LA ENSEÑANZA NÁUTICA FORMAL EN LA ÉPOCA DE BROWN
(1814-1857) Y UNA CONSECUENCIA MEDIATA: LA CREACIÓN
DE LA ESCUELA NACIONAL DE NÁUTICA.


Por el Dr. Enrique J. Aramburu
24 Páginas A4
 

... yo por el contrario firmo, con la convicción de serias meditaciones, con el apoyo de la verdad escrita por maestros,
por el análisis de fenómenos producidos en nuestra corta, pero instructiva historia, que el mar encierra para la Nación Argentina los más vitales problemas, que el mar será el vehículo y el sostén de su fortuna y de su gloria. (1)

(1) Storni, Segundo. Intereses argentinos en el mar, pág. 22 de la edición de 1967.

 

 

INDICE

Introducción

Las escuelas mercantes


La Academia de Matemáticas del Consulado (1815-1817)


La Academia de Matemáticas del Estado (1816-1817)


La fusión de ambas academias (1817-1821)


La transformación en universidad y continuación de los estudios náuticos


La Escuela Pública de Náutica del Consulado de Montevideo


El Aula de Náutica de Antonio Castellini (1818-1821)


La segunda Escuela de O´Donell


Otros intentos de creación de escuelas de enseñanza náutica


La segunda Escuela de Cerviño


La Escuela de Prácticos de Paulovich


La Academia Naval de Granville


La escuela de Castellini


La escuela de Boeri


Las escuelas navales


Escuela de Ramsay


La Escuela de Ottone


El proyecto de Mitre


La Academia Teórico-práctica de Marina del Estado de Buenos Aires


La época posterior a Brown


Escuela de Sarmiento. Director Urtubey


Escuela de Piedrabuena


La enseñanza náutica en la segunda mitad del siglo XIX


La fundación de la Escuela Nacional de Pilotos


La petición de presupuesto


Conclusiones

 

 

INTRODUCCIÓN

Después de navegar bastante tiempo por los mares no tan extensos como procelosos de la historiografía dedicada a la enseñanza de la náutica en el Río de la Plata (que es como decir en la Argentina) creo estar en condiciones de sintetizar un somero panorama sobre cómo se desarrolló desde que el gran Almirante llegó al país hasta la fecha de su muerte.

La idea de partida de esta investigación fue un tema más amplio: hacer una historia de la escuela que conocemos hoy como Escuela Nacional de Náutica. Los objetivos que me propongo aquí son más modestos, sin embargo: por un lado, establecer una suerte de periodización de la enseñanza de la náutica en la época que nos sirve como límite. Por otra parte, dar a conocer el proceso de creación de aquella escuela.

En homenaje a la doble condición de marino mercante y de guerra que reunió el almirante Brown voy a discernir el tipo de escuela de la que se trata, teniendo en cuenta que muchas veces; aunque creadas con un propósito específico, varias de estas escuelas proporcionaban oficiales al otro sector.

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Las escuelas mercantes

Sin olvidarnos de la segunda escuela de Alsina, la escuela de O´Donell y la idea de Mila de la Roca y Herrera que son previos a la llegada de Brown al Río de la Plata, tenemos entonces:

La Academia de Matemáticas del Consulado (1815-1817)

En agosto de 1815 el síndico del Consulado proponía la creación de una escuela de matemáticas e idiomas. Se propuso al Ingeniero Cerviño y se nombró profesor de inglés y francés a Santiago Wilde con el compromiso de hacerse cargo de la dirección de la Academia de Comercio. También se nombró ayudante de matemáticas a Felipe Senillosa.

El 16 de diciembre en sesión del Consulado, se procedió a elegir el director para el nuevo instituto entre Cerviño y el sargento mayor Manuel S. Herrera. La ventaja del primero era la experiencia y la del otro, ser americano (había nacido en Montevideo en 1786). Ganó la votación Cerviño; pero no quiso hacerse cargo porque le nombraron un segundo maestro asistente. Por esa razón Herrera rindió la prueba de competencia ante una comisión examinadora, la que certificó su capacidad para hacerse cargo de la dirección.

La fecha fijada para el comienzo de los cursos fue el 1 de mayo y los únicos requisitos de ingreso, saber leer y escribir regularmente. Los interesados debían concurrir a la casa del Consulado de 9 a 11 horas y el 12 de mayo se inciaron los cursos. Asistían los siguientes "académicos": Benito Nazar (subteniente de artillería), Miguel Mogrovejo, Mariano Martínez, Feliciano Chiclana, Inocencio J. Escalada, Fermín Eguía, Vicente Álvarez, José Ignacio Baliño, Marcos Chiclana, José Domingo Pita, Felipe Somoza, Antonio González, Marcial Calleja, Bartolomé Montalvo, José Agustín Granados. Para los días 15 y 17 de julio se anunciaron los primeros exámenes públicos, que se realizaron efectivamente el 21 y 23.

En agosto siguiente a Herrera se le dio otro destino militar y se nombró "Primer director de la Escuela de Matemáticas" a José de Lanz por decreto del 17 de agosto de 1816. Éste presentó, con el reglamento, el 11 de octubre de 1816, un plan de estudios para el curso de dos años que en el segundo contemplaba la enseñanza de Principios de cálculo diferencial e integral, Mecánica, Astronomía y Navegación. Lamentablemente no llegó a aplicarse; puesto que el 23 de enero Lanz renunció y el instituto se fusionó con la Academia de Matemáticas del Estado.

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La Academia de Matemáticas del Estado (1816-1817)

La Revolución de Mayo tenía en su espíritu renovador una preocupación por el estudio de las ciencias en general, en particular de las matemáticas (que en la época se vinculaban con los asuntos militares, tan necesarios para la obra de afianzar la independencia) y más específicamente a veces, el estudio de la náutica. Por ejemplo, en 1813 se comisionó a Pedro Cerviño para dirigir una Academia de Matemáticas a la que concurrirían todos los cadetes de la guarnición "y además todos los otros jóvenes en quienes asistan las calidades que reuniera el reglamento respectivo". En ella se enseñaría la arquitectura civil, militar y naval. En 1815, al inaugurar la Academia de Dibujo, Fray Castañeda expresaba en su discurso que:

"no basta que sepan leer, escribir y contar, pues todas estas habilidades pueden aprenderlas de día, preciso es también que la noche se emplee en su instrucción y enseñanza; el dibujo, la geografía, la historia, la geometría, la náutica, la arquitectura civil, militar y naval, los artefactos de todo género, deben entrar también en el plan de su buena y bella educación; la esgrima, la danza, la música, el nadar y andar a caballo, pronunciar correctamente el idioma nativo y mil otras particularidades que, aunque no prueban sabiduría en quien las posee, pero arguyen mucha ignorancia y muy mal crianza en quien las ignora."

El gobierno, haciéndose eco de la prédica de la prensa porteña a favor de la enseñanza de las matemáticas creó esta academia el 20 de enero de 1816 por decreto que firmaron Álvarez Thomas y Tomás Guido. Funcionó en la casa de la comisión militar, frente al hospital de Belén y se inauguró el 22 de febrero en lucida ceremonia, con Felipe Senillosa como director.

Asistían cuarenta y cinco "académicos" y los primeros exámenes se fijaron para los días 20, 21 y 22 de mayo.

Como término de comparación, pensemos que en aquel momento había (según la Comandancia de Marina en oficio del 4 de septiembre de 1816) 152 buques nacionales en la matrícula del comercio del Río de la Plata. (2)

(2) Fitte, Ernesto J. "Apuntamientos para una historia de la navegación en el Río de la Plata "en Investigaciones y ensayos, Nº 13, jul-dic. 1972. p. 239.

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La fusión de ambas academias (1817-1821)

Existiendo las dos academias de matemáticas: una creada, como dijimos más arriba, por el Director Supremo Alvarez Thomas el 20 de enero de 1816 y la otra, la del Consulado dirigida por José Lanz, el 25 de febrero de 1817 se refundieron y se colocaron ambas bajo la dirección de Senillosa. Éste hizo un plan de estudios que reemplazó el de Lanz que fue aprobado el 3 de marzo.

El Consulado debió ceder las instalaciones que ocupaba para darle una sede al Congreso que había declarado la independencia del país en Tucumán dejando para su uso todos los muebles y útiles. Por lo que la Academia de Matemáticas, que además ya no era exclusiva del Consulado, se instaló en una sala de la casa de Ugarte que había ocupado. Se lo proveyó de material, libros e instrumentos para la enseñanza, varias obras de matemáticas, un copiador de ángulos y, a pedido de Senillosa, de un sextante repetidor y de un mapamundi. Tomás Guido, que había refrendado el decreto de creación de la Academia de Matemáticas en 1816, informó desde Santiago de Chile que se habían capturado en Talcahuano a bordo de la fragata española "Reina María Isabel" algunos libros y atlas, los que el gobierno le instruyó que tratara de conseguir.

En julio de 1817 la Academia contaba con catorce alumnos en primer año y siete en segundo en condiciones de rendir los primeros exámenes. En 21 de enero de 1818 fueron examinados cinco alumnos del segundo curso (Pedro Bernal, Leonardo González, Faustino Lezica, Avelino Díaz, Marcos Saubidet) y nueve del primero (T eniente Benito Nazar y subtenientes de artillería Mariano Chilavert y José Álvarez de Arenales y Cipriano Quesada, Manual Chueco, José María Achával, Pedro Viola, Francisco Balbín, José F. Elías) en materias tales como Aritmética, Geometría, Álgebra, Trigonometría plana y esférica, Aplicación del álgebra a la geometría, Cosmografía o elementos de astronomía. El examen se completaba pidiendo a los alumnos que explicaran el manejo de los instrumentos más usados: teodolito, cuarto de círculo, grafómetro, nivel y sextante de reflexión.

Los periódicos de la época (la Gaceta de Buenos Aires y El censor ) publicaban avisos sobre la inauguración de los cursos, noticias sobre exámenes, discursos del director, etc. Por ejemplo, el 1 de marzo de 1820 se avisaba que tendría lugar la apertura del quinto curso de matemáticas y se enunciaban las condiciones de ingreso:

El director Senillosa hizo una presentación en la que se señalaba al Consulado la conveniencia de que se hiciera obligatorio a los capitanes que tomasen sus segundos entre los egresados de la Escuela de Matemáticas una vez completados los dos años de estudios. El tema fue tratado el 11 de septiembre de 1818.

Diez alumnos rindieron exámenes en enero de 1819 y en enero de 1820 cuatro de primer año y once del segundo curso. Uno de estos últimos es Mariano Moreno hijo, quien llegó a dirigir el Colegio Militar de la Nación en 1874.

En febrero de 1821 el Consulado aprobó la moción del Prior de su Junta de Gobierno para que se solicitara al gobierno que otorgase el grado de subteniente de marina a Manuel Bastarde quien había rendido excelentes pruebas de náutica. En abril se conoció la aprobación del gobierno a esta inquietud con la condición de que debía continuar los estudios.

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La transformación en universidad y continuación de los estudios náuticos

Al comienzo de sus funciones, la Universidad de Buenos Aires incorporó las instituciones docentes, activas o no, que existían en la época en la ciudad: los cursos de matemática del Consulado, los cursos del Instituto médico y los del Colegio de la Unión del Sud, que había sido real después de la expulsión de los jesuitas, sus fundadores.

En mayo el Consulado trató el convenio que debería firmarse con el Cancelario General de Estudios, encargado por el gobierno para establecer la Universidad de Buenos Aires en el Colegio Unión del Sud. Se acordó que las aulas de matemáticas y pilotaje práctico, elementos de comercio, dibujo y las de idioma francés e inglés se incorporarían al plan de la universidad. Los maestros de estas especialidades serían reconocidos catedráticos y las vacantes que se produjesen serían llenadas por oposición. La Junta de Gobierno del Consulado enviaría un diputado que sería el fiscal en todas las aulas trasladadas a la universidad.

El 20 de septiembre de 1821, ante el pedido del rector Sáenz el Consulado procedió a efectivizar la mudanza de las aulas, con lo que desaparecieron del ámbito consular y se integraron en la Universidad de Buenos Aires. Senillosa pasó a dictar la cátedra de geometría descriptiva, Avelino Díaz, que había comenzado como ayudante de cátedra de Senillosa a los 16 años, obtuvo por concurso la de físico matemáticas y Antonio Castellini la de idioma francés. Continúan así los estudios de náutica no en una escuela que llevara nombre de tal, sino en lo que ya era la Universidad de Buenos Aires, más concretamente en su Departamento de Ciencias Exactas, que provenía de la fusión de las academias consulares. (3)

En 1827 un plan de estudios del Departamento de Ciencias Exactas de la universidad, preparado por Senillosa junto con Manuel Moreno, Avelino Díaz, Pedro Carta y Juan Sauvidet, establecía entre otras, además de la duración y el título a otorgarse, las cátedras de astronomía y navegación.

Allí la náutica se enseñó de manera teórica desde 1821 en las cátedras del Aula de Matemática. Quien primero tuvo a su cargo la de físico-matemáticas fue Avelino Díaz, que como vimos, fue un destacado matemático formado en la Academia del Estado, a la que había ingresado en 1816.

Senillosa enseñó geometría descriptiva hasta septiembre de 1822, materia que se daba en primero y segundo año. A él le siguió Romano Chauvet hasta 1827, año en que se hizo cargo Avelino Díaz hasta 1829.

El 7 de febrero de 1829 se hizo cargo de la enseñanza Alejo Outes hasta 1839, en que con la presencia de Rosas en el poder, decaen los estudios en la Universidad (4). Out es, salteño, se había formado en las primeras letras en Mendoza y se desempeñó en el Departamento Topográfico de la Provincia de Buenos Aires, como muchos de los matemáticos de la época. En 1826, en tercer año había tenido como compañeros de estudios a Juan María Gutiérrez, Manuel Egaña, Saturnino Salas y Telésforo Castañeda.

Los estudios náuticos en la universidad, formaron en las disciplinas científicas dos personajes importantes: uno, quien sería luego el capitán Bartolomé Bossi (que reconocía en Outes su maestro en la náutica) y el otro, Juan María Gutiérrez.

(3) Halperín Donghi, Tulio. Historia de la Universidad de Buenos Aires . Bs. As., EUDEBA, 1962, p. 36.
(4) Gutiérrez, Juan M. Noticias históricas sobre el origen y desarrollo de la enseñanza pública superior en Buenos Aires. Bernal, Univ. de Quilmes, 1998, p. 447.

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La Escuela Pública de Náutica del Consulado de Montevideo (5)

El 19 de octubre de 1818 el Consulado de Montevideo (que había sido creado el 24 de mayo de 1812) decide a instancias de su Prior, el comerciante de la Banda Oriental Lucas José Obes, abrir una academia para la enseñanza de la náutica "en utilidad del comercio e instrucción de la juventud [...] surtiéndola de elementos propios de su instituto y dotándola de fondos". La escuela estaría a cargo de Prudencio Murguiondo. Se puso en condiciones una casa de Margarita Oribe de Lasala por la que se pagaban, de la tesorería de aduana, 24 pesos mensuales (6) y se compraron diversos instrumentos.

Al llegar fin de año en una sala del Tribunal de Comercio (una de las funciones del Consulado) con toda solemnidad se realizaban las lecturas de los premios y los discursos, presididos por las máximas autoridades.

Un testimonio de la existencia de esta escuela (y que nos da idea de cómo se financiaba) es una nota en la que se dice que el Capitán General de la Provincia creó una exacción del uno por ciento sobre la avería (impuesto que se pagaba para sostener el funcionamiento del Consulado) "atendiendo a la urgente necesidad de construir un muelle, reparar el antiguo, establecer un Farol en la Isla de Flores, arreglar el del Cerrro y sostener la Escuela Pública de Náutica". (7)

En otra nota, el Cabildo (recuérdese que la escuela pertenecía al Consulado y que el Cabildo era el gobierno de la ciudad) cuando contesta un oficio de la corporación comercial el 12 de noviembre de 1818, se refiere a la obra del Consulado y dice que vieron la casa consular "reparar el muelle, crear una Academia y últimamente, sabemos que ha conseguido favorecer la navegación con una Linterna costera destinada a la Isla de Flores". (8)

El 2 de diciembre de 1818 los cónsules acceden al pedido (oficiado el 28 de noviembre) de Lucas Obes para encomendar el reconocimiento de la Isla de Flores "al Director de la Escuela náutica por reunir los conocimientos necesarios". (9) Dicho reconocimiento se hacía imperioso para instalar un faro en la isla que previniese a los navegantes sobre el banco Inglés, causa de numerosos naufragios. El 23 de diciembre Murguiondo eleva al Prior del Consulado un informe detallado en el que describe manantiales, flora, fauna, etc. (10) de la isla.

(5)La incluyo en mi estudio porque la sucedió en el tiempo, porque estaba en aquel momento en la misma jurisdicción territorial de jure y porque fue quizás un reflejo de la de Buenos Aires; aunque, de acuerdo a cómo se dieron las cosas, fue más bien la competencia...
(6) "de la [casa] que retenía la Academia Náutica [...] era [apoderado] don Gregorio Quincoces. El alquiler valía 24 pesos mensuales que se pagaban del fondo de la tesorería de Aduana y no de Propios". (Falcao Espalter, Mario. La vigía Lecor . Montevideo, Renacimiento, 1919. pág. 99)
(7) En Archivo General de la Nación , Montevideo. Caja 335, carpeta 1, documento 8.
(8) A. G. N., Montevideo. Caja 334, carpeta 6, docum. 88.
(9) A. G. N., Montevideo. C. 334, c. 6, doc. 39.
(10) Ibidem , Caja, 334, c. 6, doc. 112.

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El Aula de Náutica de Antonio Castellini (1818-1821)

En esta banda del río, el 25 de agosto de 1818 el piloto Antonio Castellini presentó al Consulado una propuesta para establecer una escuela de pilotaje que formaría en el término de un año pilotos "capaces de conducir un buque a cualquier punto del globo ". Aunque la petición fue apoyada por el síndico del Consulado, Juan Pedro Aguirre; Senillosa, como director de la Academia de Matemáticas, se opuso basado en que si la Escuela era privada, el Consulado debía destinar el dinero para las academias ya existentes. El gobierno en octubre de ese año comunicó al Consulado que había concedido a Antonio Castellini la autorización para abrir una escuela de náutica, señalándole que debería auxiliarlo con los útiles necesarios para cumplir con su cometido y que debía cedérsele una pieza destinada a aula. Los alumnos debían pagar una mensualidad para la manutención del maestro, el que para retribuir las atenciones del Consulado, ofrecía enseñar gratuitamente a dos jóvenes que éste designase.

El 20 de octubre el Tribunal del Consulado solicitaba lo propio, con lo que el ministro Gregorio Tagle pasó la petición a informe a Juan José Paso, quien dictaminó favorablemente el 7 de diciembre.

El Consulado eligió como primeros alumnos a J. José Gómez, Francisco Obligado y Francisco Rivadavia, hijo de Manuel Rivadavia y Romualda Mier y así se lo comunicó a Castellini en nota del 23 de enero de 1819 en la que le avisaba que "la habitación destinada para la enseñanza está preparada en esta casa consular con todos los útiles necesarios".

Por oficio Castellini se dirigió al Consulado informando que había decidido comenzar los cursos en febrero, pedía que se publicase la noticia en la Gaceta e indicaba que la cuota sería de seis pesos por alumno. En el aviso que apareció se indicaba que la escuela estaba situada en "calle de la Reconquista (o de las Torres) a la tercera cuadra de la iglesia catedral para el campo". En esta aula el Cabildo ofrecía enseñar náutica en forma gratuita a seis jóvenes.

Y en el mismo enero de 1819 ya el Consulado avisa al Cabildo que había "franqueado habitación cómoda y suficiente con todos los útiles necesarios para el establecimiento de la Escuela de Náutica que con superior permiso y órdenes de V. E. va a regentear don Antonio Castellini y habiendo ofrecido este individuo enseñar gratis seis jóvenes que nombrase V. E., se dignará elegirlos..." (11)

El 23 de abril de 1819 Castellini reiteraba su disposición para "enseñar la náutica, absolutamente gratis, a seis jóvenes". Se cursaron comunicaciones a los directores de las escuelas dependientes del Cabildo y éstos citaron a los padres para interesarlos en "tan útil como honrosa carrera". (12)

El 1 de mayo comenzaron las clases en la sala que le había destinado el Consulado. En ella Castellini había dedicado dos becas gratuitas y el Consulado nombró a José Gómez y a Francisco Rivademar para aprovecharlas. Ya para esta época Castellini percibía un sueldo del Consulado, que se descontó del del director de la Academia de Dibujo.

El 20 de septiembre de 1819 los consiliarios Patricio Lynch y Félix de Álzaga proponían al Director Supremo Pueyrredón que el aula del piloto Castellini fuera elevada "a la clase de una escuela pública donde los jóvenes puedan concurrir sin la pensión de costear, como antes, de su propio peculio el estipendio para su enseñanza, señalando al Director de ella un sueldo competente sin gravar fondos consulares con el arbitrio de aplicar a este objeto la mitad del que disfruta el de la Academia de Dibujo que se halla excesivamente dotado y a quien la Junta de Gobierno [de este Consulado] ha acordado separar ..." En contraprestación, Castellini se ofrecía a dar clases de francés (recordemos que era corso, como Napoléon) por las tardes, para que las pudieran aprovechar "los alumnos de las demás Academias".

Pero más interesante aún que esta proposición eran los motivos que los consiliarios expresaban en la misma nota:

"Cuando la Junta Consular de Gobierno de este Consulado estableció con suprema aprobación de V. S. la Academia de Pilotage que se halla baxo la dirección de don Antonio Castellini se propuso llenar uno de sus más principales deberes que consiste en la protección y fomento de todo aquello que pareciese conveniente al bien y felicidad del Comercio. Nada es más conforme a este objeto que dar impulso a los principios de que emanan los progresos del comercio marítimo a cuya influencia y exercicio han debido todas las naciones su prosperidad y engrandecimiento, y la América del Sud, elevada al rango de Nación independiente y libre de las trabas a que estaba sujeta en el antiguo sistema colonial, debe serlo en todas sus relaciones y respectos, colocándose en aptitud de proporcionarse todos lo recursos de su propio seno para no mendigar auxilios extrangeros en sus empresas y especulaciones. La Escuela Náutica llenará en parte este interesante objeto formando profesionales hábiles y científicos en el arte de navegar, que hagan extensivo el comercio entre los demás puntos del globo transportando las ricas producciones del País con la seguridad que exige el interés y conveniencia nacional a más de las grandes ventajas que resultarían al Estado en el aumento de su fuerza naval sostenido por el honor de sus mismos hijos." (13)

El 16 de febrero de 1821 (la fecha está manuscrita) Antonio Castellini aparece como firmante de un impreso titulado "Examen de Náutica"/ "A que se sujetan los jóvenes que en este primer año de enseñanza han/cursado dicha aula, y tendrán lugar à las once de la mañana en la sala del/ Tribunal Consular" [hay una línea separadora y un sello] "Los Señores discípulos que se presentan a examen son:/ [sigue la lista en dos columnas] D. Manuel Bastarde, D. Gregorio Soler, D. Manuel Luzuriaga, D. Dionisio Caviedes, D. Pedro Serrano, D. Juan Pedro Varangot, D. Gregorio Vidal, D. José García Cádiz, D. Federico Bas, D. José Soler, D. Domingo Aldao".

En las "Materias del Examen" se detallaban los temas del libro primero, los problemas prácticos, el libro segundo (Principios de astronomía, los más interesantes para la navegación), el libro tercero (Principios de geografía, los más precisos para la navegación) y el libro cuarto (En que se trata de la práctica de los cálculos astronómico-náuticos).

Sin embargo de toda esta tarea, en 1821, el piloto José de la Peña en un informe, manifestó su opinión contraria hacia la continuación de esta escuela, la que finalmente desapareció al unificarse con la universidad. Dos de sus alumnos, Varangot y Bastarde, aparecen cursando en la Academia de Geometría de la universidad en 1822.

(11) AGN, según las actas del Cabildo, en Ratto, Historia de la enseñanza naval en el Río de la Plata .
(12)
AGN, Actas del Cabildo, 1819. Ibidem.
(13) Ratto, Héctor R. Historia de la enseñanza naval en el Río de la Plata.

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La segunda Escuela de O´Donell

Consta en oficios del Jefe de la Comandancia de Matrículas de enero de 1831 y de 1832, Francisco Lynch, al ministro de Guerra y Marina, Juan Ramón Balcarce, el proyecto de fundar una escuela de náutica que se ubicaría en la misma comandancia y que se colocaría bajo la dirección de O'Donell, de quien se recordaba la actuación en Córdoba.

El profesor de matemáticas Juan Carlos O'Donell poseía una larga experiencia docente cuando fue designado director de la escuela de náutica que funcionó en la Comandancia de Matrículas y Capitanía de Puerto de Buenos Aires. A poco de crearse la Escuela de Náutica del Consulado, por renuncia del segundo maestro Juan Alsina, O´Donell había pasado a colaborar con el director, Pedro Cerviño como "auxiliante". Cuando debió cerrarse por la negativa del rey a su funcionamiento, el Consulado lo designó director de la escuela de matemáticas, cargo que ocupó de 1807 a 1809. Luego pasó como catedrático de matemáticas a la universidad de San Carlos de Córdoba donde tuvo a su cargo los exámenes del 29 y 31 de diciembre de 1810.

O'Donell decía en 1832 en un oficio que a pesar de haber sido aprobada en agosto de 1831 y de haberse preparado el presupuesto de gastos aún no se habían concretado las medidas necesarias y que por lo tanto demandaba al gobierno que se pusiera en funcionamiento. Sugería la fecha patria del 9 de julio para su inauguración y solicitaba solamente el local al gobierno y ayuda para retirar de la universidad los elementos más precisos para funcionar, dejando para mejor oportunidad los restantes, que estaban previstos en el reglamento elevado para su aprobación. También solicitaba un decreto de apertura y que se lo nombrara con la suficiente anticipación para poder conseguir la matrícula de alumnos particulares.

El 15 de noviembre de 1832 Lynch informaba de todo esto al ministro Balcarce, y éste aprobaba el 15 de diciembre el establecimiento del Aula de Náutica.

La escuela habría comenzado a funcionar en 1833. Para los exámenes se asignaba el sistema de calificaciones de la Universidad del decreto de julio de 1828: sobresaliente, bueno, mediano y malo. F uncionaba con alumnos enviados por alguna dependencia de la marina, para perfeccionarse adquiriendo la capacitación teórica en el arte de la navegación, y por los llamados "particulares", los que seguían la carrera de marinos mercantes.

Al finalizar el primer curso, el 5 de diciembre de 1833, en una nota encabezada por el membrete "Escuela de Náutica" de rigor, O'Donell pide que se fije día, hora y lugar para los exámenes de primer año, solicitando "en atención al corto número de alumnos" que se celebren en la Universidad , en la misma sala donde se realizan los de matemáticas y para que pueda presidirlos el ministro, que se hagan el domingo 8 de diciembre a las cuatro de la tarde. Fueron solamente dos los examinados, Elías O'Donell y Daniel Escalada y los exámenes se realizaron por fin el 4 de enero. El Diario de la Tarde da cuenta del evento diciendo que "el director de la escuela se presentó con los pocos discípulos que hasta el presente" había y que "cupo la suerte primera al alumno Elías O'Donell, el cual con bastante entereza contestó a todas las preguntas que se le hizo sobre el curso que había estudiado hasta aquella fecha; en seguida se llamó a D. Daniel Escalada, al cual preguntado sobre varios puntos de aquel mismo curso, igualmente contestó a satisfacción de los señores que se dignaron concurrir a aquella reunión. [...] El Señor Director dio fin a este acto, con un elocuente discurso; en el cual manifestó lo importante que era a la sociedad un arte tan precioso, los infinitos bienes que de él se reportaban; [...] y demostrando estar pronto a aceptar en la academia todos aquellos jóvenes que quieran entrar en tan hermosa carrera."

El 4 de enero de 1834 el Comandante de Matrículas y Capitán del Puerto, Tomás Espora, elevaba al ministro de Guerra y Marina el resultado de los exámenes del segundo semestre de 1833. Éste, al acusar recibo, expresaba que la noticia se comunicaría al público, que se manifestara al director la satisfacción del gobierno y se lo instaba a proponer mejoras al establecimiento.

También había algunos oficiales de la marina que eran alumnos de la escuela de náutica, para los que el Capitán del Puerto disponía que su concurrencia a clase se vería supeditada a las contingencias del servicio que prestaban. Ante la respuesta de O'Donell en el sentido contrario, los oficiales debieron cumplir el horario establecido para los demás alumnos.

El 13 de noviembre de 1834 Carlos O'Donell eleva por una nota que firma como Director al Comandante de Matrículas y Capitán del Puerto el estado "de ella en el mes próximo pasado uno p[ar]a su elevación y otro p[ar]a darlo a la prensa". La nota tiene membrete que dice: "Escuela Náutica". Esto nos lleva a pensar que continuaba en la época la Escuela de Náutica y por una extensión de lo que venía pasando, podemos inferir que una vez más uno de sus directores logró ponerla en funcionamiento.

En septiembre de 1835 O'Donell pidió que se le proveyeran sillas, una mesa y dos globos esféricos para la clase de segundo año, la que debía comenzar a practicar el estudio de trigonometría.

En el último parte mensual elevado en octubre de 1835 por el director vemos que había siete alumnos particulares, un oficial de marina, un aspirante de artillería y un supernumerario. Llama la atención que la asistencia de los alumnos a clase era en general "poca" (como se la califica) y vemos que va en relación directa con el progreso de los alumnos, ya que el que la tiene "regular" muestra en la columna "progreso" la anotación de "muchos". También vemos que el ingreso se había incrementado, puesto que en primer año había seis alumnos, contra dos en segundo y dos en tercero.

En noviembre de 1835 el joven Angel O'Donell solicita entrar "de particular" a cursar sus estudios en el aula de náutica.

A partir de esta mención, la escuela de O'Donell se desvanece en el tiempo y ya no aparecen más informaciones sobre la misma, sin que se diga nada si fue clausurada, transformada o si continuó de alguna otra manera. S upone Ratto que la caída en desgracia de Espora ante Rosas precipitó la del instituto educativo y su director.

Las promociones de los años 1833 a 1835 fueron de Elías O'Donnell, Daniel Escalada, Fermín Cabral, José O'Donnell, Avelino Viamont, Macedonio Vázquez, Luis Cossio, Antonio Echaburu, Pedro Gaete, José H. Cordero, Ángel O'Donnell.

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Otros intentos de creación de escuelas de enseñanza náutica

Ya hemos visto que la fusión de la Escuela de Matemáticas con su Aula de Navegación, dio lugar a la Universidad de Buenos Aires. Después de que ocurriera esto hubo una serie de intentos de creación de institutos de enseñanza de la náutica, muchas veces al compás de las necesidades militares, lo que daría lugar a la serie de escuelas navales, que se verán más adelante. Pero además hubo varias escuelas de enseñanza náutica que no pasaron de la categoría de intento en la mayoría de los casos.

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La segunda Escuela de Cerviño

El Segundo Triunvirato dispuso en los últimos días de 1812 la creación de una Academia de Matemáticas para militares, de la cual encargó la dirección a Pedro de Cerviño y sometió posteriormente su decisión a la Asamblea del Año XIII, que había iniciado su mandato.

El gobierno había dispuesto que se enseñarían arquitectura civil, militar y naval. Se establecía la obligatoriedad de asistencia para todos los cadetes de la guarnición; pero podían asistir todos los otros ciudadanos que cumplieran las condiciones previstas en el reglamento. Paralelamente, el teniente coronel Ángel Monasterio, que al principio se había mostrado de acuerdo con el Triunvirato en el nombramiento y el plan de Cerviño, presentó otro plan. Este segundo plan tenía un carácter más militar, y las materias eran las meramente militares, tanto es así que su creador, se refería a ellas como las "que se deben enseñar en el Colegio Militar que V. E. piensa establecer en esta capital".

La Asamblea consideró ambos planes el 30 de abril de 1813 y nombró una comisión integrada por Alvear, Anchoris, López y Monteagudo "para su más prolijo examen". La comisión se expidió un mes más tarde, el 31 de mayo, encontrando que el plan del primero se extendía "a todos los objetos de las ciencias exactas, sin limitarse a los que constituyen un militar facultativo, que es por ahora el principal designio" en tanto que el del segundo consultaba "exclusivamente aquel fin, acomodándose a nuestras actuales urgencias y recursos".

Después de considerar el dictamen, la Asamblea sancionó una ley que ordenaba "la erección de un instituto militar conforme al plan que a su nota del 26 de abril último acompaña el Supremo Poder Ejecutivo bajo el número 2".

Éste de Cerviño fue un intento, ya que el plan aprobado fue el segundo, que era netamente militar y se acomodaba a urgencias y recursos del gobierno, y en el cual Monasterio había incluido "sólo lo más preciso y peculiar que deben saber los oficiales, descartando muchas materias que he suprimido con el fin de no arredrar a los discípulos con el cúmulo de tratados abstractos y prolijos y que sus apliaciones no son tan comunes en nuestro sistema actual". Lamentablemente, no tenemos el plan de Cerviño, para ver a cuánto se extendía la enseñanza de la náutica en esta academia que se planeaba crear. De todas maneras según Urquiza Almandoz, parece que nunca se habría puesto en funcionamiento tampoco el instituto cuyos planes fueron aprobados.

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La Escuela de Prácticos de Paulovich

El 7 de junio de 1822 el náutico Blas Paulovich, había propuesto, junto con los derechos que debían pagar los buques en sus entradas y salidas, un plan para instruir a los prácticos del Río de la Plata.

La petición, con informe favorable de la Capitanía de Puerto, fue sin embargo desestimada por el Práctico José de la Peña por varias razones: lugar de fondeo del buque de prácticos, manera de permanecer constantemente en dicho fondeadero, coordinar la instrucción de los discípulos en un buque fondeado con la necesidad de navegar el río para conocerlo. Todo esto determinó que el gobierno no aceptase el proyecto.

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La Academia Naval de Granville

El teniente coronel de marina Guillermo E. Granville estableció una escuela de enseñanza náutica privada que funcionó entre 1829 y 1831 en Buenos Aires.

Granville era un marino que había prestado servicios en la escuadra libertadora del Perú y luego dado de alta como capitán en la guerra con el Brasil. Retirado por heridas de guerra en 1829, es muy probable que a causa de esto haya pensado en abrir esta Academia Naval.

Con autorización del gobierno, proponía clases sobre el método de llevar un diario, hallar la latitud por la altura del sol, hallar la longitud por la distancia de la luna a una estrella "con todos los demás conocimientos necesarios para formar un buen náutico".

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La escuela de Castellini

En 1847, doce años después, el piloto corso Antonio Castellini, quien, como vimos, había dirigido de 1818 a 1821 el Aula de Náutica del Consulado antes de la fusión con la Escuela de Matemáticas que dio lugar a la creación de la Universidad de Buenos Aires, solicitaba al gobernador de Buenos Aires la reapertura de su vieja academia

Ponía en primer lugar en su solicitud al gobierno el hecho de haber solicitado carta de ciudadanía argentina el 20 de septiembre de 1824. Daba por fiadores de su "capacidad y juicio y moralidad" a Juan Manuel de Luca, Mariano Sarratea, Juan de Alsina, Fermín de Irigoyen y Felipe Senillosa, entre otros. Y decía que "para establecer la enunciada Academia se necesita un local con vistas al río". Se comprometía a formar veinte jóvenes pilotos cada dos años, de los cuales ocho becados por el gobierno, si se le cedía un local con vista al río en el barrio de San Telmo y "a presentar anualmente mis alumnos a examen público de navegación y cada dos años presentaré veinte jóvenes americanos, pilotos náuticos instruídos suficientemente en la teoría de dicha ciencia y con los conocimientos de práctica naval que sea posible comunicarles en tierra."

Este intento constituye una ligazón de la vieja escuela con la nueva y una muestra de que a pesar de la situación (recuérdese que el país estaba bajo la dictadura de Rosas) existía todavía en algunos la clara conciencia de la necesidad de un establecimiento como el que historiamos.

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La escuela de Boeri

El 7 de febrero de 1856 Carlos Boeri, sacerdote católico, presenta una solicitud al gobierno del Estado de Buenos Aires, separado en esa época del resto de las Provincias Unidas del Río de la Plata , cuyo gobernador era Pastor Obligado y acompaña un proyecto de plan de estudios. Dirige la nota al ministro de Guerra y Marina, Coronel Bartolomé Mitre y funda la petición en que "podría proporcionar grandes utilidades a este Estado, que extiende sus confines geográficos y políticos hasta el Cabo de Hornos", y en la necesidad de contar con marinos nacionales para independizarse de la influencia de los marinos de otros países. Ofrecía sus servicios para actuar en la Boca del Riachuelo o en algún buque de guerra, del cual podría ser además el capellán.

El plan era un curso completo de navegación de nueve meses, "un año escolástico", que contendría nociones de la esfera y principios esenciales para la resolución de problemas náuticos, puntos de estima, cálculos de Loch y teneduría del diario de navegación, cálculos de amplitud y azimut para la variación de la aguja, cálculo de la latitud por la meridiana del sol, ángulo horario, cálculos de cronómetro y longitud astronómica, cálculo de la latitud con la altura meridiana de la luna, observación de la tierra, medida de la distancia, punto de salida y llegada, etc.

Calculaba el presupuesto y los útiles didácticos, cronómetro, octante, compases, semicírculo, cartas del hemisferio norte y sur, libros de náutica, reloj, etc. Estimaba el número de alumnos en veinte con instrucción mínima en lectura y escritura y las operaciones aritméticas fundamentales. Y hacía notar que "para disminuir los gastos, en lugar de cronómetro puede servir el reloj a segundos y se podría también imponer una mensualidad de 50 pesos a cada alumno".

Se admitirían veinte alumnos de al menos diecisiete años, que supieran "leer y escribir corrientemente" y las cuatro operaciones fundamentales de la aritmética. Lamentablemente, como en casos anteriores, no sabemos la respuesta del gobierno a la petición.

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Las escuelas navales

Ya hemos visto que luego de la fusión de las Academias de Matemáticas, con su Aula de Navegación, que dio lugar a la Universidad de Buenos Aires se continuaron varias escuelas a cargo de ciudadanos individuales que mantenían la llama de la enseñanza de la náutica. Después solamente hubo proyectos de los que no tenemos documentado en qué terminaron. Paralelamente, hubo una serie de intentos de creación de institutos de enseñanza de la náutica, muchas veces al compás de las necesidades militares y que cuajaron en escuelas navales.

Al decir escuelas navales me refiero a las de enseñanza de marina militar. Como muchas veces los marinos mercantes tuvieron que ver con ellas, con su establecimiento o con la enseñanza en las mismas y como en otras oportunidades se menciona la que hoy conocemos como Escuela Naval con el nombre de Escuela Náutica, las menciono en orden cronológico aunque no las trato en profundidad y las incluyo en esta historia.

La situación que se había dado prácticamente en todos los casos desde 1810; es decir, la enseñanza de la náutica subsumida en institutos más de tipo militar que civiles y dedicados al comercio, a partir de 1872 (con la salvedad de la denominación, que duró hasta 1874) cambia al abrirse y diferenciarse la rama militar con la escuela de Sarmiento, cuyo director fue Clodomiro Urtubey.

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Pero antes hubo otras:

Escuela de Ramsay

Esta escuela fue impulsada por el presidente Bernardino Rivadavia (según algunos, uno de los egresados de las primeras promociones de la Escuela de Náutica habilitado para navegar), que compró la fragata "Juan Federico" para dedicarse al comercio, después de las invasiones inglesas, y que como obra de gobierno en lo marítimo también apoyó la formación de la escuadra de Brown, la navegación a vapor y la fluvial y la postergada construcción de un puerto para Buenos Aires.

El capitán Richard Ramsay había estado al mando de la "Mistletoe", una goleta ("escuna", como dicen las crónicas de la época) inglesa que desafió varias veces los buques españoles apostados en Montevideo.

El contrato que celebraron Ramsay y el gobierno de la República el 4 de noviembre de 1825 en sus considerandos es muy explícito sobre las necesidades del país y sobre las intenciones de las autoridades de ese momento. En el tercer considerando decía "que la falta absoluta de elementos que siente el país para tales objetos, (14) exige proporcionarse en países extranjeros no sólo el material de la marina, sino también oficiales y marineros"; en el cuarto considerando establecía que para llenar con más acierto, prontitud y economía este grande objeto, era necesario alguien que comandara las fuerzas en caso de guerra y estableciera "en el país una escuela teórica y práctica de oficiales de marina, en que la juventud se instruya y se prepare para la defensa de la Nación sin que ésta necesite de otro auxilio que el de sus propios hijos". (15)

(14) Oponer fuerzas navales en caso de paz o "formar un establecimiento de Marina" para conservar el honor nacional, como para hacer el servicio en las plazas marítmas.
(15) Ratto, Héctor R. Historia de Brown . Bs. As., La Facultad , 1939, p. 255, n. 1)

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La Escuela de Ottone

Se sabe que el piloto Nicolás Ottone dio clases de Náutica en el bergantín "Julio", nave capitana de Coe, cuando se amplía la fuerza naval rosista a raíz del pronunciamiento de Urquiza. Allí funcionó una Academia Naval de la que Ottone fue director y maestro; pero las clases se impartieron a oficiales de la Marina de Guerra destinados en el bergantín, más algunos "aventureros", oficiales que se incorporaban sin tener grado en la marina militar. Él figura en la dotación desde el 2 de junio de 1851 hasta diciembre de ese año.

La promoción del año 1851 fue: Laurindo Puentes, Juan Lester, Enrique Bredis, Alejandro O'Brien, Juan Pereyra (oficial aventurero), Zacarías Pereyra, Juan Bucard (aventurero de la escuadra), Eduardo Mansilla, Juan Sacriste, José M. Manzano.

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El proyecto de Mitre

Hay en el Archivo Mitre una Memoria o apuntes que pueden servir para organizar el pago del Ejército y demás empleados a sueldo del gobierno (16) del año 1854, con relación a las fuerzas militares de la Provincia de Buenos Aires.

En una parte, referida a la creación de un Colegio Militar, se incluye la parte naval, previendo una división en cinco armas, la primera de las cuales sería la marina.

Las condiciones de admisión eran: doce años y haber cursado completamente las primeras letras.

(16) Rodríguez, Bernardo. "Breves aportaciones a la historia de la enseñanza naval en la Argentina " en Boletín del Centro Naval , No. 639, mayo-dic. 1958.

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La Academia Teórico-práctica de Marina del Estado de Buenos Aires

Por inspiración del teniente de marina José María Manzano, quien había estudiado en Cádiz y buscaba el mando de la goleta "Río Bamba", la Comisión de Marina (de guerra) de la Provincia de Buenos Aires que estaba enfrentada en aquél momento a la Confederación , resolvió crear una escuela, entregarle el barco y encargarle la preparación del reglamento que la regiría por decreto del 22 de junio de 1857 que firmaban Valentín Alsina y José M. Zapiola.

El jefe de la escuadra designaría los cuatro guardiamarinas que junto con la dotación del buque iban a integrar el curso de alumnos de la Academia.

Finalmente, el decreto preveía para Manzano la remuneración de mil pesos moneda corriente por viaje redondo, además de su sueldo como embarcado; la entrega del buque bajo inventario, y se le recomendaba estar listo "para hacerse a la vela a la primera orden" (17). Paralelamente habría funcionado en tierra en el Tigre.

Después de encargar a Manzano el reglamento, el gobierno de Buenos Aires por otro decreto designa director de la Escuela al coronel de marina Antonio Toll, "deseando el Poder Ejecutivo dar al importante ramo de la Marina el lugar que le corresponde, mucho más siendo dueño el Estado de muchos puertos en costas oceánicas y en grandes ríos interiores".

Junto con tres oficiales de la plana mayor del buque se encargaría de la enseñanza a los subtenientes y guardia marinas, a su pedido se le proveería de instrumentos, cartas y libros. El artículo 5º del decreto citado disponía que el buque escuela viajaría "continuamente, en especial sobre la costa y puertos del Estado en el Océano".

Los estudios durarían dos años y a los dos alumnos que demostraran más talento y aplicación se los remitiría a Europa por cuenta del estado para completar su instrucción. Podían bajar a tierra un día por mes.

El "Río Bamba" era un bergantín de construcción mixta (casco de madera forrado en cobre) de treinta y tres metros de eslora y 7,25 de manga, que calaba 2,35 metros; de doce cañones, si tripulación era de 120 hombres. Como buque mercante había sido el "Enigma" y "Convención" (18). Luego de desafectada la escuela, el 12 de febrero de 1858, se dedicó al tráfico comercial en la línea Buenos Aires - Colonia - Montevideo.

(17) El decreto puede verse en Ratto, Héctor R. y otros. Sarmiento y la marina de guerra. Bs. As., Estudios Históricos Navales, 1963, p.
(18) vid. Aramburu, Enrique. "Los buques escuela de la Escuela de Náutica" en Boletín del Centro de Capitanes de Ultramar, Nº 128, Año XL, julio de 2003, p. 12.

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La época posterior a Brown

Permítaseme ahora abusar un poco del límite temporal establecido; creo que será interesante. Hasta aquí hemos visto las escuelas navales de la época de Brown, menciono las que siguieron para no dejar el panorama incompleto y para tender un puente con el otro de mis objetivos: relatar la creación de la Escuela Nacional de Náutica.

Siguen entonces, las escuelas de Sarmiento (o de Urtubey) y la de Roca (o de Piedrabuena), según apuntemos al creador o a quien fuera su primer director.

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Escuela de Sarmiento. Director Urtubey

Por ley 568 del año 1872, se crea la Escuela Náutica para los aspirantes y guardiamarinas de la escuadra. En su artículo primero se decía: "Autorízase al Poder Ejecutivo para la fundación de una Escuela Náutica en el vapor `General Brown'". Un año después, el 4 de octubre de 1873 todavía se la seguía llamando Escuela Náutica y la ley 647 autorizaba a aumentar el número de aspirantes y guardiamarinas de la misma.

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Escuela de Piedrabuena

En 1878 la goleta "Cabo de Hornos", de Luis Piedrabuena, marino mercante que ya revistaba con el grado de teniente coronel de marina de la Marina de Guerra por sus servicios al país, comienza a funcionar como Escuela de Oficiales de Mar y Clases de Marinería por decreto del 29 de noviembre, adiestrando a los grumetes que saldrían marineros de ella. El coronel de marina Mariano Cordero, comandante general de Marina, le había planteado el tema al ministro de Guerra y Marina, el joven general Julio Argentino Roca, y ambos lo consultaron con Piedra Buena, quien eligió un velero de líneas elegantes al que le pusieron el nombre de "Cabo de Hornos", de gran significado en la época por la disputa territorial con Chile acerca de la Tierra del Fuego, es decir las islas al sur del Estrecho de Magallanes.

Así, en 1879 la "Cabo de Hornos", aparejada como barca y que estuvo al mando de Piedra Buena hasta su fallecimiento en 1883, se convierte, con el capitán Martín Rivadavia de segundo, en buque escuela por falta de lugar en la corbeta "Uruguay", donde funcionaba la Escuela Naval . Un decreto de 15 de octubre de ese año así lo dispuso (19). La "Cabo de Hornos" había sido construida en Noruega a principios de 1877 con el nombre de "Tornisdal" y botada en Christiansand; fue recibida por Piedrabuena, el contramaestre Francisco Coll, el práctico y dos marineros el 3 de noviembre de 1878 con una lancha, un bote y una canoa. El buque aparejaba en cruz el trinquete y mayor y en mesana izaba una cangreja; tenía 43, 10 m de eslora, 8,30 m de manga y 4,50 m de puntal; calaba 13 pies y tenía un arqueo de 397 ton.

Los cadetes empezaban con el nombre de "aprendices", se los ascendía a "distinguidos", luego a "aspirantes" para pasar finalmente a "guardiamarinas", el primer grado de oficial. Ha quedado muy poca información sobre el aspecto docente de esta escuela. Según Entraigas, en su biografía de Piedrabuena, los aprendices navales estudiaban solamente primeras letras e instrucción militar, los distinguidos recibían el equivalente a instrucción primaria y secundaria y los aspirantes estudiaban náutica y maniobras. También había grumetes a bordo, como manifiesta el libro de navegación el 17 de diciembre de 1879: "se ha hecho ejercicio de maniobra con los indios y grumetes y dado clase a los guardiamarinas, distinguidos y aprendices". Periódicamente también embarcaban jóvenes oficiales destinados en otros buques para hacer viajes de práctica al sur. (20)

La disciplina a bordo era rígida; en palabras de uno de los cursantes, el que luego sería el capitán Murúa, "en aquéllas épocas la vida marinera era bastante dura, debido no sólo a la comida compuesta casi siempre de mate cocido, galleta y carne salada y la recia disciplina que reinaba a bordo; sino también a un exceso de disciplina que se aplicaba especialmente a los aspirantes [...] Por nada caían los castigos y allá iba Murúa muerto de frío dando diente con diente subiendo las jarcias a chuparse dos horas de plantón cuando no eran cuatro." (21)

En 1879 "por insubordinación y agresión a mano armada contra el teniente Laure y guardiamarina de guardia D. Benigno Álvarez, había sido puesto en camareta con centinela de vista el contramaestre D. Francisco Coll."

El 18 de octubre de 1880 informa Piedra Buena como comandante de la corbeta "Cabo de Hornos" que "las clases a los distinguidos y aprendices se han dado con regularidad respecto a la parte práctica, no sucediendo así en la teórica" (22). En 1881 cuatro distinguidos fueron dados de baja por falsificar la firma de Piedra Buena en vales de comida.

Pero para tener una idea de quién era el comandante de esta escuela, volvamos al recuerdo del capitán Murúa: "Es que Piedra Buena era un marino completo, un marino marinero. Para los grumetes era muy generoso, pero enemigo de cuentos. Si se quisiera definir a fondo su personalidad deberíamos llamarle `criollo derecho´. Por ello era muy respetado por la oficialidad. Nosotros los aspirantes lo adorábamos. Es que su vigilancia, que se la puede llamar paterna, condición rara en aquellas épocas entre los navegantes, la sentíamos hasta sin verla."

Por decreto presidencial, el 15 de noviembre de 1883 se reorganiza definitivamente el sistema creándose en la "Cabo de Hornos" la Escuela de Marineros, en la que confluían todos los aprendices marineros que había en los demás buques de la Armada. (23)

(19) Romano Yalour, José G. "Historia de la Escuela Naval Militar" en AA. VV. Historia marítima argentina. Bs.As., Departamento de Estudios Históricos Navales, 1993. t. X, pág. 428.
(20) Boletín del Centro Naval
, t. I, 1882, p. 664 in fine.
(21) Citado por Canclini, Anoldo. Piedra Buena. Su tierra y su tiempo. Buenos Aires, Emecé, 1998. p. 359.
(22) Burzio, Humberto. Historia de la Escuela Naval Militar. Bs. As., DEHN, 1972, t.III, p. 1808.
(23) Romano Yalour, José G. "Historia de la Escuela Naval Militar" en AA. VV. Historia marítima argentina. Bs.As., Departamento de Estudios Históricos Navales, 1993. t. X, pág. 455.

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La enseñanza náutica en la segunda mitad del siglo XIX

La enseñanza del arte de la navegación tiene un blanco, por lo menos en la historiografía y en las fuentes, en la segunda mitad del siglo XIX en la Argentina.

La actitud hacia la navegación de los mares por parte de la población en general era más o menos la que describe Somellera en unas memorias de ameno relato: "La idea de llegar pronto al término del viaje, desembarcar y ensillar un buen caballo para ir a donde quiera sin necesidad de vientos y corrientes favorables les había llenado de contento" a los gauchos que desembarcan de la goleta "Julia" en Samborombón el 11 de septiembre de 1841 para unirse a la Revolución de los Libres del Sud y llevarles equipamiento. (24)

Otro testimonio de la situación de la marina mercante es el de Francisco Seguí el 31 de diciembre de 1866, cuando en plena guerra de la Triple Alianza dice al Secretario del Presidente encargado del despacho del ministerio de Guerra y Marina, D. José Manuel Lafuente: "nuestro magnífico y elegante cabotaje [...] va en aumento y con una actividad admirable [...] notándose en él un solo defecto, que no deja de ser capital, y éste es que está marinado en su mayor parte por extranjeros en razón de la poca afición que se nota en los nacionales por la navegación; pero este mal no es difícil de remediar...". (25)

En esas fechas había en el país setenta y cuatro buques de ultramar, que totalizaban 19.948 ton de registro; y de cabotaje, mil ochocientos sesenta, lo que incluía quinientos setenta y tres embarcaciones menores, con un total de 37.961 ton de registro. (26)

De 1806 a 1895 se sucedieron continuos intentos de establecer una escuela de náutica. Pero el país sufría grandes transformaciones y sólo exisitió un incipiente cabotaje apoyado cada tanto por alguna disposición oficial. Quizás la explicación sea que la falta de una flota nacional en el largo período de la dictadura de Rosas (27) y hasta la época de Sarmiento, condicionó que no se enseñaran las artes y ciencias del mar en el país.

Paradojalmente, un emigrado argentino, el célebre literato y rector de la Universidad, Juan María Gutiérrez, fue el primer director de la Escuela Naval chilena que se estableció en la década del cuarenta de ese siglo.

Fijémonos en otros conceptos, vertidos en la memoria de Marina del ministro del ramo al Congreso cuando Mariano Cordero, Comandante General de Marina le pedía a Roca, el ministro, que se exigiera el bachillerato completo como forma de elevar el nivel de la Escuela Naval y decía: "Careciendo, como carecemos, de una marina mercante Nacional que sirva de base a nuestra Escuadra y la alimente con los hombres necesarios a la remonta de sus dotaciones ...". (28)

Es demostrativo de la forma en que se podía llegar a ser capitán de buques mercantes en esas épocas de mediados del siglo XIX un contrato que reproduce Burzio en su Historia de la Escuela Naval Militar fechado en noviembre de 1832: en éste, el tutor de un joven huérfano lo entrega a un capitán Campbell para que lo enseñe e instruya "en todo el arte que corresponde a la Navegación , hasta dejarlo en completa aptitud para poder manejar y dirijir por sí cualquiera clase de buque de Alta Mar". El capitán se comprometía a hacerse cargo de la vestimenta y alimentación del joven pilotín durante los cuatro años en los que lograría su cometido.

Un caso típico, ejemplo de esta enseñanza fue Piedrabuena, el mejor de los marinos que dio el país en ese siglo. Había nacido en 1833 en Carmen de Patagones dos años antes de la extinción del último establecimiento que funcionó como academia y desde pequeño estuvo atraído por la navegación, los buques y las cosas del mar que veía en su río Negro natal. Luego de navegar como grumete durante varios años con un capitán norteamericano, el capitán Smyley, fue a Estados Unidos a perfeccionar sus conocimientos y a darles organicidad en una escuela de las que allí había. No tenemos precisión sobre a cuál escuela fue; pero sabemos que estuvo en Nueva York. Aparentemente el capitán Smyley lo habría embarcado en Montevideo en octubre de 1854, con diecinueve años, y lo llevó a Estados Unidos donde lo habría hecho ingresar a esa escuela por su influencia o conocimiento. Una vez recibido el diploma de piloto (que entregó en custodia a su hermano Pablo al volver al país) volvió a seguir navegando en su Patagonia natal, regreso que realizó embarcado como primer oficial de la "Nancy", que habían construido ambos para navegar por estos mares australes y dedicarse a la caza de lobos marinos.

Quizás el estudio detallado de lo que hizo Piedrabuena tanto en la "Cabo de Hornos" como en la "Santa Cruz" primero, nos dé una pista del curso de los estudios náuticos esta época. No olvidemos que tenía su diploma de una escuela náutica norteamericana y pensemos que quizás el gobierno, advertido de esto, ya le hubiera encargado la formación de marinos con anterioridad. Destefani en su libro Famosos veleros argentinos , se refiere a este último barco como lugar "donde se hicieron marinos tantos oficiales navales argentinos".

Pensemos que tan en manos de extranjeros estaba nuestra navegación, que en 1875 el presidente Avellaneda emite un decreto (refrendado por Alsina) que obliga a embarcar "cuando menos un ciudadano argentino mayor de 17 años, en calidad de tripulante y como representante de la bandera" en los buques nacionales de cabotaje con arboladura de pailebot para arriba. Fue el que se llamó "capitán de bandera".

No tenemos noticias de que se hubiera formalizado la enseñanza de la náutica durante la segunda mitad del siglo XIX en algún instituto hasta la formación de la Escuela Nacional de Pilotos.

Sin embargo, había pilotos que navegaban en los buques argentinos y hasta en la Marina de guerra los había, donde se ocupaban de la navegación. En 1885 se entabla una polémica, reflejada en el boletín del Centro Naval, sobre su continuidad en la Armada. El piloto Edmundo Moyses, que había formdo parte de la expedición de Ramón Lista al río Deseado, toma la defensa del cuerpo de pilotos refieriéndose a los servicios que presentan los marinos mercantes en otras armadas del mundo. Pero no sabemos dónde estudiaban ni cómo se formaron esos pilotos.

Y tenemos los casos de los capitanes del siglo XIX, cuyo denominador común es la formación en institutos de sus países de origen, fundamentalmente, Italia y Yugoslavia. Es decir, el esquema es el mismo que cien años atrás: los marinos que surcaron nuestras aguas y llevaron los productos de la Argentina (antes el cuero y el tasajo, ahora la carne y el trigo) se formaron en escuelas europeas, no en escuelas argentinas. Y no eran hijos de la tierra, salvo excepciones.

(24) Somellera, Andrés. Bajo la tiranía de Rosas . Bs. As., Nuevo Cabildo, 1962, p. 158.
(25) Alsina, Adolfo. Memoria 1868 , Ministerio de Guerra y Marina. Bs. As., Imp. del Plata, 1868, p. 4.
(26) Idem , p. 37.
(27) Canclini, Arnoldo. Piedra Buena . Bs. As., Emecé, 1998. pág. 18.
(28) Roca, Julio A. Memoria de Marina presentada al honorable Congreso de 1879 . Bs. As., Impr. El Porteño, 1879, p. 10.

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La fundación de la Escuela Nacional de Pilotos

La Escuela de Náutica tal como la conocemos hoy, vino relativamente tarde después de la organización nacional; pero a tiempo quizás para colaborar con el comercio incipiente de un país que estaba destinado a ser exportador de productos de gran volumen.

La Escuela Nacional de Pilotos se fundó al incluir los fondos para su funcionamiento en el presupuesto de la administración pública para el año 1895.

Recordemos que estamos a fines del siglo XIX, la Argentina es un país rico gracias fundamentalmente a la conquista y privatización de enormes extensiones de pampa húmeda que posibilitaron la exportación de sus recursos ganaderos; que la carne se empieza a transportar no más en forma de tasajo, sino refrigerada y de esa manera llega a los mercados consumidores. Todavía no se ha producido la crisis de los fletes a raíz de la Primera Guerra Mundial, hay enormes volúmenes que transportar y los pocos buques de pabellón argentino que se dedican a eso tienen capitanes y tripulantes extranjeros. Apenas uno de los tripulantes, el "capitán de bandera", es argentino. Y no siempre.

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La petición de presupuesto

Al discutirse en particular el proyecto de ley del presupuesto general de gastos para la administración pública del año 1895 (ley que llevaría el número 3226), el 20 de diciembre de 1894 en una sesión de prórroga del período ordinario de sesiones de los diputados, se analizaban las partidas para establecimientos especiales de enseñanza, dentro del presupuesto del departamento de Justicia, Culto e Instrucción Pública en el ramo de Instrucción Pública.

El ministro, Dr. José Vicente Zapata pide la palabra y dice:

"La práctica, señor presidente, ha hecho notar una deficiencia muy sentida ya en nuestra marina mercante. Me refiero a la falta de pilotos.

Navegan con bandera argentina alrededor de doscientos buques mercantes, y no tienen pilotos argentinos diplomados, porque nosotros no poseemos una institución tan necesaria como es ésta, y que debe servir de base para la marina de guerra.

Jefes de la marina han hecho notar al ministerio -creyendo que corresponde a esta rama de la administración pública- la falta de una institución que venga a formar pilotos y maquinistas.

Es indispensable, pues, la formación de este personal, para la escuadra y también para la marina mercante.

Pediría, en consecuencia, a la honorable cámara que se sirviera votar una partida de mil pesos mensuales para atender a la fundación de un instituto con este objeto."

La petición del ministro es apoyada y se agrega en el presupuesto para el año siguiente, en el ítem tercero, "para la fundación de un instituto de marina mercante, mil pesos mensuales".

En este momento interviene el diputado Manuel Mantilla con una observación al ministro: "¿No le parece mejor poner `Escuela de Náutica'?" A lo que Zapata contesta: "De marina mercante o de pilotos". No sabemos con qué tono lo habrá hecho el ministro; pero lo imaginamos sin darle muchas esperanzas al diputado Mantilla.

Entonces tercia en el diálogo en la Cámara el diputado por el pueblo de Salta, Indalecio Gómez: (29) "Mejor es Escuela de pilotos", a lo que el ministro responde: "Perfectamente". De esta manera queda bautizada la escuela actual. Se vota la moción y resulta afirmativa, con lo que se pasa a analizar el ítem cuarto, "Conservatorio nacional de música".

Este sencillo relato es el comienzo de lo que es hoy la Escuela Nacional de Náutica. Es interesante notar que en el pensamiento de Zapata estaba, de acuerdo con las palabras vertidas en la Cámara , la idea de formar también maquinistas, lo que recién se concretaría en 1925, treinta años después.

(29) Que se desempeñó del 7 de mayo de 1892 al 30 de abril de 1896.

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Conclusiones

Hemos encontrado que aparecen dos grupos de escuelas en el tiempo: las que van de principios de siglo hasta 1835, cuando se extingue la última que funcionó encadenada con las que la fueron precediendo, la segunda escuela de O´Donell. El otro grupo, de 1835 hasta fin del siglo XIX, es de escuelas esporádicas, que surgen sin continuidad con las que las preceden, espaciadas en el tiempo y, salvo la última, son militares.

En segundo lugar, una curiosidad: en la primera mitad del siglo surgen primero las escuelas de marina mercante y les siguen las militares. En cambio, en la segunda, ocurre lo inverso: se crean primero escuelas militares y le siguen después las mercantes.

En general, nos encontramos con que hay bastante falta de una enseñanza formal de las artes náuticas, sobre todo en la segunda mitad del siglo de Brown.

Habría tres períodos en lo que a la enseñanza formal de la náutica en el Río de la Plata respecta: el primer tercio del siglo, con escuelas que se continúan una a la otra y si bien no hay una sola cuya trayectoria se continúe en el tiempo, por lo menos se puede establecer una cierta hilación. El segundo tercio del siglo transcurre sin escuelas, salvo las de Ottone (1851) y Manzano (1857), brevísimas. En el tercer tercio aparecen ya dos escuelas con pretensión (conseguida) de continuidad.

La creación de la Escuela de Náutica es la última del país organizado, cuando fue la primera de la colonia.

Hubo que "importar" capitanes durante toda la segunda mitad del siglo XIX hasta que en 1904 recibió su patente de capitán, la primera argentina, Luis Scalese, egresado de la primera promoción de la Escuela Nacional de Pilotos.

Probablemente la languidez de los estudios durante sesenta años condicionó que la escuela de marina mercante tuviera que esperar casi hasta el siglo XX para ser creada.

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