TESTIMONIOS DE LA INVASIÓN DE BROWN A GUAYAQUIL
Por el CPFG (SP) Mariano Sánchez Bravo

9 Páginas A4


INDICE

Introducción

Relación histórica de José de Villamil

Expedientes relacionados con la invasión de Brown a Guayaquil


Primer expediente

Segundo expediente

Tercer expediente

Bibliografía
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dice el historiador guayaquileño don Julio Estrada Ycaza que “El episodio de Brown despierta en nosotros reacciones contradictorias. Por un lado conocemos ahora sus propósitos y podemos valorar su intervención como parte de la gran campaña de liberación de América. Por otro lado, no podemos dejar de sentirnos orgullosos de la decisión de los guayaquileños de defenderse… Y triunfar frente a la fuerzas superiores”.

Como preámbulo recordemos que con el objetivo de lanzarse al corso para obstaculizar las comunicaciones de España con sus posesiones en América, hostilizar a las fuerzas españolas en el Pacífico, y aún fomentar los levantamientos de las colonias en esta costa, el gobierno de Buenos Aires como incentivo ante la decisión del comodoro Guillermo Brown de armar una escuadrilla para tal fin le obsequió la fragata “Hércules”, alias “ La Negra ” de 350 toneladas, y le facilitó el bergantín “Trinidad”. Además, el capitán Hipólito Bouchard dueño de la corbeta “Halcón” se asoció a Brown en la empresa corsaria, y el clérigo chileno Julián Uribe armó y equipó el queche “Uribe”. La expedición estuvo financiada por un grupo de comerciantes argentinos y patriotas chilenos.

Zarpó la expedición en octubre de 1815, aunque solo lo hicieron inicialmente las dos primeras naves. El queche “Uribe” tratando de alcanzarlos se fue a pique con toda su gente al doblar el Cabo de Hornos. La “Hércules” y el “Trinidad” arribaron el 26 de diciembre a la isla Mocha, en donde se les reunión, el mismo día, la “Halcón”.

Por no ser la intención de este estudio el detallar las primeras correrías de la escuadrilla corsaria, sino desde el episodio de Guayaquil, diremos que luego de bloquear el Callao, y ya con algunas otras naves apresadas e integradas a la escuadrilla, el teniente coronel Vicente Banegas, del Ejército de Nueva Granada, quien iba en la “Gobernadora” para ser juzgado en Lima, los ilusionó con la información de que Guayaquil se encontraba desguarnecida y pronta a rebelarse al presentarse la oportunidad, enrumbaron al norte.

El 8 de febrero de 1816 los corsarios arribaron a la isla Puná, situada a la entrada del golfo de Guayaquil, la cual Guillermo Brown utilizó como base de operaciones, desde la que se preparó para atacar Guayaquil.

Volver

Relación histórica de José de Villamil

Para la incursión a Guayaquil, Brown trasladó su insignia al bergantín “Santísima Trinidad”, de reducido calado y más adecuado para navegar por el río Guayas, en donde los bajos fondos son frecuentes. Alistó para que lo escolte a la goleta “Nuestra Señora del Carmen” (a) “Andaluz”, trasladando a ambos buques a la infantería de marina de la corbeta “Halcón”.

Con ambos buques inició el ingreso al Guayas por el canal de Jambelí, dejando en Puná a las 7 presas capturadas, custodiadas por la fragata “Hércules” y la corbeta “Halcón”, bajo la responsabilidad de Miguel Brown.

José de Villamil había decidido dejar Guayaquil y retornar a Luisiana, zarpando con toda su familia en una goleta el mismo día 8 de febrero de 1816. El destino le iba a permitir encontrarse con los corsarios, pero antes es de indicar que los historiadores Camilo Destruye y Julio Estrada Ycaza manifiestan que Villamil navegaba en la goleta “Alcance”, lo cual considero errado, pues este había escrito en su “Relación Histórica” lo que sigue: “Era un clipper de primera marcha. Lo había hecho venir de Estados Unidos con armas que, aunque insurgente vendí al virrey Pezuela después de Maipú”.

Sabemos que el combate de Maipú se suscitó el 5 de abril de 1818, es decir dos años después de la incursión de Brown a Guayaquil, por lo que la “Alcance” no podía haber estado presente en 1816.

Otras historiadores como el doctor Roberto Leví Castillo, ecuatoriano, y Luís Fernando Furlán, argentino, precisan que Villamil navegaba en el bergantín “Nuestra señora del Carmen”, igual nombre que el de la goleta con que entraba Brown, pero Villamil decía en su “reseña de los acontecimientos políticos y militares de la provincia de Guayaquil”: “Yo bajaba el río de Guayaquil en febrero de 1816, en una goleta que estaba a mi disposición….”, es decir no mencionaba el nombre del bajel, por lo que este queda por comprobarse. Lo que continúa es versión de Villamil según su relato.

Sigue Villamil: “El capitán de la goleta me avisó que muchos barcos estaban fondeados en Puná, y reflexioné que nunca se habían visto nueve velas en Puná… Era pues la escuadrilla porteña con sus presas…Brown me había dejado pasar… Pero la idea de entregar, con indolencia, a tantos amigos que dejaba en Guayaquil…me avergonzó; retrocedí no sin perjuicio de mis intereses”.

Brown que no se había movido, al momento que vio a la goleta ascendiendo el río, con rumbo de retorno a Guayaquil, se puso en persecución con los buques a sus órdenes. Villamil se acercó a la batería de Punta de Piedra, que según él tenía 6 u 8 cañones y 14 hombres de guarnición al mando del sargento Canales, a quien le ordenó en nombre del gobernador mandase a un posta a Guayaquil e hiciese fuego a los dos buques que estaban a la vista, y siguió su marcha.

Canales ordenó abrir fuego: los buques de Brown no contestaron con artillería, más después se inició un vivo fuego de fusilería entre la batería y los botes. Dice Villamil: “Había conseguido mi objeto, Brown había fondeado; la marea no le alcanzaba ya para sorprender la ciudad, y yo llegaba a tiempo para ponerla en armas…. Como a la media hora de haber principiado el tiroteo, una gran llamada me avisó que Brown celebraba su triunfo, pegando fuego al galpón que... servía para sombrear quince milicianos que había dispersado, después de una resistencia que no esperé”.

La goleta de Villamil había arribado a Guayaquil a las once de la noche al mismo tiempo que el posta de Punta de Piedra. Dio parte de los sucesos al Gobernador, brigadier don Juan Vasco Pascual.

Al arribar Brown a Guayaquil comenzó el combate con las defensas de la ciudad, lo que narra Villamil como sigue:

“Dos cañones situados como a una milla de la ciudad al mando de D. Juan Ferrusola antiguo oficial de marina, ahora empleado civil, principiaron el combate. “Póngame U., dijo Brown al práctico que había sacado de Puná, a tiro de pistola de esa batería;” “Señor, dijo el práctico, la marea está al vaciar: la ventolina es del Norte, si el buque falta a virar irá a la costa”. Obedezca U., dijo Brown, si ama U. su vida. Vivo fuego de artillería por una y otra parte. El antiguo amigo de mi padre, Ferrusola, sostuvo bien la reputación que se había hecho en Nueva Orleáns, al mando de la hermosa galeota “Cocodrilo” que hacía anualmente los viajes al alto Missisipi en comisiones del gobierno: el bergantín varó como lo había previsto el práctico: el medio batallón de la derecha continuaba sus fuegos, mientras el de la izquierda abordó al bergantín a nado, bayoneta a la boca. Este rasgo de valor intimidó a los atacantes: la cubierta fue abandonada, la mitad de la tripulación pagó con su vida la temeridad del jefe de la escuadrilla; la otra mitad fue salvada por el humano D. Manuel de Jado. Brown fue de estos últimos”.

En una canoita don Manuel Jado se hizo conducir a bordo y brincando al entrepuente habría gritado “muchachos; estáis manchando vuestra victoria: cuartel a los vencidos”, cesando el combate. Estando Brown prisionero, en casa de la gobernación, el Gobernador pidió a Villamil conversara con él, quien narra al respecto:

“Después de las salutaciones de ordenanza, el prisionero tomándome la mano, dijo: Espero señor que mi vida no corra peligro, supuesto que encuentro aquí un inglés influyente. “No soy inglés, señor, contesté, soy de los Estados Unidos, y amigo de todo hombre que se halla en la posición de Ud: no creo su vida en peligro y si es cierto que tengo alguna influencia en el país será empleada en obsequio de U.” Pidió permiso para escribir a su segundo: le fue concedido. A la hora de comer fue invitado por el gobernador a su mesa”.

La goleta “Nuestra señora del Carmen” (a) “Andaluz”, aprovechando de la vaciante y de la ventolina favorable, fue a llevar a Puná la noticia del varamiento del bergantín “Santísima Trinidad” y del descalabro de Brown y sus hombres.

La escuadrilla no tardó en presentarse, fondeando fuera de tiro. Dos comisionados desembarcaron: el coronel Bouchard y el médico Sanford, quienes propusieron devolver ochenta y tantos prisioneros españoles y todas sus presas, menos las fragatas “Consecuencia” y “Gobernadora”, por la persona de Brown y los supervivientes del combate. Después de algunas discusiones la propuesta fue aceptada. El brigadier don Juan Manuel de Mendiburo, relevo del gobernador Vasco Pascual, era uno de esos prisioneros que entregaban.

Culmina Villamil su relato diciendo: “Se me ordenó escoltar a los comisionados al embarcadero, frente a los buques, como también a Brown; cumplido que fue el convenio por parte de la escuadrilla”. Luego la escuadrilla insurgente abandonó el puerto de Guayaquil.

Volver

Expedientes relacionados con la invasión de Brown a Guayaquil

Seguidamente nos referiremos a tres de cuatro expedientes y sumaria información sobre el caso Brown, que fueron localizados, por el historiador Juan Freile Granizo en 1977, en el Archivo Nacional de Historia, Quito, y que son un aporte documentado que amplían y aclaran algunas instancias de la actuación del comodoro Guillermo Brown, en su aventura corsaria desde Buenos Aires, en el empeño de encender la revolución independentista en el resto de la América Colonial.

Volver

Primer expediente

Inmediatamente después de la invasión fallida de Brown a Guayaquil, llegaron a Tumaco tales noticias por el correo recibido de Esmeraldas, por lo que don José Maruri, comandante de armas y juez político y militar de Tumaco contrató los servicios de don José Chinga, con fecha 24 de febrero de 1816, para que con su bote “Jesús María”, “siga viaje de este puerto (Tumaco) al de Panamá, sin llegar a otro alguno, a comunicar al señor Gobernador y Comandante General de aquella plaza la posesión que han tomado los insurgentes de Buenos Aires, enemigos del Rey, en el puerto de Guayaquil nombrado Puná y su castillo Punta de Piedra”.

Le dice a José Chinga: “Debiendo encargar a Usía… dos paquetes sencillos, los que inmediatamente que Usía llegue los pondrá en manos del señor gobernador… No llegará Usía a puerto alguno sino solo al destinado”.

Le recomienda que “no se deje sorprender de alguna embarcación de estos enemigos del Rey, y en caso que tal sucediese, botará usía al agua la correspondencia…. Igualmente a todo buque que encontrase usía en el mar, le dará el aviso… para que no sean sorprendidos en su entrada (a Guayaquil)”.

Entre don José Maruri y José Chinga convinieron al pago de 300 pesos, entregándole al zarpe 100 pesos para pronto socorro de su navegación.

Al respecto dice a Chinga que, escribió al Gobernador de Panamá suplicándole “haga satisfacer 200 pesos, por cuenta de los 300 en que hemos ajustado el viaje… Igualmente le aviso haberle dado yo para sus avíos 100 pesos”.

Cumplida la comisión por parte de José Chinga con su bote “Jesús María”, no se le satisfizo el saldo de 200 pesos, ni en uno ni otro lugar, por lo que inició juicio contra Maruri.

En su demanda Ambrosio Chinga, indio natural del puerto de Paita en el corregimiento de Piura y residente en Tumaco, en nombre de su hermano José manifiesta entre otros aspectos: “El referido mi hermano… se embarcó en la misma hora que recibió sus órdenes (de don José Maruri) y pasó a su destino a cumplir la comisión de tanta importancia que se le había encargado, entregando los pliegos al señor Gobernador de aquella plaza y cuando esperaba ser satisfecho de los 200 pesos, se ha desentendido absolutamente a pagarlos”.

Al respecto de este juicio dice el historiador Juan Freile Granizo: Que Maruri “se defiende estableciendo que a Chinga solo le corresponde la mitad del ajuste por haber salido a su destino obligado por la fuerza y después de haberse “robado” con escalamiento un preso de la cárcel, lo que conlleva como pena el no deber pagársele”.

“Monte quien inició el proceso ha dejado de ejercer su oficio y su sucesor, Juan Ramírez en vista de lo aducido por ambas partes sentencia que Chinga, representado por su hermano a lo largo del corto expediente, debe ser pagado de cajas reales”.

Volver

Segundo expediente

De acuerdo a un informe emitido por don Andrés Castro, teniente gobernador de la provincia de Esmeraldas, el 13 de junio de 1816, el día 9 del mismo mes y año, a las cinco de la tarde fondeó un pailebot en el puerto de Atacames, cuyo capitán don Juan Lacaya, le manifestó que había zarpado de Guayaquil con rumbo a Panamá; que por un marinero del mismo se enteró que eran estos de los insurgentes de la armadilla del general Brown, que el pailebot era el que había apresado en las inmediaciones del Callao.

Con toda reserva don Andrés de Castro dispuso se retirasen las pocas mujeres que habían en Atacames, escondiéndose con sus cortos intereses y ropa, para evitar sean asaltadas.

A las pocas horas de ese día se le presentaron tres oficiales del pailebot pidiéndole hospitalidad y que los ampare bajo la bandera del Rey de España. Luego de varias exposiciones de estos y de un cuarto insurgente, dispuso su ocultamiento en el monte, para al siguiente día conducirlos a la ciudad de Esmeraldas, como lo verificó.

Don Andrés Castro disimuló ignorar la situación durante los tres días siguientes que tuvo contacto con el capitán, para evitar que este usara la violencia a que está acostumbrado.

Dice también que el armamento que contenían en el pailebot consistía de diez fusiles, seis pistolas, dos esmeriles, dos trabucos, veinte sables, seis, lanzas y mil cartuchos con balas, y que su dotación era de 22 hombres, que los cuatro desembarcados fueron repuestos con otros de un fragata inglesa que también se mantenía fondeada en el puerto.

Los cuatro insurgentes fueron remitidos a Quito, a las órdenes de don Toribio Montes, Teniente General de los Reales Ejércitos y Presidente de esa Real Audiencia, quien dispuso con auto al Asesor General y Auditor de Guerra, don Manuel Echeverría, les tomé declaraciones, a fin de “tomar conocimiento del paradero de la referida escuadra, lugares en que han permanecido, número de buques de que se compone, presos que ha hecho, donde se halla actualmente y sus proyectos e ideas”.

Estos insurgentes resultaron ser don Juan Bautista Belfort, natural de Bruselas, capitán veterano de Buenos Aires, don Luis Lavij, natural del pueblo de Dole, Francia, médico cirujano, don Victor Gasquerel, natural de Ave de Gracia, Francia, oficial piloto de Marina, y Manuel López, marinero, natural de Santiago de Chile; todos embarcados en Buenos Aires en la Escuadra de Brown y trasbordados a un pailebot, que había sido apresado a la entrada del puerto del Callao de Lima.

Del interrogatorio, iniciado en Quito por dicho Auditor de Guerra el 28 de junio de 1816, el marinero Manuel López manifestó, entre los asuntos más importantes que “fue tomado de leva por un capitán inglés llamado Esmit, para emplearlo de marinero en la escuadrilla del mando de dicho Brown, que estaba próximo a salir para estos mares”.

“Que primeramente se compuso la escuadrilla de una fragata y un bergantín, en el cual fue embarcado el exponente… por haberse enfermado se le transbordó a la fragata, y que después les alcanzó una corbeta en la isla Mocha….Estuvieron dos días a la capa avistando la costa de Valparaíso, en donde el capitán Brown esperaba un bergantín inglés contrabandista….”

“Que fueron varios los (buques) que apresaron…. Y solo se acuerda de una goleta, que echaron a pique en la isla Mocha, de las fragatas “Gobernador”, “Candelaria” y “Consecuencia”, de un bergantín granero y de un místico y un pailebot, que fue en el que arribaron a Atacames”.

Dijo además “que no han tocado en otro puerto que en el de Guayaquil después que salieron del Callao, y que luego… siguieron hasta la isla de Galápagos, en donde... se desertó con siete españoles y cinco ingleses y allí permanecieron escondidos por cerca de tres meses, hasta que habiendo arribado el pailebot y sabiendo que se dirigía a estas costas tomó plaza de marinero para venir a ellas y separarse absolutamente de dicha expedición”.

Sobre la expedición expresó no conceder el actual destino, pero que la fragata “Consecuencia” siguió para Buenos Aires.

* * * * * * *

Mandado a comparecer a don Juan Bautista Belfort, diremos de sus declaraciones lo adicional o diferente, como sigue:

Que en Buenos Aires “se le destinó en clase de desterrado a la escuadrilla del mando de Brown, embarcándolo primero en la corbeta “Halcón”, en donde aquel….. lo nombró como comandante de la tropa, aunque le parece que las órdenes eran dejar al declarante y a otros individuos… en las islas Malvinas”.

Dijo: “Que el día de la salida (de la escuadrilla de Brown de Buenos Aires) fue el 29 de octubre (de 1815), que se componía de la fragata “Hércules”, la corbeta “Halcón” y el bergantín “Trinidad”.

Sobre los puertos que tocaron manifestó: “Que primeramente estuvo en la isla Mocha, después en Callao y Guayaquil y últimamente en las islas Galápagos….. Trasbordado al pailebot fue éste convoyando a la fragata “Consecuencia”, que se dirigió para Buenos Aires, hasta la altura de 23º sur, y que regresando luego a Galápagos, donde se habían quedado desertados varios individuos, para recogerlos, vino el pailebot posteriormente a Atacames, en donde a lo que saltó en tierra el exponente le hizo presente al Comandante del puerto la clase de desterrado en que había venido y sus deseos de ponerse bajo la protección del gobierno de Su Majestad…”

Sobre los buques apresados por la escuadrilla de Brown, menciona a los mismos buques indicados por Manuel López, que el bergantín es guanero y no granero. Además que la fragata “gobernadora” era propiedad de don Manuel Xado, vecino de Guayaquil.

Sobe si conocían de alguna expedición que venía de España y cual era el número de tropas veteranas que guarnecía las playas (de Buenos Aires) y los preparativos de defensa, dijo: “Que estando el declarante en Janeiro le escribió don Miguel Vilardebú, vecino de Montevideo, que en España se preparaba otra expedición porque la del señor Morillo se había dirigido a otros puntos de América: Que la plaza de Buenos Aires tendría como cinco mil hombres de tropas veteranas… que había también bastantes fuerzas sutiles de goletas sumacas y otros buques menores…..que no vio en aquel tiempo…que se hubieren formado baterías, fosos, ni trincheras…” 

* * * * *

Seguidamente compareció don Luis Lavij, a quien habiéndole leído el contenido del auto cabeza de esta sumaria dijo: “Que habiendo llegado a Buenos Aires en una fragata francesa con bandera blanca … el exponente, con su compañero don Víctor Gasquerel adoptaron el embarcarse en la escuadrilla…de Guillermo Brown… y siguieron en ella por el mar Pacífico”.

Declaró “que ignora el rumbo que había tomado Brown, aunque al declarante particularmente le dijo que regresaba para Buenos Aires, menos la “Halcón” que debía seguir su crucero; y que los fines de la expedición no eran otros sino hacer el corso contra los españoles.

En lo que corresponde a la comparecencia de don Víctor Gasquerel, al no conocer el idioma español, se permitió que su compañero Luís Lavij haga de intérprete, conviniendo en dar la misma declaración que el anterior.

* * * * * *

Hallándose evacuada la sumaria, don Toribio Montes dispuso se la remita al señor Gobernador de Guayaquil, a donde se habían dirigido los cuatro individuos, a fin de que disponga su dirección al excelentísimo señor Virrey del Perú.

Volver

Tercer expediente

Esta información sumaria fue establecida para averiguar los efectos de la navegación del bergantín “Nuestra señora de las Mercedes” (alias) “El Carmencito volador”, armado en corso en la isla de San Andrés de Tumaco, que se hizo a la vela el 1º de julio de 1816, con la misión de perseguir al pailebot de los insurgentes de Buenos Aires que se hallaba acechando los puertos de las costas, en especial el de Tumaco.

Habiendo retornado el bergantín a Tumaco el 4 de septiembre, don José Maruri, Teniente Gobernador de ese puerto, mando a comparecer al siguiente día a los oficiales embarcados para que declaren los acaecimientos de dicha expedición.

Al comparecer don Mariano Pérez, teniente de milicias y comandante de la tropa de la expedición, expresó que el 2 de julio de 1816 “se avistó en el cabo Manglares a sotavento de él una vela a distancia de dos o tres leguas y como se enderezaba hacia el corsario (“el carmencito volador”), se alistó toda la gente y armas…. y habiéndole tirado un cañonazo…… correspondió haciendo igual seña y fijado bandera americana, que mandando rumbo iba como de huida…. Hasta que un chubasco hizo perderla de vista.

“… se siguió la navegación… hasta que a barlovento del Cabo Pasado se enderezó al corsario una fragata….sin echar bandera, por lo cual sospechando fuese la “Negra”, insurgente de Brown, se dio toda la vela para huir y no ser sorprendida de ella, por no competir las fuerzas y arriesgar el éxito de la expedición…. Se siguió la navegación hasta barlovento de Túmbez, en cuya boca se fondeó dos días y faltando el agua y víveres se arreó a Guayaquil para reparar esa necesidad, como también una agua, que hacía el buque en cuyo puerto, habiéndose mantenido doce días…. Se regresó a Tumbes otra vez, y luego registrando las ensenadas, se divisó solo a boca de noche en la costa de la punta de Santa Elena una vela….con sales, según expresó por la bocina”.

Seguidamente continuaron navegación hasta arribar de retorno al puerto de Tumaco. Comparecieron también don José Zardá, capitán del bergantín; Marcos Pacheco, condestable de la nave en corso; José María Campa, escribano del bergantín, y Juan Murillo, sargento de las tropas, quienes dieron referencias sobre esa jornada, y cuyos relatos lo hicieron con igual contenido que el de don Mariano Pérez, y concluida la información fue remitida a la capital al señor Presidente y Comandante General, don Toribio Montes, para su superior conocimiento.

Volver

En lo relacionado al cuarto expediente localizado por don Juan Freile Granizo, por su extensión debe ser tratado en un estudio aparte.

BIBLIOGRAFÍA

General José de Villamil: Reseña de los acontecimientos políticos y militares de la provincia de Guayaquil”.- “Cronistas de la Independencia y de la República ”.- Quito, 1960.
Julio Estrada Ycaza: “La invasión de Brown”.- “Historia Marítima del Ecuador”, No. 2, diciembre de 1975.- Quito -Ecuador
Dr. Juan Freile Granizo: “Más sobre el insurgente Brown”.- “Historia Marítima del Ecuador”, No. 5, abril de 1977. Quito.
Expedientes localizadas por el Dr. Juan Freile Granizo, por 1977, en el Archivo Nacional de Historia (ANH/Q), que se ubican en el fondo de la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

Volver