Congreso Internacional de Historia
Bicentenario de la Campaña Browniana en el Rio de la Plata (1814-2014)

ESCUELA DE DEFENSA NACIONAL, 22 y 23 de octubre de 2014. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


"El Subteniente de Marina Francisco José Seguí en las Jornadas Navales de 1814", por Carlos María Martínez(1)
 
   
   
  REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS | VOLVER  
 

Un 19 de mayo de 1873, a los 83 años de edad, fallecía en Buenos Aires Francisco José Diego Seguí, uno de los marinos protagonistas de las gloriosas jornadas, de lo que se dio en llamar la “Epopeya del Plata”.

Fue uno de los primeros argentinos nativos que siendo apenas un adolescente se enroló en 1814, en la incipiente Marina de Guerra, carrera que abrazó con patriotismo y valentía y que culminaría brillantemente 60 años después con el grado de Coronel Mayor.

Su apellido que si bien es de origen catalán, se difundió en las islas Baleares, donde nacieron la mayoría de los distintos fundadores de las diversas ramas que llegaron a nuestro país.
Según señala Alberto Saguier Fonrouge en una nota sobre la “Genealogía de los Seguí”, el significado de la palabra Seguí proviene del godo “Sigwin”, en germánico “amigo de la victoria”, de acuerdo a la investigación del archivero Diocesano de Menorca el R.P. Fernando Martí(2).

Había nacido en Buenos Aires el 17 de noviembre de 1794, hijo de Don Andrés Seguí, español natural de Mahón en las Islas Baleares y de una dama porteña Doña María Eugenia Bermúdez. Siendo su tío y padrino Don Juan José Seco, un fuerte armador español con intereses también en el Río de la Plata.

La familia vislumbró como su futuro la carrera marítima, por lo que le encomendó al Capitán Juan José Garmendia, amigo de la familia, su educación y es así como vemos que siendo un niño de apenas 8 años se embarca como aprendiz en la fragata “Asunción” con destino a Francia primero y a Cádiz en España, después.

Seis meses más tarde regresaba al Río de la Plata el grumete Seguí habiendo cumplido su primer viaje redondo a Europa.

No pasaría mucho tiempo para embarcarse nuevamente con el Capitán Garmendia, esta vez en la Fragata “La Trinidad”, que se dirigiría hacia La Habana-Cuba, llegando a ese puerto a fines de 1803.

Se ha de producir un hecho que será determinante para su futuro como marino. Inglaterra y España rompen relaciones y comienzan las hostilidades. “La Trinidad” es anclada y desarmada en el puerto de La Habana. Garmendia decide, dado las aptitudes que ve en el niño, inscribirlo en la Academia Náutica de La Habana. Su sabio entender le indicó que era necesario que a la educación práctica se le uniera una formación académica.

Después de 4 años de estudios y formarse debidamente, habiendo aprobado en forma sobresaliente su examen final se le otorga el título de “tercer piloto”. El joven Seguí, seis meses después y concluida la guerra europea, se incorpora a “La Trinidad” ya en su clase, que cargada de azúcar y dotada por precaución de 18 piezas de artillería, regresa a Buenos Aires.

Su tío le encomienda la realización de diversos viajes entre Buenos Aires y Montevideo, sin imaginar que el destino también lo estaba preparando, ya que el conocimiento que adquirió del Río de la Plata le permitirá pocos años después desarrollar sus estrategias como marino en ese estuario frente a los barcos españoles.

La gesta de Mayo no lo sorprendió y como él mismo lo recuerda en su Memorias al hablar de la Revolución dirá “tome parte de ella como era natural, y aunque no contaba más que 16 años formé en las filas de aquellos patriotas”.

Con la anuencia de su tío, que aunque siendo español adhería a la causa patriótica, Seguí, aprovechando los viajes comerciales, hacía de correo para el envío de misivas y documentos que los patriotas de Buenos Aires le enviaban a quienes en la otra orilla querían luchar para que Montevideo también formara parte del movimiento independentista.

Al no reconocer el gobierno oriental a las autoridades de la Revolución de Mayo se abría un frente en el Río de la Plata, siendo Montevideo un bastión casi inexpugnable por su plaza fortificada del Cerro poseedor de ventajas estratégicas infranqueables.

Sitiado Montevideo por los patriotas, la flota realista realizará un bloqueo sobre el puerto de Buenos Aires.

Para abastecer al ejército sitiador de provisiones, estacionado en el puerto de Colonia, se preparó un barco armado con dos gónadas de a 12 y con una tripulación de 20 hombres. Dicho barco fue puesto al mando del joven Seguí a la sazón de 18 años de edad. Durante cinco meses realizó alrededor de 30 viajes llevando provisiones, rompiendo para ello los dos bloqueos el de Buenos Aires y el de Colonia, saliendo siempre airoso de varios encuentros que tuvo con las naves españolas.

La orfandad que en materia naval tenía el gobierno de Buenos Aires y la presencia de la flota española que constantemente atacaba puertos y poblaciones del litoral marítimo, determinó que finalmente se previera un plan para crear y equipar una Armada Nacional capaz de enfrentarla y derrotarla.

El Director Supremo Gervasio Antonio Posadas, con la invalorable colaboración de Juan Larrea el Vocal de la Primera Junta de Mayo, que oficiaba de Ministro de Hacienda y el asesoramiento militar del General Carlos María de Alvear, serán los encargados de poner en marcha dicho plan.

Contaron, además, con la ayuda del armador norteamericano Pío White, el hombre a quien Larrea le encomienda por su experiencia naviera la misión de adquirir las naves y armamentos necesarios.

Así fue como se adquirió el “Hércules” un buque mercante ruso de 350 toneladas al que se lo armó convenientemente con 36 cañones, el “Zephir” un mercante inglés de 220 toneladas y 16 cañones, el bergantín “Nancy” con 12 cañones y la goleta norteamericana “Juliet” con un cañón giratorio de a 24 y 4 de a 12.

Se le sumaron a estos navíos, la sumaca “La Trinidad” que contaba 6 piezas de a 20, la goleta “Fortuna” de 12 piezas de a 6 y la balandra “Carmen”.

No solo había que armar convenientemente a estas naves sino que además debería dársele tripulación y fundamentalmente capitanes dispuestos a asumir la tarea que se avecinaba, dirimir la supremacía naval en el Río de la Plata.

Así fue como el joven Seguí recibe de su amigo el Teniente Coronel Martín Thompson, Capitán del Puerto de Buenos Aires, el ofrecimiento para integrar la flota patriota que se estaba preparando. Seguramente Thompson había notado su destreza durante los continuos viajes a Montevideo y Colonia. Se le otorgó entonces un pequeño barco, un cúter-cañonero, balandra de un solo mástil que fue equipado con un cañón de a 24 y una tripulación de 26 hombres.

A los 19 años y con el grado de Subteniente de Marina, Francisco José Seguí se incorporaba oficialmente un 7 de Febrero de 1814 a la Marina de Guerra Nacional.

Un natural de Irlanda arribado a estas tierras en 1811, el Capitán Guillermo Brown será designado como Comandante de la flamante escuadra. Seguramente la mano de Dios no fue ajena a esta designación. Las Provincias Unidas del Río de la Plata habían encontrado al hombre que asumirá la tarea de librar la gran batalla del Plata y de sentar las bases donde se construiría la gloria de la Marina de Guerra de Argentina.

Pero volvamos un poco a lo que fue la formación de las tripulaciones y sus jefes. Al no existir en el país  tripulaciones criollas se optó primero por reclutar a marinos mercantes cuyos barcos por el bloqueo no podían salir, ofreciéndoles ventajas económicas, completándose las tripulaciones con algún hijo del país, especialmente con conocimientos de artillería.

En cuanto a los capitanes y oficiales se incorporaron aquellos que estaban ya en los barcos adquiridos y otros extranjeros como Hubac y Spiro, que actuaron con Azopardo. Los criollos eran pocos en realidad, Santiago Hernández,  Pablo Zufriategui y Francisco José Seguí.

Hubo capitanes irlandeses, norteamericanos, franceses, en fin una verdadera babel que constituyó esta fuerza naval.

Sin duda que la isla “Martín García” era un puerto estratégico en la lucha por la supremacía en las aguas del Río de la Plata. Ahí es donde se dirigirá la flota ya comandada oficialmente por Guillermo Brown.

Amerita que señalemos como se componía esta flota y quienes eran sus comandantes.

La nave insignia era la fragata “Hércules” al mando del Sargento Mayor Eliseo Smith (norteamericano). La componían además, la corbeta “Cefiro” Sargento Mayor Santiago King (irlandés), el bergantín “Nancy” Sargento Mayor Richard Leech, la goleta “Julia” estaba al mando del 2° jefe de la escuadra el Teniente Coronel Benjamín Seaver (norteamericano), el “Fortuna” con el Sargento Mayor Antonio Lamarca, la balandra “Carmen” con el Subteniente Samuel Spiro (griego), el falucho “San Luis” al mando del Sargento Mayor Don Juan Hendel (ingles), el falucho “San Martín” subteniente Santiago Hernández (criollo), la sumana “Trinidad” (embarcación de carga con el aparejo de bergantín-goleta) capitán Tomás Nother (norteamericano) y la cañonera “América” al mando del Subteniente Francisco José Seguí.

Dijimos que Martín García era un punto estratégico ya que su ubicación permitía controlar el paso de los navíos a los ríos interiores y obligaba que los mismos debieran pasar por un canal angosto, quedando así a merced no solo de la artillería sino también de la fusilería.

No solo la isla estaba defendida por tropas y artilleros, una flota bien armada compuesta de tres bergantines y tres cañoneras al mando del Capitán de Navío Jacinto de Romarete, sería el primer escollo a vencer en procura del dominio de la isla.

Si bien la escuadra de Brown era superior en barcos y potencia, la posición de Romarete ubicado sobre la isla y con el apoyo de sus baterías y en aguas  de difícil navegación para navíos de mayor calado, como  ya veremos, hacía que fuera dudoso el resultado de este enfrentamiento, enfrentamiento que Brown había decidido concretar al mediodía del 14 de marzo, cuando ordena romper el fuego.

El combate duró hasta muy entrada la noche y ambas escuadras sufrieron daños severos.

La insignia “Hércules” quedó varada muy cerca de la costa recibiendo desde la isla un fuego cruzado que le provocó considerable averías, en esta acción cae herido de muerte el Capitán Elías Smith al igual que varios oficiales y tropa, calculándose que fueron más de 100 los muertos. Aún herida la “Hércules” siguió disparando contra las baterías costeras, pese a no recibir ayuda de las demás embarcaciones que como la “Nancy”, “Zepher” y “Juliet” se alejan del fuego. Señalemos también que apenas iniciado el combate cae muerto el Capitán de este bergantín Benjamín Seever. Los barcos más pequeños, presas fáciles de la artillería costera, se alejan también fuera del tiro de los cañones. Entre ellos estaba la cañonera de Seguí que no participó de la acción.

La noche trae el cese de la lucha, Brown comienza a recorrer los barcos recriminándoles a sus comandantes la indecisión durante la tarde y dando las disposiciones para encarar la mañana siguiente su plan destinado a tomar la isla.

Desde Colonia había llegado una compañía de Dragones de la Patria con ese objetivo. En la madrugada del 15 la “Hércules” zafa de su varadura, se aleja de la costa y comienza su reparación de los daños producto del fuerte fuego recibido el día 14.

Los Dragones desembarcaron en una loma del lado Sudeste de la isla y en una operación ordenada en la que más de 200 hombres, entre soldados regulares y marinos criollos e irlandeses, hacen retroceder a los españoles tomando el control de la isla en apenas 1 hora. Las baterías que tanto daño le habían hecho a la “Hércules” en manos del Teniente Jones que era el segundo de la “Zepher”, comienzan a disparar contra los barcos de Romarete cambiando el cuadro de situación. La flota española se lanzó río arriba lo más rápido posible.

Con muy pocas bajas, el 16 de marzo de 1814, Martín García estaba en poder de las fuerzas patriotas.

La flota de Romarete remontando el río Uruguay había buscado refugio en el arroyo La China ubicado en las cercanías de la ciudad de Concepción del Uruguay Provincia de Entre Ríos. Craso error ya que la alejaba de Montevideo fuerte principal de abastecimiento.

Se utiliza la palabra sutil como liviandad para definir la envergadura de la flota que Brown envío tras la escuadra española. Estaba al mando de la misma el norteamericano Tomás Nother en la sumaca “Trinidad” de 14 cañones y 100 tripulantes, y la componían la balandra “Carmen” con 5 cañones y 40 hombres al mando del griego Spiro, la goleta “Fortuna” comandada por un argentino Pablo Zufriategui con 15 cañones y 52 hombres, la cañonera americana con 1 cañón de a 18 y 26 tripulantes que comandaba precisamente nuestro biografiado, otro porteño Francisco José Seguí, el falucho “San Martín” al mando de Santiago Hernández, criollo, con 3 cañones y por último el falucho “San Luis” artillado con 3 cañones y comandado por Juan Hendel.

Amerita que señalemos, entre paréntesis, que Francisco José Seguí dejó un escrito denominado “Apuntes de Familia”, documento relacionado con su vida de marino en el que relata minuciosamente los combates y acciones que desarrolló durante su carrera naval. Los mismos han servido a muchos de los historiadores que en años posteriores de los sucesos conformaron la Historia Naval Argentina.

Uno de ellos es precisamente el combate naval de Arroyo de la China, del que Seguí fue activo participantes y como recuerda el 24 de mayo alcanzarían a la escuadrilla que se encontraban armados frente a la boca del Arroyo de la China. Cuando Nother dio la orden, dice Seguí:

  el cúter cañonero “América” iba a la vanguardia y tuvo la honra de ser el primero de romper el fuego”, y sigue diciendo: “la brisa era del sur y serían en ese momento las 2 de la tarde, muy pronto se hizo general el combate, nosotros a la vela y los enemigos armado al bosque. Hubo momentos en que nos batimos a quemarropa dando el ejemplo nuestro jefe muriendo en la refriega gloriosamente atravesado en su costado por la metralla”.

Seguí se está refiriendo al bravo “Nother” que al igual que otros oficiales y tripulantes perdieron la vida. La sumaca despedazada se alejó de la escena y tras ella la balandra “Carmen” y los demás barcos.

En un viraje del río la balandra “Carmen” quedo varada siendo asistida por la “América” y la “La Trinidad” evitando que fuera abordada por las lanchas.

Seguí señala que cuando se estaban disponiendo botes para ayudar a la “Carmen” de la varadura, vieron con asombro como esta volaba en pedazos. Quien comandaba la “Carmen” ante el temor, dado su varadura, de que los españoles apresaran la nave procedió a explotar la Santa Bárbara, en el intento Samuel Spiro, su capitán, es quien perece. Al caer la noche los barcos de la escuadra patriótica anclados a la altura de Paysandú y después de alejarse, proceden a reparar sus averías ante los daños sufridos.

A la mañana siguiente los barcos regresan al lugar donde según nos cuenta Seguí, observó desde su cañonera pedidos de auxilio desde la costa. Eran gran parte de la tripulación que Spiro había desembarcado previo a la voladura. Seguí sostiene que los tripulantes le informaron que Spiro  había vuelto al barco según les dijo a retirar un objeto que era para él de suma estima. Numerosos historiadores han tratado de descifrar cuales fueron las razones para que este greco-argentino estuviera allí. Inmolación, accidente, honor. Son interrogantes que quedarán en la nebulosa.

Sin haber cumplido aún los 20 años el joven Seguí con su cúter de un solo cañón había demostrado su empeño y valor, el futuro héroe de Juncal  se había batido por primera vez en la escuadra nacional.

El combate del Arroyo de la China, el cual si bien hay documentación en los que se menciona este encuentro, no ha sido demasiado profundizado, quizás porqué significo una perdida para los revolucionarios. En el parte oficial de Romarete tampoco se dan demasiadas precisiones sobre lo acontecido. Sin embargo los recuerdos de Seguí  han ayudado a establecer las circunstancias en que se desarrollaron las acciones.

En la calera de Banquín serán enterrados los muertos de la “Carmen”, hecho lo cual los buques se dirigieron hacia Buenos Aires llegando al día siguiente. Allí recibirán órdenes de incorporarse a la flota que bloqueaba Montevideo, a la que se le habían incorporado nuevos buques.

Seguí participará de los combates que se llevan a cabo frente al Buceo los días 14 y 17 de mayo donde la flota patriótica comandada por Brown aniquilaba la resistencia española batiendo a la mayoría de los buques integrantes de la escuadra comandada por Miguel de la Sierra de Santander.

Seguí además tuvo de honor de trasladar al General Alvear y su Estado Mayor, el mismo día 17 cuando este se hacía cargo de las fuerzas de tierra sitiadores de Montevideo.

Monteagudo ha dejado para la posteridad unas líneas que revelan la verdadera magnitud de estas batallas del Río de la Plata y que dice así:

  Entre las muchas empresas de la época habrá dos hecho cuyo mérito apreciará la posteridad más que nosotros; la destrucción de la Escuadra de Montevideo por las fuerzas navales de las Provincias Unidas, organizada en medio de los mayores conflictos de aquel gobierno y las empresas de pasar los Andes para cooperar a la libertad de Chile”.

Volverá Brown con parte de la escuadra a Buenos Aires donde será recibido como un héroe.

La eliminación del poder naval realista en el Río de la Plata afianza la revolución posibilitando que al levantarse el bloqueo a Buenos Aires, llegasen barcos de todas las naciones y se obtuvieran un numeroso armamento que se distribuyó entre los ejércitos patrióticos.

La gloriosa escuadra de Brown fue disuelto el 15 de noviembre de 1814, la mayoría de los buques fueron subastados, algunos sirvieron para operar en los ríos del litoral. El gobierno le donará en agradecimiento al Almirante Brown la fragata “Hércules” además de designarlo comandante general de la marina.

Dos años después de este acontecimiento lo encontramos a Francisco José Seguí integrando la escuadrilla fluvial que al mando del Sargento Mayor Ángel Hubac participan en el litoral en la lucha que el Directorio tenía con los caudillos federales Ramírez y López.

En 1820 volverá al litoral esta vez a las órdenes de Zapiola para combatir a la flotilla que comandaba Manuel Monteverde aliado a Ramírez, siendo 2° Comandante del bergantín “25 de mayo”, participando del combate en que el valiente Rosales dio muerte a  Monteverde, jefe de la escuadrilla de Ramírez.

Terminada las acciones en el litoral encontramos a Seguí al mando del “Belgrano” realizando una extensa expedición por las costas del sur del país.

Tenía Seguí 32 años cuando se ha de producir el conflicto bélico contra el Impero del Brasil.

Hacia fin de 1826 la flota del Brasil poseía alrededor de 50 barcos ubicados entre Buenos Aires y Montevideo, mientras que nuestro país carecía de escuadra, no había armamento ni  tripulantes experimentados.

Frente al conflicto hubo que reunir barcos extranjeros y tripulantes de distintas nacionalidades. El Coronel Mayor Matías Zapiola fue designado Comandante General de Marina y tuvo a su cargo la preparación de una flota capaz de combatir, ya no con naves españolas en este caso, con la flota imperial.

Se construirán lanchas cañoneras y se reforzaron las costas especialmente poniendo baterías en Punta Gorda sobre el río Uruguay.

A Chile se le adquirió la corbeta “Chacabuco” que se ha de sumar a los dos bergantines que en aguas del Riachuelo estaban anclados, el “General Belgrano” y el “General Balcarce”, que sumados a alguna lancha cañonera constituían toda la flota de las Provincias Unidas.

El gobierno a principios de 1826 y ante el bloqueo que el Almirante brasilero Lobo había declarado sobre Buenos Aires, llama de su retiro al Almirante Brown para que se haga cargo de la pequeña flota nacional.

Brown izará su bandera en el bergantín “Balcarce”, comandada por el Capitán Bartolomé Ceretti. Seguí será integrante de la dotación del “Balcarce” en calidad de oficial, participando en el combate de Los Pozos el 15 de enero de 1826.

Reforzada la flota con nuevos barcos comprados a tal fin Brown emprenderá su campaña naval contra la flota imperial. Seguí participará en el combate del 9 de febrero frente a Buenos Aires, combate que pudo haber sido desastroso  para los brasileros, de no mediar una actitud conservadora de muchos capitanes de Brown que se apartaron del frente.

El 21 de febrero después de haberse realizados los cambios de mando en la flota a raíz de lo sucedido, Brown saldrá en busco de la flota  estacionada en Colonia. Durante el fuerte cañoneo que desde el fuerte se le hacía a la flota republicana, un proyectil matará al Capitán Ceretti del “Balcarce” asumiendo su segundo Nicolás Jorge. Durante esos ataques Brown ordena la quema de los barcos brasileros encallados. Muchas de las cañoneras fueron abatidas por el fuerte fuego de la fortaleza. Finalmente el objetivo de tomar Colonia no pudo ser concretado, incidiendo además la no llegada de fuerzas de tierra.

Participará Seguí en el segundo encuentro de Los Pozos del 11 de junio de 1826 y en el combate de los Quilmes del 30 de julio de ese mismo año.

Después de una campaña del Almirante Brown en las costas del Brasil y vuelto a Buenos Aires y ante la noticia de la existencia de una escuadra brasileña que compuesta por 16 buques estaba en el Uruguay, el Almirante Brown con la autorización del Presidente Rivadavia organiza una escuadra con el objeto de enfrentar a la flota imperial antes que llegue a Colonia.

Brown siempre había seguido la carrera de Seguí muy de cerca. Había pasado muchos años desde que aquel adolecente con su pequeño cúter peleaba en las jornadas de la independencia.

Hoy era un marino de experiencia que había demostrado su valor en cada una de las acciones en la que había participado.

No sorprende entonces que Brown lo designara el Capitán del bergantín “Balcarce” donde él, desde el inicio de la guerra con el Brasil, había prestado servicios.

Partirá el gran Almirante un 26 de diciembre de 1826 con el “Balcarce” ya con Seguí como Capitán, con la goleta “Sarandí”, nave insignia comandada por Coe, la goleta “Maldonado” con Espina al mando, la goleta “Pepa” con el Capitán Silva.

En la boca del rio Negro divisaran la flota imperial al mando del capitán de Fragata Jacinto Roque de la Serna Pereira, personaje de larga actuación en el rio Uruguay desde la época de Artigas y muy vinculado con la política oriental.

Después de un intercambio de disparos, Brown anclara la flota y enviara al capitán Coe  en calidad de parlamentario exigiendo la rendición el Jefe de la escuadra brasileña no convencido de que fuera Brown quien estuviera al mando, ya que lo consideraba aun de viaje por las costas del Brasil, retiene a Coe y envía su propio representante, a quien Brown le intima dándole el plazo de una hora para la rendición .Pasado ese lapso y considerando que además el brasilero había violado la ley al retener a su emisario, ordenó el ataque, pero la falta de viento impidió que los barcos se acodaran, por lo cual solo los cañones pudieron romper fuego, llegando hasta cerca de la boca del canal, lo cual le permitió apreciar el riesgo que significaría el ataque, dado la buena posición del enemigo.

Decide entonces suspender el mismo descendiendo por el rio Uruguay para situarse a la angostura de Punta Gorda a la espera de los brasileños.

Por información que le llega comprende que será difícil de la Serna Pereira tome la decisión de enfrentarlo en ese lugar, por lo que pensando que puede estar en riesgo la isla Martín  García resuelve modificar su posición instalándose cerca de la isla.

Viajara Brown brevemente a Buenos Aires para solicitar refuerzos a fin de pertrechar la isla, pero al llegar al canal se encuentra con una división brasileña que le impedía el paso. Le ordenara  entonces a Rosales que siga por el Paraná de las Palmas, mientras que él vuelve a juntarse con la escuadra.

Se ha de producir un hecho que queremos rescatar. El Capitán Francisco Drummond, hasta ese entonces oficial de la escuadra brasileña, se presenta ente Brown y solicita un puesto de combate. El almirante no solo lo acepta sino que además le confía el mando de la goleta Maldonado. Recordemos que este escocés que peleó con Lord Cockane en la guerra de la emancipación del Brasil, había pedido su baja y  por rivalidades fue preso en Montevideo habiendo logrado escaparse. A partir de allí será un valiente y eficaz oficial de la escuadra republicana muriendo gloriosamente en el combate de Monte Santiago.

Martin García, durante el mes de enero y bajo la supervisión del comandante Espora, será fortificada con artillería y milicianos arribados de Buenos Aires.

Llegamos Juncal, nombre de una pequeña isla, gloria de nuestras armas, escenario de dos jornadas, el 8 y 9 de febrero de 1827.

El día 8, Brown dispuso sus barcos, confiándole la goleta “Balcarce” a Seguí ubicándola en el ala derecha de su dispositivo, él en el centro con la nave insignia “Sarandí”  y a la izquierda y al mando de la goleta “Maldonado” Drummond. Como el canal era muy estrecho los buques se batían sin sujeción de líneas. El fuego y el humo eran tan intensos que a veces impedía visualizar los barcos. En circunstancias en que la escuadra nacional estaba ejerciendo todo su poderío, se ha de producir una fuerte tormenta que obligo a suspender las acciones ya que el viento de contraste puso en peligro a varias embarcaciones.

En la madrugada del 9 y después de haber pasado la noche velando las armas, Brown dará la orden de reiniciar la lucha. El “Balcarce” de Seguí, seguido de  la “Maldonado”, con Drummond serán los primeros en arribar a la isla en donde estaban los barcos brasileños.

El Balcarce atacara primero al Bergantín “Januria”, obligándolo a rendirse después de haberle derribado el mastelero. De inmediato Seguí perseguirá a la nave insignia la goleta “Imperial”, apareándosele y estableciendo un duro combate donde sus cañones enmudecieron prestamente sus fuegos. El estado de daño fue tal que la mayoría de sus tripulantes, no estaban en condiciones de arriar la bandera.

Seguí recibirá la espada del Capitán de la flota Sena Pereira y cuando el Almirante Brown llega al “Balcarce”, donde izara su insignia, Seguí le ofrecerá la espada recibida por el brasilero, a lo que el Almirante le dirá:

  Consérvela usted como un trofeo que le pertenece y en prueba de lo bien que usted se ha portado, reciba un abrazo de su jefe y enseguida  vuelva usted a bordo de la capitana enemiga y hágale los cargos que correspondan al jefe prisionero por haber violado las leyes de la guerra haciendo prisionero a un parlamentario

Se considera a Juncal una de las batallas más contundentes en la historia de nuestra Armada.

Sobre 17 buques que componían la escuadra del Brasil, solo dos lograron escapar, tres fueron incendiados y doce apresados.

El Presidente Rivadavia confirmo su ascenso a Capitán el 23 de marzo de 1827, recibiendo además el escudo “A los vencedores en las aguas del Uruguay 9 de julio de 1827”.

Combatirá durante toda la guerra con el Brasil siempre al mando del “Balcarce”. En Punta Lara fue herido en el combate realizado el 8 de junio de 1828, ostentaba ya el cargo de sargento mayor. En 1829 y al dejar el mando del Balcarce había sido promovido a Coronel. Poco tiempo después pedirá ser dado de baja del servicio.

Sus divergencias políticas con Rosas le significaran ser borrado del escalafón militar  como a muchos otros. Emigrara a la banda oriental donde luchara por la causa unitaria, siendo designado durante el Sitio como jefe de la capitanía general del puerto de Montevideo y a pedido del General Fructuoso Rivera se hará cargo como comandante militar de Las Vacas y Maldonado.

Pasado los años y a su regreso a Buenos Aires, por  pedido de Brown le será confiado el mando de la corbeta “25 de Mayo” desde donde ejerció la vigilancia del puerto y del canal exterior.

En 1853 será designado Jefe de la isla Martin García y dos años después se le otorgara las capitanía del Puerto de Buenos Aires, cargo en el que permanecerá hasta 1858.

Estando en vísperas de su ascenso a Coronel Mayor, fallece en la capital un 19 de mayo de 1877, siendo por ley 13515 ascendido post-morten  a ese cargo, cumpliéndose de esa manera un acto de justicia.

Rescatamos unas líneas de un ilustre historiador naval Don Ángel Justiniano Carranza, quien hablará en las exequias, y dice:

  Apartado de la vida política, pocos años disfruta de un retiro a que le hacían condignos sus largos servicios y su laureada carrera. Su existencia trabajada por el tiempo y los achaques, a despecho de los cuidados solícitos del hogar, rodeado del aprecio y veneración de sus conciudadanos que ven desaparecer con honda pena al Guerrero de la Independencia, al compañero de Brown, y al último de los vencedores en las aguas del Uruguay” .


(1) Miembro de la Academia Argentina de la Historia. Miembro del Instituto de Historia Militar. Miembro adherente del Instituto Nacional Browniano. Presidente del Instituto Urquiza de Estudios Históricos. Presidente del Instituto Histórico Brigadier General Tomás de Iriarte. Ha publicado más de 10 libros y numerosos trabajos en revistas y publicaciones históricas.

(2) Genealogía de los Seguí – Revista Genealogía N° 181 - 1978