Congreso Internacional de Historia
Bicentenario de la Campaña Browniana en el Rio de la Plata (1814-2014)

ESCUELA DE DEFENSA NACIONAL, 22 y 23 de octubre de 2014. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.



"Paraguay y la guerra naval en la cuenca del Plata (1810-1814)" por el Lic. Luis Fernando Furlan
Docente e investigador (Dirección de Estudios Históricos de la Fuerza Aérea Argentina)

 
   
   
  FUENTES CONSULTADAS | NOTAS | VOLVER  
 

Introducción

El Paraguay no permaneció ajeno a la guerra naval que se desarrolló en la Cuenca del Plata entre 1810 y 1814. Por su condición de territorio mediterráneo y su dependencia de las vías fluviales del ámbito rioplatense, las operaciones de aquellos años en torno a la plaza de Montevideo y en la boca del Plata estaban estrechamente ligadas a los objetivos de la defensa del Paraguay. La atención de los asuntos navales era una exigencia fundamental para el Paraguay, ya que su defensa se concentró, justamente, en la protección de sus fronteras fluviales y en mantener libres la navegación y el comercio en los ríos.

Consciente de todo ello, el Paraguay participó en aquella prolongada guerra naval, y tuvo que hacer frente a distintos adversarios que buscaron atraerlo a sus planes y que no dudaron en cerrar la navegación de los ríos, atacar sus buques y amenazar sus fronteras fluviales y hasta su mismo territorio, como medios de presión económica y política sobre el Paraguay.

El contexto regional del Río de la Plata

La ocupación de España por Napoleón provocó en Buenos Aires la destitución del Virrey y la formación de la Junta Provisional Gubernativa (25 de mayo de 1810). La Junta estableció contacto con las jurisdicciones del Virreinato del Río de la Plata para comunicar lo sucedido en Buenos Aires, prestar auxilio, eliminar focos de resistencia realista, lograr adhesión y apoyo a la Junta y nombrar representantes para formar un gobierno definitivo.

Cuando se formó la Junta Provisional Gubernativa de Buenos Aires (25 de mayo de 1810), la Gobernación Intendencia del Paraguay se hallaba bajo el gobierno del brigadier Bernardo de Velasco, quien ejercía ese cargo desde 1806. Según el historiador Efraím Cardozo.

El Paraguay reunía los elementos propios de una nación y estaba habilitado, como pocos países americanos, para la vida independiente. Los paraguayos amaban con amor de patria a su tierra (…) que defendieron constantemente contra enemigos internos y externos, que grandes ríos, montañas y desiertos separaban y aislaban de otras comunidades, y que sustentaba una economía no suficientemente próspera debido a la situación mediterránea y a las anomalías fiscales, pero bastante para sus necesidades (…). Consciente y orgulloso del papel importante que había desempeñado en la civilización del Río de la Plata y de los trascendentales hechos históricos de que fue actor, con población (…) racialmente homogénea, con nivel social y cultural relativamente elevado, y con convicciones políticas semejantes a las que estaban triunfando, el Paraguay estaba llamado a desempeñar un papel propio, no secundario, en el gran movimiento de la revolución americana(1).

Al conocerse en Paraguay los sucesos de Buenos Aires, se realizó un Congreso el 24 de julio de 1810, donde se decidió no aceptar la autoridad superior de la Junta de Buenos Aires, jurar fidelidad al Consejo de Regencia de la isla de León y mantener cordialidad y armonía con la Junta de Buenos Aires.

En septiembre de 1810 la Junta de Buenos Aires envió a la Gobernación Intendencia del Paraguay un Ejército al mando del general Manuel Belgrano, que operó en territorio paraguayo entre diciembre de 1810 y marzo de 1811. Durante esa dura y difícil campaña, el Ejército de Belgrano venció en Campichuelo (19 de diciembre de 1810), fue derrotado en Paraguarí (19 de enero de 1811) y alcanzó un armisticio en Tacuarí (9 de marzo de 1811). Luego de este último combate, la expedición del general Belgrano abandonó el Paraguay.

Paralelamente, se había formado en Buenos Aires una fuerza naval para apoyo fluvial y logístico al Ejército de Belgrano en Paraguay. La escuadrilla se integró con la goleta Invencibl, el bergantín 25 de Mayo y la balandra Americana, y su comandante fue el teniente coronel de Marina Juan Bautista Azopardo. El 2 de marzo de 1811 la escuadrilla fue vencida en el combate de San Nicolás por una fuerza naval realista de Montevideo.

El general Belgrano se retiró del Paraguay derrotado en lo militar, pero su presencia demostró sus cualidades políticas y diplomáticas. Por sus contactos con prestigiosos jefes militares paraguayos (Manuel Atanasio Cavañas, Juan Manuel Gamarra), Belgrano difundió en el Paraguay sus ideas liberales y de soberanía, lo que tuvo consecuencias decisivas para el Paraguay pocos meses después. En tanto, en Buenos Aires, se disolvió la Junta Provisional Gubernativa y se formó la Junta Grande (18 de diciembre de 1810).

En la Gobernación Militar de Montevideo la decidida actitud de los oficiales de la Real Armada española del Apostadero Naval frustró los intentos de la Junta de Buenos Aires por obtener cooperación y reconocimiento de Montevideo. La ciudad juró fidelidad al Consejo de Regencia. Rotas las relaciones, las autoridades de Montevideo bloquearon Buenos Aires y los puertos que le respondían (agosto de 1810), mientras que Buenos Aires adoptó medidas restrictivas sobre navegación y comunicaciones con Montevideo. Las fricciones entre las dos ciudades ya tenían antecedentes (rivalidad comercial y económica entre sus puertos).

Joaquín de Soria (gobernador de Montevideo) y, especialmente, el capitán de navío José María Salazar (comandante del Apostadero Naval), representaron la mayor resistencia realista ante Buenos Aires. Entre enero y noviembre de 1811 el brigadier Francisco Javier de Elío ejerció en Montevideo el cargo de Virrey del Río de la Plata, otorgado por el Consejo de Regencia. Montevideo se constituyó así en un importante foco de reacción realista contra Buenos Aires.

También fueron importantes las aspiraciones de la princesa Carlota Joaquina de Borbón, hermana del rey de España Fernando VII (cautivo de Napoleón) y esposa del rey de Portugal Juan VI, quien se consideraba heredera de las posesiones hispanas del Río de la Plata; dicha tendencia, conocida como Carlotismo, perdió fuerza hacia 1812. La corte portuguesa residía en Río de Janeiro desde 1808 por la ocupación napoleónica de Portugal. El virrey Elío mantuvo contactos con la corte portuguesa de Río de Janeiro y solicitó su ayuda durante las operaciones militares de Buenos Aires contra Montevideo. Paralelamente, en el Paraguay, el gobernador Velasco y el grupo de españoles peninsulares realistas también manifestaron simpatías hacia la princesa Carlota Joaquina y establecieron contactos con los portugueses del Brasil. Es así que las tropas portuguesas de Río Grande do Sul estaban siempre listas para operar sobre la región del Río de la Plata.

El 28 de febrero de 1811 un grupo de orientales se levantó contra las autoridades realistas de Montevideo, y Buenos Aires inició operaciones en la Banda Oriental para tomar aquella plaza. Los orientales de José Artigas derrotaron en Las Piedras (18 de mayo de 1811) a una fuerza realista, y poco después se inició el primer sitio a Montevideo (junio-octubre de 1811).

En el Paraguay se produjeron las jornadas del 14 y 15 de mayo de 1811 y la deposición del gobernador Bernardo de Velasco (15 de mayo). Ello se debió a la tendencia realista encabezada por Velasco, a la intención de éste de buscar ayuda de los portugueses del Brasil como simpatía hacia el Carlotismo y a las ideas difundidas por Belgrano durante su campaña en el Paraguay. Se formó un gobierno provisional integrado por el ex gobernador Velasco, el capitán Juan Zeballos y el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia; este último era una figura influyente desde mediados de 1810 y habrá de dominar la vida política paraguaya de las décadas siguientes.

El gobierno provisional del Paraguay funcionó entre mayo y junio de 1811. En ese lapso Velasco fue alejado de la vida política del Paraguay porque manifestaba simpatías hacia los portugueses del Brasil y el Carlotismo. El 17 de junio se realizó un Congreso General para formar gobierno definitivo y decidir las relaciones con Buenos Aires. También se trató la supresión de impuestos a productos paraguayos. Se decidió mantener relaciones cordiales con Buenos Aires. El 20 de junio de 1811 se formó en Asunción la Junta Superior Gubernativa, integrada por el teniente coronel Fulgencio Yegros, el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, el capitán Pedro Juan Caballero, el presbítero doctor Francisco Xavier Bogarín y Fernando de la Mora.

La Junta Superior Gubernativa (1811-1813) no aceptó la dependencia de Buenos Aires y sostuvo que el Paraguay debía gobernarse por sí mismo. El 20 de julio de 1811 propuso a Buenos Aires formar una confederación con los territorios del ex Virreinato del Río de la Plata, lo que generó desconfianza en Buenos Aires. La Capital porteña envió en misión diplomática al general Manuel Belgrano y al doctor Vicente Echevarría para solicitar la adhesión del Paraguay y formar una alianza militar. Se llegó así al tratado del 12 de octubre de 1811: Buenos Aires reconoció la independencia del Paraguay, se estableció un compromiso de auxilio mutuo, se incluyeron impuestos favorables al Paraguay y se decidió mantener relaciones cordiales entre los dos gobiernos. Sin embargo, luego de ese tratado, las relaciones entre Asunción y Buenos Aires se deterioraron progresivamente.

Durante los sitios terrestres a Montevideo el gobierno de Buenos Aires fue consciente de la importancia que tenía para esas operaciones poseer una fuerza naval para el dominio fluvial del área rioplatense, colaborar con el ejército sitiador y contribuir con la toma de Montevideo. Esa inquietud se debió a las acciones de la Real Armada española del Apostadero Naval de Montevideo, que ejerció hasta 1814 la supremacía en los ríos de la Cuenca del Plata. Así, gracias a sus marinos, Montevideo pudo recibir refuerzos desde España y Lima, desembarcar y saquear poblaciones ribereñas, bloquear puertos afines a Buenos Aires y obtener abastecimientos durante los períodos de sitio.

En Buenos Aires, la escasez de buques, tripulaciones, armamentos y equipos navales y la inexperiencia en materia naval, impidieron disponer de una fuerza naval, por lo que debió soportar, los efectos de la supremacía española en los ríos (bloqueos, bombardeos, desembarcos, saqueos). En 1811 se produjeron distintas acciones de los marinos de Montevideo, como la victoria de San Nicolás y los bombardeos a Buenos Aires y a la ciudad de Corrientes. Esos hechos demostraron el eficaz control fluvial de la Real Armada en la Cuenca del Plata.

Para enfrentar el sitio, el virrey Elío solicitó auxilio a los portugueses del Brasil, cuyas tropas penetraron en la Banda Oriental para apoyar a Montevideo. Ese hecho y la derrota de Huaqui en el Alto Perú (20 de junio de 1811) obligaron a Buenos Aires a negociar. Por el tratado de la Concordia (20 de octubre de 1811) se levantó el sitio de Montevideo y se solicitó el retiro de las tropas portuguesas. Por ese tiempo en Buenos Aires se formó el Primer Triunvirato (septiembre de 1811). A fines de 1811 Elío regresó a España y el mariscal Gaspar de Vigodet asumió como Capitán General del Río de la Plata. A principios de 1812 el Apostadero de Montevideo tenía nuevo comandante (capitán de navío Miguel de la Sierra).

En 1812 se reiniciaron las hostilidades, y comenzó un nuevo sitio a Montevideo. En marzo de ese año se produjo un nuevo bombardeo naval a Buenos Aires. Los marinos realistas de Montevideo mantuvieron el dominio fluvial y continuaron realizando incursiones en los ríos, bombardeos y saqueos sobre los pueblos ribereños para abastecer a la plaza. En el escenario militar terrestre el general Belgrano venció a los realistas en la batalla de Tucumán (24 de septiembre de 1812), y fuerzas realistas de Montevideo fueron derrotadas en el Cerrito (31 de diciembre de 1812). En Buenos Aires se formó el Segundo Triunvirato (8 de octubre de 1812).

El 31 de enero de 1813 se inauguró en Buenos Aires la Asamblea General Constituyente. Poco después, el 20 de febrero, el general Belgrano obtuvo la importante victoria de Salta, que, junto al triunfo de Tucumán, frenaron la ofensiva realista desde el Virreinato del Perú sobre Buenos Aires.

Durante 1813 el sitio a Montevideo hizo crítica la situación de la plaza, ya que contaba con varios enfermos y carecía de alimentos. Los marinos realistas continuaron la penetración en la Cuenca del Plata en busca de víveres. En ese contexto, los granaderos al mando del teniente coronel José de San Martín vencieron a una fuerza de desembarco realista en San Lorenzo (3 de febrero de 1813). Sin embargo, el dominio fluvial de la Cuenca del Plata por los marinos de Montevideo prolongó la resistencia realista en la ciudad y contrarrestó el sitio terrestre.

A fines de 1813 la situación de las Provincias Unidas del Río de la Plata era muy crítica. En la Banda Oriental el sitio a Montevideo se prolongaba, y empezaban las fricciones entre el coronel Artigas y la Asamblea General Constituyente. A su vez, Artigas chocó con el Paraguay, ya que buscaba atraerlo a sus proyectos. En el Alto Perú Belgrano fue derrotado en Vilcapugio (1 de octubre) y Ayohuma (13 de noviembre). En Chile se formó un frente hostil (invasión desde el Virreinato del Perú). Por su parte, España se encontraba libre de Napoleón y no tardaría en enviar expediciones a Hispanoamérica para sofocar los movimientos revolucionarios.

Para intentar la adhesión del Paraguay y solicitar el envío de un representante a la Asamblea General Constituyente, Buenos Aires envió una misión diplomática a Asunción, que fracasó. El 30 de septiembre de 1813 se reunió un Congreso General en Asunción, que decidió no enviar diputados a la Asamblea. Poco después, el 12 de octubre de 1813 se proclamó la República del Paraguay y se creó el Consulado en reemplazo de la Junta Superior Gubernativa. El doctor José Gaspar Rodríguez de Francia y el teniente coronel Fulgencio Yegros fueron designados cónsules. Con la proclamación de la República y la creación del Consulado, el Paraguay rompió todo lazo de unión con España y Buenos Aires. Así, el Paraguay “no concurriría a la guerra por la independencia americana, encabezada por Buenos Aires, y tampoco se aliaría con los enemigos de ésta”(2). El aislamiento se constituiría así en una característica del Paraguay durante décadas.

Hacia fines de 1813 Buenos Aires estaba amenazada por el avance realista desde distintos frentes. Lo que más preocupaba era la plaza de Montevideo que, sometida a un prolongado e incierto sitio terrestre, gozaba de amplia libertad de acción en la Cuenca del Plata gracias a sus fuerzas navales y era base de operaciones obligada para toda expedición reconquistadora procedente de España. Las expediciones enviadas por la metrópoli podrían romper el sitio, liberar Montevideo, incorporar las tropas realistas de la plaza y cruzar el Río de la Plata para caer desde el Este sobre Buenos Aires, que a su vez podría ser atacada desde el Noroeste (Alto Perú) y el Oeste (Chile).

La contraofensiva española sobre sus posesiones americanas produjo cambios en el gobierno y los planes militares de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Se concentró el poder político en el Director Supremo (enero de 1814), y se renovaron los proyectos de formar una escuadra naval para arrebatar a los marinos realistas el dominio fluvial del Plata, y, en combinación con el sitio terrestre, bloquear Montevideo. La toma de esa plaza era fundamental para la independencia hispanoamericana, ya que era justamente por allí por donde asomaba la principal amenaza para el proceso iniciado el 25 de mayo de 1810.

El gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata formó una nueva escuadra (diciembre de 1813-febrero de 1814). Los artífices fueron el ministro de Hacienda Juan Larrea, el comerciante estadounidense Guillermo Pío White y el general Carlos de Alvear. La escuadra se integró con una fragata, cuatro corbetas, un bergantín, una goleta, dos sumacas y una balandra. Para comandarla se designó al irlandés Guillermo Brown, a quien se le otorgó el grado de teniente coronel de Marina. En el Apostadero Naval de Montevideo (comandante capitán de navío Miguel de la Sierra) se hallaban oficiales de experiencia (capitán de navío Jacinto de Romarate), y contaba con una fuerza compuesta por un queche, dos fragatas, dos corbetas, cuatro bergantines, una goleta, una balandra, dos sumacas, un lugre, un falucho y cinco cañoneras.

Entre el 10 y el 15 de marzo de 1814 la escuadra de Buenos Aires intentó tomar la isla de Martín García, clave para el control fluvial de la Cuenca del Plata. El 10 y 11 de marzo la escuadra de Brown enfrentó a la escuadrilla realista de Martín García (al mando del capitán Romarate), pero los buques de Buenos Aires fueron rechazados. El 15 de marzo la escuadra de Brown se presentó otra vez en Martín García, simuló atacar a la escuadrilla española y lanzó la fuerza de desembarco, que se apoderó de la isla. Perdida Martín García y sin poder regresar a Montevideo al quedar cortadas sus comunicaciones, la escuadrilla española escapó por el río Uruguay. La victoria fue clave para la campaña sobre Montevideo y dividió las fuerzas navales realistas al aislar y encerrar en el río Uruguay al mejor jefe naval, el capitán Romarate.

A fines de marzo de 1814 buques de Buenos Aires penetraron en el río Uruguay para vencer a la escuadrilla de Romarate y completar el triunfo de Martín García. El 28 de marzo se libró el combate de Arroyo de la China y la escuadrilla porteña fue derrotada. Romarate permaneció en ese río hasta que finalizó la campaña de Montevideo.

En abril de 1814 la escuadra de Brown bloqueó Montevideo, se contactó con el Ejército sitiador e interceptó las comunicaciones navales. Las consecuencias del bloqueo se hicieron sentir en Montevideo (aumento de enfermos, escasez de alimentos). La situación obligó a las autoridades realistas a efectuar una salida decisiva con los buques disponibles para derrotar a la escuadra de Brown y recuperar la iniciativa en la Cuenca del Plata.

La escuadra española de Montevideo salió el 14 de mayo de 1814. Brown buscó atraerla aguas afuera simulando escapar o eludir el choque, colocarse entre los buques realistas y la costa, cortarles la retirada a Montevideo y atacarlos. Los días 14 y 15 de mayo no hubo acciones importantes y las escuadras fondearon en el Buceo. En los días 16 y 17 de mayo los buques españoles intentaron regresar a Montevideo y fueron perseguidos por Brown, quien alcanzó a la escuadra española y rindió algunos buques. El 17 de mayo fue el decisivo combate naval de Montevideo. Brown persiguió al resto de los buques españoles que huían. La escuadra realista sufrió la captura de algunos de buques, otros vararon y fueron destruidos por sus tripulaciones y unos pocos llegaron a Montevideo.

Con la derrota de la escuadra española el bloqueo naval a Montevideo se estrechó y se combinó con el sitio terrestre. La situación de la plaza se hizo insostenible. Clausurada las vías de abastecimiento, privada de recursos para su subsistencia, aislada de todo apoyo exterior y sin moral ni motivación para luchar, el 23 de junio de 1814 Montevideo cayó finalmente en poder del Ejército sitiador del general Alvear. En julio se rindió la escuadrilla de Romarate y en diciembre se entregó Carmen de Patagones. Así culminó la dominación española en el Río de la Plata y el Atlántico Sur.

La caída de Montevideo coincidió con el gobierno del Consulado de la República del Paraguay. El nuevo escenario rioplatense generado por la toma de Montevideo y la preponderante figura del doctor Rodríguez de Francia contribuyeron a convocar el Congreso del 3 de octubre de 1814, donde se produjo un cambio clave en la vida política paraguaya: la creación de la Dictadura Suprema de la República del Paraguay, que se confió al doctor José Gaspar Rodríguez de Francia.

La defensa del Paraguay. Aspectos navales.

La defensa histórica del Paraguay se ha apoyado en su territorio mediterráneo, surcado por importantes vías fluviales, como los ríos Paraguay y Alto Paraná. Esos ríos integraron al país a la Cuenca del Plata y lo conectaron con el Río de la Plata y el océano Atlántico. Los accesos terrestres hacia Asunción desde el Sur, el Este y el Oeste estaban obstaculizados por distintos ríos (Tacuarí, Tebicuary) afluentes de los cursos fluviales principales y por selvas, pantanos, esteros, arroyos, sierras y desiertos. En el Norte, el río Paraguay penetraba en los dominios de Portugal y luego del Imperio del Brasil(3).

Entre 1810 y 1814 la defensa del Paraguay, en su aspecto naval, se concentró en proteger las fronteras fluviales (formada por los ríos Paraguay y Alto Paraná); combatir el bloqueo a la navegación y al comercio en los ríos Paraná, Alto Paraná y Paraguay; y resguardar el acceso al territorio.

Buenos Aires y Montevideo fueron los principales adversarios que se presentaron al Paraguay en el escenario naval fluvial, mientras que los portugueses del Brasil eran una amenaza siempre latente. Otros adversarios fueron la provincia de Corrientes y la Gobernación Militar de Misiones (ambas limítrofes con el Paraguay) y la provincia de Santa Fe; esos tres territorios adherían a Buenos Aires y flanqueaban la navegación por el Paraná, Alto Paraná y Paraguay. También mencionamos al caudillo oriental José Artigas, quien buscaba extender sus ideas hacia el Paraguay. Es por ello que el Paraguay debía contar con una fuerza naval adecuada para cumplir con sus objetivos de defensa (protección y libre navegación de los ríos y defensa del territorio).

El bloqueo de los ríos que rodeaban al Paraguay fue utilizado por sus adversarios como instrumento de presión económica y política. Entre 1810 y 1814 dicho bloqueo fue ejecutado de manera permanente por Buenos Aires, Corrientes, Santa Fe y Misiones. Buenos Aires poseía “la llave de la única salida del Paraguay mediterráneo, significaba por lo menos el bloqueo, el aislamiento, la desaparición de todo comercio y de toda relación con el exterior”(4). Para el Paraguay, la provincia de Corrientes constituyó la punta de lanza para lograr la libre navegación de los ríos y una vanguardia para intentar romper el aislamiento y la mediterraneidad del territorio nacional; además, Paraguay y Corrientes mantenían diferencias por cuestiones limítrofes en la zona de Curupaytí y algunos pasos del Alto Paraná (donde los correntinos estaban instalados).

Entre agosto de 1810 y mayo de 1811 se formó un eje fluvial Asunción-Montevideo contrario a Buenos Aires. Dicho eje se destacó especialmente por el entendimiento, las comunicaciones y los envíos de auxilio que se establecieron entre el gobernador Bernardo de Velasco y el virrey Francisco Javier de Elío, representantes de las tendencias realista y carlotista. Al Apostadero Naval de Montevideo le correspondía ejercer el dominio fluvial de la Cuenca del Plata. El eje Asunción-Montevideo se desmoronó al producirse en Paraguay los históricos acontecimientos de 1811 (jornadas del 14 y 15 de mayo, alejamiento definitivo de Velasco de la vida política y formación de la Junta Superior Gubernativa el 20 de junio). A partir de aquellos acontecimientos, Montevideo se convirtió en un nuevo adversario y los marinos del Apostadero Naval también bloquearon la navegación y el comercio en los ríos del Paraguay.

La tradición naval del Paraguay, con clara impronta fluvial, tiene sus raíces en la cultura guaraní. Ya en el período colonial, se construyeron en Asunción embarcaciones de distinto tipo, especialmente para la navegación y el comercio por la Cuenca del Plata, aunque igualmente se construyeron buques de cierta importancia, algunos de los cuales, incluso, navegaron por el Atlántico (como la carabela San Cristóbal de la Buena Ventura).

Cuando se formó en Buenos Aires la Junta Provisional Gubernativa (25 de mayo de 1810) se encontraba en esa ciudad la cañonera Vizcayna, que procedía de la Gobernación Intendencia del Paraguay, cuyo comandante, el oficial de la Real Armada española piloto Antonio del Pino, se puso con su embarcación a las órdenes de la Junta. Esa cañonera se hallaba en Paraguay desde 1808, a las órdenes del gobernador Velasco, con la misión de operar en Mato Grosso y Coimbra en caso de que los portugueses del Brasil atacaran Paraguay. Por orden superior, a mediados de abril de 1810 la Vizcayna,al mando de del Pino, viajó a Buenos Aires, a donde llegó el 11 de mayo(5).

Paraguay no poseía una verdadera Marina de Guerra. Su fuerza naval era más bien modesta, integrada especialmente con buques para el tráfico mercantil fluvial que eran arrendados, artillados y tripulados con tropas del Ejército (especialmente de caballería) en caso de necesidades de la defensa. Como ejemplo de lo señalado, en el año histórico de 1811 se registró en Asunción la existencia de una cañonera denominada Lancha Cañonera, justamente una embarcación mercante arrendada y armada(6)(esa cañonera podría ser La Peruana)(7). En 1811 también se adquirió en condominio un buque de propiedad particular, la goleta El Carmen, que fue artillada(8).

La Junta Superior Gubernativa de Asunción (1811-1813) se preocupó por lograr la libre navegación de los ríos para el transporte de productos y el tráfico comercial; para ello, mandó inspeccionar embarcaciones con personal idóneo para seleccionar aquellas que podrían armarse con cañones y adquirirse por el Estado (así se compró el 9 de diciembre de 1812 la lancha Trinidad)(9), ordenó el corte de maderas para construir embarcaciones(10) a fin de aumentar la escuadrilla naval fluvial y proyectó establecer un arsenal. Durante el Consulado (1813-1814) se adquirieron dos embarcaciones más(11). Bajo la dictadura del doctor Rodríguez de Francia (a partir de 1814), se incrementaron la construcción de embarcaciones (cañoneras y buques mayores) y el número de obreros dedicados a cortar madera para la industria naval(12).

Como respuesta al Congreso realizado en Asunción el 24 de julio de 1810, la Junta de Buenos Aires ordenó a las autoridades de Corrientes, Santa Fe y Misiones cerrar sus puertos y la navegación fluvial al Paraguay (11 y 13 de agosto de 1810). Las restricciones a las comunicaciones y a la navegación también se aplicaron sobre Montevideo.

Con aquellas medidas de presión económica y política sobre el Paraguay, Buenos Aires buscó también cortar los contactos entre los focos realistas de Asunción y Montevideo y quebrar el eje fluvial entre ambas ciudades. En ese contexto, unos 8 buques que se dirigían al Paraguay con cargamento y pasajeros fueron detenidos en Corrientes y remitidos a Santa Fe. Entre las medidas de defensa adoptadas en el Paraguay, el gobernador Velasco equipó embarcaciones mercantes para vigilar la desembocadura del río Paraguay y cubrió con tropas los pasos del Alto Paraná.

Como respuesta a aquellas represalias, se envió desde Asunción hacia Corrientes una expedición para recuperar los buques apresados y llevarlos a Asunción, abrir la navegación de los ríos y colaborar con la ocupación de Curupaytí y sus alrededores expulsando de allí a los correntinos. Esa expedición fue ordenada por el gobernador intendente interino del Paraguay Pedro Gracia (por hallarse Bernardo de Velasco en Misiones), y fue puesta al mando del teniente coronel José Antonio Zavala y Delgadillo(13). La expedición se componía de 4 buques artillados con 12 cañones (bergantín Nuestra Señora del Rosario, una polacra, una lancha cañonera y una goleta) y unos 210 hombres.

La expedición de Zavala y Delgadillo zarpó de Asunción el 21 de septiembre de 1810 y el 1 de octubre llegó a la ciudad de Corrientes. Luego de gestiones con las autoridades de la provincia, el teniente gobernador de Corrientes Elías Galván no opuso resistencia y permitió que los paraguayos recuperaran sus buques; además, Zavala y Delgadillo presionó a las autoridades correntinas para que no se interrumpiera al Paraguay la navegación fluvial y para que reconocieran al Consejo de Regencia(14). La escuadrilla paraguaya abandonó poco después Corrientes y dejó un buque en la zona para garantizar libre la navegación entre Asunción y Montevideo. El 3 de octubre de 1810 el teniente gobernador de Corrientes Galván sugirió a la Junta de Buenos Aires que ningún buque “de la pertenencia del Paraguay debe permitir V.E. por ahora que salgan ni aun hasta aquí; y yo escribo a la villa del Paraná que los que pasen los detengan, hasta que podamos ponernos en estado de defensa”(15).

La presencia de la expedición paraguaya de Zavala y Delgadillo en Corrientes (octubre de 1810) demostró a Buenos Aires el desamparo en que se hallaba el litoral de la Cuenca del Plata en materia naval, lo cual habrían de confirmar las incursiones de los marinos realistas de Montevideo en el área fluvial rioplatense.

La campaña militar del general Belgrano en el Paraguay (diciembre de 1810-marzo de 1811) tuvo ingredientes navales significativos. Cabe recordar que los ríos de la Cuenca del Plata eran surcados con frecuencia por la flota del Apostadero Naval de Montevideo (por ese tiempo una escuadrilla al mando del capitán de navío Juan Michelena operó en el río Uruguay y ocupó Arroyo de la China en Entre Ríos)(16); también debemos tener presente la capacidad de la expedición paraguaya de Zavala y Delgadillo de imponer condiciones a las autoridades de la provincia de Corrientes (octubre de 1810).

Aquellas fuerzas navales realistas de Montevideo y Paraguay podían amenazar las comunicaciones y la retaguardia del Ejército de Belgrano en su avance por las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes hacia el Paraguay. El eje fluvial realista Asunción-Montevideo demostraba así su influencia en el escenario naval rioplatense.

A principios de diciembre de 1810 el Ejército de Buenos Aires recorrió el Norte de la provincia de Corrientes y parte de la Gobernación Militar de Misiones, desde Paso del Rey (luego Paso de la Patria) hasta Candelaria (Capital misionera). El general Belgrano estudió en la zona los distintos pasos para seleccionar el más adecuado a fin de cruzar el Alto Paraná e iniciar las operaciones en territorio paraguayo. Del otro lado de aquel río, fuerzas paraguayas estaban listas para enfrentar la penetración del Ejército porteño. Dicho pasaje sería una acción relevante (dada la magnitud de la vía fluvial a superar) y un antecedente importante de la gran operación anfibia que realizaron las fuerzas de la Triple Alianza en abril de 1866 por Paso de la Patria, durante la guerra del Paraguay (1865-1870).

Mientras Belgrano estudiaba los pasos del Alto Paraná, los paraguayos retiraron o incendiaron las embarcaciones existentes en la zona para privar al Ejército de Buenos Aires de elementos para cruzar el río(17). Las fuerzas del Paraguay establecieron la defensa con tropas y embarcaciones desde Ñeembucú (Pilar), en la confluencia de los ríos Paraguay y Alto Paraná, hasta Campichuelo (frente a Candelaria). Para desorientar a los paraguayos sobre el punto elegido para cruzar el Alto Paraná y proteger también la costa correntina, Belgrano colocó tropas en distintos sitios(18) (Paso del Rey, Itatí, Itá Ibaté); con esas medidas también se buscaba asegurar al Ejército las comunicaciones con Corrientes y Buenos Aires y una eventual retirada, y aislar a Asunción de Montevideo.

Belgrano decidió atravesar el Alto Paraná por Candelaria. Tendría que enfrentar así a la fuerza paraguaya de Campichuelo. El 19 de diciembre de 1810 se realizó el cruce del río. Para esa operación las fuerzas porteñas utilizaron balsas, canoas y botes de cuero, que se construyeron con recursos de la zona, y se colocó artillería a una embarcación mayor para utilizarla como batería flotante(19). En el combate de Campichuelo(20) las fuerzas paraguayas fueron derrotadas y abandonaron el lugar.

Ya en territorio paraguayo y ganada la posición de Campichuelo, el Ejército de Belgrano penetró al interior hacia Asunción. Previamente, se ocupó Itapúa (Encarnación), donde se obtuvieron 60 canoas abandonadas por los paraguayos(21). Se utilizaron distintas embarcaciones (canoas, botes de cuero, balsas), algunas de las cuales se construyeron en el lugar, para superar los ríos y arroyos (Tacuarí, Tebicuary) que obstaculizaban los accesos a Asunción desde el Sur. Fue un avance realmente anfibio. En tanto, el gobernador Velasco estableció sus fuerzas en Paraguarí y no descartaba recibir auxilio militar de Montevideo y de los portugueses de Río Grande do Sul.

Luego de la derrota de Paraguarí (19 de enero de 1811) el Ejército de Belgrano se retiró hacia el Sur y en su recorrido utilizó sus medios navales(22). En tanto, los paraguayos desplegaron su escuadrilla naval sutil en el Alto Paraná, desde Itapúa hasta Candelaria, para hostilizar a Belgrano desde el Sur y cortarle la retirada (esa escuadrilla se componía de botes y canoas con armamento y tropa embarcada). Cuando el Ejército porteño se estableció a orillas del río Tacuarí, Belgrano recordó que “andaban cuatro buques armados, en el Paraná, que podían interceptarme la correspondencia, así como ya me habían privado de los ganados que me venían de Corrientes”(23). La participación de la escuadrilla paraguaya y la posibilidad de ocupar Corrientes con fuerzas procedentes de Ñeembucú, se encuadraban en las actividades del gobernador Velasco, quien, en coordinación con Montevideo y con las fuerzas portuguesas de Río Grande do Sul, buscó aislar a Belgrano y expulsarlo del territorio paraguayo y contribuir en asegurar y fortalecer los contactos de Asunción con Montevideo y Brasil. Según Bartolomé Mitre.

La primera idea de Belgrano había sido conservar toda la provincia de Misiones, cuyo límite era entonces el Tebicuary, pero en vista de las comunicaciones recibidas, en que se le anunciaba la llegada de Elío a Montevideo en calidad de virrey, y las operaciones que probablemente iban a desenvolverse en la banda oriental, resolvió aproximarse más al Paraná, siempre con el ánimo de volver sobre sus pasos, luego que recibiese mayores refuerzos(24).

Ya instalado su Ejército en el Tacuarí, Belgrano “sabía que el dominio del camino a Itapúa y la ciudad de Corrientes por las Fuerzas de Buenos Aires impediría actuar conjuntamente a los dos últimos bastiones del españolismo en el Río de la Plata como lo eran la Provincia del Paraguay y Montevideo”(25).

En el combate de Tacuarí (9 de marzo de 1811) los paraguayos contaron con la escuadrilla naval (falúa y botes artillados) comandada por Ignacio Aguirre, que atacó al Ejército porteño por el sector Sur, en la desembocadura del Tacuarí en el Alto Paraná, mientras que, por el lado Norte, el comandante paraguayo Cavañas rodeaba con sus fuerzas al enemigo. Concretado el armisticio, el Ejército de Belgrano cruzó el Alto Paraná y abandonó el Paraguay. La expedición de Belgrano en el Paraguay fracasó en lo militar pero triunfó en lo político, y contribuyó en quebrar el eje Asunción-Montevideo: “el ejército dejó preparada la revolución que debía sustraer más tarde el Paraguay a la dominación española, arrebatando un aliado poderoso a la reacción de Montevideo”(26).

Respecto aquella campaña de Belgrano, en las discusiones del gobierno de Buenos Aires se sugirió, por ejemplo, que Belgrano debía abandonar la expedición y retirarse con su Ejército a Corrientes, donde se colocarían baterías en la ciudad y sus alrededores para interceptar las comunicaciones fluviales del Paraguay; otras opiniones, en cambio, sostenían la conveniencia de continuar la campaña y formar una escuadrilla naval para apoyar y reforzar al Ejército de Belgrano, remontar el río Paraguay, atacar Ñeembucú y todos los puntos que encontrase en la navegación y ocupar Asunción(27).

Como el Ejército del general Belgrano en el Paraguay precisaba apoyo logístico, refuerzo de tropas y comunicaciones fluviales seguras, el gobierno de Buenos Aires creó finalmente una escuadrilla naval (goleta Invencible, bergantín 25 de Mayo y balandra Americana; comandante Azopardo). Esa iniciativa también respondió a la amenaza naval realista de Montevideo en la Cuenca del Plata, y a la necesidad de cortar los contactos fluviales entre Montevideo y Asunción (específicamente, interceptar los auxilios militares que Montevideo enviaba al Paraguay). Según Ricardo Piccirilli, el predominio de la escuadra realista de Montevideo en la Cuenca del Plata podría “consolidar un poderío incontrastable, como hubiera resultado de la unión de los españoles de la Banda Oriental con los del Paraguay y el Alto Perú”(28); eso mismo resaltó Francisco Bauzá al decir del Paraguay que su “conquista era indispensable para evitar la fusión de los elementos de aquella provincia con los de Montevideo, impidiéndoles constituirse en un poderoso núcleo de fuerzas enemigas”(29).

Sobre el Paraguay, las Instrucciones dadas a Azopardo por el gobierno de Buenos Aires(30) indicaban que “Teniendo noticia que vienen algunos barcos del Paraguay, elegirán el lugar más a propósito para asegurar su presa”(31); que “Teniendo noticia el gobierno que el bergantín Cisne y otro más de guerra, han salido de Montevideo, convoyando dos lanchas que van cargadas de fusiles, y municiones en auxilio del Paraguay, procurará (…) no atacarlos hasta que bien entrados en el río Paraná se les inutilice la retirada”(32); y, finalmente, que “Si en la navegación tuvieren noticias de los indicados barcos de Montevideo: no alcanzándolos hasta Corrientes, los seguirán precisamente aunque sea hasta el mismo Paraguay, y hasta verificar su presa”(33).

La escuadrilla de Azopardo fue vencida en el combate naval de San Nicolás (2 de marzo de 1811) por una fuerza realista de Montevideo al mando de capitán de fragata Jacinto de Romarate. El 4 de marzo de 1811 la Junta comunicó a Belgrano esa derrota y, en referencia al Paraguay, señaló:

  Se previene a Santa Fe, que la tropa del regimiento de castas (si aún no hubiese verificado su pasaje a la Bajada) lo precipite antes que lo intercepten los buques [de Montevideo]: y como es de presumir, que aunque las principales fuerzas de ellos sigan a su destino de la Asunción, dejen algunos buques menores bloqueando el paso de la Bajada [Paraná], y algún otro más arriba, es necesario que […] esté advertido que el refuerzo de 600 hombres […] va prevenido de tentar paso en alguno de los varios puntos del Paraná en el caso de que encuentre impracticable el de la Bajada(34).

Unos días después de San Nicolás, se produjo el combate de Tacuarí (9 de marzo de 1811), donde el Ejército porteño fue atacado por una escuadrilla naval sutil paraguaya. La pérdida de la escuadrilla de Azopardo privó a Belgrano de los necesarios auxilios y dificultó las comunicaciones para su retirada del Paraguay; los realistas de Montevideo, por su parte, dejaban aislado a Belgrano y mantenían el dominio fluvial de la Cuenca del Plata y libres las comunicaciones con Asunción.

En abril de 1811 el virrey Elío envió desde Montevideo 3 buques con armamento al Paraguay para reforzar al gobernador Velasco. Para asegurar la llegada de ese auxilio, una escuadrilla naval paraguaya conducida por el comandante de Ñeembucú Jaime Ferrer (7 buques y unos 300 hombres), ocupó la ciudad de Corrientes (17 de abril de 1811). En esa acción fue apoyado por los europeos que residían en la ciudad. La resistencia fue imposible por no contarse con elementos para la defensa. Ferrer aumentó su fuerza naval con algunas embarcaciones menores, buques mercantes y los 3 barcos llegados de Montevideo, y exigió al cabildo correntino adhesión al Consejo de Regencia y al virrey Elío. Jaime Ferrer y Blas José de Rojas estuvieron a cargo de la ocupación de Corrientes.

La permanencia de los paraguayos en Corrientes se extendió desde el 17 de abril al 6 junio de 1811. Al producirse las jornadas del 14 y 15 de mayo de 1811 (deposición de Velasco), la fuerza paraguaya finalizó la ocupación de Corrientes (16 de mayo de 1811) y poco después evacuó totalmente la ciudad (6 de junio de 1811)(35).

El cambio político que se produjo en el Paraguay a partir de las jornadas de 1811 (14 y 15 de mayo y 20 de junio), quebró el eje fluvial Asunción-Montevideo, y, como consecuencia, los marinos realistas del Apostadero de Montevideo extendieron sus hostilidades navales también contra el Paraguay.

A principios de julio de 1811 las autoridades de Corrientes expresaron a la Junta Superior Gubernativa de Asunción sus temores de que la ciudad de Corrientes fuera atacada por fuerzas navales realistas de Montevideo. En respuesta a ello, la Junta asuncena ordenó al Comandante de la Frontera Sur enviar tropas y armamento para la defensa de Corrientes. Esta provincia era la antesala del acceso al Paraguay desde el Sur y el gobierno de Asunción podía utilizarla como defensa adelantada del territorio paraguayo.

El 19 de julio de 1811 se presentó frente a Corrientes una escuadrilla naval de Montevideo al mando del teniente de fragata Manuel de Clemente y Miró, que navegaba por el Paraná. El jefe naval solicitó víveres y exigió que se reconociera al Consejo de Regencia. El 23 de julio la escuadrilla bombardeó la ciudad. En esos momentos llegaron auxilios desde el Paraguay (una balandra artillada, cañones y tropas), que colaboraron con los correntinos en la defensa de la ciudad. Al no lograr mayores resultados, la escuadrilla realista se retiró de la zona el 27 de julio.

En mayo de 1812, por noticias de que una escuadrilla realista surcaba el Paraná, Corrientes pidió auxilios al Paraguay. La Junta de Asunción respondió al pedido y envió tropas, artillería y una embarcación armada; además, se defendieron con baterías algunos puntos del litoral fluvial. Paralelamente, el 17 de mayo de 1812 buques realistas atacaron la Bajada (Paraná) para apoderarse de una goleta procedente del Paraguay(36). En agosto del mismo año una fuerza naval realista se enfrentó en Santa Fe a 3 buques que venían del Paraguay y los apresó(37). Igualmente, buques mercantes paraguayos sufrieron ataques mientras navegaban el Paraná, por parte de algunas poblaciones ribereñas y de las fuerzas artiguistas que operaban en el área rioplatense. Corrientes, por su parte, armó buques corsarios(38) para luchar contra los realistas de Montevideo y proteger la navegación fluvial.

Agobiado Paraguay por el bloqueo a los ríos, la Junta Superior Gubernativa envió un delegado ante el comandante de la escuadrilla realista que operaba en el Paraná para solicitar la libre navegación fluvial y comercial entre Asunción y Montevideo pero esa comisión fracasó.

En tanto, en el frente fluvial Norte, sobre el río Alto Paraguay, los portugueses tomaron Fuerte Borbón (hoy Fuerte Olimpo) a mediados de 1812. Para desalojarlos, se envió una expedición naval paraguaya comandada por Fernando de la Mora, pero los portugueses se retiraron de allí a fines de ese año.

A principios de 1813 se envió desde Montevideo una importante fuerza naval con tropa de desembarco, comandada por el capitán Antonio Zavala y el corsario Rafael Ruiz, para interceptar el tráfico fluvial del Paraná hasta el Paraguay, destruir las baterías costeras y obtener víveres para Montevideo. Esa fuerza fue derrotada en el combate de San Lorenzo por los granaderos al mando de San Martín (3 de febrero de 1813).

Durante la primera mitad del año 1814 la actividad naval se concentró en el Río de la Plata, donde la escuadra de Buenos Aires al mando de Guillermo Brown derrotó a las fuerzas navales realistas en Martín García, Buceo y Montevideo (marzo-mayo de 1814). Esos triunfos navales fueron decisivos para la toma de Montevideo (23 de junio de 1814). Es por ello que el Paraguay se vio libre de las agresiones navales de los realistas; sin embargo, sufrió la hostilidad de las fuerzas del caudillo oriental José Artigas, que recorrían el dilatado litoral fluvial del Paraná y Alto Paraná.

Paraguay y la caída de Montevideo. Conclusiones.

En el momento en que se produjo la caída de Montevideo (23 de junio de 1814), en la flamante República del Paraguay se desarrollaba, desde 1813, el gobierno del Consulado, en el cual predominaba, claramente, la figura del doctor Rodríguez de Francia. En el contexto de cambio político y estratégico de la situación del Río de la Plata, en las masas se hizo cundir la creencia de que solamente un hombre del carácter y talento de Francia sería capaz de afrontar la grave situación ocasionada por la ruptura con Buenos Aires. Fue traído a colación el ejemplo de Roma, que en emergencias semejantes dejaba en manos de un dictador la defensa de la patria(39).

Justamente, a causa de su influencia política personal y del nuevo escenario rioplatense, el 3 de octubre de 1814 un nuevo Congreso reunido en Asunción puso fin al gobierno del Consulado y designó al doctor José Gaspar Rodríguez de Francia Dictador Supremo de la República del Paraguay.

Durante el período 1810-1814 los distintos gobiernos del Paraguay hispano e independiente fueron conscientes de la importancia de contar con medios navales adecuados a la configuración claramente fluvial del territorio para contribuir con la defensa nacional. Los ríos que rodeaban al Paraguay eran vitales para la existencia del país (dada su condición de territorio mediterráneo), y justamente sobre ellos se concentraron los objetivos de la defensa; por otra parte, los ríos interiores eran valiosas barreras para proteger Asunción y el resto del territorio de incursiones desde distintas direcciones. Para el Paraguay, la provincia de Corrientes poseía un significado especial, ya que era la vanguardia o punta de lanza para proyectarse hacia el Río de la Plata (clave para el comercio y las vinculaciones con el mundo exterior), a la vez que servía como antemural y defensa adelantada.

La caída de Montevideo en poder de Buenos Aires dificultó al Paraguay la apertura de su comercio y sus relaciones con el exterior a través del Río de la Plata y el Atlántico, a la vez que provocó la formación de un dilatado frente de potenciales conflictos en el Sur, de fuerte cuño fluvial, donde predominaba Buenos Aires (como lo demostró, por ejemplo, la invasión del territorio paraguayo por la Triple Alianza en 1866). Dicha situación reforzó el aislamiento y la mediterraneidad del país.

El eje fluvial realista Asunción-Montevideo vigente entre la segunda mitad de 1810 y mediados de 1811 ejerció una influencia significativa en el escenario rioplatense del período 1810-1814, ya que constituyó un obstáculo para los proyectos revolucionarios y la estrategia militar de Buenos Aires y un doble frente de ataque, a manera de pinza, sobre la Capital porteña (desde el Norte y el Sur). Antecedentes de ese eje ya se habían manifestado en la ayuda militar que prestó Asunción para luchar contra portugueses e ingleses en la Banda Oriental (1680-1807).

Décadas más tarde, la Cuenca del Plata asistió a una nueva versión del eje Asunción-Montevideo, que también se manifestó contrario a Buenos Aires y tuvo importante influencia en la región rioplatense: el que se formó entre 1862 y 1865, en los años previos a la guerra de la Triple Alianza (1865-1870), cuyas cabezas en Asunción y Montevideo fueron, respectivamente, el presidente paraguayo mariscal Francisco Solano López y los gobiernos del Partido Blanco de la República Oriental del Uruguay.

El histórico eje Asunción-Montevideo se encuentra hoy ampliado a Argentina, Brasil y Bolivia y materializado en la gran Hidrovía Puerto Cáceres-Nueva Palmira. Esa Hidrovía comprende la Cuenca del Plata, y constituye un eje articulador e integrador de diversos intereses económicos, comerciales, políticos, estratégicos y culturales, que, además, podrá ser de utilidad para asuntos vinculados con la defensa.

Es importante destacar que, finalizada victoriosamente la campaña naval de 1814 sobre Montevideo, el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata produjo una situación de desarme naval al disolver prácticamente la escuadra, que quedó reducida a su mínima expresión (venta o remate de buques; licenciamiento del personal naval). Dicha actitud demostró la falta de conciencia marítima del gobierno, lo cual habrá de caracterizar por muchos años a los gobiernos argentinos, y que generará una conducta repetida durante décadas: “aparecido el peligro o la amenaza exterior, deberá improvisarse, por inexistente, una nueva escuadra, y logrado el triunfo con la así formada, se la desconocerá y venderá, reiniciándose el ciclo”(40). El desarme naval de 1814 impidió que las Provincias Unidas del Río de la Plata tuvieran la iniciativa en la Cuenca del Plata. Ello perjudicó a nuestro país en el contexto de las guerras civiles en el litoral y de las fricciones con los portugueses del Brasil (1815-1821) y de la guerra contra el Imperio del Brasil (1825-1828).

El desarme naval fue una constante de la política de defensa argentina desde 1814 hasta 1874 (inicio de la presidencia de Domingo F. Sarmiento). Esa observación debe llevarnos a la reflexión. La República Argentina es un país marítimo, fluvial y antártico, razones que justifican, plenamente, la necesidad de poseer un poder naval acorde con los intereses nacionales en el Atlántico Sur, la Cuenca del Plata y la Antártida Argentina. (Teodoro Caillet Bois Historia naval argentina, pp. 109-112).