Congreso Internacional de Historia
Bicentenario de la Campaña Browniana en el Rio de la Plata (1814-2014)

ESCUELA DE DEFENSA NACIONAL, 22 y 23 de octubre de 2014. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


"Los voluntarios de San Fernando en el Combate Fluvial de Martin García"
por Roberto Fernández
(1) y Martín Alejandro Pizzi(2)

 
   
   
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Introducción

El imperativo de nuestras circunstancias cotidianas muchas veces nos hace pasar por alto detenernos a reflexionar sobre hechos trascendentes, sean presentes o pretéritos. Nuestra historia, y puntualmente nuestra riquísima historia naval, no son la excepción. En febrero de este año se cumplió nada menos que el Bicentenario del Combate de Martín García, instancia que tal vez (Fuera de los círculos especializados) no tenga la misma difusión que otros gloriosos eventos decididos en favor de las armas de la Patria (San Lorenzo, Maipú, Vuelta de Obligado, solo para ejemplificar) pese a constituir un excelente ejemplo tanto de acción combinada como de superación de circunstancias adversas.

Las grandes acciones militares parecen, en muchas ocasiones, como la factura exclusiva de un gran genio de la estrategia o, a lo sumo, de su estado mayor y las conmemoraciones se acotan a tal circunstancia.

En realidad las acciones militares significan el sacrificio de hombres anónimos con vocación de servicio y entrega, conscientes de que su esfuerzo contribuye silenciosamente a la consecución de una gran obra y al labrado de un porvenir nacional en la búsqueda de una unidad de destino común.

Este trabajo pretende rescatar dos aspectos minimizados por la historia habitual de la acción militar de Martín García: en primera instancia la colaboración que significó para la causa de las armas patriotas el aporte de los milicianos voluntarios de la ciudad de San Fernando y en segundo lugar la importancia del puerto de esa ciudad dentro del escenario general de la contienda en el Río de la Plata.

Superando la fragmentación de los datos y lo incompleto de los registros históricos pretendemos rescatar del anonimato del tiempo y la historia a aquellos que merecieron inclusive los elogios y recompensas de su comandante por el denuedo con que ejecutaron sus órdenes de forma oportuna y sin vacilaciones en simétrico paralelo a la postergación de sus intereses personales y las comodidades de sus hogares.

Entendemos que los argentinos debemos volver a valorar la importancia de servir a la Patria en cada pequeña acción de nuestras vidas y por eso hemos tomado como ejemplo a recordar la entrega de los sanfernandinos a los cuales su misma ciudad ha lamentablemente olvidado al punto que muy pocos saben de lo trascendente de su gesta.

Aspectos estratégicos de San Fernando

San Fernando de la Buena Vista es una ciudad fundada el 18 de diciembre de 1805 por el Marqués de Sobremonte(3), a la sazón Virrey del Río de la Plata, a instancias del Párroco del Pago de las Conchas Don Manuel de San Ginés. quien visto el amplio daño que provocaban las recurrentes Sudestadas en la precaria población decidió el traslado de la misma al denominado “Alto de Punta Gorda”, denominación que por aquel entonces tenían unas estribaciones ubicadas a poco menos de 2 kilómetros de allí.

La actividad náutica parece anterior a la constitución de la ciudad como tal, habida cuenta que “en el astillero de Las Conchas se construyó el bergantín "San Francisco de Paula", que bajo el comando del Teniente de Fragata Manuel Pando, realizó dos viajes al Sur en el año 1768; en el segundo, Pando llegó hasta Magallanes”(4). Esto nos habla respecto a que la actividad vinculada con el Río ya se encontraba presente entre los habitantes de la zona antes de la fundación de la ciudad en forma orgánica.

Debemos considerar que esta situación del desarrollo incipiente de las actividades fluviales tenía directa relación con la situación geopolítica de San Fernando, que se encuentra en una posición más cercana a la naciente del Río de la Plata y a la red de canales que constituyen el Delta del Paraná, y luego de ellos hacía el Río Uruguay y el Río Paraná propiamente dicho.

Además, por encontrarse aguas arriba del Río de la Plata, era menor la distancia para conectarse con la Banda Oriental de dicho Río, lo que facilitaba el cruce entre ambas bandas por medio de pequeñas embarcaciones a vela bajo el resguardo de las Islas del Delta. 

Dentro de la situación territorial analizada, obviamente que dicho puerto de San Fernando se encontraba en mejores condiciones de accesibilidad que el de Buenos Aires para llegar a la Isla Martín García.

Más allá de actualmente resultar relativamente cercana la distancia que media entre la Capital Federal y esta ciudad, para las condiciones imperantes a principios del S. XIX conformaban una travesía equivalente a un día de carreta e inclusive algo mayor si se tiene en cuenta las inclemencias climáticas que terminaban afectando la transitabilidad de los caminos.

Por esta razón se decidió internar en San Fernando a algunos de los prisioneros británicos capturados durante la Primera Invasión Inglesa, quienes terminaron trabajando en un Canal que tenía proyectada la unión del Río de la Plata con el actual Río Reconquista (en ese entonces llamado Río de las Conchas)(5). Es necesario aclarar que las Islas del Delta aún no habían avanzado sobre la posición donde se proyectó y finalmente se construyó el Canal, por lo que el mismo tendría acceso directo a las aguas del Río de la Plata.

Por consiguiente, desde la posición geográfica, la influencia geopolítica y las decisiones militares, San Fernando va a contar con una marcada impronta fluvial en todo el siglo XIX y principios del XX, favorecida por la construcción del Canal que, si bien trunco respecto a su intención original de alcanzar el Río de las Conchas, en sus más de 1000 metros de extensión se cargaron primero en carros y luego en las dos líneas ferroviarias que lo sirvieron gran cantidad de frutales y maderas producidas por el Delta y demandadas por la Capital. Es por ello que San Fernando surge desde sus inicios como un elemento territorial componente del Hinterland de Buenos Aires, no sólo en su capacidad de provisión de materias primas, elementos industriales (como las naves) y servicios(6) (que van desde tierra de confinamiento, como en el caso de los prisioneros ingleses, pasando por el asilo brindado por la distancia cuando la situación política aconsejaba escapar de Buenos Aires, hasta la posición militar avanzada).

Estas circunstancias hacen que no resulte extraña la participación de esta ciudad tanto en la Reconquista de Buenos Aires como en la acción militar de Martín García. En la primera, a través de la plataforma logística y de concentración de fuerzas que significó junto con Tigre y en la segunda por medio del aporte de sus voluntarios a la acción de las fuerzas comandadas por el Almirante Guillermo Brown.

Los voluntarios sanfernandinos en el Combate Naval de Martín García (10 al 15 de marzo de 1814)

Cuando Montevideo se transformó en el centro del dispositivo contrarrevolucionario en la zona del Río de la Plata, al mantenerse leal a la Junta de Regencia y contrario a la autoridad de Buenos Aires, las dos Bandas del Río de la Plata quedan enfrentadas ideológica y militarmente; pero la superioridad naval de las fuerzas de Montevideo aseguraban que las embarcaciones adictas al Monarca mantuvieran la superioridad y el control sobre las aguas del Paraná, el Uruguay y el Río de la Plata, no sólo jaqueando militarmente a la Banda dominada por los revolucionarios sino también obteniendo de la zona bajo influencia de éstos provisiones permanentes para atenuar los rigores que significaba el Sitio terrestre sobre la plaza de Montevideo. El primer intento de formar una escuadra tiene por objeto neutralizar los dos puntos anteriores y fue armada a principios de 1811, siendo encomendado su comando a Juan Bautista de Azopardo, Capitán de Artillería retirado en ese entonces, quien tomó el mando de la goleta “La Americana”. Esta goleta, junto albBergantín “25 de Mayo”, comandada por alguien que estaría llamado a gloriosas campañas prontamente: Hipólito Bouchard, y a la balandra “Invencible” comandada por Ángel Húbac(7). Esta pionera escuadra patriota, que aun no enarbolaba el pabellón nacional(8) sufrió una dura derrota en San Nicolás a manos de la escuadra montevideana ya comanda por Jacinto de Romarate.

La destrucción de la primer escuadra dimensionó la necesidad de estructurar un sistema alternativo que ya se había mostrado en forma incipiente: el establecimiento de un dispositivo de protección terrestre móvil, es decir, fuerzas terrestres que circularan en paralelo al río para realizar un alerta temprana en caso de invasión, o bien hostigar a las fuerzas fluviales realistas para evitar sus incursiones en busca de abastecimientos. (Puntualmente ganado en pie, que podía engordarse en la isla o llevarse directamente a la plaza sitiada de Montevideo). Estas fuerzas móviles se encontraban constituidas por núcleos de tropas veteranas, preferentemente del arma de Caballería, para incrementar su movilidad y explotar la ventaja relativa de los criollos en sus destrezas sobre esta forma de combate. Dichas tropas se reforzaban con contingentes de milicias formados por pobladores de la Ciudad y de la Campaña, llamados generalmente “Cívicos”(9).  

El primer contingente militar destacado en San Fernando fueron doce Blandengues al mando de Carlos Belgrano, hermano del creador de nuestra bandera y primer Comandante Político y Militar del Distrito. Iniciadas las obras del Canal Belgrano solicitó un refuerzo de dieciséis hombres para la custodia de las obras y de los indios e ingleses que trabajaban en ella(10). Los sucesos de Mayo de 1810 paralizarían las obras del canal, que habían alcanzado un grado incipiente.

La importancia de San Fernando y sus alrededores quedaría manifiesta por un desgraciado suceso que llamaría la atención de las autoridades gubernamentales respecto a la necesidad de proveer a su defensa. El 20 de mayo de 1812 el Puerto de las Conchas sufrió el ataque de las Fuerzas Realistas, siendo los milicianos partidarios del Gobierno Revolucionario comandados por Carlos Belgrano, hermano del creador de nuestra bandera y a la sazón Comandante Militar de San Fernando, que poco pudieron hacer ante la superioridad del adversario. En su Parte al Triunvirato, Belgrano informa que en la madrugada del 20 de mayo de 1812 por el Puerto de Las Conchas

  “a beneficio de una gran creciente [han ingresado] un lanchón y otro buque de los corsarios armados con obuses y cañones, que empezaron a hacer fuego a metralla y bala rasa […] tratando de sorprender la guardia de milicianos que hay en aquel punto”(11).

Belgrano continúa informando que el centinela de guardia hizo fuego de inmediato al no ser contestado su voz de alto, hecho que puso en alerta a todo el dispositivo defensivo de la ciudad. El comandante destaca las actuaciones del Sargento Gregorio Urbano Millán, del Capitán de los “cívicos” Don Francisco Villarino, del Sargento Don Gerónimo Bistral y los voluntarios de la compañía de Don Lucas Márquez. En ese mismo parte del día 20 Belgrano se queja de

  “La necesidad que tengo de armas y municiones, los voluntarios las desean, hay quien sepa tirar y todos desean aprender, igual que defenderse del enemigo los demás de este vecindario que se habían presentado; pero Señor no hay más armas que espadas y chuzas y no llegan a seis las armas de fuego.
Acaso pudieran repetir los corsarios ya contra Las Conchas o contra este pueblo, y sin armas es imposible contrarrestarlos”(12)

En un parte posterior del mismo día, Belgrano informa que como resultado de la acción los incursores logran robar una lancha nueva perteneciente al vecino Francisco Echeverría, “un champán y una goleta de los Vivanco” y saquean la pulpería de Vicente Llama. Belgrano no detalla las bajas enemigas pero sí las propias, destacando la seria herida de metralla en uno de sus muslos que recibió el voluntario Feliciano Fernández, el centinela que dio la voz de alto a los incursores, la cual provocó que le fuera amputada de inmediato la pierna afectada. Al detallar a los prisioneros tomados por el enemigo, los nombra:

  “Hicieron prisioneros a Manuel Aguilar, a don Francisco Merino, a dos negros de éstos y al Sargento de la guardia Francisco Altolaguirre” (13).

Aquí es donde aparece por primera vez el nombre de Manuel Aguilar, aunque sin destacarse su jerarquía y cargo, pero entendemos que era un hombre importante para las milicias sanfernandinas pues su captura merecía mención expresa de Belgrano en su comunicación al Triunvirato. Volveremos sobre esta persona más tarde.

Debido a este episodio se urdieron graves acusaciones contra Carlos Belgrano por su supuesta inacción ante la incursión enemiga. El gobierno de Buenos Aires  por esta razón se envió un destacamento del Regimiento Nº 2 a cargo del Sargento Mayor Román Rosendo Fernández, quien además de tomar a su cargo la defensa del poblado realizó la instrucción sumaria respecto a la acusación que pesaba sobre Belgrano. La misma no fue probada y Belgrano fue absuelto y restituido en su cargo y honor(14). Esta decisión del Triunvirato motivó el desplazamiento del Regimiento de Granaderos a Caballo en Agosto de 1812 al mando del entonces Teniente Coronel Don José de San Martín para reemplazar al destacamento del Regimiento Nº 2 y reponer a Carlos Belgrano en su cargo. La lectura de la decisión del Triunvirato fue realizada en la plaza principal de la población ante las tropas y la mayoría de los vecinos y acusadores, hecho destacado por Gilardoni como “la única vez -conocida y probada documentalmente- en que San Martín dirigió su palabra a sus compatriotas, civiles y militares, directamente y de viva voz, en la vía pública, en tierra argentina (15)

Pero poco tiempo después, el 1º de noviembre de 1812, se nombró a Francisco de Uzal en reemplazo de Carlos Belgrano como Comandante Político y Militar de San Fernando(16).

El 15 de Septiembre de 1813 se retiran los Granaderos a Caballo, los cuales no son reemplazados por ningún contingente de veteranos, lo que volvió a instaurar la necesidad de las milicias para la defensa del poblado, colaborando en su restablecimiento un vecino de la localidad llamado José Villamarín; quien por Decreto del 10 de Noviembre de 1813 es comisionado a la organización de un cuerpo de milicianos. La experiencia militar de Villamarín no era de soldado de carrera, sino que resultó de su movilización en las milicias promovidas a partir de las Invasiones Inglesas llegando al grado de Subteniente(17).

Si bien resultaba relativamente fácil cubrir las plazas de milicianos, no era lo mismo cuando la situación era la cobertura de las plazas en navíos(18). Contrario a esta situación, las fuerzas españolas contaban con gente de carrera y experimentada, y además poseían un profundo conocimiento del Río de la Plata, en que actuaban desde hacía años, como por ejemplo fue el uso de los canales sobre Martín García que empleó Romarate para dificultar las maniobras de las grandes naves de Brown.

Debemos considerar que las primeras jornadas del Combate de Martín García, de neta acción fluvial, resultaron indiscutiblemente adversas a las fuerzas patriotas, y especialmente a la nave insignia “Hércules”.

Brown solicitó auxilios a la Colon ia del Sacramento (en ese entonces en manos patriotas)  cuyo Comandante despachó 46 dragones y tres oficiales al mando del teniente Pedro Orona; pero antes de la llegada de ellos Brown recibe los auxilios del Comandante Militar de la Punta de San Fernando, Capitán Francisco de Uzal, quien era portador de una nota del ministro Juan Larrea en la cual se le pedía a Brown una relación exacta de lo sucedido hasta ese momento, y además aportaba 17 milicianos al mando del Subteniente Pedro Aguilar, quienes voluntariamente se habían presentado a ofrecer sus servicios cuando escucharon el cañoneo que provenía del Río. Estos voluntarios componían las llamadas “Fuerzas Celadoras de San Fernando y del Puerto de Las Conchas”. En general, aquellos pocos historiadores que mencionan este hecho histórico lo sitúan el día 13 de marzo de 1814, estando la “Hércules” embicada en un paraje denominado “Placer de las Palmas” o “Bajos del Temor” ubicado en la desembocadura del Río Paraná de las Palmas en el Plata, para ser reparadas las numerosas averías provocadas por el serio castigo recibido en la primera parte del combate. Ese mismo día regresa el Comandante Uzal con el informe que Larrea solicitaba al Jefe Marino.

Según la tradición, estos voluntarios conformaron parte de la fuerza de desembarco integrada por 350 hombres al mando del Teniente Primero Roberto Jones (segundo de la “Céfiro”) a cargo de los Fusileros de Marina y el resto de las tropas a órdenes del Teniente Orona, siendo de destacar que de esos 350 hombres, 280 eran criollos.

Aunque otro grupo de historiadores difiere respecto al número final de milicianos que constituyeron el contingente de voluntarios, expresando la cifra de dieciocho al mando del mismo Subteniente, lo que puede hacer pensar en algún error de tradición que incorpora al Oficial al mando en el número de milicianos.

Luciano sostiene que estos voluntarios reforzaron la dotación de la “Hércules”, sensiblemente disminuida por las bajas producidas el primer día de combate.

  Carpinteros de ribera, calafates, colocadores de rumbos, deben haber estado entre los voluntarios que llegaron a la “Hércules” con Uzal, y que hubieron de aplicar los conocimientos adquiridos en los astilleros de su lugar de origen, y contribuido esa noche a emparchar con cueros vacunos, estopa, planchas de plomo y mucha brea y asfalto los desperfectos producidos. Bajo la férrea dirección de Brown, pudieron realizar el milagro que, al promediar el día 13, con el repunte de las aguas, fuera posible que flotara la “Hércules”y que así, oscura, con sus bordas embreadas que le merecieran el mote de: “la fragata negra” tratarían por la noche de acercarse cautelosamente a la isla”(19).

El genio de Brown se revelaría inmediatamente al transformar una operación fluvial que hasta el momento había tenido suerte adversa en una operación anfibia que variaría sustancialmente las relaciones de fuerzas existentes. Para tal fin encomendó a Orona la organización de las tropas que habrían de desembarcar. Orona dividió a sus hombres en dos grandes bloques. Según Argüero, esas tropas estuvieron conformadas por:

  1. Las tropas propiamente dichas al mando de Orona, en las que este autor hace integrar a los milicianos de Las Conchas
  2. Otro bloque integrado por los marinos fusileros al mando del Teniente Primero Roberto Jones(20).

El verdadero problema para los atacantes en tierra comenzó cuando tuvieron que escalar el terreno que ascendía desde la playa hasta las alturas donde se encontraba la batería, la que finalmente se logró silenciar a través del ímpetu del ataque de los patriotas al son de la tradicional canción patria irlandesa “Saint Patrick’s Day in the Morning”. Las tropas realistas se retiran de inmediato a sus buques y abandonan las posiciones en la isla.

Luego de decidido definitivamente el combate, el Teniente Pedro Orona (Comandante de las Fuerzas de Desembarco), en el Parte fechado en Martín García el 18 de Marzo de 1814 y elevado al Almirante Brown (Y que Brown remitió directamente a Gervasio Posadas, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata) respecto a las acciones llevadas a cabo por las tropas desembarcadas en Martín García, hace una relato detallado de la organización de esta Fuerza, los Oficiales que la comandaron, el desembarco, y la retirada enemiga luego de una hora de combate, la captura al enemigo de una balandra rezagada de su flota pese a la tenaz resistencia de su tripulación (la que fue pasada a degüello), el detalle de las bajas del enemigo, las piezas de fusilería y artillería capturadas, y la relación de bajas propia, con la expresa mención del Subteniente Pedro Aguilar entre los heridos. Citamos dicho Parte a continuación, haciendo la salvedad que nos hemos tomado la licencia de adaptar su difícil ortografía para no hacer engorrosa su lectura:

  Señor General en Jefe de las Fuerzas Marítimas:
Habiendo recibido orden verbal del Comandante de la Colonia Don Vicente Lima para embarcarme a la Escuadra al mando de Ud. con veintitrés dragones, veintitrés infantes del [Regimiento] Nº 6 y los Oficiales, […] que componía la fuerza de cuarenta y nueve hombres. Después de estar en la Escuadra y al frente de la Isla Martín García se convino [El asalto a la Isla en tres divisiones mandadas por dos Oficiales y compuestas de 80 hombres cada una] […] Luego de una hora una hora de fuego [los Realistas] tomaron el partido de huir de sus puestos y baterías para huir precipitadamente a embarcarse en los Buques Enemigos que estaban enfrente al Muelle de esta Isla algunos de ellos pudieron conseguir el reembarcarse a pesar de la rapidez con que avanzaban nuestros valerosos soldados para evitar dicho embarque otros fueron tomados por [en] una Balandra que no tuvo tiempo de escaparse a pesar de haber sido protegida por los fuegos de la escuadra enemiga y en ella se encontraron algunos Soldados Enemigos los que hicieron una dura resistencia hasta que fueron pasados a degüello”(21).  

 Orona luego hace un minucioso detalle de las bajas enemigas y del material capturado para cerrar su exposición con las propias:

  “De nuestra pate no hemos Sufrido más pérdida que tres soldados muertos y cinco heridos; [entre ellos] el Subteniente de Milicias Don Pedro Aguilar y levemente el Comandante que dirigía la acción Don Pedro Orona Teniente del Regimiento de Dragones de la Patria”(22)

Terminadas las operaciones el 19 de marzo de 1814, Guillermo Brown informaba detalladamente a Juan Larrea el triunfo de Martín García. Dicho Parte Militar fue conducido por el Subteniente Pedro Aguilar hasta San Fernando, en la Balandra (Que a partir de este momento llamaremos “Capturada”) quien además trasladaba algunos prisioneros y heridos hacia esa localidad, y a los diecisiete vecinos de Las Conchas y San Fernando.

Desde allí el Comandante Militar Uzal le entrega el primer parte escrito sobre el Combate de Martín García dirigido a Gervasio Posadas, que se constituye en el primer Parte Oficial escrito de la acción, habida cuenta que Aguilar traía un parte verbal; siendo de suponer, conforme se infiere del parte de Uzal, que dicha relación verbal fue transmitida a las autoridades gubernamentales sitas en Buenos Aires.

Es de hacer notar que, en reconocimiento por los servicios prestados a la causa emancipadora y el arrojo y valentía demostrado por los diecisiete vecinos y su Comandante, Brown procedió a regalarle a ellos una balandrita(23) que habían tomado al enemigo. Como hace notar el propio Uzal en su parte, el cual citamos literalmente, y que está fechado en San Fernando el 19 de marzo de 1814:

  Excmo. Sor.
El Ciudadano Pedro Aguilar se presentará ante V. E. (q.e es el conductor de este) y hará una relación prolixa del Estado de la Isla y el rumbo q.e ha tomado la esquadrilla enemiga dho. Aguilar ha llegado hoy con algs prisioneros heridos y los vecinos de las Conchas  q.e se quedaron en ntra. Esquadrilla. El Comandante Bron les ha regalado una valandrita q.e es en la q.e han venido, cuya donación q.e la trae de mano del expresado Comandante se la presentará á V. E.
Dios guarde a V. E. ms as.
Sn. Fernando,. Marzo 19 de 1814
Exmo Sor.
[fdo.] Franco de Uzal.
Exmo. Supremo Director de las Provincias Unidas del Río de la Plata(24).

Dicha Balandra es la única presa capturada al enemigo en el Combate de Martín García. Los documentos de la época no han recogido su nombre y pareciera que es la misma embarcación mencionada en el Parte de Brown al Ministro Larrea fechado en La Colonia en Marzo 29 de 1814, en la que se menciona:

  “Con la presente [refiriéndose al parte] va una balandra presa tomada en Martín García con 940 cueros vacunos de primera a bordo, que recomendaría fueran inmediatamente vendidos y cuyo valor será apenas una pequeña migaja frente a los gastos inmensos del día.(25)

Por consiguiente, entendemos que luego de devolver los voluntarios a su origen, y desembarcados los heridos y prisioneros, la embarcación nuevamente fue convocada a servicio activo, desconociéndose aún su nombre, bajo qué comandante y la composición de su tripulación.

Es de hacer notar que la actitud de los milicianos ribereños (Presentarse espontáneamente a ofrecer sus servicios al escuchar el fragor de los cañonazos) contrasta con el comportamiento de algunos capitanes de la flota durante la primera jornada del combate, hecho que provocó serio disgusto en el Almirante Brown y fue plasmado en el primer Parte de Batalla enviado a Larrea a través de Uzal el día 13 de marzo de 1814, el cual citamos textualmente:

  “Aquellos a quienes ha ido mal al principio de este combate deben agradecérselo a los oficiales comandantes de la “Céfiro”, “Nancy” y “Julieta” quienes, en lugar de fondear sus barcos o abarolarlos con el enemigo, huyeron de la manera más cobarde posible.(26)

Respecto a Francisco de Uzal, en noviembre de 1814 los vecinos de los pueblos de San Fernando, Las Conchas y San Isidro solicitan la revisión de la medida de trasladar a dicho Comandante Militar a un nuevo destino, situación que fue aceptada por el Superior Gobierno haciendo permanecer en San Fernando al Comandante(27).

Conclusión

La ciudad de San Fernando desarrolló una cultura fluvial que aportó valiosos esfuerzos al dispositivo estratégico fluvio-naval de la época que nos ocupa.

Este aporte no se limitó exclusivamente a cuestiones técnicas, de por sí muy importantes en un país que no contaba con abundantes conocimientos en la materia sino que se proyectó al voluntariado en el servicio de las Fuerzas Fluviales y Marítimas. Esta situación reviste especial importancia habida cuenta de las dificultades que representaba la vida cotidiana en ese tipo de medio, y mucho más en momentos bélicos, y de la cultura terrestre que existía como preponderante dentro del instrumento militar en nuestras fuerzas.

En directa coherencia con tal cuestión, es que los documentos de la época rescatan no sólo el aporte material de los marinos sino también la profunda proyección moral de su colaboración voluntaria y de su entrega; cuestión ésta que se va a ver retribuida con la entrega de la única presa capturada en Martín García a las fuerzas realistas, que se constituirá en testimonio de reconocimiento a los voluntarios sanfernandinos.