la isla. Brown debe navegar por el canal, soportando el fuego del enemigo hasta abarloarse(12) y allí  dañar a la nave adversaria con fuego de su mayor artillería a una muy corta distancia.

Acción: En este caso Romarate solamente debe esperar el ataque adversario, por lo cual está en ventaja. Brown, por otra parte, al ser herido su piloto en el acercamiento y varar su nave queda bajo el fuego enemigo, en una mala posición.

Se nota claramente que Romarate fue superior en la Acción a Brown en este ciclo, por lo cual se impone.

Segundo ciclo: Desembarco en la Isla Martín García

Observación: Brown se da cuenta de que debe cambiar su forma de proceder (podría haber intentado otro ataque frontal tratando de no varar), ya que su maniobra anterior no había sido exitosa. Toma conciencia del valor de los cañones en la isla. Romarate por otro lado, busca repetir el anterior éxito, por lo cual es superado en este paso del ciclo.

Orientación: Brown analiza neutralizar la isla y la artillería allí instalada.

Decisión: Brown decide desembarcar en la isla para poder apoderase de la artillería, continua aventajando en el ciclo al comandante realista, que plantea la misma batalla.

Acción: Se produce el desembarco, que provoca una nueva situación para la fuerza realista, la sorprende y logra imponerse. Durante este ciclo Romarate a pesar de su excelente posición táctica es sorprendido y superado, por lo cual la defensa colapsa y debe retirarse.

Tercer ciclo: Batalla de Montevideo

La batalla se puede resumir en solo un ciclo, dado que durante la misma no existe un cambio o punto de inflexión en el mismo.

Observación: Brown estaba muy al tanto de lo que sucedía en Montevideo y de la fuerza que tiene que enfrentar. El jefe español, Capitán de  Navío Miguel de la Sierra, quien no evidencia una planificación de las acciones, solamente realiza una salida empujado en parte por el mismo pueblo de Montevideo para salvar el honor.

Orientación: Brown busca la destrucción de la escuadra adversaria o su bloqueo en el puerto de Montevideo.

Decisión: Brown finge una retirada para atraer a la fuerza enemiga lejos de su puerto y permitir su destrucción

Acción: inicialmente Brown es perseguido por los realistas para luego virar y presentar combate, que se ve interrumpido por la falta de viento, y de allí en adelante se produce una persecución de la fuerza española que termina siendo destruida. Es claro que al no existir un plan por parte del jefe realista, solamente reacciona ante las acciones de Brown, por ello son ampliamente superados en el ciclo y terminan siendo derrotado.

Comando y Control

Este apartado hace referencia a cómo el comandante impone su autoridad a la fuerza bajo su mando, para el cumplimiento de la misión. Para comunicar órdenes e intenciones se utilizaban señales combinando banderas o lámparas durante la noche. Por otro lado la manera o el estilo de mando puede ser centralizado o descentralizado. En el primer caso el comandante busca retener sobre sí las decisiones y reducir al mínimo la iniciativa de sus subordinados. En el segundo caso, el Comandante imparte una idea general de la maniobra y deja a sus subordinados la manera de llevarla a cabo. Para ello es necesaria una mayor compenetración de los comandantes subordinados con las ideas de su superior.

En el caso de la campaña que estamos estudiando, se pone de manifiesto que los comandantes españoles utilizaron el mando centralizado y que Brown utilizó una mezcla de mando, descentralizado en un principio hasta que tuvo que cambiarlo debido a lo que él consideraba era un apoyo insuficiente por parte de sus comandantes subordinados.

Moral

Napoleón dijo “lo moral es a lo físico como tres es  a uno”. En esto la superioridad de Brown fue absoluta, desde que toma el mando de la escuadra muestra una fe inquebrantable en su capacidad de vencer a los españoles. Por el contrario, el mando realista fue traspasado en tres oportunidades. Inicialmente la preparación de la escuadra estuvo a cargo del Capitán de Navío José Primo de Rivera, quien por motivos de salud traspasa el mando antes de la salida al Comandante General de Marina Miguel de la Sierra. Ambos eran pesimistas en cuanto al resultado de un encuentro con la escuadra de Brown. Durante la segunda jornada del encuentro,  el Comandante en el queche “Hiena”, veloz y maniobrero aún con poco viento, se alejó del combate asumiendo el mando el segundo jefe de la escuadra J. Posadas. Estos sucesivos pasajes de mando trajeron la confusión y desmoralización en la fuerza realista, evidenciado por el hecho de la continua retirada de las fuerzas españolas a lo largo de toda la batalla.

Conclusiones

Brown con una escuadra de buques mercantes armados apresuradamente, dotaciones de diversa procedencia, comandantes que escatimaban su apoyo o le disputaban su puesto y un gobierno sin tradición o infraestructura marítima; logró una brillante victoria en la campaña de 1814. Esto se debió a que hizo un uso correcto y juicioso de las tácticas navales de la época, de esa manera pudo superar sus desventajas e imponerse al adversario. Si bien los españoles no estaban en perfectas condiciones poseían una marina, en declive luego de la derrota de Trafalgar, pero que tenía un cuerpo de oficiales profesional y abigarrado, astilleros propios y una gran tradición marítima.

El Teniente Coronel Brown intenta un muy justipreciado ataque contra la escuadra de Romarate acoderada en la Isla Martín García. Al varar su nave, el plan es frustrado y debe soportar una dura derrota.  De haberle sucedido a un hombre de menor temple podría haber cambiado la campaña, pero con Brown no fue así. Se repuso, levantó la moral de sus comandantes, y sorprendió al enemigo con un nuevo ciclo de Boyd en donde lo supera y le presenta una situación de aproximación indirecta. Al perder el apoyo de la Isla, Romarate se ve obligado a retirarse y es separado del apostadero de Montevideo. De esta manera logra tomar la isla de Martín García que era la llave del Río de la Plata,  dividir en dos a las fuerzas de Montevideo, las cuales pierden también un comandante de la talla de Romarate. Es importante recordar que las fuerzas que realizan la salida desde Montevideo cambian de jefe en tres oportunidades.

Una vez divididas las fuerzas navales españolas, Brown se dedica a poner sitio a la ciudad de Montevideo, eligiendo correctamente a cual de las dos atacar. Resuelto esto, realiza un cerrado bloqueo del puerto de Montevideo, evitando las entradas y salidas e incluso la pesca. Esto obliga a la escuadra en Montevideo a salir, siendo derrotada. En esta batalla, Brown simula retirarse para ser perseguido y logra separar de su puerto a la fuerza realista siendo su derrota total.

Este triunfo patriota fue tan grande, que un hombre de palabras medidas como el general Don José de San Martín dijo: “amigo mío: hasta ahora yo no he visto más que proyectos en pequeño (excepto el de Montevideo)”(13).