Congreso Internacional de Historia
Bicentenario de la Campaña Browniana en el Rio de la Plata (1814-2014)

ESCUELA DE DEFENSA NACIONAL, 22 y 23 de octubre de 2014. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


"Consideraciones geopolíticas, estratégicas y tácticas del combate de Martín García" por el Lic. Roberto Fernández
 
   
   
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Los resultados tácticos de una acción militar no se circunscriben generalmente al resultado obtenido, sino que sus consecuencias se difunden y condicionan el curso posterior de los acontecimientos. Sin embargo en algunos casos esas consecuencias se producen en forma exponencial y alteran los escenarios conformados con anterioridad al enfrentamiento armado, dejando un nuevo esquema estratégico que en su estructura resulta diametralmente diferente con la realidad anterior al hecho militar.

Ese es el caso del combate naval de Martín García (ocurrido entre el 11 y el 15 de marzo de 1814), el cual no siempre ha sido sopesado en toda su magnitud y mucho menos en la forma en que contribuyó al cambio del escenario geopolítico y estratégico después de su ocurrencia.

Para tener una adecuada visión de las circunstancias históricas, el presente trabajo aporta al lector, un análisis de la situación estratégica y geopolítica desde la creación del Virreinato del Río de La Plata. La fractura en la concepción estratégica significó, tanto para los revolucionarios americanos como para los realistas leales a la península, la ruptura del eje estratégico Buenos Aires – Montevideo.

Finalmente, como una acción táctica, el combate fluvial de Martín García representó un replanteo de la relación de fuerzas, no solo en el escenario de la Cuenca del Plata sino de sus proyecciones en el resto del continente.

Se ha evaluado además, la forma en que la miopía política geocrática del gobierno de Buenos Aires privó a las Provincias Unidas de un elemento de proyección de su poder e inculcó (inconscientemente) una cultura de espaldas al mar, que posicionó al país a una servidumbre estratégica muy anterior a su confinamiento en una división del trabajo internacional producida en la década de 1880.  

La toma de Montevideo por parte de las fuerzas partidarias del movimiento iniciado en Mayo de 1810 no quedó circunscripta a una mera operación militar ya que la importancia intrínseca de esta ciudad arranca en la misma constitución del Virreinato del Río de La Plata y logra una dimensión más adecuada a la realidad cuando se la contextualiza en el escenario político y militar de la época y en las repercusiones que generara su captura. La caída de esa plaza vital del dominio español en el teatro americano solo fue posible luego de la victoria del combate de Martín García que permitió cerrar en forma efectiva el cerco que se había extendido en torno a la ciudad y posibilitó dar un vuelco a favor de las armas americanas a la relación de poder imperante en la Cuenca del Plata.

Considerando lo expresado se analiza la articulación de los territorios virreinales como escenario de fondo de los hechos castrenses y geopolíticos que se van a suceder y que desembocarán en la expulsión de la ocupación realista de la ciudad de Montevideo y las consecuencias que la misma reportó en las dimensiones estratégicas y geopolíticas, condicionando el curso de los acontecimientos del proceso independentista.

La creación del Virreinato del Río de la Plata por Real Cédula de Carlos III del 01 de Agosto de 1776 a propuesta de su ministro de Indias Don José de Gálvez y Gallardo constituyó un hito importantísimo a nivel político pero principalmente desde el punto de vista de la decisión y estructuración estratégica de esta parte del mundo.

Este virreinato fue el último en ser creado antes de la fragmentación el imperio español en América y será la reafirmación de una política de consolidación de sus territorios conforme el derrame expansivo y colonizador español que se había dado de norte a sur del continente americano.

Así precedieron a la creación de nuestro virreinato los siguientes:

  • El primer virreinato creado en el nuevo mundo fue el Virreinato de la Nueva España, ubicado en la zona de América del Norte y América Central, instaurado por Real Decreto de Carlos I, el 1 de enero de 1535, aunque la instauración oficial se realizó el 8 de marzo del mismo año. 
  • Le siguió en orden de génesis el Virreinato del Perú, creado por el mismo monarca, por medio de la Real Cédula firmada en Barcelona el 20 de noviembre de 1542. Si bien esta organización territorial compitió en importancia con la mencionada precedentemente, pronto la aventajó no solo en producción y girado de riquezas a la metrópolis sino también en extensión territorial y en variedad de ambientes y por consiguiente en particularidad de pueblos y desafíos. De este virreinato dependían administrativa y políticamente las regiones que posteriormente conformarán el del Río de La Plata.
  • Finalmente el Virreinato de Nueva Granada, o de Santa Fé, creado por el rey Felipe V el 27 de mayo de 1717 dentro de la nueva política de los Borbones y suspendido en 1724, por problemas financieros. Se procedió a reinstaurarlo en 1739 hasta que el movimiento independentista lo disolvió nuevamente en 1810. En 1815 al ser reconquistados los territorios que lo componían por el ejército del rey Fernando VII comandado por Pablo Morillo y Morillo, se procedió a restaurar nuevamente el virreinato hasta que el ejército patriota revolucionario logró la independencia definitiva del poder español en 1819. 

Nuestro virreinato del Río de la Plata fue concebido como una unidad político-administrativa-militar que debía tender a satisfacer una serie de problemáticas que se habían suscitado en la administración española de sus territorios del nuevo mundo, donde ya se había consolidando la tendencia consistente en que las victorias militares españolas concretadas en territorios americanos se eclipsaban o neutralizaban por los más modestos resultados obtenidos por la misma corona en sus luchas en teatros europeos y muy especialmente por la incapacidad diplomática que parecía entronizarse en cada tratado que ponía fin a una contienda armada, así América funcionaba como elemento de trueque para morigerar los resultados negativos de las armas y la diplomacia española en Europa.

La situación estratégica en esta parte del imperio español podría resumirse de la siguiente manera:

  • La vastedad de los espacios representó un grave problema de por sí, máxime si se tiene en cuenta los pequeños territorios con que comparativamente contaba Europa y que implicaron para los españoles en el Nuevo Mundo un verdadero impacto psicológico al momento de iniciar la conquista y la necesidad de un cambio cultural y estratégico para administrar esta parte del mundo a medida que afianzaban su conocimiento sobre los mismos y su colonización.

Se hace necesario considerar que aún al momento de la creación del virreinato no existió un relevamiento que tan siquiera pudiera considerarse apropiado de las tierras que lo conformaron en cuanto a las características topográficas e inventario de recursos que en ellas existían.

  • Las comunicaciones y los medios de transporte de la época agudizaron esta servidumbre estratégica y facilitaron la realización de hechos consumados de difícil neutralización cuando se tomaban conciencia de ellos.

Si bien el Utis Possidetis fue el principio legal establecido y aceptado por España y Portugal, los gobernantes de éste último no escatimaron artilugios alambricados para asegurar la continuidad  de hecho de sus expansiones o bien transformarlas en moneda de trueque para lograr ventajas en los tratados diplomáticos, como sucedió con Colonia del Sacramento.
En este contexto las vías fluviales se mostraron no solo como arterias de penetración hacia el interior continental sino también como espacios relativamente menos azarosos que los recorridos terrestres y de marcada economía de esfuerzos al momento de sacar a través de ellos los frutos de la tierra, de allí la importancia de su control absoluto o cuando menos de su dominio.

  • La dimensión espacial reportó una variedad de teatros de operaciones potenciales que no pudo ser atendidos satisfactoriamente desde Lima y que demandó una presencia disuasiva más cercana.

A este respecto debemos considerar que instalando la capital del nuevo virreinato en la otrora periférica Buenos Aires se produjo un verdadero cambio de peso estratégico del frente Pacífico, al cual siempre se había enfrascado Lima, hacia el frente Atlántico y en latitudes más australes y cercanas a los pasos interoceánicos.

Si bien el Virreinato del Perú perdió una más que significativa superficie territorial dejó de atender, aunque nunca lo pudo hacer en forma eficientemente fáctica, un peligroso doble frente invertido y de tal manera pudo centrarse en el seguimiento y neutralización de las amenazas venidas principalmente del escenario del Pacífico.

La situación estratégica internacional se modificó sustancialmente y arrastró tras de sí a estos territorios, ello se debió en gran medida a que a partir del siglo XVIII se produjo una variación esencial en los competidores estratégicos de España en la región:

A) Por un lado los portugueses, que si bien construyeron un imperio colonial lo hicieron en forma difundente  (en una expansión como mancha de aceite  sobre una superficie de agua) partiendo de una delgada franja de terreno sobre las costas del Atlántico para adentrarse hacia el corazón continental y paulatinamente fueron fagocitando los territorios menos protegidos de los españoles; piénsese al respecto que a partir de 1763 se traslada la capital del Estado de Brasil de Salvador de Bahía a Río de Janeiro y desde entonces se consideró que fácticamente funcionó el virreinato del Brasil dentro de la corona portuguesa aunque no existe a la fecha un documento oficial preciso que lo estableciera.

La situación anterior se verá dimensionada positivamente para las aspiraciones lusitanas cuando se produce la expulsión de la Compañía de Jesús y con ello la pérdida del antemural defensivo que significaban las misiones en tierras de guaraníes para contener el avance de la bandeira portuguesa.

Reafirmando lo manifestado precedentemente debemos considerar que; consciente Portugal del las dificultades para avanzar hacia el interior americano valoriza significativamente la red fluvial y establece como uno de sus objetivos el dominio de las nacientes de los sistemas hídricos; tendencia a la que adscribirán sus herederos americanos o sea los brasileños.
 
B) Por otro lado los ingleses en 1765 / 66 comenzaron sus acciones sobre el archipiélago de Malvinas(1)por considerarla la base de recalada más eficiente para enfrentar las dificultades del paso interoceánico de Magallanes y muy especialmente el paso de Drake, así como también pretendieron transformar esa ocupación en un elemento de irradiación sobre las costas patagónicas y en caso de necesidad un foco perturbador en esas despobladas latitudes(2).

Entonces, para España y su imperio, aparecieron no solo dos competidores a su poder en estos territorios sino que por el manejo que esos adversarios hacían de los medios incrementaron sustancialmente las complicaciones y servidumbres con que el mismo escenario natural jaqueaba a los españoles.

  • La lejanía de los verdaderos centros de poder consolidados del dominio español, principalmente de Lima,  tornó a los territorios integrantes del nuevo Virreinato del Río de La Plata a ser más proclives para las líneas de penetración y expansión de imperios rivales como el Portugués y de plazas de irradiación como las que pretendieron los ingleses, por ser zonas de menor resistencia táctica y estratégica dentro de la política española.

Esta situación no solo favoreció el accionar de las potencias competidoras de la metrópoli española en América sino también alentó situaciones de debilidad en la cohesión territorial y social, como por ejemplo reacciones a disposiciones emanadas de la corona (por ejemplo como lo constituyó la llamada “Representación de los Hacendados”) y la delicada red establecida por la necesidad de neutralización del contrabando ante un centro colonial  que ya no dominaba fluidamente su relación monopólica con sus colonias y por otro lado las necesidades insatisfechas de los moradores de estas tierras que encontraron países predispuestos a satisfacerlas y que llevaron inclusive a que los afincados en estos lugares se enriquecieran con ese comercio ilegal indirectamente reforzado y hasta estructuralmente permitido por la decadencia española.

La extensión geográfica de nuestro virreinato quedó determinada en la Real Ordenanza de Intendentes de Ejército y Provincia del 28 de enero de 1782 que procuró estructurar las unidades territoriales-gubernamentales aunque no pudo eludir lo difuso de los límites cuando se sostiene en el Artículo 1° de dicho documento:

“A fin de que mi Real voluntad tenga su pronto y debido efecto, mando dividir por ahora en ocho Intendentes el distrito de aquel Virreinato, y que en lo sucesivo se entienda por una sola Provincia el territorio o demarcación de cada Intendencia con el nombre de la Ciudad o Villa que hubiese de ser su Capital, y en que habrá de residir el Intendente quedando las que en la actualidad se titulan Provincias con la denominación de Partidos, y conservando estos el nombre que tienen aquellas. Será una de dichas Intendencias la General del Ejército y Provincia que ya se halla establecida en la Capital de Buenos Aires y su distrito privativo será todo el de aquel Obispado. Las siete restantes, que han de crearse, serán solo de Provincia; y se habrá de establecer una en la Ciudad de la Asunción del Paraguay, que comprenderá todo el territorio de aquel Obispado; otra en la Ciudad de San Miguel del Tucumán debiendo ser su distrito todo el Obispado de este nombre; otra en la Ciudad de Santa Cruz de la Sierra, que será comprensiva del territorio de su Obispado; otra en la Ciudad de Paz, que tendrá por distrito todo el Obispado del mismo nombre, y además las Provincias de Lampa, Carabaya y Azángaro; otra en la Ciudad de Mendoza, que ha de comprender todo el territorio de su corregimiento, en que se incluye la Provincia de Cuyo; otra en la Ciudad de La Plata, cuyo distrito será el del Arzobispado de Charcas, excepto la Villa de Potosí con todo el territorio de la Provincia de Porco en que está situada, y los de los de Chachanta o Charcas, Atacama, Lípez, Chichas y Tarija , pues estas cinco Provincias han de componer el distrito privativo de la restante Intendencia, que ha de situarse en la expresada Villa, y tener unida la superintendencia de aquella Real Casa de Moneda, la de sus Minas y Mita, y la del Banco de recates con lo demás correspondiente. Y las expresadas demarcaciones se especificarán respectivamente en los títulos que se espedieren a los nuevos Intendentes que Yo elija, pues me reservo nombrar siempre y por el tiempo de mi voluntad para estos empleos personas de acreditado celo, honor, integridad y conducta, como que descargaré en ellas mis cuidados, cometiendo al suyo el inmediato gobierno y protección de mis Pueblos.” Audibert, Alejandro (1892). «Capítulo IX». Los límites de la antigua provincia del Paraguay. Buenos Aires: La Economía de Iustoni Hnos. y Cia.
(Extraído del sitio http://boliviahistoriayliteratura.blogspot.com.ar/2013/06/atacama-intendencia-de-potosi-y-el.html).
   
  Mapa de las jurisdicciones que integraban
el Virreinato del Rio de la Plata

(Extraído de: www.google.com.ar/search?q=virreinato+
del+rio+dela+plata&rlz=1C1VASU_enAR543AR544&es_
sm=122&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ei=
64GCU7_LCIq-sQSOjoKoBQ&ved=0CDQQsAQ&biw=
1360&bih=667#facrc=_&imgdii=_&im)

Si importancia revistió la organización interna del virreinato más aún, desde nuestro punto de vista, lo era un cinturón defensivo de sus dependencias que estableció una verdadera barrera de espacios amortiguadores a las presiones y hostilidades de potencias exteriores a través de las unidades territoriales que conformaron cuatro gobiernos o provincias subordinadas con fuerte basamento militar que fueron las siguientes:

  • El gobierno político y militar de Misiones o bien gobierno de los Treinta Pueblos de las Misiones Guaraníes: en su esfera de acción estuvo la administración de los territorios que dejaron abandonados los jesuitas luego de su expulsión y que conformaron una verdadera barrera de contención contra las bandeiras provenientes de los territorios portugueses. No contó con una vida política constante entre 1770 y 1810, año en que su gobernador interino reconoció a la Junta Porteña de Buenos Aires, transformándose en gobernador de Misiones desde el 23 de julio de ese año.
  • El gobierno político militar de Moxos o Mojos: fue un área administrativa y militar que comprendió gran parte del actual departamento de Beni en la República de Bolivia. La principal característica de la zona estuvo dada por sus espacios vacíos que pudieron ser transitados por fuerzas enemigas.
  • El gobierno político militar de Chiquitos: el dominio territorial de esta dependencia virreinal se encontró aproximadamente ubicado entre el río Guapay hasta las proximidades del río Paraguay y fue disuelto con anterioridad a los otros.
  • El Gobierno Político y Militar de Montevideo:  Comenzó su operatoria a partir de 1751 con el objeto de hacer más eficiente el control de la margen izquierda del Río de La Plata, para lo cual contaba con excelentes condiciones naturales, superiores a las de Buenos Aires pues  a su excelente puerto natural (que comprendía una pequeña bahía relativamente cerrada con playas accesibles en cuyo lado oeste existía un cerro suficientemente elevado para avistar navíos que se aproximaban e inclusive fortificarlo y armarlo) se sumó un territorio colindante de praderas suavemente onduladas que permitió la explotación agrícola y ganadera así como también la inexistencia de una población originaria numerosa que impidiera el desarrollo de la colonización española. La  banda oriental del río se tornó el barómetro de poder en el Río de La Plata entre las presiones y expansiones lusitanas y las reconquistas españolas, no estando exentas las actividades provocadoras de Inglaterra y las concreciones de acciones efectivas contra España en la permanente alianza entre Albión y los portugueses, ya sea con miras de beneficiar su comercio o simplemente de crear focos de desestabilización.

    Por consiguiente desde los inicios mismos de su existencia Montevideo surgió como una pieza clave en los planes defensivos españoles en la región, conformando una dupla estratégica con Buenos Aires para guarecer el Río de La Plata como río interior y de navegación cerrada para quienes no pertenecieran al imperio español o bien para quienes España no autorizara a surcar sus aguas.

    En este sistema Montevideo aseguraba la conectividad externa y dotaba de protección al núcleo vital que debía conformar Buenos Aires, quedando irresolublemente comprometido en el hinterland de la capital virreinal.

    Si bien primitivamente se le asignó a Montevideo como su natural jurisdicción un control efectivo y directo de aproximadamente 70 kilómetros (cerca de dos días de cabalgata de la época) ya en 1784, por disposición del virrey Marqués de Loreto se colocó bajo la jurisdicción de ella el puerto de Maldonado y a los fuertes de Santa Teresa y Santa Tecla y luego, en 1788, el mismo funcionario amplió la jurisdicción hasta los ríos Negro, Uruguay y de la Plata, incluyendo Colonia del Sacramento, Real de San Carlos, Rosario, Víboras, Vacas, Santo Domingo de Soriano, Maldonado, Pueblo nuevo de S. Carlos, Santa Teresa, Santa Tecla y demás de aquel continente.

    Así Montevideo se tornaba un verdadero sistema defensivo para la protección de Buenos Aires, aunque no exento en la realidad de una autonomía geopolítica que le permitiera lograr su principal objetivo: conformar una dupla de poder con la actual capital argentina transformando al Plata prácticamente en un lago interior.

    Al momento del surgimiento de la Junta de Gobierno Autónoma de Buenos Aires, estuvo bajo jurisdicción de Montevideo las villas de San Juan Bautista (Santa Lucía), Guadalupe (Canelones), San José, las tres contaban con sus respectivos cabildos, y los partidos judiciales de Pando, Las Piedras y Porongos (Trinidad).

    De la misma manera que se extendió la influencia territorial y la importancia político militar de la ciudad también lo hizo la proyección marítima de su puerto.

    Desde 1769, luego de la expedición de Madariaga a las Islas Malvinas, se dispuso que una corbeta con base en Montevideo relevase a otra que se encontraba en el archipiélago malvinense en una rotación anual, estableciéndose así fácticamente una estación naval en el puerto platense de la Banda Oriental; esta situación cristalizó en la creación por Real Cédula de Carlos III del 9 de agosto de 1776 del Apostadero Naval de Montevideo(3), con jurisdicción sobre la cuenca del Plata y el Atlántico Sur; por consiguiente la dupla geopolítica Buenos Aires – Montevideo(4)para el cuidado y protección de los territorios australes logró su institucionalización, habida cuenta que los territorios patagónicos fueron a depender de la gobernación de Buenos Aires y la custodia de su frente marítimo y el abastecimiento de los pocos y débiles asentamientos patagónicos de la corona fueron a quedar a cargo de Montevideo en forma principal o colaborativa con la capital del Virreinato.  

    Todas las providencias tendieron a consolidar el rol de Montevideo como pieza clave del dispositivo de seguridad naval virreinal, como por ejemplo cuando el 26 de noviembre de 1776 por nueva Real Cédula se determinó que los barcos procedentes de España y que tenía por destino el Océano Pacífico debían ser registrados por las autoridades de Montevideo.

    Por consiguiente el espacio otorgado al nuevo virreinato procuró una unidad territorial dotada de una concepción estratégica que tendió a un alto grado de autoabastecimiento, con capacidad de movilización y respuesta concreta a las exigencias inmediatas de los conflictos que se generaran con los lusitanos e ingleses y estableció por medio de las gobernaciones militarizadas la creación de territorios tapones que neutralizaron las líneas de penetración y expansión sobre dominios españoles y dotaron de seguridad a los territorios considerados centrales como por ejemplo el eje existente entre las ciudad de Buenos Aires y las provincias del actual noroeste argentino y el Alto Perú interconectadas por el Camino Real y que conformaron una verdadera yugular de crecimiento en esta zona de América(5).

    De más está sostener que este complicado encastre de territorios también buscó minimizar las tendencias disociadoras internas como la arbitrariedad que pudieran ejercer los funcionarios alejados de sus cadenas de mando, la corrupción de la administración pública y las redes del contrabando, situación que no siempre cristalizó en un buen gobierno y que en muchas ocasiones solo quedo circunscripta al terreno de los sus buenos deseos.

    Deberemos considerar además que la creación del virreinato significó administrativamente una jerarquización de estas tierras que no acababa en la mera visión cartográfica sino que implicó una consolidación de la administración con el nombramiento de nuevos y más especializados funcionarios y la posibilidad de contar, al menos nominalmente con el otorgamiento de mejores recursos materiales y humanos(6). La jerarquía virreinal permitió destinar mayor cantidad de funcionarios de carrera y especializados que ya no apreciaron este destino como un lugar de castigo o el estancamiento de sus carreras militares o civiles.

    Al ser destinados a cargos en la nueva administración los nuevos funcionarios alcanzaron un número suficiente de miembros idóneos, al menos para lo normal de la época, con el fin de que las juntas de guerra contaran entre los miembros que la integraban con verdaderos expertos en temas tácticos y estratégicos, conforme lo deja demostrado meridianamente el Coronel Peltzer en su estudio pormenorizado sobre el Acta de la Junta de Guerra del 17 de Julio de 1797, en que se puede apreciar el nivel de las previsiones que adoptaron en su oportunidad, así como las posiciones de los distintos integrantes que participaron de ella.

    La paulatina expansión desde la ribera de Montevideo hacia el interior del actual territorio uruguayo marcó claramente la evolución de la concepción estratégica hispánica al desenvolverse su espacio y función desde un glacis defensivo(7)hacia una territorio tapón(8)que aseguró el dominio de Madrid en todas las aguas del río de la Plata y a través de él en todo el resto de la cuenca, equilibrando además el condicionamiento geopolítico natural de la región, posteriormente sistematizado en las llamadas leyes de Erich Obst(9). Toda esta descripción nos sirve para tomar conciencia del escenario en que se desarrollaron los acontecimientos, de las relaciones de fuerza existentes entre los actores intervinientes y del complejo de relaciones emergentes entre ellos.

    Esta situación de competencia entre el poder político y el económico en el punto de confluencia de una cuenca hídrica fue intuitivamente advertida por los funcionarios españoles y a la concentración mercantil del poder generada por Buenos Aires, Montevideo actuó como un equilibrador dinámico de las influencias y presiones económicas, ya que sus condiciones portuarias superiores a las de la banda bonaerense la hicieron más apta para la presencia militar. Además los marinos españoles eran profesionales, generalmente provenientes de familias encumbradas y leales a la monarquía y proclives a sustentar tendencias políticas conservadoras, de allí lo poco propensos que resultaron muchos marinos españoles a abrazar la causa revolucionaria.

    El último virreinato no había logrado consolidarse para cuando las ideas y fuerzas autonómicas e independentistas llegaron a la costas americanas y los sucesos de mayo de 1810 marcaron esa ruptura cuando la Banda Oriental desconoció la autoridad de la Junta de Gobierno instaurada en Buenos Aires y se transformó en el verdadero baluarte de la presencia realista en estas tierras, tanto por la cercanía al foco revolucionario para protagonizar una acción neutralizadora sobre él, como por la calidad de los hombres que se mantuvieron leales al rey y por la estructural problemática que instauraron con las incursiones permanentes sobre la ribera de los ríos, de la cual el Plata era colector.

    Piénsese al respecto las acciones del Capitán de Navío Michelena en su incursión sobre el sudeste de la actual provincia argentina de Entre Ríos que logró tomar los pueblos de Concepción del Uruguay (06/11/1810);  Gualeguaychú  (18/11/1810 ) y Gualeguay (25/11/1810) y obligarlos a jurar fidelidad al gobierno de Montevideo; poblados que se mantuvieron bajo poder de los españoles hasta principios de 1811.

    Montevideo jaqueó la libertad de maniobra de las otrora Provincias Unidas del Río de la Plata tanto por su cercanía física como por su irradiación política, pero principalmente por su carácter militar de puerto más que apto para el tráfico oceánico y base de naves militares, al punto tal que a él respondió la guarnición de Carmen de Patagones única presencia efectiva en el litoral patagónico y establecimiento ubicado en la retaguardia de Buenos Aires, si bien imposibilitado de una operación efectiva por tierra y sumamente dificultosa por mar, pero que no dejaba de constituir un elemento dimensionante a las muchas preocupaciones defensivas que tuvo sobre sus hombros el gobierno de Buenos Aires.

    Por consiguiente el eje de poder Buenos Aires – Montevideo significó no solo una llave efectiva del dominio de la cuenca del Plata y la protección de territorios interiores de la misma; sino un verdadero sistema de equilibrio entre posiciones políticas dispares, que quedaron patentizadas en los posteriores enfrentamientos de Artigas con los gobiernos de Buenos Aires, especialmente con los directoriales, e inclusive de las acciones procuradas,  mucho tiempo después, por el Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, Juan Manuel de Rosas, sobre suelo uruguayo y que fueron apreciados por el Emperador del Brasil, Pedro II, como un intento de reconstrucción del otrora virreinato del Río de la Plata y por consiguiente como una amenaza hacia los dominios y libertad de maniobra del Brasil sobre la América del Sur; como podemos apreciar tendencias estratégicas generadas a la desaparición del Virreinato del Río de la Plata continuaron actuando dinámica y concretamente hasta bien entrado el siglo XIX y fueron base de conflictos diplomáticos inclusive durante el siglo XX.

En un resumen estratégico podemos evaluar la situación de la siguiente manera antes de producido el combate de Martín García(10):

  • Los españoles dueños del poder fluvial y naval.
  • La situación anterior les otorgó plena libertad de  maniobra.
  • Esa libertad de maniobra les permitió proyección de poder sobre territorios bajo la influencia de Buenos Aires, con generación de permanentes focos de intervención, con saqueos, toma de poblados y desordenes sobre las riberas fluviales.
  • Esto implicó un jaqueo concreto y psicológico sobre las acciones del gobierno revolucionario; en una vigilia estratégica ante la posibilidad de una acciones de mayor escala que podría protagonizar una fuerza de tareas importante mandada desde España y que encontraba una plataforma de maniobra más que cercana para atacar a la cabecera de la revolución americana. Al respecto mencionemos el reforzamiento que experimentaba la plaza de Montevideo desde fines de 1813 y principios de 1814 merced al dominio del espacio fluvial y marítimo por parte de los realistas.
  • Se constituyó también en la posibilidad de sostenimiento y de refugio para las acciones contrarrevolucionarias, como por ejemplo el Motín encabezado por Martín de Alzaga el 06/07/1812.
  • Buenos Aires poco pudo solicitar los auxilios de otras potencias o reclamar un parcial reconocimiento a su gobierno autónomo cuando no se encontró en condiciones de demostrar un dominio efectivo sobre su hinterland de influencia inmediata.
  • La situación referida agudizó los problemas militares en que se encontraba y colocó al gobierno revolucionario en una situación de limitación estratégica notoria.

Por estas razones y en la imperiosa necesidad de asegurar la guerra continental independentista a partir de la consolidación del dominio efectivo y excluyente del sistema fluvial del Plata, respondiendo verdaderamente a los imperativos que marcaba la realidad geográfica y política del momento, se decidió la creación de un instrumento militar adecuado que lograra el respaldo de las acciones políticas que se pretendían realizar y que en una cronología muy sucinta podemos mencionar en los siguientes ítems:

01/03/1814 Se colocó al mando de la incipiente escuadra creada recientemente al Almirante Guillermo Brown.
08/03/1814 Primera salida hacia Martín García con tres naves (Hércules, Nancy y Céfiro)
09/03/1814 se reforzó la flota con cuatro naves más y se iniciaron las acciones contra el Capitán de Navío graduado Don Jacinto Romarate, comandante de las fuerzas realistas navales en la zona.
10 al 14/03/1814  Combate de Martín García.
15/03/1814 Comenzó el bloqueo de Montevideo.
16 al 17/05/1814 Combate de El Buceo
20/06/1814 Capitulación de Montevideo.
23/06/1814 Toma efectiva de la plaza de Montevideo y con ello concluyó el último baluarte del poder español en esta parte de América, marcando así la desaparición definitiva del Virreinato del Río de La Plata y la consolidación de Buenos Aires como centro de irradiación revolucionaria.

No entraremos en el detalle de las acciones militares del combate de Martín García, ya que escapan a la comprensión de este trabajo pero si se hace necesario el mencionar que se trató de una operación verdaderamente anfibia, en el actual sentido de la palabra, y que merced a la tenacidad demostrada por nuestros hombres, desde los oficiales hasta los voluntarios y el sentido de oportunidad táctica  de quien los comandaba, posibilitó revertir los comienzos adversos del combate netamente naval para concluir en la toma de la isla y la huida de los navíos españoles.

Entonces las acciones sobre Martín García deben ser analizadas como el primer peldaño de una concatenación de operaciones, por lo cual dignamente se la debe llamar campaña fluvio-naval;  que tuvieron por fin la caída de Montevideo y que dan la pauta de la manera en que un triunfo táctico puede determinar la variación sustancial de una situación estratégica.

Al respecto tengamos en consideración las siguientes dimensiones con relación al triunfo táctico y sus consecuencias:

  • Permitió la expulsión de los españoles de la isla, considerada como llave para la salida y entrada de la Cuenca del Plata. Plaza que no volverá a caer en poder de los realistas.
  • Privó a los españoles de una plataforma de maniobra avanzada y los limitó a la banda costera oriental.
  • Neutralizó su sistema de hostigamiento sobre territorio bajo dominio del gobierno de Buenos Aires.
  • Fracturó y atomizó el instrumento naval realista, confinando parte del mismo a los ríos interiores de la cuenca.
  • Fragmentó la acción coordinada de los comandantes navales españoles y privó de la intervención directa en los consejos y acciones militares a una figura de la capacidad técnica, moral y de don de mando como la que esgrimió  Jacinto Romarate.
  • Afectó las líneas de abastecimiento realistas, tanto aquellas que provenían del saqueo a las regiones interiores de la cuenca como las venidas de ultramar.
  • Incrementó el hacinamiento de la plaza de Montevideo, dado que uno de los objetivos realistas fue transformar la isla en un lugar de lazareto para las tropas enfermas o heridas.
  • El gobierno revolucionario obtuvo su primer triunfo fluvial con un instrumento militar específico de reciente creación, por no sostener (como bien podría hacerse teniendo en cuenta circunstancias objetivas en la constitución del mismo) de rápida improvisación.
  • Buenos Aires logró neutralizar un foco de perturbación y ataque directo sobre su zona de seguridad inmediata.

Como ya lo manifestáramos, esta victoria debe ser analizada también en sus consecuencias estratégicas, las que podríamos resumir en los siguientes puntos y que desarrollaremos en extenso más adelante:

  • Evitó la posibilidad de planificar y ejecutar acciones río arriba en los cursos del Paraná y Uruguay, lo que disminuyó sensiblemente la capacidad de proyección de fuerzas de Montevideo.
  • Permitió a los revolucionarios de Buenos Aires terminar el cerco del sitio sobre la ciudad de Montevideo al lograr cerrarlo por agua y verdaderamente volver efectivas las acciones de asedio.
  • Dejó en manos de la Junta de Buenos Aires un  espacio de amortiguación defensiva al quedar el río sin esta base realista, llevando el peso de las acciones a la Banda oriental.
  • Libró al comercio interno y externo por agua el puerto de Buenos Aires, al haber roto el bloqueo que impusieron las fuerzas realistas y emitió el mensaje que es posible revertir escenarios estratégicos adversos por parte del gobierno revolucionario de Buenos Aires.
  • Ello posibilitó mejorar el prestigio del gobierno revolucionario ya que este pudo argumentar el efectivo control de una zona que reclamaba como propia.
  • Psicológicamente conformó un traspié importante ya que enemistó al pueblo de Montevideo con gran parte de los marinos realistas, pues la escuadra auxiliar al mando de Capitán de navío José Primo de Rivera nunca prestó la ayuda solicitada por  el comandante Jacinto Romarate, situación que evidenció la desarticulación que sufrió el instrumento naval luego del enfrentamiento.
  • Buenos Aires se libró de un envolvimiento estratégico por el flanco y logró proyectar efectivamente su poder sobre el territorio de la Banda Oriental.
  • Los teatros de operaciones terrestres indirectamente fueron afectados en forma psicológica, especialmente los del Alto Perú y pronto las operaciones realistas se vieron estancadas en sus avances e inclusive dedicaron tiempo a consolidación de frentes, situación que reportó un  valioso tiempo estratégico a favor de Buenos Aires.

La acción de Martín García recolocó las piezas en el terreno estratégico y táctico para que Buenos Aires pudiera completar sobre el espacio fluvial el cerco terrestre que sobre la plaza de Montevideo desarrolló durante años y que no había sido en absoluto efectivo porque la misma plaza sitiada equilibraba su delicada situación en tierra con la libertad de maniobra que obtenía por los ríos, cuestión ésta que le permitía el abastecimiento de provisiones (algunos autores sostienen que la ciudad cercada llegó a recibir entre finales de 1813 y comienzos de 1814, como ya se mencionara previamente, unos nueve mil efectos entre militares y navales) e inclusive la comunicación con Europa, además de psicológicamente haber evitado la sensación de ahogo de los sitiados.

El completamiento del sitio fue posible a través de la conformación de una escuadra que se integró en forma apresurada, pero no por ello ineficientemente y que posibilitó que a partir del 15 de abril el Almirante Guillermo Brown, comandante de las operaciones, cumpliendo órdenes del gobierno de Buenos Aires comenzó el sitio por agua de la ciudad y de tal manera completó en forma efectiva el cerco sobre Montevideo.

Posteriormente y en muy corto plazo los sitiados intentaron romper el cerco que los oprimía  y ella fue la oportunidad aprovechada por el Almirante revolucionario para obtener el rotundo triunfo naval del Buceo (16/05/1814) por medio del cual el destino de la resistencia realista en América se encontró  sellado definitivamente con una herida de muerte.

La capitulación de los defensores de la ciudad puerto se firmó el día 20 de junio y el 23 de junio de 1814 el gobernador Vigodet entregó la plaza de Montevideo, el 6 de julio del mismo año se rindió el comandante Romarate y su escuadrilla  y finalmente se rindió la plaza de Carmen de Patagones, como corolario natural a la desaparición de Montevideo.

La desaparición del foco de resistencia realista cambió completamente la estrategia de la región al punto tal que la flota comandada por Morillo debió dirigir sus rumbos hacia el norte de Sudamérica ante la imposibilidad de contar con tan valioso puerto de recalada y base de operaciones, como se esperaba que fuera Montevideo, insuperable plataforma de maniobra por su cercanía, condiciones naturales y posibilidades de comunicación e inclusive de apoyo, en el caso algún inconveniente, para iniciar acciones sobre Buenos Aires con miras a sofocar el brote revolucionario.

Definitivamente los españoles dejaron de ser dueños de las aguas de la cuenca del Plata, lo cual le aparejó a la capital de las Provincias Unidas una seguridad táctica al ya no existir el peligro de un ataque concreto de fuerzas españolas en forma directa sobre la ciudad capital y un desahogo estratégico al poder proyectar sus operaciones militares en territorios no cercanos a su núcleo vital y estructurar y consolidar su hinterland.

Esa situación varió en forma significativa la opinión que sobre Buenos Aires tenían algunas potencias mundiales, como por ejemplo Inglaterra y los emergente Estados Unidos, quienes comenzaron a advertir la transformación de ella en un interlocutor válido en materia de Estados. Los británicos aportaron su apoyo diplomático y financiero mientras que los Estados Unidos facilitaron el contrabando de armas con estas tierras, por lo cual obtuvieron grandes ganancias sus empresarios, y apoyaron las acciones que Inglaterra procuraba en beneficio de los revolucionarios hispanoamericanos. 

La eliminación del poder español en la Banda Oriental permitió también descomprimir las presiones de ese frente que en determinado momento hubo adquirido proporciones catastróficas al combinarse en un mismo escenario no solo la oposición realista sino las ambiciones lusitanas a través del Brasil y las disconformidades de los sectores artiguistas.

Se neutralizó momentáneamente las ambiciones de volver a adueñarse de la margen del Río de la Plata por parte de los portugueses y esto repercutió también en un cambio diplomático en la relación entre Portugal y Gran Bretaña, haciendo que la segunda influyera para limitar la injerencia de la primera en los asuntos de la cuenca del río, situación que volvió efectivo lo dispuesto por el armisticio firmado en Buenos Aires el 27 de mayo de 1812 entre el gobierno de esa ciudad y el Teniente Coronel Juan Rademacher, enviado extraordinario de la corona de Portugal pero que siempre estuvo en vilo ante la imposibilidad de control efectivo de Buenos Aires de la zona.

Aunque no adecuadamente apreciado y menos aún conservado, la desaparición del poder español de Montevideo marcó la consolidación de la hegemonía naval de las Provincias Unidas del Río de La Plata y pudo, si se hubiera explotado adecuadamente, haber significado un vehículo de proyección de poder de los ideales revolucionarios y de jerarquización internacional del naciente Estado.

Lamentablemente la visión cortoplacista que al respecto tuvieron los hombres de gobierno de Buenos Aires costó caro al futuro de la nación emergente. Esta falta de previsión sobre el porvenir respecto del instrumento naval le reportó a las Provincias Unidas una actitud apática y laxa en la defensa del litoral patagónico y los pasos interoceánicos, situación que se agravó por la priorización permanente de escenarios de guerra que tuvieron que ver con el Alto Perú y las posteriores guerras intestinas del Plata, todas ellas centradas en el poder de decisión del instrumento militar terrestre.

Así puede constatarse en los hechos, como se produjo el triunfo de la visión geopolítica geocrática en detrimento de la realidad palpable de un país con un inmenso frente marítimo, una nutrida red de cuencas fluviales y la necesidad imperiosa de contar con una flota para comunicarse con el resto del mundo, dado su posición relativa excéntrica de los centros de poder y comercio global; no debe interpretarse que deberíamos haber adoptado sin más una postura talasocrático, pero si equilibrar el peso específico absoluto que le dimos a nuestro poder terrestre con una visión y acción adecuada de proteger y desarrollar nuestros intereses marítimos y fluviales.

Sin una flota mercante propia y un instrumento directamente proporcional para la salvaguardo de su territorio marítimo y fluvial y las riquezas que en ellos se abriga, el Estado Argentino se ha condenado a una servidumbre internacional inadmisible y de difícil reversión desde los albores de su nacimiento.

Esta debilidad estratégica fue adecuadamente explotada por Gran Bretaña no solo a nivel comercial sino también en el plano militar, manejándose en ese litoral austral con una prácticamente completa libertad de maniobra fáctica.

Martín García fue el primer paso concreto y efectivo que equilibró la descompensación táctica y el encierro estratégico que significó el avance de las fuerzas contrarrevolucionarias en el Alto Perú proveniente de la acción directa del Virreinato del Perú y de la caída de Chile(11). La rendición de la plaza de Montevideo; la cual solo fue posible a través de la victoria en Martín García como momento inicial de un vuelco estratégico, significó un estímulo de primer orden para el resto de los movimientos independentistas de los dominios hispánicos que se encontraban acosados por los triunfos de las armas reales, estas últimas sostenidas diplomáticamente por los principios restaurativos monárquicos emanados del Congreso de Viena  y de su órgano militar ejecutor, la Santa Alianza, siendo ella (la Santa Alianza) la encargada de apoyar materialmente los esfuerzos militares de restauración de las monarquías barridas por la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas.

Se produjeron dos beneficios económicos inmediatos: por un lado los materiales tomados al enemigo que sirvieron para engrosar los exhaustos pertrechos con que contaban las fuerzas revolucionarias(12) y por el otro, se incrementó exponencialmente  la seguridad de la navegación con la desaparición del teatro de operaciones de Montevideo, con lo cual creció y se desarrolló el comercio y con ello la recaudación de la aduana, fuente principal de ingresos para el gobierno de las Provincias Unidas y para el sostenimiento de los gastos de guerra que estas todavía tuvieron que afrontar.

Descomprimido el frente de Montevideo se pudieron allanar recursos para pasar a la iniciativa en otras operaciones militares como por ejemplo el Ejército de Los Andes y retomar el carácter ofensivo de las acciones militares que permitieron primero estabilizar los teatros de operaciones y luego pasar a la contraofensiva.

Se liberaron fuerzas aferradas en el sitio de Montevideo y el resguardo de las riberas para posteriormente llevar adelante las acciones corsarias de Brown en el océano Pacífico, dejando además como resultado de la campaña hombres con mayor experiencia marinera y que supieron de la importancia de las acciones navales y de un comando preparado para ello.

Permitió a las Provincias Unidas recomponer su estructura territorial, eliminando definitivamente los últimos vestigios orgánicos del otrora Virreinato del Río de La Plata  y establecer un dominio único sobre las aguas del río, recuperando para su capital el territorio amortiguador de presiones que significaba la Banda Oriental dentro de la estrategia de esos tiempos. 

En suma la victoria en el combate de Martín García es el primer eslabón de los  triunfos militares de las naves de las Provincias Unidas y como se ha demostrado es UN TRIUNFO TACTICO DE GRANDES CONSECUENCIAS GEOPOLITICAS Y ESTRATEGICA

Situación estratégica hacia 1810

(Extraído de http://www.argentina-
rree.com/Mapas/mapa11.htm)