CARMEN DE PATAGONES - UN ESCENARIO GRAVITANTE
EN LA GUERRA CONTRA EL IMPERIO DEL BRASIL
Por el Prof. Roberto Fernández

11 Páginas A4
 
INDICE

Palabras preliminares

Desarrollo de la investigación


Conclusión


Bibliografía consultada


Agradecimiento
 
     

 

PALABRAS PRELIMINARES

En toda guerra existen campañas y batallas que son recordadas con mayor asiduidad que otras, igualmente importante para el curso y desenlace final de la acción bélica, pero las menos notorias en la memoria colectiva e histórica paulatinamente comienzan a olvidarse o minimizarse por la celebridad de los hechos más tenidos en consideración. Así, con el correr de los años, algunos escenarios parecen no haber existido para el común de la gente y comienza a gestarse un círculo de amnesia histórica en el cual cada vez recordamos más algunos actos y acontecimientos y olvidamos a otros que coadyuvaron en gran medida a que la guerra tuviera el final que en los hechos se produjo. De tal forma la historia se va concentrando en ciertos aspectos en detrimento de otros, en nuestro caso por ser historia militar en frentes de combate, cuya contribución al triunfo final no siempre es correctamente valorada.

Lo sostenido, que parece configurarse como una constante en la historia militar de los pueblos, no encuentra su excepción con relación al enfrentamiento que las Provincias Unidas del Río de La Plata (actualmente República Argentina) y el Imperio del Brasil sostuvieron con relación a las pretensiones de ambas por el dominio de la Banda Oriental o provincia Cisplatina (según la terminología del Brasil), actualmente conocida como República Oriental del Uruguay.

Tenemos de tal forma una abultada bibliografía que analiza pormenorizadamente el teatro de operaciones del estuario del Río de La Plata , en el cual se desarrollaron una serie de acciones navales que cubrieron de gloria a la modesta e improvisada flota que el almirante Brown opuso a la organizada, importante y moderna (para los medios de la época) armada del Imperio del Brasil, acciones navales que se expandieron aún sobre las costas de Río Grande, Santa Catalina e inclusive hasta más al norte de Río de Janeiro.

Similares comentarios podrían afirmarse con relación a las acciones militares terrestres llevadas a cabo en territorio uruguayo o brasileño y a pocos legos les resultarían extraños nombres como Bacacay y Ombú, Rincón y Yerbal; por no mencionar la importantísima victoria de Ituzaingó, que para muchos argentinos parece haber constituido la única acción armada a recordar de esa guerra.

Dentro de lo expresado, el frente de operaciones al que a los efectos de la presente investigación podemos denominar “sur“, mucho más puntual en su dimensión geográfica y de menor importancia en cuanto a los medios empeñados, resulta a todas luces un verdadero frente olvidado, en el cual solo los habitantes que viven en la zona se encuentran concientes de su existencia como una página gloriosa de la historia de nuestras armas.

Sobre lo expresado en el párrafo precedente debemos reconocer que han sido nefastamente coherentes los gobiernos nacionales argentinos y en general el sistema educativo de nuestro país. Los primeros ya desde el año 1827, fecha en que ocurrieron los acontecimientos mantuvieron una actitud distante y ni tan siquiera dispensaron condecoraciones y honores, particulares o colectivos, a aquellos que arriesgaron su vida en las lejanas latitudes. La educación por su parte, también minimizó, salvo en el recordatorio zonal de las escuelas, una página no menos gloriosa de la historia militar nacional y que injustamente, por acción u omisión, ha sido cubierta con un velo de silencio, salvo las honrosísimas excepciones la mayoría de los libros de historia naval argentina y de los Coroneles Baldrich y Beverina.

Los vientos de hermandad y de integración regional no deben constituirse, como argumentan algunos, en un detonante y justificativo para olvidar las particularidades nacionales ni la historia que nos forjó y nos llevó a la situación que hoy ocupamos. Los grandes pueblos que se integran, y no que son integrados, entran en las uniones de Estados nacionales con la carga histórica de su pasado, no arrastrando odios seculares sino el orgullo de haber construido su presente con la sangre generosa de aquellos que por amor a la Patria no dudaron en ofrendar su vida, construyendo en el pasado los cimientos de nuestra actual nación.

El ejemplo más cercano lo tenemos en la misma República de Brasil, que por un ofrecimiento semiformal ha la municipalidad de Carmen de Patagones ha propuesto dotar a la ciudad de una mayor red de calles asfaltadas y alcantarillado a cambio de la devolución, como gesto de confraternidad, de las dos banderas tomadas durante los combates y que hoy se encuentran depositadas en la Iglesia matriz de la ciudad.

Para concluir con estas palabras introductorias, entiendo que resulta apropiada la frase que formulara el presidente Sarmiento como parte de su programa de gobierno “Al pasado no hay que criticarlo, hay que superarlo” a lo que, tal vez irrespetuosamente agregaría “sintiendo el orgullo por aquellos que hicieron, con errores y aciertos, a la fuerza de sangre y sacrificios, nuestra historia militar”.

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DESARROLLO DE LA INVESTIGACIÓN

Un análisis desde la historia militar entendida como una disciplina de la ciencia de la historia, nos debe llevar a evaluar una serie de razones que gravitaron en la época para que los hechos se desarrollaran por los caminos que lo hicieron.

Debemos recordar que la superioridad marítima, por las modernas unidades que conformaban la flota y la contratación de experimentados oficiales europeos para dirigirlas, por parte del Imperio del Brasil, provocaba sobre las Provincias Unidas en su enfrentamiento bélico para zanjar el tema de la posesión de la Banda Oriental o Provincia Cisplatina, un doble efecto: por un lado Buenos Aires se encontraba sometida a un bloqueo y por el otro la superioridad naval en el teatro platense impedía la proyección de poder reforzando por esta vía a las acciones que se desarrollaban en lo que actualmente constituye territorio uruguayo y del sur del Brasil. Esto no solo generaba los problemas militares en si mismo, sino una afectación al intercambio comercial tanto de elementos necesarios para la población civil como la limitación en la incorporación de nuevos pertrechos de guerra provenientes del extranjero.

Nuestra visión focalizada en Buenos Aires, como ciudad y centro exclusivo y excluyente del poder, nos impide tener presente que dentro de lo que se denominaba como Provincia de Buenos Aires (para la toponimia de las Provincias Unidas del Río de La Plata) y que según las distintas versiones abarcaba todos los territorios de nuestra actual Patagonia, La Pampa y además el actual territorio bonaerense, existía un asentamiento llamado Carmen de Patagones que había adquirido a partir de los primeros años de 1820, un auge económico significativo basado en constituirse en puerto de recalada de los viajes hacia el sur y como estación de intercambio entre los grupos aborígenes y el blanco. Además el descubrimiento de sal en la zona y la posibilidad de comprar ganado barato a los indios a su vuelta de los malones a las estancias emplazadas al norte de Buenos Aires, habían dotado al pueblo y el área de influencia de éste de una actividad comercial inusitada.

Atrás, aunque no por una gran brecha temporal, había quedado la utilización del pequeño asentamiento poblacional como colonia penal abierta a la que eran desterrados los presos peligrosos, los jóvenes a los que había que reformar en sus alocadas conductas (muchos mandados por el gobierno a pedido de sus padres ) y algunos desterrados interiores políticos. Todo ese material humano, que bajo otras circunstancias se hubiera visto confinado a los muros de la celda determinada como su prisión, por las especiales condiciones de aislamiento geográfico y la poca benignidad de la naturaleza se encontraba en completa libertad dentro del caserío que materializaba el pueblo, de forma tal que los presidiarios, los contrabandistas, los afincados y los recluidos se amalgamaban en un especial y particular sistema social.

En el medio de la nada, del desierto, ese enclave de civilización se constituía en el lugar adecuado para el intercambio y permitía la proyección del poder nacional hacia el mar austral, a través de la actividad de su puerto, siendo éste un verdadero baluarte en las rutas marítimas sureñas, y recalada adecuada hacia el interior continental.

Contando el puerto de Buenos Aires con malos accesos y jaqueado por la constante presencia de la flota enemiga, el de Carmen de Patagones se transformó en el centro de las actividades marítimas de corso que se lanzaban contra las flotas comerciales e inclusive de guerra que poseía el Imperio del Brasil.

Concientes de la importancia que como centro perturbador estaba adquiriendo Carmen de Patagones, los brasileños decidieron hacer efectivo el decreto de bloqueo que con fecha 21 de Diciembre de 1825 había declarado el Almirante Rodrigo José Ferreira Lobo a todos los puertos y costas de la provincia de Buenos Aires. Esta medida tendía a:

A) Evitar que Patagones se consolidara como un puerto alternativo, como de hecho lo era, con relación al bloqueado de Buenos Aires, para canalizar transacciones comerciales.
B) Impedir que se produjera un abastecimiento de productos bélicos por medio de compras efectuadas en Europa y descargadas aquí.
C) Destruir el santuario de corsarios, que con patentes otorgadas por el gobierno de Las Provincias Unidas del Río de La Plata, llevaban sus operaciones hasta el mismo Río de Janeiro, transformándose así Patagones (desde los inicios de la guerra) como puerto seguro alternativo y muchas veces principal de recalada al bloqueado estuario del Plata.
D) Destruir la red comercial de mercaderías civiles e insumos militares que en carácter de presas obtenidas de las naves brasileñas se transaban en la población, siendo el ejemplo más notorio un barco de esclavos, los que en su mayoría fueron colocados en la misma Carmen de Patagones y cuando las circunstancias de la defensa lo impusieron, dichos hombres de color pasaron a conformar el batallón de Negros de la Patria.

A lo apuntado se debe adicionar que por sus condiciones geográficas particulares el peso de la población como componente esencial de la defensa se fue incrementando durante el curso de los acontecimientos ya que

1) Se encontraba lejos del teatro de operaciones principal de la guerra.
2) La parte más significativa de la flota imperial se encontraba en cierta forma aferrada a mantener sus acciones sobre la desembocadura del Plata y algunas incursiones hacia el interior del mismo.
3) La ciudad de Patagones se encontraba aguas arriba de la desembocadura del Río Negro, desembocadura que contaba con una barra (banco de arena) natural que dificultaba la entrada de naves de guerra de calado apreciable sin el auxilio de un práctico de la zona.
4) La especial situación descripta en el punto anterior dimensionaba los problemas de corrientes y tormentas frecuentes que presenta el mar en esa área y que dificultan el pilotaje de los no idóneos en el surcado de esas aguas.

Además debemos considerar que si bien las especiales y fluctuantes relaciones con los indios del lugar y con los que transitaban un corredor continental indígena provenientes de Chile y la distancia hasta Buenos Aires complotaron contra un comercio fluido y eficiente por tierra entre la Capital de las Provincias Unidas y el Establecimiento de Carmen de Patagones (como figuraba en los registros de la época), fue tal su importancia que a través de éste último se despachaba todo el correo de la república hacia el exterior.

El 12 de mayo de 1826 el almirante Rodrigo Pinto Guedes, posteriormente designado Barón del Río de La Plata , asumió en Montevideo el mando de la flota brasileña en reemplazo de Ferreira Lobo en lo que se denominó como Fuerzas Navales Brasileñas en Operaciones en el Río de la Plata , más conocida como Escuadra del Sur. Meses antes Ferreira Lobos, por presiones de la opinión pública, principalmente de los comerciantes que sufrían el corso, así como de sus superiores que lo instaban a una acción más directa y frontal, y en la necesidad de cristalizar cambios en la situación táctico estratégica a favor del Imperio, había sometido al Márquez de Barbacena en el momento en que éste se hacía cargo de la comandancia del Ejército, una memoria en que sostenía la inconveniencia de una “diversión alejada, como la expedición a la Patagonia “(extraído de “La Guerra contra el Imperio del Brasil“ –Tomo II– del Coronel Beverina - Bs. As. 1928 pág. 97). Pese a la advertencia se dicidió concretar los objetivos fijados por el ministerio de Guerra Imperial cuando sostenía que la expedición a la Patagonía , según documentación brindada por el Archivo de Historia Naval de la República Federativa del Brasil, permitiría:

A) Privar a Buenos Aires de su único puerto de acceso libre. Con ello estimaba poder contener la actividad de los cosarios y que los neutrales obtuvieran un refugio para recalar a resguardo de las visitas y persecuciones de la flota brasileña. A este respecto, el beneficio económico era doble pues, se complicaba los abastecimientos y el consiguiente aumento de las mercaderías para los republicanos y por el otro se terminaba con la sangría económica y comercial que representaba las pérdidas por corso para el Imperio.
B) Se habilitaría el comercio con los indios induciéndolos además a malones contra la retaguardia porteña. Este punto tenía por objeto la perturbación del frente interno de las Provincias Unidas del Río de la Plata y colocar a su gobierno en un doble frente invertido, por un lado los brasileños y sus acciones navales y terrestres y por el otro y directamente opuesto al primero la incertidumbre cuando no la contundencia de los saqueos sobre bienes y personas (cautivos), además de las pérdidas de vida en la campaña, con el consiguiente efecto sobre los abastecimientos y el sentimiento de inseguridad permanente por las posibles incursiones del salvaje, lo cual obligatoriamente hubiera demandado distraer una cantidad mayor de hombres de guerra para contener los problemas con el indio.
C) Constitución de un enclave de la flota imperial con excelente base de operaciones para concretar maniobras tácticas sobre Buenos Aires y para control de las aguas australes, con la consiguiente repercusión en el prestigio internacional, muy especialmente a los ojos de los británicos. Si bien no existen precisos documentos que a la fecha prueben tal pretensión en esa época, debe tenerse en cuenta que, de haber resultado exitosa las operaciones planeadas, no se hubiera abandonado la plaza tan fácilmente y no hubiera sido menor la presión de los ingleses en la zona, los cuales siempre tuvieron al gobierno imperial de Río como un aliado, bastando recordar que al respecto en dicha capital se encontraba el embajador de su Majestad Británica mientras que en Buenos Aires solo había un encargado de negocios o un cónsul, según las circunstancias.

Sin pretender contrariar la opinión de un ilustre historiador como el Coronel Beverina, debo sostener que no comparto su afirmación en las páginas 97 y 98 del libro citado precedentemente, cuando afirma

“...demostrar la ignorancia de los propios intereses que existía en el seno del Gabinete Imperial, quien, al distraer fuerzas en una empresa lejana y secundaria, dejaba que el ejército de Barbacena sufriera la derrota de Ituzaingó, en la cual influyó no poco su inferioridad numérica...

Si bien la teorización del movimiento de aproximación indirecta es cotemporal al desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, uno de sus cultores, el Capitán Líder Hard, no dudaría en calificar la operación como un movimiento de este tipo tendiente a cortar “el“ centro alternativo de hostigamiento con que contaba Buenos Aires y de tal forma provocar un cambio sustancial en el escenario táctico con repercusiones en el plano estratégico. Por ende y analizado desde otro punto de vista, ni el resultado de Ituzaingó se hubiera modificado por unos cuantos hombres más en el campo de batalla ni la cuantía de la flota empeñada hubiera provocado un giro fundamental en el manejo del escenario central de los beligerantes en el Plata.

Ha demostrado Beverina que obraba en conocimiento del ministro de la Guerra, General Balcarce, el pleno convencimiento que los planes de operaciones sobre el puerto del sur por parte de los imperiales, pero no se encuentra justificación, más allá de la falta de recursos, a la inacción de dicho ministerio para reforzar adecuadamente la plaza, pese a las advertencias y necesidades expuestas para la misma por el encargado del establecimiento, Comandante Lacarra, en cartas al gobierno nacional, situación de alarma que también se pudo comprobar en el análisis de las cartas de tipo familiar que algunos de los residentes de la ciudad y sus parientes en Buenos Aires, se giraban entre si. Tal vez las noticias de la expedición planeadas por el ministerio de la Guerra Imperial, las tomó Balcarce de un informe que le hiciera llegar Manuel Oribe el 29 de Agosto de 1826 al General Alvear y que éste elevó a consideración del Superior Gobierno Nacional con fecha 31 del mismo mes y año.

En virtud de ésta y otras noticias el General Alvear aconsejaba pasar vistas al Coronel Rauch, en la frontera de Bahía Blanca, para que se aprestara a dar apoyo a la guarnición de Carmen de Patagones, situación que nunca se concretó.

A mediados de Febrero de 1827 zarpó del puerto de Maldonado en forma ostensible una flota a las órdenes del capitán de Fragata James Sheperd conformada por los siguientes navíos:

-Corbetas Duquesa de Goyas, constituida en nave capitana e Itaparica (que en lengua nativa significa “muro de piedra“) dotadas de 22 caños.
- Bergantín goleta Escudero o Escudeira (según los textos) con 5 cañones, aunque el Coronel Baldrich le otorga un mínimo de 7 y un máximo de 14 cañones.
-Goleta Constancia con tres piezas de artillería.

El mismo Coronel Baldrich sostiene que en total el material de artillería movilizado ascendía a 55 piezas de bronce y hierro, no solo teniendo en cuenta la de los navíos en si sino también algunas que podían ser desembarcadas. Los hombres movilizados fueron 654 de los cuales 400 eran tropas escogidas de línea reforzadas por cerca de 200 efectivos de marinería (según cifras del Coronel Beverina) a cargo estas últimas de dos oficiales de mar reputados por sus conocimientos de las costas del sur.

Si se puede afirmar que el objetivo esencial era demoler la batería del puerto y muy especialmente la que guardaba el acceso a la barra (los brasileños no sabían sobre las pésimas condiciones materiales de ésta), arrasar la población e incendiar o capturar las naves allí ancladas.

El día 25 de Febrero el práctico Guillermo White reporta al comandante Lacarra la presencia de una goleta estacionada sobre la boca del río en actitud catalogada como sospechosa, pues no enarbola pabellón. Posteriormente un observador comisionado por el gobierno local, Sebastián Olivera determina que sobre su mástil flamea la bandera norteamericana.

El día 27 las fuerzas de Sheperd llegan sobre la barra de Carmen de Patagones tratando de superarla para penetrar en el fondeadero de los buques corsarios ubicados frente a la misma población. Además del obstáculo natural que representaba la barra, ésta se encontraba reforzada por la custodia de una batería de artillería compuesta de dos o tres viejos cañones (no existiendo fuentes seguras respecto a éste número), servidas por un oficial y un pequeño número de artilleros, los que constituían el seguro de la población de Carmen de Patagones, que ascendía a no más de cuatrocientas personas que habitaban en torno a un pequeño fuerte que no solo daba protección a los habitantes permanentes sino también a los buques recalados. Las tropas del fuerte sumaban 114 voluntarios a las órdenes del ayudante del Comandante Sebastián Olivera y que en sí solo conformaban una improvisada columna de jinetes a los que se adicionaban 80 milicianos y 43 veteranos a las órdenes del Comandante de la Guarnición Don Martín Lacarra. Además la dotación de efectivos movilizados se completaba con los vecinos destinadoas a infantería (100 morenos) y caballería (aquellos que poseían corcel propio) y un piquete de artillería.

En el puerto se encontraban la corbeta Chacabuco bajo la comandnacia del capitán Santiago Jorge Bysson (según Baldrich) o Bynnon según otras fuentes, recientemente arribada de Valparaíso en pésimas condiciones después de su paso por el Cabo de Hornos, habiéndose trasladado su artillería al fuerte; la sumanca Bella Flor (capturada durante una incursión corsaria), el Bergantín Oriental Argentino de 350 toneladas bajo el mando de Pedro Dautant y las balleneras armadas para corso “Hijo de Mayo“, bajo la capitanía de Jaime Harris e “Hijo de Julio“ al mando de M. Bibois. Otro corsario destacado era Francisco Fourmantin al mando del “Lavalleja” y que ya llevaba 40 presas capturadas en su haber.

Como dato notorio debemos consignar que según el Coronel Baldrich (cuyos guarismos resultan los más elevados a favor de los brasileños) la flota de guerra total del Imperio empeñada en esta misión duplicaba en número a la que contaban los republicanos y los cuadruplicaba en poder de fuego, de manera tal que “la mitad total de las fragatas imperiales era muy superior a toda la escuadra argentina reunida”.

Lacarra había comisionado a la boca del río a Felipe Pereyra con un pelotón de infantes y cincuenta jinetes, los que al arribar ocuparon los medanos cercanos a las baterías, siendo reforzados por 23 jinetes gauchos o “tragas“ al mando del vaqueano Molina esperando la consolidación del desembarco brasileño que no se produce.

El día 28 de Febrero, por la poca caladura de las agua se varan los buques imperiales Duquesa de Goyas e Itaparica, remontando por el río la Escudera y la Constanza que hacen fuego sobre las viviendas de Patagones y su fuerte.

Al día siguiente, 1 de Marzo, se terminan de subir los cañones de la Chacabuco al fuerte y se dispone el envío de efectivos a hacia la estancia de José Ríal, ubicada entre el cerro de la Caballada y la batería de la costa.

El día 2 de Marzo se produce el fuego concentrado sobre la batería y el alférez Malchor Gutiérrez hace una evaluación de los daños de la misma determinando que se encuentran prácticamente inoperativos sus cañones.

En tanto las dos naves imperiales que se encontraban en el río Negro, hacen fuego sobre las baterías (a su regreso del ataque al fuerte), logrando que los defensores abandonen las piezas, replegándose hacia el pueblo los republicanos en forma ordenada, produciéndose el desembarco brasileño y el clavado de los cañones.

El día 3 de marzo se produce el hundimiento del Duquesa de Goyas que se encontraba varado, perdiendo la vida 39 tripulantes siendo los demás rescatados por el Itaparica que ya había superado su varadura. Si bien este último barco intenta pasar parte de los rescatados a las otras naves no lo logra por el hostigamiento de los republicanos, situación, éste última, que se repetirá el día 4.

En tanto Pereyra se repliega de la batería al fuerte y Bysson procede a desembarcar cañones y municiones en éste abordando posteriormente la sumaca Bella Flor seguido en su búsqueda de la boca del río y de la flota enemiga por el buque corsario “Oriental Argentino” y dos pequeñas embarcaciones, la Chiquilla y Emperatriz.

El día 4 las naves republicanas mencionadas en el párrafo anterior procuraron tomar a la Constancia que se encontraba varada pero que pudo salir de esa situación a tiempo para evitar ser capturada.

El día 5 se vuelve a producir la división de la flota brasileña, buscando mejores aguas el Itaparica y procurando fondear bajo el cerro el Constancia y Escudeira para disponer el desembarco de los efectivos de tierra.

El 6 de Marzo a una legua al oeste de la batería costera se produjo el desembarco general de las fuerzas brasileñas, cercanas a los 350 hombres, según algunas versiones y 600 según otras (Baldrich), con el objeto de marchar sobre la población para tomarla en forma definitiva, por lo cual se dispuso iniciar las acciones de acercamiento en la noche de ese mismo día.

Agotados por la marcha, aunque la misma se produjo en una noche clara y serena pero sumamente calurosa y por terrenos arenosos y cubiertos de espesos matorrales espinosos que obligaban a transportar a los oficiales sobre los hombres de sus soldados y el desconocimiento del terreno (pese según algunos a contar con un negro brasileño que los guiaba en la marcha, el cual había sido tomado prisionero por los republicanos en una de las presas del “Lavalleja” y que pudo escapar en la confusión del día 6 para unirse a los imperiales.)

El día 7, los brasileños se encuentran sobre el Cerro de la Caballada, completamente extenuados y sin haber podido beber agua por 24 horas, pese a consumir carne salada como único elemento de su cena. La medida de procurar tomar el cerro se presupone se debía a que un práctico uruguayo había sostenido en un informe al gobierno brasileño de 1825 que en dicho accidente orográfico se encontraba emplazados dos cañones de 36 que había que neutralizarlos como paso previo a la toma de la ciudad.

En esta elevación los republicanos deciden entablar batalla y tan pronto se producen los primeros intercambios de disparos, un tiro en la garganta corta la vida de Shepherd que es suplantado en el mando por el capitán del Itaparica, Guillermo Eyre, quien no pudo evitar la generalización de la confusión y el ser rodeado por guerrillas que procedieron a cercar con fuego a los imperiales. Antes que el cerco se cerrara por completo Eyre ordena la retirada hacia los navíos sin advertir que los mismos ya se encontraban copados por los argentinos, inclusive el Itaparica pues el Constancia (bajo el mando de Joaquín José Ignacio) y el Escudeiro (cuyo capitán era Clemente Pouthier y que contaba con un cañón giratorio) ya habían sido tomados aunque ello no obraba en conocimiento de Eyre.

A través del subteniente Olivera, Lacarra ofrece rendición a los imperiales, los que la aceptan pasando a ser prisioneros 11 oficiales y 306 soldados, que se sumaban a los 20 oficiales y 207 tripulantes tomados prisioneros en la captura de los buques.

Posteriormente se dispuso que parte de los prisioneros fueran trasladados al Salado y desde allí a Buenos Aires en el brique “Ana”, pero una sublevación de los mismos logró apoderarse de la nave y desviarla a Montevideo.

Los barcos capturados fueron rebautizados como Ituazaingó (Itaparica), que el gobierno de las Provincias Unidas del Río de La Plata colocó bajo la capitanía de Coe; Patagones (ex Escudeiro) teniendo como capitán a Mason y el Juncal (ex Constancia) bajo las órdenes de Love.

Supuestamente según el Coronel Baldrich se capturaron once banderas, pero la tradición popular solo reconoce 7 de las cuales solo dos subsisten hasta nuestros días en la Iglesia del Carmen de Patagones, habiéndose perdido las restantes durante un incendio que sufrió la iglesia a fines del siglo XIX.

La victoria obtenida fue comunicada a Buenos Aires a través de Fernando Alfaro, Benito Paso y Mr. Hipólito Doinel vía el Salado, es decir por tierra.

Posteriormente y merced a la fuga del capitán Eyre, el almirante imperial Pinto Guedes dispuso el envío de una nueva expedición, que tenía por objetivo tomar el puerto de San Blas, zarpando la misma de Montevideo en Septiembre de 1827compuesta de los buques Maceio, Caboclo ye Independencia ou Morte, siendo destruidos por cuestiones climáticas el primero y el último de los navíos mencionados concluyendo así la segunda e infructuosa invasión brasileña al territorio actualmente argentino.

Esta reiteración de acciones militares muestra la importancia otorgada al objetivo y por consiguiente la magnitud estratégica de las acciones en él desarrolladas.

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CONCLUSIÓN

Si bien la victoria es tomada como un triunfo explotado por la historia naval de nuestro país, no cabe duda que el mismo se obtuvo por fuerzas conjuntas de mar y tierra, en lo que podríamos considerar una de las primeras acciones militares conjuntas de nuestra historia guerra y en nuestro propio suelo.

Debe considerarse que la victoria se obtuvo no solo por el valor demostrado por los efectivos militares sino también y principalmente por el pueblo, pudiendo considerarse que el sacrificio de todos los habitantes de la zona constituyó un verdadero plan de defensa integral dentro del concepto de “pueblo en armas“.

Merced a la permanencia de Carmen de Patagones como centro activo del corso, y donde llegó a funcionar una delegación del tribunal de presas de Buenos Aires, el comercio y las actividades navales brasileñas continuaron jaqueadas.

En la actualidad el recuerdo “del combate“, como lo designan los lugareños, se ha transformado en un punto neurálgico de su identidad como comunidad, más allá que el resto de la nación no le reconozca los mismos valores.

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BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Albizo, Antonio A. La Armada vuelve al río Negro... ¡desde el mar!”

Revista Marina Año 65 N° 575– Buenos Aires - Agosto 2002

Baldrich, J. Amadeo (Coronel) “Historia de la Guerra del Brasil“

Editorial Universitaria de Buenos Aires – colección de Geopolítica – Bs. As. 1975.

Beverina, Juan (Coronel) La Guerra contra el Imperio del Brasil“ - Buenos Aires 1928.

Chillet Bois, Teodoro Historia Naval Argentina“ - Escuela de Guerra Naval – Buenos Aires 1967.

Destefani, J (Almirante) “Historia Marítima Argentina“ - Armada Argentina – 1988.

Gaceta Marinera Nº 612 del 20/03/92 en su artículo “Combate de Carmen de Patagones“.

Diario La Nueva Provincia – Domingo 07/03/99 y 07/03/98.

Secretaría General Naval – Departamento de Estudios Históricos Navales “Historia Marítima Argentina“ en diez tomos
(especialmente toma 6) – Buenos Aires – 1988.

Consulta a los archivos del Museo Histórico Regional “Francisco de Viedma“ de la ciudad de Carmen de Patagones.

Consulta a los archivos parroquiales de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen de la Ciudad de Carmen de Patagones.

Entrevistas personales mantenidas con el Lic. Jorge Aníbal Bustos, director del Museo de Historia Regional.

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AGRADECIMIENTO

Muy especialmente al Señor Director del Museo de Historia Regional y el personal bajo su dependencia que brindaron toda la documentación que existía en la zona y permitieron el libre acceso y permanencia en las instalaciones del museo y sus anexos.

Asimismo mi gratitud a la Prefectura Naval Argentina que, por medio de su personal, puso a disposición del que suscribe un móvil para realizar el relevamiento de los campos de combate, particularmente aquellos que se encontraban en la desembocadura del Río Negro.

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