Congreso Internacional de Historia
Bicentenario de la Campaña Browniana en el Rio de la Plata (1814-2014)

ESCUELA DE DEFENSA NACIONAL, 22 y 23 de octubre de 2014. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


"El “talón de Aquiles” fluvial de Buenos Aires: el Canal del Sur." por el Dr.  Jorge Gabriel Olarte

 
   
   
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I.   Su descubrimiento

El viernes 16 de julio de 1599, la pequeña nave holandesa “Silveren Werelt” – Mundo de Plata -, al mando del Maestre Hendrick Ottsen ancló frente a Buenos Aires luego de navegar desde el sur por un ignoto canal de acceso a la ciudad, que descubrió.

La “inesperada visita” permaneció un mes y medio entre los porteños, sus hombres desembarcaron frecuentemente y efectuaron algunos trueques o ventas de mercancías, por fin bien reabastecida se alejó navegando por donde vino, advirtiéndosele a Ottsen que tenía prohibido desembarcar en la costa. Pese a ello, el navío ancló frente a las actuales playas de Quilmes, a unos veinte kilómetros al sur de Buenos Aires, para recoger leña y varillas para sus barriles de agua y vino destinados a la venta, creyendo que no serían advertidos pero el gobernador Diego Rodríguez de Valdéz y de la Banda, que los siguió con 6 mosqueteros y 24 arcabuceros a caballo, al comprobar su desobediencia el miércoles 15 de septiembre los atacó, capturando a dos marinos, mientras que lo cinco restantes huyeron en el bote con que habían llegado a la costa.

El “Silveren Werelt” en su viaje de regreso fue atacado por los portugueses en la Bahía de Todos los Santos, siendo incendiado por sus propios hombres.

Luego de mil peripecias Ottsen regresó a Amsterdam y publicó en 1603 su obra “Diario de Viaje” que ilustró con cinco grabados efectuados sobre planchas de cobre

  Habitantes del Rio de la Plata (1)

La importancia de la nueva ruta fluvial fue tal que a partir de ese momento se la utilizó para navegar hacia y desde Buenos Aires con mayor facilidad, seguridad y a naves de mayor calado, naciendo – como efecto no deseado – una gran “industria” en las playas quilmeñas: el contrabando de mercaderías holandesas, portuguesas e inglesas.

II. Navegándolo, los holandeses llegan a merodear Buenos Aires

En 1635 el Gobernador y Capitán General de Buenos Aires Diego de Góngora fue advertido por vigías desplegados en el Canal del Sur que navegaba hacia Buenos Aires una flota holandesa, por dicha razón ordenó vigilar las costas de la ciudad.

Al ser observadas dichas naves desde el Fuerte porteño, unos cañonazos de advertencia los disuadieron de atacar, por lo que levantaron un bloqueo, que no fue muy prolongado.

Desde una de ellas, el cartógrafo Juan Vingboons pintó esta bella acuarela, que es la imagen más antigua de Buenos Aires, que se conserva en la Biblioteca del Vaticano.

  El arribo de esa flota invasora por el Canal del Sur, demostró que su vigilancia permanente resultaba imprescindible.

III. El detallado informe del gobernador Pedro Esteban Dávila

En 1635 el Gobernador y Capitán General de Buenos Aires, Pedro Esteban Dávila elevó un minucioso informe al rey Felipe IV sobre las dificultades que representaba la navegación desde la Banda Oriental a Buenos Aires y por ello, en un párrafo del mismo elogió al Canal del Sur expresando que “… tendrá de largo de su principio diez leguas y ancho ancho muy poca cosa, capaz para muchos navíos de hasta doscientas toneladas”.

IV. La solicitud de tierras de Jerónimo de Benavídez de 1635

El 24 de diciembre de 1635 el gobernador Pedro Esteban Dávila, recibió la siguiente solicitud de otorgamiento de una merced de tierra:

  “Jerónimo de Benavídez, vecino de esta ciudad, digo: que he servido a su Majestad en este Puerto de mucho tiempo a esta parte, imitando a mis antepasados, que asimismo sirvieron a su Majestad en la conquista y población de estas provincias a su costa y mención, y en particular todo el tiempo que gobernó el señor don Francisco de Céspedes, antecesor de Usía. Por tener de mi entera satisfacción, me encargó y mandó rondase y velarse la banda del Sur, y descubriese los navíos que por este río entran y diese aviso a su Señoría.
Y por tener Usía la misma satisfacción me tiene encargado lo mismo, lo cual estoy continuando con mucho trabajo de mi persona e hijos, por ser continuo el trabajo.
Y porque estoy pobre y no tengo más de una suerte de tierras en la barranca de este río en el pago de la Magdalena, y tengo dos hijos que remediar, suplico a Usía, me haga merced, en nombre de su Majestad de tres leguas de tierras de las sobras que caen de la barranca hasta el río grande(2)que corren desde el puerto que llaman de don Gaspar hasta la estancia de Antonio Gutiérrez Barragán, que es todo playa de este río, anegadizo, y tendrá de ancho por donde más cuarto y medio de legua desde la barranca hasta topar con el río grande por estar vacías y despobladas, que en ello recibiré.
Jerónimo de Benavídez”(3).

V. El 26 de enero de 1636 se da curso favorable a la petición de Jerónimo de Benavídez

A dicho pedido se le dio curso favorable por medio de este documento:

 

“Don Pedro Esteban Dávila, Maestre de Campo, Caballero de la Orden de Santiago, Gobernador y Capitán Genera.
Por cuanto por petición que ante mi presentó Jerónimo de Benavídez, vecino de esta ciudad, me hizo relación que había servido a su Majestad en ese Puerto de muchos años a esta parte, prosiguiendo los servicios que habían hecho en la conquista y población de esta Provincia, su abuelo y padre con sus armas y caballos, a su costa, y todo el más tiempo que gobernó el señor don Francisco de Céspedes, mi antecesor, por tener de él entera satisfacción, le encargo y mandar rondase y velase la banda del Sur y descubriese los navíos que por este río entrasen y diese aviso a su Señoría.
Y por tener yo la misma satisfacción q. de vos os tengo mandado lo continúes. Y que estaba desocupado, con mucho trabajo de vuestra persona e hijos, por ser continuo y por estar pobre y no tener más de una suerte de tierras en las barrancas de este Río, en el pago de la Magdalena, y tener dos hijas a quien dar estado, os hiciese merced en nombre de su Majestad de tres leguas de las sobras que caen de la ba(rranca) hasta el río Grande; que corren el (pu)erto que llaman de Don Gaspar hasta la estancia de Antonio Gutiérrez Barragán, que es todo playa de este río y tendrá de ancho cuarto y medio de legua desde la barranca hasta topar con el dicho río Grande, que estaban vacías y nunca se habían repartido, y por constarme ser cierta vuestra relación lo he tenido por bien.
Por tanto, en nombre de su Majestad, como su Gobernador y Capitán General, en virtud de los poderes y facultades que de su persona real tengo, que por su autoridad no van aquí insertos, hago merced a vos, el dicho Jerónimo de Benavídez, de las dichas tres leguas de largo de las sobras que caen de dicha barranca hasta el rio grande, que corren desde dicho puerto que llaman de Don Gaspar hasta la estancia del dicho Antonio Gutiérrez Barragán, y tendrá de ancho, por donde más, cuarto y medio de legua desde la dicha barranca hasta topar con el dicho río, con todos sus pastos, aguadas, montes, cazaderos, pescaderos y lo demás que le pertenece para estancias de ganados mayores y menores, sementeras y otras que os pareciere.
Y hacer edificios, corrales para vos y vuestros herederos y quien vuestro poder hubiere. Y la dicha merced os hago con quien antes de ahora no están dadas, ni repartidas, y sin perjuicio de terceros que mejor derecho tenga. Y antes que os entregue este título paguéis los derechos de la media anata(4) conforme al arancel real. Y constando haberlo hecho, mando a mi lugarteniente de Gobernador, que es o fuese; Alcaldes ordinarios de dicha ciudad, y a cualquiera de ellos que siéndoles presentada esta merced os den la posesiones de las dichas tierras judicial, actual, el cuasi y dada en ella os amparen y defiendan y no consientan seáis desposeído sin primero ser oído, y por fuero y derecho vencido.
Y de ello os mandé dar la presente por duplicado, firmada de mi mano y sella(da con el sello de) mis armas, refrendada del inflas(cripto Escribano) Mayor de Gobernación, mi secretario, que es fecha(da) en la dicha ciudad de la Trinidad, puerto de Buenos Ayres, en veintiséis días del mes de enero de mil seiscientos y treinta y seis años.
Don Pedro Esteban Dávila

Por mandato del señor Gobernador: Alonso Agreda de Vergara, Escribano Mayor de Gobernación. Trajo certificación de los oficiales reales de haber pagado la media anata.
Alonso Agreda de Vergara"(5)

La vigilancia del Canal del Sur era prioritaria pues temían sufrir un ataque holandés.

VI. En 1658 se libra el primer combate naval en el Rio de la Plata

En abril de 1658, siendo gobernador de Buenos Aires Pedro Ruiz de Baigorri, se produjo el ataque de tres buques corsarios franceses al mando del Capitán Timoleón de Osmat, quien ordenó que un grupo de desembarco a bordo de cinco grandes botes tomase el pequeño puerto existente en el Riachuelo, como paso previo a la conquista de la ciudad, pero como fue rechazado un desembarco, impusieron un bloqueo naval a Buenos Aires que duró ocho meses.

Aconteció que logró arribar la nave española “Santa Agueda”(6) los corsarios la atacaron en el Canal del Sur, pero la nave española logró llegar a las balizas exteriores(7), donde se encontraban barcos holandeses al mando del Capitán Isaac de Brac, a quien se le había permitido comerciar.

En agradecimiento por esa autorización, el capitán holandés zarpó con sus naves y junto la “Santa Agueda” enfrentaron a los franceses en el primer combate naval en el Río de la Plata, abordando Isaac de Brac “La Marechale”, nave capitana francesa, degollando a Timoleón de Osmat y a sus hombres, huyendo las dos naves restantes(8).

VII. La fundación de la Reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes en 1666 cercena parte de la concesión otorgada a Jerónimo de Benavídez

La concesión otorgada el 26 de enero de 1636 a Jerónimo de Benavídez, sufrió un gran cercenamiento en su parte Noreste al fundarse el 14 de septiembre de 1666 la “Reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes”(9), cuyolímite fluvial, es decir su frente al Canal del Sur, se extendía desde Riachuelo de los Navíos hasta el arroyo El Gato.

Por esa razón, en ese sector la tarea de vigilancia fue transferida a partir de esa fecha a los indios Quilmes, quienes recibían un pago por esa tarea.

VIII. En 1736 se ordena instalar una batería en Ensenada de Barragán

En 1736, durante el transcurso de la Tercera Guerra por la posesión de Colonia del Sacramento (1735-1737), previendo un ataque naval portugués sobre Buenos Aires por el Canal del Sur, el gobernador Pedro de Vasconcelos, ordenó instalar una precaria batería de artillería en Ensenada de Barragán, para proteger la entrada de dicha vía fluvial(10).

IX. En cumplimiento del “Plan General Defensivo”, aprobado en·1763, el general Pedro de Cevallos ordena amurallar esa batería

El viernes 2 de abril de 1763, el General Pedro de Cevallos al retornar de la Cuarta Guerra por la posesión de Colonia del Sacramento (1762 -1763), considerando sumamente probable un ataque británico sobre Buenos Aires – por ser aliado de Portugal – aprobó un “Plan General Defensivo” por el que se erigieron murallas en la batería de Ensenada de Barragán, para mejorar las defensas de la boca de entrada del Canal del Sur.

X. En 1776 se inician los trabajos de la “Carta Esférica del Rio de la Plata”

El Teniente de Fragata Andrés Oyarvide, piloto y cartógrafo de la expedición del Capitán General Pedro de Cevallos de 1776/77 que conquistó la posesión portuguesa de Colonia del Sacramento, con las observaciones y mediciones realizadas sobre el río – en especial sobre el Canal del Sur – comienza a trabajar en una obra significativa denominada “Carta Esférica del Río de la Plata”, que se conoció en 1826, veinte años después de su muerte.

Me permito transcribir un párrafo de esa obra: “...antes de llegar a Quilmes, divisará las Torres de Buenos Ayres y en seguida los barcos de Balizas Exteriores...”.

XI. Por la guerra con Francia en 1793 se toman medidas defensivas en el Canal del Sur

La Toma de la Bastilla, el lunes 14 de julio de 1789, fue un acontecimiento de repercusión universal cuestionó el supuesto derecho divino de los monarcas, por tanto el temor a la propagación de las ideas revolucionarias en España y sus dominios ultramarinos, determinó que se implantara una absoluta censura.

El domingo 24 de junio de 1793 año el Virrey del Río de la Plata, Nicolás Arredondo informó a la población que estaban en guerra con Francia y por tanto era pasible de pena de muerte y confiscación de bienes quien ayudara y/o tratara a barcos franceses que, navegando por el Canal del Sur pudieran encontrarse cerca de Buenos Aires.

Asimismo se ordenó a los hacendados ribereños que si avistaban un desembarcó francés, debían avisar de inmediato y retirar todos sus ganados de las zonas costeras, bajo pena de ser multados con “...mil pesos ensayados...”.

XII. En 1803 se aprueba la construcción del “Fuerte de Barragán”

Para mejorar la defensa de la “boca” del Canal del Sur, el virrey Marqués Gabriel Avilés, aprobó los planos realizados por el Capitán Francisco Javier de Reyna para la construcción definitiva del “Fuerte de Barragán” que tenía forma deexágono irregular, abierto en la parte posterior, con dos garitas cubiertas con capulines de ladrillos para los centinelas, contando con una batería de ocho cañones.

XIII. Sospechosa aparición en 1805 en Londres de una carta marina del rio de la plata

El sábado 21 de septiembre de 1794 el Capitán Alejandro Malaspina publicó su obra “Viaje político científico alrededor del mundo”, en la que relataba con lujo de detalles todo lo observado en la expedición científica española realizada entre 1789 y1793.

Acusado de formar parte de una conspiración palaciega que intentó derrocar al favorito Manuel Godoy, fue detenido durante varios años y luego expulsado a Milán en 1803.

Por ese motivo no resulta extraño que en 1805 apareciera en Londres una carta marina sobre el Río de la Plata en la que se describía con lujo de detalles la navegación del Canal del Sur a Buenos Aires que Malaspina había efectuado oportunamente, lo que hace pensar que éste, por despecho – y por una buena suma -, se la vendió a los ingleses.

XIV. En 1805 se aprueba un nuevo “Plan General Defensivo”

El martes 2 de abril de 1805, temiendo un ataque británico una Junta de Guerra en Buenos Aires elaboró un nuevo “Plan General Defensivo” superador del de 1763, por el que se emplazaron más cañones en las baterías del Fuerte de Ensenada de Barragán – el primer escalón de la defensa ubicada a la entrada del Canal del Sur – y en las barrancas de la Reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de lo Quilmes - el segundo escalón – se destacaron fuerzas permanentes de vigilancia para dar el alerta temprano a Buenos Aires, pues se creía sumamente probable un desembarco británico en el lugar, pues el Canal del Sur allí tenía unos doce pies de profundidad, incrementándose la misma al navegar hacia Buenos Aires, por lo que resultaba adecuado para que fondearan naves de guerra enemigas.

XV. Se ordena en 1805 al espía británico Oliver Rusell confeccionar un informe detallado del Canal del Sur

Ese mismo año, a un miembro de la Red de Espionaje Británica creada en Buenos Aires por el Coronel James Florence Burke en 1803(11), se le ordenó confeccionar un informe sobre mareas, profundidad y ubicación de los bancos de arena del Canal del Sur.

Oliver Russel(12), el sujeto en cuestión, era el “Práctico a Bordo” de los buques británicos que llegaban a Buenos Aires, por ser un ebrio consuetudinario su trabajo fue tan mediocre y confuso que al cotejarlo con la cartografía de Alejandro Malaspina, demostró tantas contradicciones que el Almirantazgo Británico decidió enviar una nave de guerra para que dilucidara definitivamente la cuestión.

XVI. Misión de espionaje realizada a fines de 1805 por un bergantín británico

En noviembre de 1805, cuando todavía retumbaban los ecos en el Atlántico del Norte los cañonazos de la victoria naval británica en Trafalgar, librada el lunes 21 de octubre de ese año, se avistó frente a Buenos Aires un buque de guerra británico que tenía la misión de sondear convenientemente el Río de la Plata, pero como el mismo no enarbolaba bandera, se creyó que era un corsario contrabandista:

  “...amaneció fondeado como a diez millas de la ciudad el primer mensajero de esta expedición(13), éste fue un pequeño bergantín de guerra, que hizo en la ciudad tanta impresión como se hubiera aparecido un cometa.
El virrey, marqués Rafael de Sobremonte, se hizo marcar desde este instante por un atolondramiento de que ya no pudo desprenderse: él dejó las alturas de la Fortaleza(14), desde donde se descubrían más fácilmente los movimientos de este buque y se dirigió con sus edecanes a la punta del muelle(15) que ocupaba la parte más baja de la ribera.
Parado, sobre una cureña de la batería, dirigió su anteojo al bergantín; miró, remiró, cambiando a cada paso de posiciones y dijo por fin en voz alta, a presencia de todos los concurrentes, entre cuyo número debo contarme yo mismo:
- “Que no era posible distinguir si el bergantín era de guerra o algún corsario contrabandista”.
Mientras el Virrey entretenía a la concurrencia con las incertidumbres de su golpe de vista militar, se desprendieron del bergantín dos botes con dirección a una fragata portuguesa, riquísimamente cargada, que se hallaba fondeada en los Pozos(16), al norte del banco de la ciudad, los botes abordaron la fragata, la pusieron inmediatamente a la vela, atravesaron el río y anclaron a tiro de pistola del bergantín en presencia del virrey y de toda la población.
En este estado amaneció el día siguiente y los botes volvieron a maniobrar en diferentes direcciones: nadie advirtió que se ocupaban en sondear el río.
Al tercer día el bergantín y la pesa se hicieron a la vela: según los partes de la costa del sur, se mantuvieron dos días más a la vista de Ensenada y Magdalena y por fin desaparecieron para no volver hasta el año siguiente de 1806” (17).
Al alejarse las dos naves, una calma suicida volvió a reinar en la ciudad y el gran temor que había generado su presencia, se disipó por completo en poco tiempo, pues el propio virrey: “... logró persuadir a todos que el bergantín no había entrado al río sino para cometer un acto de piratería”(18). 

Ocho meses más tarde comprobarían cuan equivocados habían estado al pensar así.

XVII.  En junio de 1806 se avista una flota extranjera en el Rio de la Plata

La flota del Comodoro Home Riggs Popham que había zarpado de Africa del Sur para conquistar estas tierras, capturó el lunes 9 de junio de 1806 una goleta portuguesa cerca de Montevideo.

A bordo de esa nave se encontraba el espía británico Oliver Rusell, quien se alejaba de Buenos Aires por temor a ser castigado por su pésimo informe sobre el Canal del Sur; éste les informó que “…una gran suma de dinero había llegado a Buenos Aires desde el interior del país para ser embarcada con rumbo a España en la primera oportunidad…” y eso lo decidió a atacar esta ciudad.

El Gobernador de Montevideo, Brigadier de la Real Armada Brigadier Pascual Ruiz Huidobro, informó al virrey Rafael de Sobremonte que se habrían avistado naves extranjeras en el Río de la Plata y que para corroborar la especie, ordenó que un falucho navegase “…en dirección a la Ensenada de San Borombón y el Cabo San Antonio”.

El virrey Rafael de Sobremonte no se inquietó por esa novedad, pues consideraba imposible un ataque sobre Buenos Aires sin la previa conquista de Montevideo y no mudó de parecer ni cuando el capitán de esa nave desde Ensenada de Barragán informó haber sido perseguido por naves británicas al Noreste de Monte Santiago - es decir en la boca del Canal del Sur – y, ciego ante la evidencia se reunió con los jefes militares ordenándoles que convocasen a las milicias para el otro día.

XVIII.  Relato británico de 1806 sobre la navegación del Canal del Sur

El Capitán Alejandro Guillespie, partícipe de la Invasión Británica de 1806, así recordó la navegación de la flota invasora por el Canal del Sur cuya minuciosa descripción, demuestra el gran conocimiento que tenía del mismo el Comodoro Home Riggs Popham gracias a la misión de espionaje realizada en noviembre de 1805 por ese bergantín.

  Se toma la Punta de Indio que está rumbo al sur del fanal del banco Ortiz, por brújula diez y nueve o veinte millas, luego se tiene la tierra distintamente a la vista desde la cubierta, hasta estar frente al Embudo, se tendrán tres brazas, después 3 ½ a 3 ¾ y, cuando la Atalaya esté al SO, un cuarto menos.
El Banco Chico tiene doce millas de largo, si se va para Colonia (del Sacramento), la ruta que conduce los bancos también servirán para el farallón.
Es muy necesario por las súbitas y extraordinarias bajantes que con frecuencia ocurren en el Plata, como que crece o baja en tales ocasiones siete u ocho pies, para los barcos que fondean en él, virar en el tiempo debido a un largo de cable, siempre que haya la menor apariencia de viento, pues la seguridad en un vendaval siempre depende de esta precaución temprana.
Una tormenta de truenos precede siempre a su aproximación y pronto es seguida por un tremendo pampero, que, no teniendo nada que quebrante su violencia en las desabrigadas llanuras de las pampas, se precipita sobre el río con furia irresistible. Retrospectivamente y sobre el total de esta navegación peligrosa puede anotarse que para los barcos que tomen el Cabo Santa María, viniendo del Noroeste, sería conveniente, si se tiene una escota larga, mantenerse cerca de la costa hasta haber pasado el banco Ortiz, porque aunque este canal es más angosto, sin embargo es más profundo y menos peligroso que el del sur. Habiendo tenido a la vista inmediatamente los bancos Pescador y Chico, se navegará entre ellos en línea recta a la rada de Buenos Aires.(19)

XIX. Un “fallido” desembarco en Ensenada de Barragán que engaño a Santiago de Liniers

El martes 24 de junio en horas de la mañana, unos ochocientos milicianos se presentaron en el Fuerte porteño demorando Pedro de Arce dos  horas en formar las compañías pues la desorganización era total y entonces, al concluir la agotadora tarea

  ¡Se los ordenó que regresaran al otro día para ejercitarse en el tiro al blanco!.

Sobremonte seguía convencido que nada pasaría y se dispuso a festejar el cumpleaños de su futuro yerno, el Ayudante Mayor del Regimiento de Dragones Juan Manuel Marin.

Para peor, recibió un parte de guerra del Capitán de Navío Santiago de Liniers desde el Fuerte de Ensenada de Barragán, informándole que rechazó un desembarco de buques corsarios(20), tripulados por marinos inexpertos que no habían logrado efectuarlo pese a tener “… en su favor el viento que era muy flojo y las aguas, que eran muy altas”(21). Los británicos, en realidad efectuaron una operación de “velo y engaño” para que Liniers creyese que esos buques “…que habían amagado un desembarco sobre el puerto, pero no eran buques de guerra, sino corsarios despreciables, sin orden, sin disciplina y sin coraje…”(22).

  “El engaño en que hicieron caer los ingleses al Comandante Liniers sirvió maravillosamente para completar la festividad del hijo político del Virrey. Después de pasar el día (25 de junio) entre la abundancia y el contento, rodeado de su familia, de sus amigos y tenientes, se dirigieron todos al teatro, donde se había preparado un espectáculo alusivo a la celebridad del día: el virrey no había hecho más en este día, con relación al negocio de que ocupaba todo el país, que recibir noticias del inspector de armas (Pedro de Arce) de la reunión de las milicias en la mañana, y firmar copia del parte del comandante Liniers para dirigirla al gobernador de Montevideo, probablemente con el único interés de hacer ver que él no era el único en el cálculo que consideraba como insignificante todo el aparato de los enemigos”(23).

Bien pronto comprendería Rafael de Sobremonte lo equivocado que estaba.

XX. El desembarco de los invasores británicos en las costas de Quilmes el 25 de junio de 1806

Al anochecer del martes 24 de junio de 1806, el Sargento de Milicias Jerónimo Tabares al mando de un piquete y una pequeña pieza de artillería destinada a dar aviso temprano de un desembarco, bajo una fría llovizna, vigilaban desde lo alto de las barrancas de la Reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes el Canal del Sur, uniéndoseles a las diez de la noche el Alférez Manuel Sánchez con doce hombres quienes habían recorrido las playas. Cuando la flota británica(24) fondeó esa noche frente a ellos,  Tabares ordenó disparar el cañón para avisar del inminente desembarco que comenzó al amanecer del miércoles 25 y finalizó:


“…por la tarde; informes de observadores escondidos en los pajonales – el pardo José Clemente y el negro Juan(25)– que arriesgaron sus vidas, hicieron saber que en el desembarco, los ingleses emplearon 21 botes, cada uno de los cuales hizo tres viajes desde los buques a la costa, conduciendo por viaje, de 20 a 22 soldados…(26)

Las primeras tropas invasoras en desembarcar fueron, el “Real Batallón de Marina” y luego el “Regimiento de Infantería Escocesa Nro. 71”.

  “En la tarde del 25 de junio, la sección militar del armamento estaba frente a Quilmes, una punta baja de tierra situada a doce millas de Buenos Aires, y en el curso de esa tarde se efectuó el desembarco de toda la fuerza efectiva con su munición para el servicio.
Las fogatas encendidas en todas las alturas, y un inmenso concurso de jinetes y de todos los rumbos al gran centro de la Reducción, pueblito más de dos millas a nuestro frente, denotaban una alarma general y que este terreno alto era el elegido por el enemigo para la lucha que se aproximaba(27).
Después de ver de cerca nuestra posición, nos cercioramos que estábamos aislados por el momento, debido al flujo de la marea en un bajo que la rodeaba, pero un reflujo y un avance inmediato nos colocó más allá del bajo, cerca de la orilla de un bañado verde.

  “La captura de Buenos Ayres el 28 de junio de 1806” (28)

  Nuestro ejército efectivo, destinado a conquistar una ciudad de más de cuarenta mil habitantes, con un inmenso cuerpo para disputarnos la entrada en ella, se componía solamente de sesenta oficiales de toda graduación, setenta y dos sargentos, veintisiete tambores y mil cuatrocientos sesenta y seis soldados; haciendo un total general de mil seiscientos treinta y cinco.(29)  

XXI. En la “memoria” escrita a fines de 1806 por esa invasión, Mariano Moreno expresa que desde la reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes se domina el Canal del Sur.

En la “Memoria” escrita sobre la invasión británica de ese año, Mariano Moreno describió la Reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes y su bañado, expresando que su excelente posición geográfica permitía dominar el Canal del Sur.

XXII.  El desembarco en Ensenada de Barragán el 28 de junio de 1807

Saliendo de Montevideo, luego de navegar ciento diez naves por el Canal del Sur, un poderoso ejército británico de 9.000 hombres, al mando del Teniente General John Whitelocke, desembarca en Ensenada de Barragán el domingo 28 de junio de 1807.

  “Al despuntar el día el “Fly” levó anclas; poco después hizo la señal para que las tropas subieran a los botes.
El capitán Baynton, que tenía a su cargo la parte naval del desembarco, vino a bordo del “Lord Chesterfield” para llevar al general Craufurd en su bote e inspeccionar juntos la costa. Media hora después que se hicieron las señales para que las tropas subieran a los botes, el almirante Murray y el general Whitelocke fueron al “Flying Fish” y se reunieron con las naves en las que estaba embarcada la primera Brigada. En pocos instantes se ordenó a los botes dirigirse a la costa, de la que distaba cerca de una milla.
Inmediatamente desatracaron, sin ningún orden ni método, de modo que no sólo los de la Primera Brigada, sino los de casi todos los regimientos de la expedición partieron juntos. Campbell y yo subimos a un bote del Chesterfield y seguimos al General, quien después de haber examinado la costa retornó al “Flying Fish” y desde allí se dirigió a la orilla.
El general Craufurd desembarcó primero, después llegó nuestro bote y detrás de nosotros vino una cantidad de botes de guerra con tropas.
El lugar del desembarco no era bueno; los soldados tuvieron que vadear un trecho, aunque sus municiones no se mojaron.
El sitio fijado estaba a unas tres millas del pueblo llamado Ensenada de Barragán, entre éste y la denominada Punta Lara. La playa es arenosa y forma una gran curva.
En Ensenada hay una fortificación de la que esperábamos resistencia, pero hallamos que las baterías habían sido retiradas semanas atrás(30).
El pueblo es pequeño…”(31).

XXIII. Se incrementa a fines de 1810 el costo del fondeo en las balizas

El viernes 16 de noviembre de 1810 la Junta Provisional Gubernativa incrementa el costo de fondeo de las balizas ubicadas al Oeste del gran banco de arena existente frente a la ciudad donde anclaban los barcos que habían navegado por el Canal del Sur, a fin de desalentar que las naves mercantes extranjeras – la mayoría de ellas británicas – navegasen hacia Buenos Aires, buscando que lo hicieran en la Ensenada de Barragán.

Ese mismo día el gobierno adquirió en 1.000 pesos una falúa de 10 metros de eslora, 1,85 metros de manga y 0,80 metros de calado, que podía llevar ocho marineros, la misma tenía en su proa un cañoncito pedrero, que tanto disparaba piedras o metralla. Su misión era patrullar el Canal del Sur entre Buenos Aires y Ensenada, para dar el aviso temprano de una incursión de una escuadra española procedente de Montevideo.

XXIV. Una flotilla realista ataca Buenos Aires en junio de 1811

El sábado 15 de junio de 1811, a las nueve de la noche, una flotilla realista al mando del Capitán de Fragata Juan Ángel Michelena, navegando por el Canal del Sur, aprovechando el viento y la marea favorable, se acercó a las “Balizas Interiores” y bombardeó Buenos Aires varias horas.

Salió a enfrentarlos nuestra única nave, una lancha cañonera armada con un cañón de “a 18”, que al mando de Hipólito Bouchard, logró impactar al bergantín “Belén”.

El daño sufrido en la ciudad no fue importante y solo dos personas resultaron heridas(32).

XXV.  El estadounidense Samuel Haig describe en 1819 la navegación por el canal del sur

Habiendo efectuado una escala comercial la nave que procedente de Londres que lo transportaba hacia Chile, el comerciante inglés Samuel Haigh describió así la navegación por el Canal del Sur para arribar a Buenos Aires:

  “Pasando las islas de Lobos y de Flores, y entre ésta y el banco Inglés avistamos el cerro de Montevideo. Pasada la fortificación de esa ciudad, hicieron rumbo a través del río y avistaron la tierra baja de Punta Indio y la Ensenada y nada notable se presentó hasta las torres de Buenos Aires sumergidas lentamente en lontananza”(33).

XXVI. Por una ley de 1823 se colocan boyas entre los bancos Chico y Ortiz

El miércoles 20 de agosto de 1823, el gobernador de Buenos Aires, General Martín Rodríguez en cumplimiento de una ley sancionada a tal efecto, ordena la colocación de boyas en los bancos Chico y Ortiz para mejorar la navegación del Canal del Sur, mejorando así la entrada y salida de Buenos Aires, inaugurándose el primer servicio periódico de transporte naval entre Londres y Buenos Aires con la llegada de la “Condesa de Chichester” nave de vapor de gran calado.

XXVII. Se libra el domingo 11 de junio de 1826 el Combate Naval de “Los Pozos”

Ese día una flota brasileña al mando del Capitán James Norton, que navegó por el Canal del Sur, llegó a Buenos Aires, sumándose a las horas las naves del Capitán Jacinto Roque de Sena Pereira(34), sumándose así treinta y un naves de guerra.

El Almirante Guillermo Brown solo contaba con cuatro buques – la “25 de Mayo”, la “República Argentina”, el “Congreso Nacional”, el “Independencia” y siete cañoneras, pero no se amilanó y arengó a sus hombres de esta viril forma:

  “Marinos y soldados de la República: ¿Véis esa gran montaña flotante?.
¡Son los treinta y un buques enemigos!
Pero no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la 25 de Mayo que será echada a pique antes que rendida.
¡Camaradas: confianza en la victoria, disciplina y tres vivas a la Patria!”.

Desde la “25 de Mayo” dio la orden inmortal:

  "¡Fuego rasante, que el pueblo nos contempla!".

Al varar varios buques el resto comenzó a maniobrar torpemente, para fortuna de Brown que ordenó atacar a las cañoneras con su “…pieza de 24 en la proa”.

Al aparecer con todo su velamen desplegado los capitanes Leonardo Rosales y Nicolás Jorge, para que pudieran maniobrar convenientemente, el almirante Guillermo Brown incrementó el ataque a la “Nitcheroy”.

A “…las cuatro de la tarde” según consignó un improvisado cronista, comenzó a cesar el cañoneo y al despejarse el humo, se observó que la maltrecha “Nitcheroy” con el resto de la flota imperial se retiraba muy dañada y con gran mortandad a bordo, siendo perseguida por nuestras seis cañoneras que la hostigaron durante varias horas hasta llegar a Quilmes.

Todo ello aconteció ante el delirio de una verdadera multitud de porteños que pudieron presenciar una de las más increíbles victorias navales de nuestra historia, como lo fue sin dudas el “Combate Naval de Los Pozos”.

XXVIII. Aparece en 1826 la “derrota de navegación” de Benito Aizpurua

Ese mismo año, en Montevideo – en poder brasileño desde hacía diez años-, se publicó una obra muy significativa del Piloto de Río D. Benito Aizpurúa, que permitió facilitar considerablemente la navegación del Canal del Sur, pese a tener tan solo ocho páginas.

 

DERROTAS
DESDE EL PUERTO DE MONTEVIDEO
A
BUENOS – AIRES
POR EL NORTE Y SUD DEL BANCO CHICO
QUE PARA BIEN DE LA HUMANIDAD Y DEL COMERCIO
PUBLICA EL PILOTO
D. BENITO AIZPURUA
A
BENEFICIO DE LOS POBRES ENFERMOS
Y
NIÑOS EXPOSITOS DEL HOSPITAL DE CARIDAD
DE ESTA
CAPITAL
_______

MONTEVIDEO AÑO DE 1826
EN LA IMPRENTA DE LA CARIDAD

 

La obra, que  estaba dividida en tres partes, tenía veintiocho apartados y una nota aclaratoria, brindó información por demás significativa para la época gracias a la minuciosidad de sus descripciones geográficas.

1ª Parte “Derrotas de Montevideo á Buenos Aires por el N(orte) del Banco Chico”.

Tiene cinco apartados, brinda precisas instrucciones para la navegación que debía hacerse a compás hasta ver la costa; su primer referencia es “…la Punta del Indio, la cual es bien conocida por dos montes, que están al S.E. de ella”.

El segundo punto descripto fue “…la Ensenada de Barragán, que es bien conocida por las dos puntas de Santiago y Lara particularmente Santiago por un monte dilatado, y la de Lara por el grande Ombú que está en la inmediación de ella”.

La tercera referencia de un punto geográfico es la siguiente:

  “Pasada ya la Ensenada, divisará el Pueblo de los Quilmes sobre una alta colina, que es muy conocida por el conjunto de Ombúes. Con la continuada navegación, y antes de llegar á los Quilmes, divisará las Torres de Buenos – Aires, y en seguida los Barcos de las Balizas exteriores”

La última parte de este párrafo es casi idéntica a una cita de la “Carta Esférica del Río de la Plata” de Andrés Oyarbide, que intencionalmente transcribí, lo que demuestra que Benito Aizpurúa conocía dicha obra(35).

2ª Parte “Derrotas por el S(ur) del Banco Chico ó por la Costa del S(ur)”.

La misma tiene diez apartados y una nota aclaratoria, comienza expresando que navegando desde Montevideo “…cuando se considere como á nueve millas de la Punta del Indio, como se ha dicho, gobernará al O.N.O., del compás con el fin de reconocer ó divisar los tres primeros Ombúes que están sobre las colinas del Partido de la Magdalena, y se divisan antes de perder de vista la Punta del Indio, ó después según el estado del tiempo”.

Efectuó diversas descripciones de la costa hasta Punta Lara.

3ª Parte “Advertencia”, de trece apartados que facilitan comprender lo precedente.

XVII. Entre el 29 y el 30 de julio de 1826 se libra el “Combate Naval de Quilmes”

Francisco Lynch, Capitán del Puerto de Buenos Aires, en el Parte de Novedades del 29 de julio, informaba que siendo las 8 de la mañana fueron avistados diecinueve buques de guerra brasileños que se mantuvieron a la vela hasta el mediodía, momento en que fondearon al Este del Canal Exterior, frente al antiguo Partido de Quilmes.

La escuadra enemiga al mando del Capitán de Navío James Norton estaba compuesta por la fragata “Nitcheroy”, las corbetas “Liberal”, “María da Gloria”, “Maceió” e “Itaparica” los bergantines “Pirajá”, “Caboclo”, “29 de Agosto”, “Independencia o Morte”, “Real Joao”, las goletas “Apula”, “Real Paulistana”, y “19 do Janeiro” y seis cañoneras que tenía un solo cañón en la proa, siendo su poder ofensivo 225 bocas de fuego.

A las 10 horas desde la fragata “25 de Mayo” se disparó un cañonazo para convocar a las tripulaciones en tierra para que se presentasen a ocupar a sus puestos en sus naves. Nuestra escuadra estaba integrada en esa oportunidad por la fragata “25 de Mayo” – Capitán Tomás Espora -, los bergantines “Congreso Nacional” - Capitán Juan King-, “Independencia” - Capitán Guillermo Bathurst -, “General Balcarce” - Capitán Nicolás Jorge -, “República Argentina” - Capitán Guillermo Clark – y las goletas “Sarandí” - Capitán José María Pinedo -, “Río de la Plata” - Capitán Leonardo Rosales – y “La Pepa” – Capitán Víctor Francisco Dandreys, mas ocho cañoneras, con un total de fuego de 120 bocas de fuego.

El “Combate Naval de Quilmes” tuvo dos fases, ya que se desarrolló entre el sábado 29 y el domingo 30 de julio de 1826.

A. Primera fase

Al zarpar el Almirante Guillermo Brown planeó un ataque nocturno, considerando posiblemente que el enemigo no hubiera avistado su desplazamiento desde Buenos Aires.

Desde la fragata “25 de mayo” observaba la brumosa noche en busca del enemigo; al divisar con su catalejo el contorno de una nave, Brown le preguntó a Tomás Espora:

  - “¿Vienen?”.
- “Señor no diviso más que una pequeña vela que me parece la Río”.

Efectivamente, era la goleta “Río de la Plata”, que al comando del Capitán Leonardo Rosales, atacaba la vanguardia enemiga y sembraba confusión en la escuadra brasileña, buscando que éstos, con la intención de hundirla, se cañonearan entre sí.

Brown avanzó en la oscuridad hacia el enemigo por tener un extraordinario conocimiento de las aguas, atravesó la línea enemiga ubicándose en su propio centro.

A las 2200 horas la “25 de Mayo” navegó tan cerca de la goleta “Apula”, que el vigía de la misma les preguntó:

  - “¿Qué buque es éste?”
- “¡La”25 de Mayo” – le respondió Espora.

A continuación una precisa andanada desarboló a esa nave, prosiguiendo su avance sobre el bergantín “Caboclo” al que también atacó, para luego alejarse un tanto.

La oscuridad hizo que los cañonazos brasileños se fueran espaciando por temor a sufrir fuego propio y así fue que poco a poco se fue enmudeciendo su artillería en busca del nuevo día.

B. Segunda fase

A las 0645 horas, no bien amaneció el domingo 30 de julio de 1826, se reinició la acción del “Combate Naval de Quilmes” con un enemigo reforzado, pues se les habían unido las corbetas “Maceio” y “Rio da Prata”, una goleta más y el lugre “Príncipe Imperial”; de esa forma la escuadra imperial brasileña sumaba un total de veintidós naves.

No obstante ello, la orden que impartió Guillermo Brown fue atacar resueltamente al enemigo.

El bergantín “Congreso Nacional” luego de recibir un duro castigo que le rompió una driza(36) de gavia(37), debió retirarse rumbo a Los Pozos, en tanto que el bergantín “República Argentina” y la goleta “Sarandí”, abrumados por la superioridad de fuego brasileña, pusieron proa a Punta Lara para refugiarse en el puerto de Ensenada.
Al poco tiempo, los bergantines “Independencia” y “General Balcarce”, hicieron lo propio, pero en este caso, navegaron hacia Los Pozos.

De ese modo, a las pocas horas la fragata “25 de Mayo”, la goleta “Río de la Plata” y cuatro cañoneras quedaron solas para enfrentar a la poderosa flota imperial.

La “Itaparica” sufrió en ese enfrentamiento la pérdida del mastelero del velacho(38), que le impidió seguir combatiendo.

Al observar esas deserciones, el comandante enemigo, Capitán de Navío James Norton ordenó un ataque general sobre la “25 de Mayo” y así la “Nictheroy”, la “María da Gloria” , la “Libertade”, el “29 de Agosto” y la “Real Paulistana”, como si fueran una jauría de lobos sedientos de sangre se arrojaron sobre ella, considerando que hundirla no sería tarea difícil.

Si ese fue su pensamiento, se equivocaron pues el Almirante Guillermo Brown infundió tanta serenidad y coraje a sus hombres que, si esos lobos los atacaron confiados, allí cientos de leones estaban dispuestos a cumplir con su sangre y con su propia vida la arenga que su idolatrado comandante había comunicado a su flota al inicio del combate:

  - "¡Es preferible irse a pique que rendir el pabellón!”.

Brown, seguido únicamente por la goleta “Río de la Plata” cortó a bala rasa la línea enemiga y en esa maniobra, la “25 de Mayo” varó en la arena y por ello se convirtió en un blanco fijo.

Ante la grave situación, la “Río de la Plata” se ubicó a su lado protegiéndola, pese a haberse quedado sin sacas de pólvora, pero su valiente tripulación, usando las mangas de sus chaquetas y sus pantalones fabricó otras con pólvora “a granel” logrando seguir disparando.

Emocionado, Guillermo Brown refiriéndose al Capitán Leonardo Rosales exclamó:

  - “¡Aquel muchacho sabe pelear con su gaviota!”.

Así, rodeados por una veintena de buques, esas dos solitarias naves decidieron vender cara la derrota, recordando el propio Guillermo Brown con estas palabras ese momento:

 

“Al fin, flotando sobre el agua como un despojo ingobernable, habiéndole sido cortadas cuatro veces las brazas, se le acercó el bergantín “Carboclo”, dispuesto a tomar una posición amenazadora por la proa.
Pero al hacerlo se exponía a su vez y soportó el fuego de cuatro cañones que lo rechazaron maltrecho.
En una de esas cargas el Capitán (John Pascoe) Grenfell, uno de los mejores oficiales al servicio brasileño, tuvo un brazo tan estropeado que fue necesario amputárselo, después de los cual su buque combatió con mucha prudencia durante el resto de la acción”

El arribo desde Buenos Aires de ocho cañoneras para defender la nave capitana, alivió un tanto la situación de nuestras exiguas fuerzas y así, al aproximarse el bergantín “República Argentina” a eso de las 9 de la mañana, Brown lo abordó, transformándose así ese buque, en las nueva nave insignia argentina.

Apenas piso la cubierta Brown destituyó y arrestó a su comandante, el Capitán Guillermo Clark quien al pretender justificar su actitud remisa de combatir, Brown le respondió:

  “¡Retírese Mr.Clark de mi presencia, que no reconozco a más valientes que a Brown, Espora y Rosales!".

Como el Capitán Tomás Espora de la “25 de Mayo”, fue herido de consideración, tomó el mando el Teniente Malcom Shannon.

A las 13.30 horas la “Nitcheroy” varó en la arena y eso alivió la situación de la “25 de Mayo” que, auxiliada por la goleta “Sarandí” y varias cañoneras, fue remolcada hacia Los Pozos.

A las 14.00 horas, el Capitán de Navío James Norton, al ver reorganizada la línea republicana y temiendo quedar varados por la bajante, ordenó la retirada de la escuadra imperial brasileña.

El Almirante Guillermo Brown regresó a Buenos Aires a las 1600 horas a bordo del “República Argentina” empavesada.

En el parte del Combate Naval de Quilmes, Brown expresó:

  “Provocado a salir hemos batido pero no rendido al enemigo: permita V.E. le diga que los de la nación están libres.
Me es sensible asegurar que son muchos los muertos y heridos y entre los últimos, mi bravo capitán Espora.
La 25 de Mayo está completamente destrozada”.

Las bajas argentinas del homérico combate fueron 18 muertos y 35 heridos graves, sin conocerse las brasileñas.

El Combate Naval de Quilmes es considerado como la cumbre del heroísmo naval argentino.

El hundimiento de la fragata “25 de Mayo”

La gloriosa nave, muy dañado su casco, haciendo agua permanentemente por haber sido impactada severamente en su línea de flotación, perdido el mastelero y mastelerillo de trinquete, a duras penas logró llegar remolcada desde Quilmes a Buenos Aires, siendo fondeada en Los Pozos.

Días más tarde fue parcialmente aligerada de parte de su artillería, pese a lo que logró batirse el domingo 20 de agosto contra cuatro naves brasileñas que entraron al puerto con intención de destruirla, sin lograr su objetivo.

El lunes 9 de octubre de 1826 se produjo una bajante extraordinaria de las aguas y la fragata quedó varada en 4 ó 5 pies de agua, con un peligroso escoramiento, mientras que en sus cercanías el bergantín mercante británico “Florida”, al estar excesivamente cargado con cueros y frutos del país, se le descosieron las costuras y se hundió.

A los pocos días, mientras se trataba de enderezar la fragata, una tormenta que se abatió con gran fuerza en el lugar arrastró el casco del bergantín sobre la fragata, colisionando tan fuertemente que las naves se “trabaron”, permaneciendo así por casi dos semanas.

En ese lapso temporal se terminó de desmantelar la artillería que fue trasladada a Barracas, justo a tiempo pues la emblemática nave no pudo mantener más su flotabilidad y se hundió en las aguas del Río de la Plata.

Quilmes, mi ciudad natal, luce orgullosa en el centro de su Escudo Municipal creado el miércoles 23 de diciembre de 1914 la imagen a la fragata “25 de Mayo” en un merecido reconocimiento al derroche de patriotismo y valor que a su bordo se desplegó en el “Combate Naval de Quilmes”.

  Escudo municipal de Quilmes

XXX. Escaramuza en el Canal del Sur, frente a Quilmes, del sábado 24 de febrero de 1827

Retornando del triunfo naval en Juncal, la flota del Almirante Guillermo Brown encuentra frente a Quilmes con una escuadra brasileña a la que ataca y derrota hundiendo en el Canal del Sur  al navío “Douz do Dezembro”.

XXI.  En abril de 1827 se libra el Combate Naval de Monte Santiago

Entre el sábado 7 y el domingo 8 de abril de 1827 se libra el Combate de Monte Santiago frente al Fuerte de la Ensenada de Barragán, cuando una poderosa flota brasileña ataca por el Canal del Sur a nuestras fuerzas que eran numéricamente inferiores y si bien se pierden dos naves, el enemigo se retiró sin destruir la flota ni las baterías terrestres.

XXXII. Quilmes, la última visión de la patria que tuvo el general José de San Martín

En febrero de 1829 se produjo el frustrado regreso del Libertador, quien retornaba con la intención de radicarse definitivamente en nuestro país y por eso, con mucho equipaje se embarcó con su fiel criado Eusebio Soto en Inglaterra, en el vapor “Condesa de Chichester”.

Esa nave, como expresé,inauguró la navegación segura entre los Bancos Chico y Ortiz merced al señalamiento del Canal del Sur realizado el gobernador Martín Rodríguez en 1823.

Desde su cubierta, frente a Quilmes, el Libertador avistó la capital argentina.

  “Buenos Aires era un pueblo no muy grande.
El frente edificado, visto desde el río abarcaba solo veinte cuadras; sin embargo, contaba con varias iglesias importantes cuyas torres se avistaban desde Quilmes.
El perfil dibujado por Adriano H. Mynssen en 1829 muestra cómo se veía entonces la ciudad desde Balizas Exteriores...”

   

No deseando desembarcar por encontrarse nuestro país sumido en una guerra civil, solicitó su pasaporte por poder pasar a Montevideo y que se le permitiera trasbordar el buque de guerra “General Rondeau” porque no quería participar en esa lucha, lo que le fue concedido de inmediato, deferencia que mucho agradeció. En un párrafo de la carta escrita el 6 de febrero 6 de 1829 al Ministro Secretario General de Buenos Aires, José Miguel Díaz Vélez, elogió al Almirante Guillermo Brown:

  “…igualmente he visto el del general Brown, de gobernador provisorio; yo no tengo el honor de conocerlo, pero como hijo del país me merecerá siempre eterno reconocimiento por los servicios tan señalados que le ha prestado…”

San Martín, luego de acomodar su voluminoso equipaje en el pequeño camarote, en esa agobiante tarde del lunes 9 de febrero subió a cubierta, pues en esa época solo los enfermos permanecían en esos incómodos aposentos por sus exiguas dimensiones, mientras que el resto de los pasajeros solo los usaban para dormir o cuando había mal tiempo.

Así, muy triste por no haber podido cumplir su sueño, pensativo, fumó un cigarro, mientras la nave surcaba el Canal del Sur lentamente hacia su salida, encontró alivió del sofocante calor que precedió al gran temporal que se abatió a las pocas horas, el que duró varios días, por lo que arribó a Montevideo cinco días más tarde.

Cuando Buenos Aires se desvaneció en el horizonte frente al poblado de Quilmes; el General José de San Martín miró “...la chata planicie cuyo horizonte ofrécese como un perfecto anillo de color azul brumoso; allí donde el azul cristal del cielo descansa sobre el nivel verde del mundo...(39) sin saber que el paisaje quilmeño que observaba con gran melancolía, sería su última visión de su amada Patria.

Un frustrado homenaje al Padre de la Patria

El viernes 6 de julio de 1999 elevé una propuesta a la Municipalidad de Quilmes para recordar ese acontecimiento histórico, erigiendo una pirámide en la costa.

Diez años y medio más tarde por medio de la Ordenanza Municipal Nro 11.359 del miércoles 30 de diciembre de 2009, se ordenó erigirla (40).

Lo precedente, hasta el presente, no se ha cumplimentado.

En esto tuvieron mucho que ver algunas personas con supuestos conocimientos históricos de Quilmes, quienes actuando subrepticiamente siempre se opusieron a ese homenaje al Padre de la Patria.

El lunes 3 de mayo de 2010 ese grupo elevó al Honorable Consejo Deliberante Quilmeño una increíble petición para que ese homenaje al General José de San Martín se transformase en un “…homenaje a los pioneros que fundaran la Patria y a los hechos heroicos acaecidos frente y en sus costas, a su litoral fluvial con el “Río del Bicentenario” (SIC).

Esa petición vulnera mi derecho de autor, ya que esas personas pretendieron utilizar la pirámide propuesta por mí – copia de la erigida el 25 de Mayo de 1811 -, para su particular “homenaje” en detrimento del que pretendí efectuar al Padre de la Patria - figura histórica que evidentemente no debe ser de su agrado -, recordando su última visión de la Patria

Quiero hacer notar que en su petición para impedir concretar el homenaje precedentemente mencionado, llegaron hasta cambiar la denominación del Río de la Plata, rebautizándolo como “Río del Bicentenario” (¿?),ignorando quizás que es un río binacional y que en todo caso, para concretar su disparatado objetivo, nuestro gobierno debería conversar el tema con su par de la República Oriental del Uruguay y luego de ponerse de acuerdo, en el que caso que esto sucediera, se procedería, luego de quinientos años, a cambiarle su denominación para dejarlos contentos.

Fruto de la increíble petición, la pirámide de referencia en homenaje al Padre de la Patria no se ha erigido, lo que seguramente les debe haber causado una gran alegría. En todo caso, les concedo “los laureles de la victoria” (¿?) en el sentido que evitaron que fuera erigida en el año 2010.

Pero como nada es eterno, ya se concretará ese homenaje al Padre de la Patria en la costa de Quilmes, de eso, pueden estar muy seguros y en esa oportunidad daré a conocer, con nombre y apellido, quienes se opusieron al mismo.