ESTEBAN ECHEVERRÍA, EL INICIADOR.
Por Fernando Romeo

10 Páginas A4


INDICE

Capítulo 1 (Introducción)
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12 (Corolario)
Capítulo 13

 
 

INTRODUCCION:

La literatura social y naturalista tuvo su aparición en agraz en nuestro país por las circunstancias socio políticas derivadas de la dictadura violenta de Rosas, mediante la pluma inspirada del escritor y poeta Esteban Echeverría, a quien le siguieron en la misma senda otros escritores argentinos que tenían –todos ellos entre sí –en común, el hecho de no pensar igual que el dictador, ser –en su mayoría unitarios– y para su desgracia, haber tenido que elegir el destierro como única posibilidad de seguir vivos.

No resulta tarea fácil demostrar que la novelística que irrumpió en la por entonces desapacible sociedad porteña, fue el agente catalizador que provocó el cambio social generador de revoluciones y cambios de gobierno, que dio impulso a un desarrollo sostenido a la economía del país, que tendría en uno de estos escritores como protagonista generador –años después – del comienzo de esa nueva era que estaba siendo preconizada por un slogam sintetizado en dos palabras que reflejaban la dicotomía terrible a la que enfrentaba el país, por un lado, debido a la política oscurantista del dictador Rosas y por el otro, por la cruel y terrible disyuntiva a que nos obligaba la invasión de la mitad de nuestro territorio por las tribus indígenas de las etnias araucanas –entre ellas la mapuche– provenientes de Chile.

Y todo esto sucedía cuando la ciudad de Santa María de los Buenos Aires era –en la totalidad de los aspectos– una gran aldea, condición que mantuvo hasta la década de los años setenta, una sociedad esta convulsionada por pasiones incompatibles, que contrastaba con un interior del país que vivía en un estado bucólico.

Ese cambio, que dio impulso a un desarrollo sostenido de la economía del país y que se mantendría en constante crecimiento hasta comienzos de la tercera década del Siglo XX, también introdujo al país en una era del progreso cultural y científico irreversible, de la mano también, de uno de esos escritores de la corriente social y naturalista.

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No resulta tarea fácil realizar una sinopsis de la obra de esos grandes escritores que se enrolaban en una corriente que el mundo etiquetó como “románticos” pero que eran , especialmente en nuestro país, disímiles en su formación y origen, cada uno con una cosmovisión particular del mundo, de nuestra América y de nuestra Argentina, cada uno de ellos, Echeverría, Sarmiento, Alberdi, Gutiérrez y todos aquellos que conformaron el Salón Literario y la Asociación de Mayo, intentando, a través de sus novelas, una síntesis de su problemática inspiradora, pero unidos, podría decirse ensamblados entre sí en una sola idea de la lucha libertaria, de la opresión de la tiranía política y de la barbarie cultural, enrolados todos ellos en la corriente vanguardista del naturalismo y el realismo a ultranza, de la cual años después fue númen inspirador en Francia el escritor Emile Zolá, preocupado –como estos antecesores sudamericanos– por los problemas sociales que sumían en la anarquía y en la opresión a la Francia de fines del Siglo XIX y a los que impugnó con la pluma y la palabra.

Fue sin ninguna duda el escritor Esteban Echeverría el iniciador en nuestro país, de esa corriente literaria que en Europa hacía furor entre los intelectuales de ideas avanzadas, denominada literatura social y naturalista. En realidad Echeverría fue un romántico, pero los románticos criollos fueron los iniciadores de una actividad civilizadora, dado que el pasado de nuestra literatura era pobrísimo. Ya en 1821 opinaba el genial pedagogo colombiano Andrés Bello –que fue maestro de Bolívar- también famoso escritor, poeta y político, que en nuestro Río de la Plata, Buenos Aires era una de las ciudades donde menos se leía.

Característica de esta generación de escritores rioplatenses fue la de ser mas europeizantes que hispanófilos, y para el caso, empecemos por Echeverría, quien a los veinte años, en 1825, se traslada a Francia, donde reside por cinco años, y es allí en que llega a cultivar el idioma francés, al cual lo habla y lee con idoneidad y soltura.

La literatura fue utilizada como un arma cuya finalidad sería anular la tradición –en todo lo que fuera atraso– y propender al progreso. También le cupo el rol de ser un modo de luchar a favor del europeismo y en contra del hispanismo, y no es menos relevante su utilización como medio de aglutinar la lucha de minorías selectas en contra de masas de población inculta.

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Varios fueron los escritores y políticos inspiradores del joven poeta argentino que residía en París desde 1825 y que absorbería con fruición la influencia poderosa que emanaba del vizconde Francisco Renato de Chautebriand, contemporáneo suyo, cuyas obras, como El Genio del Cristianismo, Atala, Renato, Los Mártires, el Ultimo Abencerraje, Itinerario de París a Jerusalén y Memorias de Ultratumba, fueron, por su riqueza de estilo, su sensibilidad, su imaginación, por su elocuencia, por la potencia descriptiva y el colorido que de ellas emanaba, palancas que ejercieron una poderosa influencia en el desarrollo de la literatura romántica, en primer lugar entre sus connacionales –los franceses- y luego entre todos aquellos que habían elegido por destino la ciudad luz para su vivencia europea, como nuestro protagonista Esteban Echeverría . Fácil es imaginar el aura que irradiaba un personaje como Chautebriand y la influencia que podía ejercer, máxime en aquellos que como nuestro vate, llegaban desde un sitio tan lejano y en el cual, en los lugares –que no eran muchos- donde se reunían aquellos que conformaban la clase alta -casi todos ellos educados - la mayoría de las veces terminaban siendo lugares de reuniones danzantes o de juegos de salón, pero no espacios de discusión científica o literaria, menos aún la posibilidad de discusiones de ideas políticas, con el agravante de que , por lógica, la otra mitad de los personajes que llenaban los salones eran mujeres, y salvo algunas pocas excepciones como Mariquita Sanchez de Thompson, la mayoría eran casi analfabetas. Y para aquellos que dirigían el país los temas atinentes a la cultura y a la educación universal, los tenían sin cuidado, salvo todo lo concerniente a la discusión de las ideas políticas de vanguardia, esto sí era considerado peligroso para la salud del estado y a la postre, quienes se atrevían a manifestar esas ideas eran considerados salvajes infames inmundos unitarios y el gobierno, a través de una organización infame como la denominada “mazorca” se ocupaba de que no hablasen más.

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Lamartine y Víctor Hugo fueron otros tantos de aquellos que dejaron su impronta en esa inteligencia fértil que era Echeverría, a quien subyugaban tanto las nuevas corrientes literarias como las ideas políticas que los adalides de las primeras manifestaban sobre las segundas. En especial cuando Lamartine, en sus escritos fomentaba el derecho al trabajo, promovía los programas cortos de capacitación para las clases iletradas, luchaba contra las injusticias sociales que significaban la esclavitud y la pena capital. Del mas virtuoso de los escritores franceses, contemporáneo y casi de la misma edad, Víctor Hugo, Echeverría adhería plenamente a las ideas que manifestaba aquél cuando decía: “ La libertad de amar no es menos sagrada que la libertad de pensar” al par que en sus obras propugnaba “libertad en el arte” .

Echeverría sintió como propio el conflicto existencial que desgarraba a Víctor Hugo, ese en que la tendencia espiritual del ser humano se ve enfrentada por el apresamiento en lo carnal del hombre, ese mismo hombre que pretende desentrañar el intríngulis que significa la lucha del bien y del mal, realizando en su obra literaria una verdadera apología del primero, un épica que se manifiesta plenamente en una de sus obras mas geniales, “Los Miserables”.

Si bien a esta generación de escritores franceses se la ha catalogado como “románticos” no deben ser confundidos con los enrolados en la corriente del romanticismo tradicionalista, estos profesaban un romanticismo social, democrático, progresista. Enrique Anderson Imbert cataloga a estos románticos, los de la escuela de Echeverría, con el rótulo de “románticos sociales” y dice este autor:

“…sobre todo en el Río de la Plata”

y continúa diciendo Anderson Imbert

“estos románticos sociales se apartaban del pasado español, defendían los derechos de una lengua americana y prometían una literatura nacional, basada sobre todo en el paisaje y los modos de vivir”

y evidentemente allí es donde se imbrica el naturalismo dentro de la literatura social, y el mejor exponente de dicha corriente literaria, el iniciador y casi podría decirse con certeza el escritor que puede catalogarse como preclaro entre todos los que se enrolaron en esta tendencia fue Esteban Echeverría.

Es una certeza para este estudioso de la literatura iberoamericana al que citamos como referente que: “ …el nacionalismo lingüístico fue mas radical en la Argentina que en ningún otro sitio de América Hispana”. Los románticos, tanto los románticos del yo como los románticos de la sociedad, impusieron su terminología, esa terminología que estuvo irrumpiendo a centenares con palabras americanas que designaban cosas originales de la tierra, y esto lo vemos en la obra cumbre de Echeverría “El Matadero” cuando explicita cosas que a partir de ése momento pasaran a denominarse “argentinismos” como achuras, recado, chiripá, matambre, petiso, etc., utilizando otras que pasaran a denominarse “americanismos” -vocablo común a dos o mas países iberoamericanos- como tiento, poncho, corral de palo a pique, o también “indigenismos” en la palabra de origen quechua como tongori. 

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Neologismos, arcaísmos, americanismos, indigenismos, argentinismos, todos ellos eran una consecuencia de un despegue por lo español, un descubrimiento y exaltación de vocablos que hasta entonces sólo eran utilizados en conversaciones irrelevantes, nunca en escritos serios o en obras de literatura. Era una manera de plasmar una forma de admiración por todo lo europeo y por sobre todo, una actitud improvisadora que tuvo por consecuencia que la lengua se poblara de extranjerismo, particularmente de Francia, mejor denominados galicismos.

Una característica que destaca el escritor Anderson Imbert es la mención que hace en su obra de que en la Argentina la literatura fue hostil al indígena. En líneas generales es cierto que así fue, y evidentemente en la obra de Echeverría lo vemos. En “La Cautiva”, escribe su autor en el canto IV “LA ALBORADA”:

“Vióse la hierba teñida

“De sangre hedionda, y ….

O como escribe Echeverría en la misma obra, canto II “EL FESTIN”:

“La tribu aleve, entretanto",

“Allá en la pampa desierta",

La hostilidad del escritor se manifiesta en calificar a la sangre del indígena como hedionda y en considerar a la tribu misma como compuesta por gente traidora y perversa. En esta obra pueden verse magistralmente relatadas las causas de esa hostilidad que sentía el hombre blanco hacia el indígena, pues éste , no se contentaba, al efectuar sus malones, con el mero saqueo de bienes y ganado, sino que se apoderaba, raptándolas a la fuerza, de las mujeres y de los niños, a estas para degradarlas como concubinas de segunda y a los otros como esclavos, y María, la protagonista, da cuenta, al desarrollarse la obra, de las iniquidades que sufren dichas mujeres a manos de los salvajes, y por su parte, Brian es el ejemplo del soldado vengador que lucha contra individuos feroces, incultos, brutos y de malos sentimientos.

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La Cautiva, obra realizada en 1837 en la que por primera vez se ostentaba con talento el programa de una poesía vuelta hacia el paisaje, la tradición, el color local, el pueblo y la historia. La acción, que se desarrolla en la inmensa pampa, muestra al indígena bárbaro atacando a la civilización. Esta situación venía sucediendo desde la época del Virrey Sobremonte (1790) que es quien establece la primera línea de fortines cuando fue gobernador de Córdoba, dentro de la cual estaba la civilización, fuera de ella, la barbarie, viviendo en una connivencia que a la postre, se demostró que era imposible, No bastaron, para impedir que el indígena continuara cometiendo sus infames tropelías, ni halagos, ni lisonjas, ni mercedes o prebendas, y así se llegó hasta 1879, en que se entendió que no podía vivir mas el país en la ambigüedad que significaba la coexistencia de esas dos fuerzas poderosas que moldeaban -a su forma – cada una la mitad del territorio nacional, y decidirse por la primera de ellas significaba que debía finalizar esa paradoja, no se puede unir dos cosas imposibles de conciliar, y esta disyuntiva terminó con la exitosa Campaña al Desierto , que derrotó a los indígenas mapuches (de origen chileno) y que incorporó al ámbito de la soberanía nacional más de veinte mil kilómetros cuadrados al par que terminaba con la esclavitud a que tenían sometidos los indígenas a los cautivos (mujeres, niños y ancianos).

Echeverría no buscaba la gloria literaria, Echeverría buscaba, o mejor dicho anhelaba, una gloria política. Reniego de la reputación, escribe a Gutiérrez en 1836, “gloria querría, sí, si me fuese dado conseguirla”. Y al cabo del tiempo Echeverría es hoy una de las glorias de la Historia Argentina , pero no por sus versos, no por sus obras literarias, sino porque puso su reputación de poeta y de escritor al servicio de la regeneración política del país.

Quizás su obra mas famosa, también comenzada en el año 1837 y concluida recién en el 40, es el 37 el año que da fecha a esa generación de escritores. Es la misma un cuadro de costumbres de extraordinario vigor realista, cuyo título es el del sitio donde transcurre la acción, el matadero.

Diferente de todo cuanto se había escrito antes en la Argentina, por la intensidad de la acción, por su clima, por su phatos, por todos estos componentes es considerada tal obra como el primer cuadro de costumbres, la primera obra que tienen una intención política y reformista. Es un cuadro nefasto que muestra al desnudo la infame turba que apoyaba al tirano Rosas y los personajes de “ El Matadero” Hablan la jerga común a la realidad social en que vivían.

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Echeverría, mas que un escritor era un político, un político que tenía un plan, un plan realmente serio. Echeverría era un producto nato de la corriente de enciclopedistas franceses y vivió en Francia en esos años en que la filosofía entroncaba en una revuelta moderna, que en su momento había iniciado el precursor de estas ideas un poco mas de doscientos años atrás y que se llamó Francis Bacon. Estos postulados fueron, sin ninguna duda, asumidos por Echeverría, por lo que puede decirse de él que sus ideas fueron positivistas, antes de que Comte, contemporáneo suyo –que vivía en París por los mismos tiempos en que residía allí Echeverría – hiciera pública sus teorías de filosofía positiva.

A grandes rasgos, estas ideas resumían la cuestión a que la razón y la ciencia fueran las dos, únicas instancias de las que podía echar mano la Humanidad a fin de instaurar el orden social. Si vemos lo que surge de los fundamentos de la teoría positivista de Comte, es lógico pensar que esas ideas ya estaban germinando muchos años antes de que fueran dadas a luz mediante un tronco de doctrina, y no es aventurado entonces decir que, Echeverría pudo haber participado en discusiones filosóficas de este carácter y haber sido influído por ellas, sino, veamos por ejemplo, lo que decía Comte respecto de los problemas que afectaban a la sociedad: “Los problemas sociales y morales han de ser analizados desde una perspectiva científica positiva que se fundamente en la observación empírica de los fenómenos y que permita descubrir y explicar el comportamiento de las cosas en términos de leyes universales susceptibles de ser utilizadas en provecho de la Humanidad.”

Comte también afirmaba que:

“únicamente la ciencia positiva podrá hallar las leyes que gobiernan no sólo la naturaleza sino nuestra propia historia social, entendida como la sucesión y el progreso de determinados momentos históricos llamados estados sociales.” Para este filósofo francés: “La finalidad de las ciencias es el control y el dominio de la naturaleza y la sociedad.”

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Han pasado casi siete años desde que Echeverría regresara de Francia y nuestro escritor es consciente del respeto de quienes lo rodeaban, de todos aquellos que adscribían sus ideas, y por lo tanto decidió reunir a todos sus jóvenes -amigos y conocidos- bajo la tutela de una doctrina y en pos de dicha finalidad constituye en el año 1837 (dice Luis María Gutiérrez, su biógrafo años después y compañero en ése entonces, que en realidad fue en el 38, pero que Echeverría había anotado mal el año. En suma, la reunión era para fundar una asociación llamada “LA JOVEN ARGENTINA” o “Asociación de Mayo”. la cual, mediante una doctrina fundaría una escuela de pensamiento, que adhería al apotegma que había esgrimido uno de nuestros precursores como ideólogo político, Juan Crisóstomo Lafinur “pensar para la acción” poeta puntano que supo ejercer cargos legislativos como también lo hicieron Fernández de Agüero y Alcorta.

En realidad, todo esto tenía un fermento anterior y comienza por una amistad fraterna que se crea entre Echeverría y Gutiérrez en 1834, cuando, al mas puro estilo platónico, ambos realizaban largas caminatas extramuros de la Buenos Aires –colonial todavía en muchos aspectos- reuniones a las que se agrega el tucumano Alberdi el año siguiente, y luego, cuando las mismas tienen una sede que es la trastienda de la librería del uruguayo Marcos Sastre, ya en carácter de Salón Literario, a cuyas reuniones se sumarían Vicente Fidel López y muchos otros jóvenes brillantes. Es a Alberdi a quien le toco inaugurar dicho Salón con un discurso al que tituló “Doble Armonía” el cual, en sus lineamientos era todo un programa de acción, conciliando el desarrollo de esta sociedad donde tal institución nace con las exigencias que conlleva el progreso de la humanidad.

Formaban un grupo realmente importante quienes compartían con Echeverría esta Escuela en la que todos eran –entre sí alumnos y maestros, puede mencionarse entre ellos algunos de los autores mas importantes de la literatura argentina del siglo XIX, y, porqué no decirlo, todos ellos grandes políticos, pensadores sociales que dejaron su impronta en libros, ensayos, en cuentos, en artículos aparecidos en periódicos, fundando periódicos como Sarmiento, Mitre, Alberdi, Gutiérrez, López, etc., sentando –en una obra magistral– las bases de nuestra futura constitución nacional, como Alberdi, o siendo ellos mismos constituyentes, como Gutiérrez., o llegando a ser presidentes de la nación, como Mitre y Sarmiento.

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Es que, hasta 1824, cuando sucede el triunfo de Ayacucho por las fuerzas patriotas, no hubo tiempo sino para la espada; la acción fue primero que el pensamiento, ya que las fuerzas realistas españolas, subyugadas y débiles en la metrópoli, luchaban con un denuedo y tesón increíbles en la América , y así fue imposible que ese grupo de patriotas que componían el núcleo de la Revolución de Mayo, muchos de ellos de un nivel intelectual superior como lo fueron Moreno, Castelli, Belgrano, etc., urgidos por la acción no tuvieron tiempo para pensar, y a alguno de ellos –como Moreno – no lo dejaron pensar, y a otros, cuando pensaron, como Rivadavia, no los dejaron actuar, y se sucedieron los años y la anarquía, la lucha contra los españoles, la lucha fraticida y finalmente la dictadura, todos fueron desengaños para aquellos que soñaron, en 1810, con forjar un gran país.

Y así se llega hasta que la joven generación de la década de 1830 al 40 comienza a agruparse bajo las nuevas corrientes del pensamiento liberal y romántico, influenciados por los filósofos que en Europa, contemporáneamente, estaban produciendo una revolución del pensamiento político, pero, no bastaban las ideas si el poder lo ejercía una dictadura férrea que manejaba al país como si fuera una estancia, y la Argentina iba a sufrir por mas de 15 años todavía, hasta que pudieran gozar los ciudadanos del libre ejercicio de pensar y expresar las ideas pensadas, amparados por una Constitución y una justicia que hacía que todos ellos fueran iguales ante la ley, fue realmente lamentable que ese grupo de jóvenes tan brillantes no pudiera , en esos años , dar sus frutos al país: Esta generación tenía un plan, tenía un proyecto que pudo llegar a ser un proyecto nacional, y ése proyecto fue abortado por la tiranía brutal de Rosas. El tirano y sus mazorqueros contribuyeron a que este grupo de jóvenes patriotas, dotados de una cultura superior y de un amor ilimitado por su patria, no pudieran llegar a establecer un plan orgánico para el desarrollo del país, no pudiendo llevar a cabo –llegando algunos de ellos a perecer al querer cambiar el rumbo del país, y los mas, tuvieron que emigrar al no poder llevar a cabo otras alternativas.

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A esta generación de pro-hombres de Argentina se los conoce en nuestra historia bajo el rótulo de LOS EMIGRADOS, pero lo fueron a la fuerza, tuvieron que escaparse del país, algunos al Uruguay, otros a Chiles, también a Europa, anatematizando al tirano y a sus secuaces por medio de la palabra y de sus escritos, dejando constancia del estigma de sus crueles actos en libros y panfletos que imprimieron en cuanto medio tuvieron a su alcance, allí, en el exilio, sus ideas, ya pergeñadas en el Salón Literario y en los inicios de la Asociación de Mayo, germinaron en pujantes movimientos literarios y políticos que contribuyeron al desarrollo de la patria de adopción de cada uno de estos emigrados famosos. Y es nuestro protagonista , quizás, uno de los últimos en emigrar, él, que decía que “ emigrar es inutilizarse para el país” ya no puede quedarse mas en su tierra, pues El coronel Maza ha sido fusilado, su padre, asesinado, Castelli es decapitado y su cabeza ensartada en una pica en la plaza de Dolores, luego de la fracasada revolución de los estancieros del sur, y es Echeverría, que se hallaba en los campos de su familia, en la estancia El Tala, quien adhiere a dicho movimiento y canta ditirambos por su acción, comprometiéndose y luego del resultado fallido de la asonada no le queda otro remedio que emigrar.

Echeverría, al tomar partido abiertamente por los Libres del Sur, no hizo otra cosa que cumplir con una de las características de la Cultura de la América Española, en la que, según Anderson Imbert: “El pensamiento se aplique a la realidad social y la literatura se coloque al servicio de la justicia”.

Es de lamentar que la obra que reflejaba en todo su horror la vida cotidiana en la época de Rosas, EL MATADERO, recién se editara en 1871 por quien había sido amigo dilecto de Echeverría, Juan M. Gutierrez, quien había conservado todos los escritos del autor, prologando, en su calidad de biógrafo de Echeverría dicha obra. Fueron muchos los factores, quizás las dificultades económicas, su salud precaria, el miedo a que los tentáculos del dictador llegasen hasta quien colaboraba en su contra, no se sabe, pero sí podemos imaginar que habría acelerado el proceso de la lucha anti-rosista si se hubiera publicado y sus ejemplares hubieran circulado –aún clandestinamente– en Argentina, pues en esta obra resalta la dicotomía que siempre ponía en evidencia Sarmiento, civilización y barbarie. Echeverría hace figurar a la civilización en su obra EL MATADERO encarnada en el joven unitario, héroe gallardo que desafía a voces a la sociedad brutal de su tiempo, a la barbarie encarnada en los esbirros del tirano, los que eran conocidos como sicarios de la Mazorca, quienes pretendían afrentarlo.

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Anderson Imbert carátula a esta época dentro el marco histórico que se produce al concretarse la disolución de las colonias hispanas en núcleos nacionales autóctonos –y diferentes– que se encuentran sumergidos en la anarquía bajo el caudillismo, inmersos en una lucha casi permanente entre el absolutismo y el liberalismo. Como tendencias culturales de la época se destaca el romanticismo en sus dos vertientes, costumbrismo y realismo.

Muchas y diferentes han sido las teorías esbozadas para justificar el porqué y el cómo de la aparición de la literatura social en nuestro país en esos años de la década de 1830, y a propósito de esto es interesante destacar un pensamiento de Chinoy en el cual dice: “…las cosas que aprenden los hombres se deben principalmente a los grupos en que nacen y viven” no obstante, admite Chinoy que:

“…la idiosincrasia personal puede ser influida o modificada por la cultura” ¿En que sociedad vivía la juventud en la década de 1820? lo mejor y más granado de nuestra sociedad había abrazado la carrera de las armas y no precisamente haciendo estudios formales en una academia militar, sino enrolándose -muy jóvenes - en los distintos regimientos y cuerpos de ejército que en ése entonces luchaban contra los ejércitos españoles. Y la lucha no acabó en 1824, cuando se hubo rendido a Sucre el último ejército español en los llanos de Ayacucho, pues en 1826 ya estábamos en guerra con el imperio del Brasil, pero , para aquellos que no militaban en las fuerzas nacionales, la único alternativa era Europa (Francia o Inglaterra) y allí sí se podían, como dijo Chinoy, modificar las idiosincrasias personales influidas por la cultura que reinaba floreciente en esas sociedades., cosa que es claro que sucedió con Echeverría y tantos otros que allá fueron a abrevar sus ansias de conocimientos.

Quizás, para entender este fenómeno que fue El Salón Literario en esa Buenos Aires de 1835, debamos apelar a las opiniones que sobre literatura y sociología han pronunciado autores y filósofos, como por ejemplo Ortega y Gasset, quien nos dice que: “la novela describe lo actual” y continuando con este gran pensador español, el mismo nos dice:

"…en la novela hallaremos la clave de muchos problemas inéditos, o al menos, insolutos”.

Y vayamos a ver la opinión de un poeta, literato, jurisconsulto y político uruguayo que nació un año antes –en Montevideo, 1850– de que muriera en dicha ciudad nuestro poeta primigenio. Luis Melián Lafinur decía que:

“…describir el proceso de la literatura de un pueblo es idéntico a describir el proceso de la conciencia y la sensibilidad colectiva, es mostrar los estados espirituales por los que atraviesa dicho pueblo en sus distintas circunstancias”

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Nada mejor para ubicar filosóficamente a esta generación de jóvenes patriotas que hicieron eclosión en esa década del 40 y que pasaron a la historia como “Generación del 37” que una expresión de Melian Lafinur, respecto a que: …” cada sociedad tiene su filosofía determinada, es decir, su sistema de ideas, una suma de conceptos fundamentales acerca de la vida y de sus fenómenos” a lo cual acotamos nosotros que todo esto se refleja en la literatura social, y el mismo autor, refrenda esto diciendo que: “ La Literatura Social es una especie de conciencia impersonal de los pueblos”

COROLARIO:

Esta Literatura Social que ha irrumpido en la recoleta sociedad porteña de la pluma de Echeverría adquiere una característica de revelador documento por demás significativo, ha revelado, ha puesto en evidencia la situación psicológica y sociológica de la sociedad de esa época, y por medio de esa literatura puede tenerse un elemento de juicio para esclarecer el pensamiento que orientaba a nuestros escritores, un pensamiento político comprometido con su mundo, integrador de un plan, de un plan nacional, en el cual formarían parte las mejores ideas de los partidos políticos que se hallaban en pugna, y este plan se cristaliza en EL DOGMA SOCIALISTA, que de cumplirse, haría la grandeza de la República Argentina.

Este grupo de escritores, con Echeverría a la cabeza, escribieron como si hubiesen estado imbuidos de las teorías de Husserl, quien definía a:

“la conciencia como intencionalidad” Nuestros “iniciadores” tendían hacia un fin determinado, su literatura no tenía carácter estático o pasivo, los temas los trataban “ex profeso” eran fruto s de una meditación sobre la realidad que los circundaba, y al darlos a conocer bajo su propia perspectiva los hacían trascender, lo cual puede considerarse una superación del positivismo, como manifiesta Rivera en su obra, donde precisa, con rigor científico, que “ese tender hacia es activo, operante y transformante”.

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Puede decirse de la obra que realizaron Echeverría y sus amigos, que fue una “catarsis” de emociones reprimidas, quienes por medio de la pluma tendían a modificar la realidad circundante, máxime si nos ubicamos cronológicamente en la época, cuando no existían los medios de que hoy se dispone para difundir las ideas. A Echeverría también se lo tilda como el iniciador de la literatura realista, escuela esta que tuvo su máximo adalid en Zolá, quien manifestaba que:

“la exhibición sencilla de las lacras que corroen el organismo social es el reactivo mas enérgico que contra ellas pueda emplearse”. Y esto lo hizo Echeverría magistralmente en ese opúsculo de sólo 31 páginas, prologado y publicado por su amigo del alma que fue Juan María Gutiérrez, veinte años después de su muerte.

Fallece Esteban Echeverría en Montevideo y sus restos van a dar a una fosa común, y al cabo de un corto período, esos restos gloriosos de nuestro máximo poeta fueron a parar al osario. Que ironía de la vida, aquél contra quien luchó y por culpa de quien tuvo que emigrar y morir joven aún por tantas penurias sufridas en el destierro, al cabo de los años los restos de este hombre fueron repatriados. El no merecía tamaño honor, sus méritos fueron los de sumir a la naciente república en treinta cuatro años de oscurantismo, de suprimir a los ciudadanos de la misma los derechos elementales de libertad, de obligar a aquellos que no pensaban igual que él en emigrar o morir, ese, que al asumir todos los cargos y honores de nuestro país se olvidó –o no quiso– defender, cuando el gobernaba, nuestra soberanía despojada en las Islas Malvinas, ese a quien no queremos ni nombrar en el final de este trabajo para no enlodar con su recuerdo la memoria de Echeverría, ese tuvo la suerte de que un gobernante –a quien tampoco conviene mencionar– pocos años atrás gestara la llegada, con honores, de sus restos a nuestro querido país, la República Argentina , que no merecía –ni ella ni toda la generación del 37 que tanto sufrió– tal afrenta póstuma.

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