EL ALMIRANTE GUILLERMO BROWN LEVA ANCLAS
Por Edgardo José Rocca

28 Páginas A4
   

INDICE

Introducción

Antecedentes históricos


Arribo de los Brown al Río de la Plata


La joven patria necesita una armada


Coronel Mayor Guillermo Brown, jefe de la escuadra nacional


Guillermo Brown toca tierra en Barracas


Sus últimos años


Hacia los sombríos mares de la muerte


Honras póstumas


Parte el cortejo desde Barracas


Informes posteriores


Mausoleo en el cementerio de la Recoleta


Monumento a la memoria del Almirante Guillermo Brown


Avenida Almirante Brown


Plaza y parque Almirante Brown


Bustos en su homenaje


Bibliografía consultada y fuentes documentales

 
 
 

 

INTRODUCCION

Las autoridades de Buenos Aires publican: "después de haber comprado buques, preparado un armamento y sus tripulantes era menester encontrar al hombre: y cuando en busca de él andaban, dieron con un verdadero lobo de mar, un joven irlandés dotado de pocas palabras, pero de genio marítimo, que con solo verle daba testimonio de su honradez de su bondad y de su abnegación para entrar en combate “con los godos”, que dos años antes, según decía, lo habían robado y maltratado en las Antillas. ¡He aquí a don, Guillermo Brown, el Almirante de la primera cuadrilla argentina!.“

“Cuando dejó Irlanda, llegó al Río de la Plata , como muchos de sus compatriotas, en busca de una nueva vida, tal vez la libertad y la paz que no encontraba en la suya. El joven irlandés contaba treinta y siete años cuando tomó el mando de la escuadrilla con que Buenos Aires iba a disputarle a España el dominio de las aguas del Río de la Plata. Su porte tranquilo y amable, su semblante sonriente y abierto, sus formas, sus palabras, sus hábitos, eran de una modestia y de una mansedumbre ejemplares. Ni hacía exigencias, ni lo alarmaban los defectos o las imperfecciones del armamento con que iba a ventilar la cuestión suprema del momento. Por el contrario, mostraba una confianza ingenua en el éxito; casi podríamos decir, una confianza infantil, si no fuese que en el fondo de esa alma, al parecer tan complaciente, ardía la convicción de que le bastaban las dotes con que había nacido para suplir con ellas todas esas deficiencias y triunfar de los enemigos contra quienes iba a combatir. ” Palabras sencillas pero altamente descriptivas escritas por Vicente López, mostrando las cualidades de un marino que dio a nuestra joven patria durante su vida, todo de si por un ideal de libertad.

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ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Una verdadera vocación por el mar no se había desarrollado entre las autoridades y habitantes de Buenos Aires, pese a haberse construido en los varaderos que se encontraban en nuestros ríos, algunos barcos que podíamos aventurarnos a decir precarios.

En diciembre de 1796, por iniciativa de un gran comerciante de esta ciudad, Casimiro Francisco de Necochea, se construyó en la rada de Nuestra Señora de la Asunción, la primera fragata de cuatrocientos setenta toneladas con el nombre de “Nuestra Señora de los Dolores”, también denominada “La Primera”, (1) que tenía “incluso el diez por ciento del entrepuente fabricado en ese puerto”, la cual vino navegando por el Paraná, fondeando en el Puerto de La Ensenada, de donde partió con un cargamento de tasajo para Europa. El 10 de octubre de 1802 luego de atravesar el temido Cabo de Hornos, se hallaba en el Puerto de El Callao, desde donde partió para Cádiz con un gran cargamento de productos valuados en setecientos mil pesos fuertes de la cuenta del Rey Carlos IV y ochocientos cincuenta mil de cuentas particulares.

Pero ya en 1806, el Secretario del Real Consulado de Buenos Aires, Don Manuel Belgrano afirmada con gran visión: “Conocida la necesidad de embarcaciones propias para el mayor desarrollo de estas tierras, se levantaron astilleros a las márgenes de los ríos del Paraguay, Paraná, Uruguay, y ya hemos visto que surcaban sus aguas hermosas fragatas y otros buques que llegaron a la Europa para ser la admiración del extranjero por sus exquisitas maderas y tal vez por su elegante construcción.”

En sus memorias Juan Manuel Berutti relata para la posteridad: “El 19 de mayo de 1810, con motivo de haber llegado un barco inglés procedente de Gibraltar con la infausta noticia de haberse perdido la gran ciudad de Sevilla, capital de las Andalucías, y sido tomada por los franceses la mayor parte de España, y que la Junta Suprema de la Nación , representante de la soberanía, ya no existía, el Cabildo de Buenos Aires, con acuerdo de los jefes militares y demás vecinos y ciudadanos condecorados, decidieron poner a cubierto estas Provincias del Río de la Plata de las asechanzas e insultos de nuestros enemigos, máxime viéndonos sin representación soberana legítima, pues ésta había caducado con la pérdida de Sevilla e igualmente la autoridad del Excelentísimo señor Virrey, por falta de aquella de la cual dependía; y por lo mismo determinaron hacerlo saber a Su Excelencia para que en esta virtud abdicara el mando en el Excelentísimo Cabildo, para que éste en anuencia del pueblo, tratase de formar gobierno que debíamos adoptar.” (2)

Sin tener una flota de barcos importante, la revolución no iría adelante, esa era la idea de los patriotas, como así también el claro concepto que había de desalojar el Alto Perú, Lima, el Puerto de El Callao y Montevideo de la dominación española.

1 – Francisco Casimiro de Necochea, nació en Urzanique, Zaragoza, España. En Buenos Aires desde joven se dedicó a la importación de mercaderías desde España y al expandir su empresa comerciando con Montevideo y Asunción, se convirtió en uno de los más importantes armadores de barcos establecido en el Puerto de Buenos Aires.
2 – Fragata inglesa “París” portadora de la noticia de la toma de Sevilla por Napoleón.
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ARRIBO DE LOS BROWN AL RÍO DE LA PLATA

En el año 1809, apareció en la línea del horizonte frente al Puerto de Montevideo la fragata “Belmond”, de la cual descendió su Capitán, de aspecto sajón, para dar cuenta de la entrada, informando que su nombre era William Brown, nacido en el pueblo irlandés de Foxford, el 22 de junio de 1777, de profesión marino, casado con Elizabeth Chitty la cual viajaba con él. En el Río de la Plata estaba su destino, al río que en 1806 o 1807, su hermano Juan llegó con los invasores británicos, por lo tanto en bastante probable que William tuviera suficiente conocimiento de este país.

Tenemos noticias que el apellido Brown incursionaba por estas aguas. La hermana mayor, Rita Ignacia y sus hermanos Juan y Miguel ya se encontraban en estos lares, lamentablemente hasta la fecha no poseemos fecha precisa de sus arribos.

El Capitán Guillermo Brown tuvo cuatro hijos, siendo la mayor Elisa, que falleció en 1827 ahogada en el Canal de las Balizas a la vista de su hermano menor que la acompañaba; el segundo, Guillermo, bautizado en la capilla de la Fortaleza , contrajo matrimonio con Celedonia Blanco Vila; el tercer hijo, Eduardo, se casó el 27 de febrero de 1847 con Margarita Pitton en la iglesia Nuestra Señora de Belén, Parroquia de San Pedro Telmo, con la bendición del padre Anthony D. Fahy, en tanto la última, bautizada en la Capilla Pública de Barracas por el Chantre de la Catedral , Doctor Domingo Estanislao Belgrano, hermano del General, contrajo nupcias con Federico Frencki.

La mayor, Rita Ignacia, contrajo nupcias con Francisco Núñez Valdéz, hermano de Tristán, casado a su vez con María Dominga Ortiz de Rosas, hermana de Juan Manuel, que habitaba la casa de la calle Perú esquina Moreno, en la cual falleció el 25 de mayo de 1848, a los sesenta y cinco años, habiendo recibido los sacramentos de la iglesia Nuestra Señora de la Concepción. También tenemos información que el hermano de Elizabeth, Walter Dawes Chitty, vivía en la ciudad de Buenos Aires en 1814.

La ciudad contaba en esos años con unos cuarenta mil habitantes, existiendo más de cuatro mil irlandeses, algunos de los cuales habían nacido en Foxford, un pequeño pueblo emplazado al costado del río Moy, el cual atraviesa el condado de Mayo situado en una comarca con pequeñas montañas de la isla circundada por numerosos islotes aledaños, separada de Escocia e Inglaterra por el canal San Jorge al norte y es rodeada al oeste por el frío Atlántico Norte. Su parte central es una meseta limitada por grupos aislados de montes. Es una comarca de tierras pantanosas, salpicada de minúsculos cultivos sembrados de rocas. Son terrenos pobres donde la tierra no es muy fértil. El cielo habitualmente se encuentra cubierto de negros nubarrones y con frecuentes lluvias. Un lugar con su propia belleza donde reina la tranquilidad conviviendo con la sencillez rural, alterada por diversas invasiones como la del siglo IV AC por los celtas, quienes sufrieron en los años posteriores invasiones de diversos pueblos hasta que en 1801, los ingleses irrumpieron, por tal motivo numerosos irlandeses se vieron obligados a emigrar. Muchos de ellos se dirigieron a Sud América. Con esta entrada de los ingleses, la isla desde entonces formó con Escocia y Gales, el Reino Unido de la Gran Bretaña.

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LA JOVEN PATRIA NECESITA UNA ARMADA

Como hemos dicho al comienzo, la patria se daba cuenta que se presentaban diversas formas de presión desde el exterior y para afrontarlas debía encontrar la solución de poder concretar una fuerza naval lo suficiente fuerte para enfrentar al enemigo, que había preparado con sumo cuidado una poderosa escuadra.

Los patriotas, con su espíritu de entonces, supieron equilibrar la gran diferencia de poder, pudiendo desafiar con honor una guerra contra el Imperio del Brasil que amenazaba finalizar con la pérdida de nuestro país de una apreciable porción de litoral fluvial, tal era la ambición territorial portuguesa.

Todo este conflicto internacional con el cual se vio involucrado el joven gobierno patrio en sus primeros años, trajo sobre el tapete el problema de armar una flota. Con gente nacida en nuestra tierra no se podía contar por haber estado impedidos de un aprendizaje naval, debido a las rigurosas leyes españolas que nos rigieron por siglos.

Por tal motivo hablaron con un norteamericano nacido en Boston, que llegó al Río de la Plata en 1803 desde la isla Mauricio a cargo del barco mercante “Príncipe”, y que se dedicó en nuestra ciudad como comerciante muy entendido en el negocio de armador de barcos, cuyo nombre era Guillermo Pío White, con quien el Ministro de Hacienda, Juan Larrea, (3) actuando como creador, evaluó la posibilidad de formar una flota sólida en Buenos Aires. Para tal objetivo encontró a la persona que necesitaba para formar la escuadra, autorizándolo con la orden que resumen todo el ideal del gobierno patrio con respecto a la defensa marina de nuestras costas inmediatas: “Habiendo aprobado el gobierno el proyecto de un armamento naval, cuyo objeto sea destruir la fuerza marítima de Montevideo, y bloqueando aquella plaza ponerla en la necesidad de rendirse; se ha servido S.E. como a uno de los individuos que lo componen, facultarme en la más amplia forma, para que realice, tomando al efecto cuantas disposiciones crea conducentes.

Empeñado en tan importante comisión, mi primer objeto ha sido informarme de los medios que tiene el Estado para realizarla y desgraciadamente he tocado que faltan hombres, buques, jarcias, cables y lonas; artillería, pólvora y aún fusiles.

Yo me hubiera arrendado, si en esta empresa que he combinado con usted no contase con todos los recursos de que es capaz su genio fecundo, y que deben proporcionarle sus conocimientos y actividad.

En este supuesto he creído indispensable necesario para llevarla a término, comisionar a usted, como lo hago, para que desde luego proceda a reunir cuanto se haga necesario para poner en el río una fuerza tan respetable, que no sea aventurado el éxito de la misma.

La celeridad y sigilo en cuanto sea posible, son circunstancias sin las cuales veríamos frustrados nuestros esfuerzo; porque el gobierno de Montevideo se hallaría en estado de destruir el armamento en sus principios, o podía muy bien llegar alguna fragata de guerra, que hiciera ya inútil toda tentativa.

En esta virtud es menester, que se valga usted de cuantos arbitrios pueda, a fin de conseguir lo que necesita, especialmente artillería naval, sin detenerse en los precios; pues que una vez comenzados los gastos, toda mezquindad que retardase el armamento podría ser mui fatal, y acaso hacer que todo fuera perdido.

Yo no facultaría a usted en estos términos, si no estuviese persuadido de que mirara usted los fondos del Estado, con el interés que es debido, y que exigen los apuros en que se halla el tesoro público, y de las cuentas de que deberá usted rendir, acreditarán la justicia con que he hecho de usted esta confianza.

Si se consigue el objeto de esta empresa habremos hecho un servicio el más importante al país, y el gobierno se lo recompensará a usted generosamente. Dios guarde a Ud. muchos años. Buenos Aires, 28 de diciembre de 1813. Juan Larrea. Sr D. Guillermo White.”

En vista de esas actuaciones, el 1º de marzo de 1814, el Director Supremo de las Provincias Unidas, Gervasio Antonio de Posadas, firmó un decreto confiriéndole el empleo de Teniente Coronel de Ejército, de acuerdo a la costumbre española de dar grados militares terrestres a los marinos, y Comandante de la Marina del Estado, con un suelto de ochenta pesos mensuales, concediéndole las gracias y prerrogativas que por ese título le corresponden, atendiendo a sus méritos “al maestre de la goleta “Industria”, que había dado pruebas de valor y habilidad, Guillermo Brown.”

Las nuevas autoridades comprendieron que una marina se tarda un tiempo en formar y el Capitán Brown bien lo sabía, mientras White adquiría barcos con tal fin. En febrero de 1814 se compró la corbeta que antes se llamó “Duke of Palma”, que había llegado a Buenos Aires con el nombre de “Hércules”, de construcción americana, que se pagó con la garantía de la aduana y aprobación de Larrea. En la compra se incluían noventa toneladas de sal y sesenta de carbón depositadas en sus bodegas. Luego se adquirió el mercante inglés “Zephir”; el bergantín “Nancy” y la goleta “Juliet”.

Larrea recibió un informe de Brown solicitando que los barcos de guerra sean alistados sin que él aparezca y si se diera la aprobación podría ocuparse de un barco apresado y el acondicionamiento de la goleta “Hope”, de la cual era propietario, y de esta forma no se despertarían sospechas: “Será necesario informar a la tripulación sobre su destino. Pueden contar ustedes con mis servicios, a despecho de todos, salvo el Capitán Bowles”. (4)

“Aún no se si los barcos han de estar listos dentro de una semana pero me dejaría llevar tras el deseo de embarcarme por el solo deseo de contribuir al exterminio de los cruceros de Montevideo, como también en ocasionar su rendición en menos de dos meses tras la zarpada de nuestra pequeña flota de Buenos Aires. A bordo de la “Hércules” deberían estar trabajando doble número de carpinteros de los que vi empleados esta mañana. El alistamiento de la “Hércules” y su equipamiento deberían ser objeto de particular atención, como también respecto al “Zephir” y el “Nancy”. Quiera Dios que estuvieran todos frente a Ensenada. Yo respondería de su éxito contra su enemigo común.” Confidencial- Viernes por la mañana.” Dando su primera orden el 3 de marzo de 1814.

Como podemos apreciar en esta letra confidencial, Brown tenía bien razonado su sentimiento y su estrategia con respecto a la urgente formación de una armada nacional.

3 – “Guillermo Brown” – Guillermo A. Oyarzabal – página 37
4 – Este personaje actuaba como Jefe de los barcos ingleses en el Río de la Plata que aún se encontraban en el estuario.

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CORONEL MAYOR GUILLERMO BROWN, JEFE DE LA ESCUADRA NACIONA

Las autoridades habían pensado en hacerle este delicado ofrecimiento de Jefe de la Escuadra Nacional a una persona con valor, que también tuviera valores morales. En un principio se pensó en recurrir a un extranjero, antiguo amigo de los patricios, Roberto Ramsay por entonces Capitán de Navío de la Marina Real Británica donde se desempeñaba con muchos méritos hacía ya varios años. (5)

Ramsay seguramente respondiendo al dictado del gobierno inglés, había llegado en 1808 al Puerto de Buenos Aires como Comandante de la “Mistletoe”, armada con ocho cañones, destinada a la protección de los intereses británicos en el Río de la Plata , actuando con el grado de Teniente de Navío. Dentro de la más severa neutralidad, disimulaba su simpatía por la causa revolucionaria, traducida en resoluciones categóricas referente a la libre navegación, a tal punto que en abierta discrepancia con Primo de Rivera, Comandante del buque de guerra español “Mercurio”, estuvo dispuesto a imponerla por la fuerza en caso de resistencia.

Alegando motivos de neutralidad en la guerra que se avecinaba entre el Imperio Brasileño y la República Argentina, declinó el ofrecimiento afirmando que los argentinos contaban con la persona adecuada para ejercer el cargo con honor y valentía, y era Guillermo Brown, que por esos años vivía retirado en su quinta de Barracas.

Decidido el nombramiento por parte del Gobierno, se le envía la siguiente nota: “El Gob.no encargado del P.E.N. en acuerdo de este día ha dispuesto que al Coron.l mayor de la Marina D.n Guillermo Brown le haga V.S .reconocer y dé posesión del mando en Gefe de la Escuadrilla en q'. desde luego deberá enarbolar su insignia en el buque que élija, poniendose bajo sus órdenes todos los coman.tes, ofic.s y tripulaciones de los buques de grra., y dejando a su dirección los transbordos y arreglos q'. considere necesarios como q'. él solo es responsable de las operaciones á q'. pueda ser destinado y al efecto el Sor Som.te Gl. De lla Marina le facilitará quantos auxilios necesite p.a q.e los Buques se pongan en un estado de servico q'. llene la confianza de dicho Gefe q'. está al inmediato mando de ellos; pero siempre con la dependencia de la Comandancia Gral. para el conocimiento y disposiciones q'. demanden las atenciones y aprestos que juzgue necesarios al armamento el referido Gral. Brown, a quien se transcribirá esta nota. Enero 12 de 1826 S. Com.te. gl. De la Marina.”

Brown luego del nombramiento por el Gobernador Juan Gregorio de las Heras con el cargo de Almirante de la Escuadra, y con el título de Coronel Mayor, equivalente al de Contraalmirante actual, se transformó en jefe de una reducida escuadra formada por dos bergantines, el “General Belgrano” de catorce cañones y el “General Balcarce”, con diez, el lanchón “La Correntina”, de menguado valor para el combate y once cañoneras recientemente construidas a orillas del Riachuelo, armadas cada una de ellas con un cañón de 18 en la popa. En verdad pequeña fuerza para luchar con un poderoso imperio cuyo potencial naval era superado únicamente por los Estados Unidos de Norte América.

En la “Gaceta Mercantil” del sábado 14 de enero de 1826 aparece la noticia: “El Sr. D. Guillermo Brown ha sido revestido del mando en gefe de la escuadra nacional. Ayer izó su bandera a bordo del bergantín “Balcarce” en cuya ocasión este tiró una salva, y las antenas de los demás buques de la escuadrilla se guarnecieron con sus tripulaciones. El Sr. Brown, se vino á tierra, en completo uniforme, y se encaminó al Fuerte a la 1 de la tarde. Antes se izó una flámula azul, u se tiró un cañonazo como señal para dar la vela. Todo estaba preparado en la escuadrilla.”

En esos días Ramsay le envió una nota a Brown que revela el respeto que impartía el marino, diciendo: “Señor: aunque no tengo el honor de tratar a Vd. Personalmente, su nombre y sus hazañas hace largo tiempo que me son conocidas. Ruégole, pues, quiera aceptar como prueba de estima y admiración por su brillante conducta en defensa de este país, la espada que me ha acompañado durante mis campañas y hago votos porque goce Vd. De larga vida para usar ésta, y otra en sostén de la causa en que ambos estamos empeñados. Tal es, señor, el más ardiente deseo de vuestro sincero amigo y humilde servidor. Robert Ramsay.”

En vista de la contienda, el gobierno resolvió comprar barcos, y aprovechando una venta chilena se encomendó al Coronel Ventura Vázquez la compra de una fragata y dos corbetas, las cuales zarparon desde Valparaíso el 26 de mayo de 1826 con los nombres de “Buenos Aires”, “Montevideo” y “Chacabuco”, poniendo proa al Cabo de Hornos.

La desgracia navegaba con ellas, desapareciendo la “Buenos Aires” con su capitán y cincuenta tripulantes y sus cuarenta y cuatro cañones, por otro lado la corbeta “Montevideo” no pudiendo resistir los temporales regresó a Talcahuano, en cuyas costas terminó desguazada y vendida como leña, siendo la única que llegó al Río de la Plata la corbeta “Chacabuco”, la cual tuvo brillantes acciones navales en nuestra flota.

5 – Roberto Ramsay marino nacido en Escocia en 1773, llegó a Buenos Aires en 1808 como comandante de la “Mistletoe”, de ocho cañones, destinada a la protección de los intereses británicos en el Río de la Plata. Falleció en su país natal en 1854.

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GUILLERMO BROWN TOCA TIERRA EN BARRACAS

Guillermo Brown al tomar la decisión de establecerse en Buenos Aires con su esposa Eliza e hijos, eligió un lugar adecuado con tranquilidad y cuya ubicación fuera cerca del Puerto de cabotaje para su rápido traslado, esto es el llamado Puerto de los Tachos a orillas del Riachuelo, sobre la Vuelta de Rocha, en cuyos terrenos el gobierno instaló el Arsenal y Taller de reparaciones para la flota naval incipiente, lugar que se conocía como La Maestranza.

Ubicó un terreno para sus necesidades casi al fin de la calle Liniers, actual Defensa, descendiendo por la Barranca de Santa Lucía, hoy avenidas Paseo Colón y Martín García, sobre el camino del Bajo a Barracas, siendo su emplazamiento en la actualidad en la avenida Martín García 584.

Este terreno era de propiedad del fraile José Ramón Grela, por el cual pagó Brown mil setecientos pesos fuertes en diciembre de 1812, siendo sus medidas 350 varas de frente por 315 de fondo, que equivalía unas siete hectáreas y media.

Esta casa de dos plantas, con dos columnas en la entrada como sostén de un balcón, fue construida por el inglés Mateo Reid, en varias etapas, con destino entre otros, para el alojamiento del personal de servicio y depósitos para la explotación rural que Brown mantuvo hasta su fallecimiento. Reid era una persona con dinero ganado efectuando comercio con el Paraguay, y construía casas con materiales importados como puertas, ventanas, ladrillos y vidrios biselados.

Los primeros años esta casa fue conocida como “la quinta del inglés”, más adelante ya pasando 1814 se la denominaba como “la quinta de Brown” y luego, como “la casa de los cañones”, debido a que al Almirante hizo semienterrar un par de cañones de bronce en la entrada para resguardarla de los carruajes, finalmente desde la época de Rosas hasta su demolición, como “Casa Amarilla” debido al color de su pintura.

Al respecto de esta ultima denominación Alfredo Taullard dice en su libro “Los Planos más Antiguos de Buenos Aires”: “En la actual calle Martín García, pasando la “Calle nueva” (hoy Patricios), figura la quinta G. Brown, nombre que corresponde al apodo de “bravo” Brown, con que era conocido este célebre Almirante. Era una casita de altos, del más típico estilo inglés, pintada de amarillo, de donde tomó más tarde la estación “Casa Amarilla” del F.C. a la Ensenada. (6)

6 – “Los Planos más antiguos de Buenos Aires” – Alfredo Taullard – Plano de Sourdeaux – 1850? – página 142

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SUS ÚLTIMOS AÑOS

El color y el frente de esta casa es también descripta por el escritor Guillermo H. Hudson, diciendo que viniendo de Quilmes a la ciudad, se encontraba con la casa del Almirante. Estas son su palabras: “después de encontrar una casa de aspecto algo peculiar con una galería sostenida por columnas pintadas de verde que resolvieron llamar “La casa del palomar” por la gran cantidad que había de ellas y enseguida otra más cercana a la ciudad, más sencilla, con columnas blancas a los costados y delante de cada columna un gran cañón clavado en tierra por la parte posterior. A ésta la llamábamos “La casa del cañón”. Pero acerca de quienes habitaban las dos casas nadie supo informarnos lo más mínimo.”

“Una tarde al pasar frente a “La casa del cañón” vi a un viejo vestido de negro con el pelo blanco como la nieve y las patillas cortadas al antiguo estilo sobre su cara de un gris ceniciento, inmóvil junto a uno de los cañones y mirando a lo lejos. Sus ojos eran de color azul, el azul vago y tenue de un viejo cansado. Parecía no haberme visto siquiera cuando pasé a pocas yardas de él porque estaba mirando al dueño de casa. Era la primera vez que veía alguien allí. La vista del viejo me impresionó tan profundamente que no pude apartar su imagen de mi pensamiento y hablé de ello a mis conocidos de Buenos Aires. Pronto di con alguien que pudo saciar mi curiosidad. Me dijo que el viejo que yo había visto era el Almirante Brown, un inglés que muchos años antes se había puesto al servicio de Rosas, mientras Rosas estaba en guerra con la vecina República del Uruguay, y que había llevado a cabo el sitio de Montevideo... ” (7)

Luego de las acciones de Caseros con la huida de Rosas en el barco inglés a vapor “Conflict” al Reino Unido de la Gran Bretaña donde fue recibido con una salva de ventiún cañonazos, el ex Comandante en Jefe de la Escuadra de la Confederación, no fue molestado por los vencedores, por el contrario, el Ministro de Guerra y Marina, General Manuel de Escala da, le informó al Almirante Brown que le causaba mucha satisfacción poder decirle que él no estaba comprendido entre los que habían sido eliminados del personal activo de la Marina de Guerra, confirmándole que: ”el gobierno con esta medida, ha consultado la merecida predilección a que V.E. tiene títulos por sus viejos y leales servicios a la República Argentina en las más solemnes época de su carrera.”

Ya había cumplido los 78 años de edad, cuando en julio de 1854, llegaron en un barco mercante los restos mortales a Montevideo del General Carlos María de Alvear, con quien había actuado cuarenta años antes frente a ese mismo baluarte realista. Con el recuerdo de ese común pasado, el anciano con sus achaques, vistió por última vez su honrosa casaca, al tiempo que eleva una nota al gobierno del Gobernador Valentín Alsina, solicitando como gracia, se le permita embarcar nuevamente en un buque de la Escuadra , en el barco de guerra “Ríobamba”, comandado por el Capitán Vicente Pierallini, para escoltar desde Montevideo a su antiguo camarada de armas que había pasado sus últimos años en los Estados Unidos por disentir con las ideas políticas del momento. Debemos resaltar el honroso pedido del Almirante, que también captó el diario “El Nacional ”, que por aquel entonces dirigía Dalmacio Vélez Sárfield, diciendo en sus páginas: “El féretro donde reposan las cenizas del jefe ilustre, regresarán escoltadas desde la ciudad de sus glorias, por su compañero de armas, por el valiente General Brown. Rasgo noble, que complementa la brillante carrera del marino del Plata.”

El barco que llegó al Puerto de Buenos Aires el 26 de julio a las 14 horas fue recibido por una comisión presidida por el General José María Paz y en todo momento acompañado por el Almirante Brown del cual en el mismo diario leemos: “ese marino a quien Buenos Aires debe tantos días de gloria y que por sí sólo compone toda nuestra historia marítima, el fiel compañero en la vida y en la muerte, ha ido a los 78 años de edad, a buscar los despojos de su compañero de armas para traerlos a la tierra natal.”

No obstante las huellas que sus pasados sufrimientos habían impreso a su rostro, su físico se conservaba bien, y continuaba con sus obras de caridad como entregar parte de su sueldo militar a las monjas del Convento de Las Catalina, comprobándose en el viaje a Montevideo que el marino no durmió y a su regreso presidió la Comisión que veló el cadáver del General Paz, su ex Ministro de Guerra y Marina en 1829.

En Caseros combatieron algunas fuerzas brasileñas y uruguayas con las de Urquiza. Las fuerzas navales del Brasil las comandaba el Almirante Grenfell, quien luego del triunfo y antes de abandonar para siempre las aguas del Río de la Plata quiso saludar a su antiguo rival, como lo había efectuado ocho años antes en Montevideo.

Grenfell se presentó con su uniforme de gala con la manga doblada por la perdida de su brazo en la batalla de Los Quilmes al mando de la “Caboclo”, nave insignia de la división de reserva, en la apacible quinta de Barracas, acompañado por su esposa uruguaya y un cadete brasileño. Brown trabajaba en su tierra sembrando alfalfa para la venta, y al oír una voz femenina que en buen castellano lo llamaba, avanzó con su bastón al encuentro de su antiguo contrincante al tiempo que decía: “Mister Grenfell, no me pesa haber sido útil a la Patria de mis hijos, considero superfluos los honores y las riquezas, cuando bastan seis pies de tierra para descansar de tantas fatigas y dolores.” Fue la respuesta por haberlo encontrado modestamente en la labor agrícola.

En el ultimo año de su azarosa vida, Brown se ocupó de escribir sus memorias, recuerdos de guerra contra el imperio del Brasil, olvidando deliberadamente la época de Rosas, que traducidas, ocupan ciento cincuenta páginas, no encontrándose en ellas ninguna apreciación de carácter político, las mismas envió al General Bartolomé Mitre con una carta en la cual decía con todo el cansancio de una vida de servicio y lucha continua: “Quiero acabar este trabajo antes de emprender el gran viaje hacia los sombríos mares de la muerte.”

En las ceremonias religiosas en particular las de Nuestra Señora de Belén de la Parroquia de San Pedro Telmo, era notoria su presencia en los oficios, con su porte erguido debajo de su blanca cabellera contrastando con su oscura vestimenta.

7 – “Hace tiempo y allá lejos” – Guillermo Enrique Hudson – página 47

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HACIA LOS SOMBRÍOS MARES DE LA MUERTE

Así escribió Brown a Mitre al enviarle sus memorias, ya su espíritu rebelde se entregaba en los brazos de la gloria, sabiendo que todo un pueblo lo honraría por siempre, que el fuego de su metralla no se acallaría para sostener su libertad tan duramente conquistada, que su figura sería venerada por los hombres de un futuro cercano.

Desde principios de 1857 la salud del anciano preocupaba a los suyos y era su casa punto de reunión de los amigos íntimos que presentían su fallecimiento, igual apenas concluida la cena frugal se reunía en tertulia con parientes y amigos irlandeses, recordando batallas o su lejana tierra natal.

El padre Anthony D. Fahy (8) su amigo y confesor, el 27 de enero de 1857 le administró los Santos Sacramentos, dando muestras Brown del hondo sentimiento religioso que demostró toda su vida.

A comienzo de marzo, una noche la respiración se hizo dificultosa como para hacer llamar al médico, al sacerdote irlandés y amigos como el Coronel de Marina José Murature, al cual le manifestó: “José, comprendo que pronto cambiaremos de fondeadero; ya tengo práctico a bordo.”

Nuevamente recurrimos al diario “El Nacional” en su edición de fecha 29 de enero de 1857, para informarnos: “El general Brown sigue enfermo. Anteayer recibió el sagrado viático en su quinta, para lo cual el ilustre marino se había preparado debidamente. Durante ese momento solemne, manifestó los sentimientos cristianos de que estaba poseído, respondiendo con términos propios al sacerdote y agradeciendo a Dios aquella prueba de misericordia para con un guerrero que había salvado tantas veces de la muerte para morir tranquilo, con todos los auxilios de la religión. El sacerdote que administró al ilustre enfermo el viático fue el reverendo mister Fahy, capellán de los irlandeses en Buenos Aires.”

Un mes había pasado de esta ceremonia, en la tarde del 2 de marzo, un oficial de marina le informa al Gobernador de la provincia Pastor Obligado, la noticia de que la vida de Brown se estaba apagando, con su coche envía a su hijo en busca del Padre Fahy para llevarlo hasta la quinta del héroe, éste expiró, entrando a la inmortalidad, a medianoche entre el 2 y 3 de marzo de 1857, como comunicó el sacerdote:

“El Capellán de los Católicos irlandeses - Buenos Aires, marzo 3 de 1857 - Al Señor Ministro de Guerra y Marina, Coronel Don Bartolomé Mitre. El infrascripto, capellán de los católicos irlandeses, tiene el honor de informar a V.E. para conocimiento del superior gobierno, que a las doce de la noche dejó de existir el brigadier general don Guillermo Brown. Animado por los consuelos que presta nuestra Santa Religión, él esperaba con la dignidad y serenidad más tranquila su última hora, y entregaba su alma en manos del Creador, poseído de la más ilimitada confianza en la misericordia divina. El fue, señor ministro, un cristiano cuya fe no pudo conmover la impiedad, un patriota cuya integridad, la corrupción no pudo comprar, y un héroe a quien el peligro no pudo arrendar. El frecuentemente manifestaba al infrascripto su gratitud al gobierno que le facilitaba gozar el otium dignitate en su más avanzada edad, y también a S.E. el señor Gobernador por las simpatías que le había significado en los últimos días de su enfermedad. En medio de la angustia y desconsuelo que agobia a la viuda y sus niños, el infrascripto se permite anunciar que ellos esperan la disposición del gobierno respecto a su entierro. El infrascripto se congratula de eta oportunidad para manifestar el testimonio de su respeto y distinguida consideración. Dios guarde a V.E. muchos años Antonio D. Fahy” (9)

Las exequias se verificaron en el templo parroquial de San Pedro Telmo y en el libro 3º de defunciones, folio 46 se encuentra asentada la partida de fallecimiento: “ En cuatro de marzo de mil ochocientos cincuenta y siete falleció el Gral. de Marina Don Guillermo Brown, natural de Irlanda, de ochenta años, casado con Doña Isabel Chytty, recibió los Sacramentos; doy fe - Juan Antonio Martínez”.

8 – El Padre Anthony D. Fahy llegó a Buenos Aires en 1843 como delegado del Arzobispo de Dublin y también en calidad de capellán de los irlandeses residentes en el país, falleciendo en 1871 contagiado por la fiebre amarilla que asolaba la ciudad.
9 – Archivo General de la Nación - Sala X – 36 – 10 - 23

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HONRAS PÓSTUMAS

El Gobernador de Buenos Aires, Doctor Pastor Obligado, al recibir la infausta nueva dispuso rápidamente los honores reglamentarios por medio de un decreto de fecha 3 de marzo, con los términos:

“Habiendo fallecido el Brigadier General D. Guillermo Brown, y siendo un deber del Gobierno y del pueblo de Buenos Aires, honrar la memoria del ilustre marino cuyo nombre simboliza las glorias navales de la República Argentina , y cuya vida ha estado consagrada constantemente al servicio en las guerras Nacionales que ha mantenido nuestra patria desde la época de la Independencia. El Gobierno ha acordado y decreta:

Art. 1º La Escuadra del Estado hará en el día de la fecha una salva fúnebre de 17 cañonazos, disparando un cañonazo cada cuarto de hora y manteniendo los buques de ella la bandera á media asta y las vergas cruzadas, en honor de la memoria del Brigadier General don Guillermo Beown.

2º El cadáver del General Brown será velado en la casa mortuoria por una comisión de gefes que nombrará la Inspección General de Armas, debiendo el Gefe de la escuadra disponer lo conveniente á fin de que se coloque una guardia de marinos que le rinda los últimos honores.

3º El entierro tendrá lugar el día 4 del presente á las 4 de la tarde. El Ministro de la Guerra presidiendo una comisión que haga el duelo en la representación del Gobierno, y acompañado de los Generales y Plana Mayor del Ejército de mar y tierra tomará el cadáver en la casa mortuoria y lo conducirá al Cementerio haciéndose por la Escuadra del Estado una salva de 17 cañonazos al tiempo de darle sepultura.

4º El Gobierno dirijirá una carta de pésame á la familia del Brigadier General D. Guillermo Brown, acompañándola en su dolor por la pérdida de tan ilustre guerrero.

5º Oportunamente se ordenará lo conveniente respecto de los funerales y demás honores y demostraciones, que deben hacerse al General Brown, los que serán de cuenta del Estado.

6º Comuníquese á quienes corresponda, publíquese y dese al Rejistro Oficial.

Obligado - Bartolomé Mitre (10)

Todos los diarios de la ciudad destacaron en sus primeras planas el aciago acontecimiento con apesadumbradas palabras destacando la heroica vida del prócer. “El Nacional” bajo el epígrafe de “Rivadavia y Brown” decía: “La república Argentina debe vestir luto por la pérdida de tan esclarecido guerrero. Su nombre simboliza todas las glorias marítimas de la Patria. El Río de la Plata, el Paraná, el Mar Pacífico y el Atlántico son las inmortales páginas de gloria y esplendor en que se hallan escritas las hazañas de Brown cuyo cañón fue siempre anuncia de victoria y cuya bandera no se rindió jamás porque prefirió sepultarla en el seno de las aguas.”

“El Almirante Brown pertenecía a una escuela militar que se impone como un deber no discutir los gobiernos, sino obedecerlos dentro de los límites del honor militar y la dignidad del hombre. Rosas no pudo degradar al almirante Brown; no pudo obligarlo a degollar prisioneros; no pudo impedir que tributase a las desgracias de la guerra todas las consideraciones de la más cabal hidalguía, no pudo prohibirle que rindiese homenaje al mérito de los enemigos del tirano y rindiese honores fúnebres en sus buques al General Martín Rodríguez...”

“Rivadavia es la personificación más completa de la libertad y del progreso en el Río de la Plata... Brown, es el símbolo de la gloria del Río de la Plata. Si un mástil de la “25 de Mayo” o de la “Sarandí” existiera, ese leño sería más significativo en su tumba que el mármol de Carrara.”

La hidalguía que profesó el Almirante durante todos sus actos, nos da la pauta que destaca el hecho que a su fallecimiento, la provincia de Buenos Aires se encontraba separada de la Confederación Argentina , por cuanto el General Justo José de Urquiza con el cargo de Presidente de la República gobernaba desde la ciudad de Paraná como capital. Urquiza desde esa ciudad decretó las honras fúnebres a nombre del Gobierno de la Nación: Ministerio de Guerra y Marina - “Paraná, Setiembre 11 de 1857 - El Presidente de la Confederación Argentina. - El Brigadier General de Marina de la antigua Armada Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, D. Guillermo Brown, ha fallecido en la ciudad de Buenos Aires, el día 3 de marzo de este año; - El Gobierno Nacional deplora en tan infausto acontecimiento, la perdida del héroe de las glorias navales Argentinas, y crée de su deber tributar una manifestación de respeto a su memoria; por tanto: - Ha acordado y Decreta:

Art, 1º El Ejército Nacional vestirá luto por tres días consecutivos, que se designarán por los Exmos. Gobiernos de Provincia para las fuerzas Nacionales dentro de sus jurisdicciones, y por la Inspección General del Ejército, para las guarniciones del territorio federal.

Art. 2º Comuníquese, publíquese y dése al Registro Nacional

Urquiza - José Miguel Galán (11)

Como podemos apreciar cuando se referían a Brown, todos se unían para el homenaje que siempre lo fue en todas las circunstancias de su carrera naval y personal, hasta en la muerte su figura fue de unión y respeto.

10 – “Registro Oficial del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires de 1857” – Libro trigésimo sexto – página 26.
11 – “Registro Nacional de la República Argentina” - página 314.

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PARTE EL CORTEJO DESDE BARRACAS

El Ministro de Guerra y Marina Coronel Bartolomé Mitre presidiendo la Comisión nombrada por la Inspección General de Armas, integrada por los marinos Antonio Toll, Francisco Seguí y José Murature, y los representantes del ejército, Generales Ignacio Alvarez Thomas, Juan Madariaga y el Coronel Julián Martínez, velaron el cadáver, del cual no se separaron hasta el sepelio.

El 4 de marzo de 1857, a las 5 y 12 minutos se puso en marcha el cortejo fúnebre desde la quinta del Almirante, llevando el uniforme de Brigadier General con la espada que le obsequiara Ramsay, la condecoración por su triunfo sobre la escuadra española de Montevideo en 1814, con la inscripción: “La Patria a los Libertadores de Montevideo – 1814” y otra, también de oro, con atributos navales y leyenda: “Gloria a los vencedores del Uruguay el 9 de febrero de 1828” y la bandera que la Sociedad de Damas de Beneficencia le entregaron por el combate de Los Pozos, sobre el ataúd, mientras desde las aguas del Río de la Plata se oían los cañonazos de práctica.

Provisoriamente sus restos fueron depositados en la bóveda del Brigadier General José María Paz, sepulcro en cuyo frente Mitre había despedido sus restos en octubre de 1854. En el momento de su inhumación el Ministro Mitre pronunció en nombre del Gobierno esta memorable oración:

“Señores: Al inclinarme en nombre del Gobierno del Estado de Buenos Aires ante los restos mortales del Almirante don Guillermo Brown, séame permitido evocar un recuerdo dulce y melancólico á la vez. Pronto será un año, que en una tarde apacible del pasado otoño, visitaba al almirante Brown, en su risueña morada de Barracas. Es aquél un albergue pintoresco y tranquilo, donde el audaz marino reposaba de sus fatigas en los mares procelosos de la vida. Paseábamos su jardín y hablábame él de sus campañas marítimas, de sus árboles y de sus flores, de sus compañeros de armas, de los sentimientos elevados de patriotismo que le animaban, y de las memorias de su vida, que se ocupaba en escribir. Su lenguaje era enérgico y sencillo, como lo es siempre el de los hombres que han pasado su vida en medio de la acción, y yo le encontraba la elocuencia de los altos hechos que su presencia hacía recordar. Admirando la belleza del paisage que se desenvolvía ante nuestros ojos, me inclinaba con respeto ante aquél monumento vivo de nuestras glorias navales, y encontraba sublime de magestad aquella noble figura que se levantaba plácida y serena después de tantas borrascas, como la habían agitado. Aquél reposo modesto del que pasó su vida entre el estruendo de los cañones, el rumor de las olas y del bramido de los huracanes; aquél amor candoroso y puso por las bellezas de la naturaleza; aquellos trabajos intelectuales, que reemplazaban para él los ásperos trabajos de la guerra; aquella serenidad de alma, sin ostentación, sin amargura y sin pretensiones, me revelaba que tenía delante de mí algo más que un héroe; me revelaba que el Almirante era un corazón generoso, una alma formada para amar y comprender lo bello y lo bueno, y digna de atraer sobre su cabeza laureada las bendiciones del cielo á la par que la admiración y las bendiciones de la humanidad. Pocos días después el almirante Brown me enviaba sus memorias, con una carta en que me decía con el poeta: “Quiero acabar ese trabajo antes de emprender el gran viaje hacia los sombríos mares de la muerte.”

“Ya emprendió, señores, ese viaje: á estas horas reposará tranquilo en el puerto de la eternidad. Su alma ha volado al seno de la divinidad, mientras que su cadáver yace tendido en esta estéril playa de la vida, como ropage abandonado del espíritu inmortal que lo animaba.”

“Veremos, señores, esos despojos, porque en ese cráneo helado por la muerte está incrustada la corona naval de la República Argentina , y porque en el breve espacio que ellos ocupan se encierran todas nuestras glorias marítimas”

“Brown en la vida, de pie sobre la popa de su bagel, valía para nosotros una flota.”

“Brown en el sepulcro, simboliza con su nombre toda nuestra historia naval.”

“Él con su sólo genio, con su audacia, con su inteligencia guerrera, con su infatigable perseverancia, nos ha legado la más brillante historia naval de la América del Sur.”

“Nada nos llamaba á ser un potencia marítima, ni nadie pudo preveer en los primeros días de la revolución, que el pabellón que tremolaba victorioso en la cima de los Andes, pudiera algún día tremolar triunfante sobre las olas agitadas del océano.”

“No teníamos astilleros, ni maderas, ni marineros, ni nuestro carácter nos arrastraba á las aventuras de la mar, ni nadie se imaginaba que sin esos elementos pudiéramos competir algún día sobre las aguas, con potencias marítimas que enarbolaban en bosques de mástiles centenares de gallardetes.”

“Ese prodijio lo realizó el almirante Brown en los momentos de mayor conflicto, en las dos grandes guerras nacionales que ha sostenido la República Argentina.”

“El primer armamento naval que ensayó la Junta Revolucionaria, se había sepultado en las aguas del Paraná bajo el fuego de las nave españolas.”

“Nuestras costas indefensas, y hasta la misma ciudad de Buenos Aires estaba á merced de los ataques de la marina de Montevideo.”

“Fue entonces que el joven Brown armó en el puerto de Buenos Aires tres buques de guerra, igual número que el que armó Colón para descubrir un nuevo mundo. La empresa sino tan grande, no era menos ardua, ni requería menor fuerza de voluntad.”

“Los españoles contemplaron con la sonrisa del desprecio aquél pobre armamento. Pocos meses después la escuadra independiente rendía á Martín García, dividiendo la escuadra española; bloqueaba en el Uruguay su escuadrilla sutil, y aprisionaba toda la Armada del Rey de España frente á los muros de la ciudad de Montevideo, que á consecuencia de este triunfo abría sus ferradas puertas á la revolución triunfante. Fue entonces que el almirante Brown, herido por una bala de cañón, daba sus órdenes en medio del combate, tendido sobre el puente del Hércules, en cuyo mástil flotaba la insignia del Comodoro.”

“Muy luego vemos á Brown emprender su atrevido crucero del Pacífico, obligar á los buques de guerra españoles á esconderse en sus puertos al amparo de sus baterías de tierra; atacar el Callao y Guayaquil, y cooperar eficazmente á la expedición gigantesca de San Martín sobre Chile. Fue en esta ocasión que habiendo sido tomado su buque al abordaje, bajó á la Santa Bárbara con una mecha en una mano y una espada en la otra, amenazando hacerlo volar si no suspendían los vencedores la bárbara carnicería que habían comenzado. Un hombre sólo llenó de pavor á los vencedores en medio de su triunfo, salvando las vidas de sus infortunados compañeros de armas, que gracias a su presencia de ánimo fueron salvados más tarde del cautiverio.”

“La tradición popular se ha encargado de perpetuar las hazañas de Brown durante nuestra guerra con el Brasil, pero la historia no ha hecho aún la merecida justicia á sus combinaciones militares y á la voluntad de fierro que desplegó al frente de las naves de la República en esa lucha desigual, en que su actividad suplió al número y su valor á la fuerza respectiva de elementos materiales.”

“Al encenderse la guerra entre la República Argentina y el Imperio del Brasil, hacía flamear éste sobre las aguas los gallardetes de ochenta buques de guerra, entre los cuales se encontraba un navío y nueve fragatas, de los cuales media docena solamente montaban más cañones que toda nuestra escuadrilla reunida. Dueño el Brasil de la ribera oriental del Plata, dominaba las aguas, interceptando nuestras comunicaciones con el ejercito republicano; la capital quedaba á merced d su marina; el bloqueo de nuestras costas era inminente; la ruina de nuestro comercio segura y el bombardeo de Buenos Aires una amenaza perpetua.”

“Para contrarestar tan formidable poder marítimo y para conjurar tantos peligros, se armaron media docena de buques mercantes de cruz y 12 cañoneras, enarbolando Brown en la capitana la conocida insignia del antiguo Almirante de la República.”

“El nombre de Brown valía por otra escuadra, y después del triunfo pudimos repetir con el inspirado bate de nuestros triunfos: Alzóse Brown en la barquilla débil; Pero no débil desde que él se alzara, “El pabellón celeste y blanco de la República flameó triunfante en tierra y triunfante en los mares."

“¿Quién no conoce las hazañas de Brown y de nuestros intrépidos marinos en la lucha heroica y grandiosa, que forma por sí sola una brillante epopeya nacional?”

“En los treinta combates navales que bajo las ordenes de Brown tuvo la escuadra Argentina contra la del Brasil, no solo se salvo nuestro decoro y nuestro comercio, sino también coopero eficazmente nuestra escuadra al triunfo espléndido que coronó las armas republicanas, y á la paz honrosa que se firmó después.”

“No puedo rememorar en este momento todas las fabulosas hazañas del almirante Todos recuerdan que el estampido de su cañón en las aguas del Plata, era anuncio de victoria, y que á la vista de los mástiles de la capitana, la ciudad de Buenos Aires dormía tranquila bajo la guarda de su almirante, mientras que él velaba sobre el puente de su bajel. En vano el Imperio del Brasil lanzaba poderosas flotas sobre nuestro puerto; sus esfuerzos se estrellaban contra una roca. Una vez cuatro buques de cruz y siete cañoneras, rechazan del puerto 32 buques de cruz del Imperio, y salvan nuestras comunicaciones y transportes con la Banda Oriental , montando el mismo Brown una pequeña cañonera con un solo cañón. Otra vez bate y rinde en Juncal una escuadra de 17 velas brasileras, haciendo arriar bandera á su almirante, á quien toma prisionero. En medio de la noche fuerza otra vez el bloqueo y cañonea la línea enemiga con solo tres buques. Al día siguiente ataca toda la escuadra brasilera fuera del puerto, con una fuerza dos veces menor, y rodeado y cañoneado el Almirante por 22 buques enemigos, sostiene el más severo y desigual combate que haya tenido lugar en el Río de la Plata ; aterra al enemigo, salva á remolque de sus cañoneras su Capitana desmantelada, y el pueblo recibe en sus brazos como á un triunfador romano, arrastrando espontáneamente su coche y haciendo batir medallas en su honor. Otra vez fuerza el puerto de la Colonia y paraliza las operaciones navales del enemigo. Por último, después de una serie no interrumpida de triunfos y de hazañas heroicas, el Almirante, en el Monte Santiago, con tres buques encallados mantiene por el espacio de dos días un reñido combate contra 18 buques brasileros, calculados para la navegación del Plata, y salva sus bajeles y nuestra gloria, aunque herido de un metrallazo, y apenas convaleciente de su herida, vuelve á escarmentar al enemigo en la Ensenada.”

“Así termina, la vida épica del almirante Brown, en las grandes guerras nacionales sostenidas tan dignamente por los Argentinos. Al descender al sepulcro, el almirante Brown lleva consigo la admiración de los patriotas y las simpatías de los buenos, y la marina argentina queda huérfana del viejo padre que la meció al nacer sobre las olas embravecidas del Plata. El Pacífico, el Atlántico, el Uruguay, el Paraná, el Río de la Plata , serán siempre pájinas inmortales donde se leerán sus altos hechos, y mientras flote en sus aguas una chalupa ó flamee en ellas un gallardete argentino, el nombre de Brown será invocado por todos los marinos, como genio protector de nuestros piélagos. Si algún día nuevos peligros amenazasen á la patria de los argentinos; si algún día nos viésemos obligados á confiar al leño flotante el pabellón de Mayo, el soplo poderoso del viejo almirante henchirá nuestras velas, su sombra empuñará el timón en medio de las tempestades, y su figura guerrera se verá de pie sobre las popas de nuestras naves en medio de la humareda del cañón y la grita del abordaje."

“¡Adiós, noble y buen almirante de la patria de los Argentinos! Adiós. Las sombras de Rosales, de Espora, de Drumond y de Buchardo se levantarán para recibirte en la mansión misteriosa del sepulcro, y mientras ellos te saludan con palmas en las manos, el pueblo de Buenos Aires llora la pérdida de su ilustre Almirante.” (12)

Creímos que colocar la versión total de esta honrosa y brillante pieza de Bartolomé Mitre efectuada “in voce” ante los restos póstumos del Almirante Brown, es tener un acabado resumen de su vida, siendo el primer escalón de su paso a la inmortalidad.

12 – “Arengas de Mitre” – Bartolomé Mitre – página 166.

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INFORMES POSTERIORES

Al siguiente día de los actos solemnes ofrendados al Almirante Brown por su paso sin retaceos a la gloria, la Comisión designada especialmente por el Ministerio de Guerra y Marina para asistir en todo lo relacionado a los funerales, presentó su informe al Ministro del ramo, con el siguiente texto: “Al Señor Ministro de Grra. Y Marina: Los Gefes que suscriben, nombrados por la Inspección Gral. de armas para formar la Comisión veladora del cadáver del muy ilustre Brigadier D.n Guillermo Brown; han creído de su deber personarse poniendo en conocimiento de N.S. que el día de ayer 3, a las seis de la tarde la Comisión se apersonó en la Casa Quinta Mortuoria haviendo manifestado a la ilustre Señora D.a Isabel de Brown viuda del Sor. General la misión q.e llebaba: esta Señora dolorosamente complacida y agradecida á la medida acordada puso en manos de la Comisión deposito tan precioso. En el momento la Comisión visitó el cadáver de su antiguo General y maestro q.e yacía en su lecho, la emoción q.e experimentaron no se limito al dolor, sino q.e se elevó a una respetuosa veneración hacia los restos mortales de aquel genio mimado por la victoria q.e tantas veces los había hecho partícipes de ella, ocultando siempre los peligros q.e enervan el valor o lo q.e el destino les niega los dotes del genio. Satisfecha la Comisión que era realmente el cuerpo inanimado del Sor. General, mandó colocar dos centinelas y un oficial en el mismo aposento. A las 9 de la noche llegó el ataúd compuesto de tres cajones uno dentro de otro, el primero a contar del centro era de madera de pino forrado en gró y pequin de seda con almohada y sudario de la misma clase; el segundo de plomo, y el tercero de caoba, todo guarnecido de bronce dorado, y encima de la tapa el signo de nuestra redención y en su peaña grabada la inscripción siguiente; ”Cenizas del Brigadier General Argentino D.n Guillermo Brown. Fallecido el día 3 de Marzo de 1857” ; en ese momento que trasladado el cadáver del lecho al ataúd, vestido el cuerpo (á petición de la familia) con ropas blancas y envuelto en un sudario también blanco; y cubriéndolo todo el sudario de seda; de aquí fue conducido a la sala de donde se instaló la capilla ardiente con diez y seis sirios de primera clase, continuando la velación con dos centinelas, un oficial y los q.e subscriven. A las dos de la tarde del día sig.te cuatro habiéndose ya pronunciado la descomposición ordenó la Comisión serrarse el ataúd herméticamente, clavando a tornillos la primera tapa, soldando la de plomo, y tornillando la de caoba. A las cinco de la tarde llegada q.e fue la Comisión del Exmo. Gobierno presidida por V.S. y los Ssres Grales. D.n Ignacio Alvarez Thomas, D.n Juan Madariaga y el Sor. Inspector Gral. de Armas Coronel D.n Julián Martínez acompañados de la Plana Mayor del Exto.y numerosos ciudadanos fue colocado el féretro en el carro fúnebre, q.e se adornaron sus pilastras con catorce coronas civicas q.e en el curso del día había recibido la Comisión enviadas por otras tantas notabilidades del país, y sobre la tapa del féretro el uniforme completo de Brigadier Gral., más el Escudo de la Bandera q.e la Sociedad de Damas de Beneficencia regaló al referido Sor. Gral. con motivo del 11 de junio de 1826. A las cinco y doce minutos marchó el comboy fúnebre tomando la calle Defensa hasta de la Rivadavia , siguiendo hasta la dl Perú, por la q.e continuó hasta la plaza de Marte baxamdo entonces a tomar el camino del Paseo Guardia Nacional hasta la portada del cementerio á ora de las seis y diez minutos, en donde fue tomado el féretro por las próximas notabilidades del Exercito hasta depositarlo en la capilla en donde lo esperaban el Sor. Capellan Hay dos sacerdotes q.e oficiaron; en seguida fue conducido en el mismo orden hasta la puerta del Sepulcro del Sor. Brigadier General D.n José María Paz en donde V.S. pronunció el bien sentido histórico discurso, todo orleado con las glorias de tal ilustre cuanto valiente marino; haciendo derramar lágrimas de satisfacción y gozo á los viejos veteranos compañeros en sus peligrosas campañas al ver q.e fue escuchado con un silencio reverente y a la ves q.e la generación presente no olvida los hechos heroicos de aquellos q.e bien sirvieron a la Patria. A las siete fue colocado el féretro en un nicho del sepulcro y la Comitiva regresó a la ciudad.”

“Los que subcriben al concluir esta diligencia tienen el honor de transmitir á V.S. las noticias biográficas q.e pudo obtener por entonces de la respetable familia del finado Sor. General. El Sor. D.n Guillermo Brown nació el 22 de junio de 1776 en la Ciudad de Castlebac, Condado de Mayo en el Reyno de Irlanda uno de los tres q.e componen el Reino Unido de la Gran Bretaña ; y por consiguiente vivió ochenta años ocho meses, nueve días. Los Gefes de la Comisión tributan al Sor.Minis. el más perfecto homenage de gracias por el honor q.e les acordó nombrándolos p.a tal desempeño.” (13)

Posteriormente el Gobierno resolvió efectuar un homenaje póstumo por el fallecido Almirante, resolviendo en consecuencia realizar los funerales en la Iglesia Catedral de Buenos Aires presididos por una Comisión nombrada especialmente al efecto, para lo cual el Ministro de Guerra y Marina, General José Matías Zapiola, envía un comunicado a la señora Isabel Chitty de Brown informándole: “A la Señora D.a Isabel N. de Brown El Gobierno con fecha 22 del corriente ha dispuesto lo siguiente: Siendo llegada la oportunidad que se reservó el Gobno. por el art.º 5º del decreto fha. 3 de Marzo ultimo respecto de los funerales y demas honores que deban hacerse por cuenta del Estado al ilustre Brigadier General D.n Guillermo Brown, ha dispuesto S.E. el Sor. Gobernador , que el proximo jueves 27 del corriente á las diez de la mañana, tengan lugar dichos funerales en la Santa Iglesia Catedral, los que serán presididos por una Comisión que represente al Gobierno y la cual se nombrará oportunamente.”

Documentos correspondientes de la testamentaría del Almirante Brown prueban que a partir del 23 de junio de 1812, el ilustre marino era dueño de una propiedad adquirida al Reverendo Padre José Ramón Grela, situada en Barracas. La escritura de venta fue extendida por el escribano Juan Cortés, siendo la superficie comprada de 350 varas de frente por 315 de fondo.

En estos terrenos construyó Brown su casa quinta y otras veinte viviendas. Esta fue la casa donde vivió con su familia por más de cuarenta años hasta fallecer.

Este solar de la Avenida Martín García 548, ha sido declarado Lugar Histórico por Decreto 18.536 del 22 de junio de 1948.

Anteriormente, el 21 de mayo de 1942, la Dársena Norte lugar donde tuvo lugar el combate de Los Pozos, se declaró Lugar Histórico por Decreto 120.412.

13 – Comisión de Honor – Tomo II – página 311

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MAUSOLEO EN EL CEMENTERIO DE LA RECOLETA

En setiembre de 1865, la esposa de Brown, Eliza Chitty de Brown, y sus hijos Guillermo y Martina erigieron un monumento funerario, de acuerdo a los planos del Coronel de Marina José Murature y la participación en su construcción del Arquitecto Pedro Beare, el Escultor Jorge Jellemur y el maestro fundidor Señor Francisco Carulla, en el Sector 2º, Zona 78 del Cementerio del Norte o de la Recoleta. (14)

Esta tumba consistió en la erección de un sencillo túmulo de argamasa y ladrillo, en cuyo nicho interior fue depositado el féretro retirado de la bóveda del General José María Paz. Sobre la parte superior de la construcción se erigió una columna de hierro fundido, de estilo corintio, teniendo en su parte media una faja en relieve conteniendo la leyenda Jeneral Brown. Esta columna esta apoyada en un bloque de mármol blanco, finalizando con una corona y nave de bronce, teniendo todo el conjunto una altura de ocho metros. La base cuadrada, con tres gradas, mide un metro con cincuenta por lado.

Posee cuatro relieves de bronce, de acuerdo a los dibujos del Coronel de Marina José Murature, los cuales representan acciones navales del Almirante, conteniendo en los costados un epitafio del Doctor Juan María Gutiérrez: Aquí yacen los restos del Brigadier Jeneral / Don Guillermo Brown / Nació el día 22 de Junio de 1777, en / Foxford, Condado de Mayo, en Irlanda / Ingles de orijen / Argentino por sus servicios, / mandó en jefe la primera escuadra de la / Revolución de Mayo, dándole días de gloria / y de triunfo en el año 1814, con la destrucción / de las fuerzas marítimas españolas en / MARTÍN GARCÍA / y en el / Puerto de Montevideo. / Llevó audaz y feliz la bandera de la / causa de la República / por los mares / del PACÍFICO y de las ANTILLAS / desde 1816 hasta 1818 / Los puertos del CALLAO y de GUAYAQUIL / fueron testigos de su arrojo bajo la / enseña arjentina en 20 DE ENERO Y EN / 1º DE febrero de 1816. / La Luz del 9 DE FEBRERO, del 11 DE JUNIO, / del 30 DE JULIO DEL AÑO 1826 en las aguas del Plata, / y del 9 DE FEBRERO DE 1827, en las del Uruguay./ Contempló victoriosas / a las naves que la República Arjentina / confiadas al Almirante BROWN, en auxilio de / la Independencia de un pueblo hermano. / Falleció cristianamente / en la noche de 3 de Marzo del año 1857 / En el seno de su familia / al amparo de la buena fama / a los ochenta años / de una existencia consagrada / al mar y a la gloria. / Su vida consagra este monumento á su memoria / R. I. P. (15)

En el año 1912, fue modificada esta construcción principalmente convirtiendo el túmulo primitivo en una hornacina de bronce y cristal, dentro de la cual se encuentran los restos reducidos del prócer acompañados desde 1957 por los de su hija Elisa Brown.

Se lo retocó nuevamente en 1957, este monumento se encuentra pintado de color verde, el tradicional de su país natal Irlanda, y las leyendas que recuerdan las principales acciones navales del Almirante, esmaltadas en plata, la columna de hierro dorada y bronceada exteriormente, respetando el aspecto original.

A través del tiempo se fueron agregando una cantidad de placas y palmas de bronce, tanto en el monumento en sí, como en su basamento, destacándose el gran medallón en bronce, de la Comisión Nacional de Homenaje de 1857-1957, obra del escultor Luis L. Aquino, y las de la Armada Argentina, Centro Naval, Instituto Nacional Browniano y la de los Expedicionarios al Desierto. Fue declarado Monumento Nacional por Decreto Nº 33.033 del 3 de noviembre de 1947.

14 – Diario “Correo del Domingo” – Edición del 17 de setiembre de 1865.
15 – Archivo General de la Nación – Sala X- 42-6-3

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MONUMENTO A LA MEMORIA DEL ALMIRANTE GUILLERMO BROWN

El Congreso Nacional en sus sesiones del año 1897 votó la Ley 3515, donde se disponía la erección de los monumentos a Mariano Moreno, Bernardino Rivadavia y Guillermo Brown en los lugares que se destinarían al efecto y autorizando al Poder Ejecutivo a nombrar una Comisión que aprobaría los modelos y presupuestos de los mismos, administrando los fondos provenientes del Tesoro de la Nación y de las suscripciones populares que se autorizarían recién con el advenimiento del Centenario de la Revolución de 1810, se sancionó otra ley, la 6286, ordenando la construcción de diversas obras y monumentos conmemorativos que incluían los antes mencionados.

En esta ocasión los irlandeses y sus descendientes radicados en nuestro país resolvieron cooperar a la celebración del Centenario, tomando a su cargo la obra del monumento de Brown, héroe de su raza. Por tal motivo designaron una Comisión integrada por:

Presidente: Doctor. Santiago G. O'Farrell; Vicepresidente: Almirante D.E. O'Connor; Tesorero: Señor Ptricio Ham; Secretarios: Señores Juan J. Moore y Eduardo Kenny (h) y Vocales: Doctor Miguel Murphy, Presbíteros E. Flannery, Santiago Ussher, Lorenzo Mac Donell; Señores E. Morgan, E. Tormey, P.J. Dowling, D. Morgan, J. Nelson, C. Duggan. J.E. Bowen, E. P. Maguire, G. Torney, S.F. Gahan y T. P. Moore.

Realizado un estudio sobre los posibles artistas la Comisión se puso en contacto con el escultor Alejandro Chiapasco, discípulo y recomendado por el célebre escultor italiano David Calandra, el cual había presentado el mejor boceto por una suma total de $76.000. La obra tomó cuerpo lentamente, con la entrega de fondos del gobierno y la recolección de fondos, sumados a los inconvenientes de la Primera Guerra Mundial.

En el Parque Colón, Avenida Leandro N. Alem y Bartolomé Mitre, con la presencia del Presidente de la República, Doctor Hipólito Yrigoyen, miembros de los tres poderes nacionales, representantes de la colectividad con estandartes y banderas, y de la Armada Nacional, el 8 de julio de 1919 se inauguró el monumento sobre la barranca de su Río de la Plata, en el mismo lugar donde el pueblo porteño lo esperaba al regreso de sus hazañas y contempló el 11 de junio de 1826 el combate de Los Pozos y la frase, ya mitológica: “fuego rasante que el pueblo nos contempla”.

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AVENIDA ALMIRANTE BROWN

Esta avenida de la ciudad de Buenos Aires en homenaje al ilustre marino, es de una historia muy particular porque existía en un primer tiempo en varias arterias idéntico nombre lo cual con el tiempo se fue decantando hasta llegar a la actual, y creemos que con un relato que marca en sí el cariño de un pueblo por el marino.

Ya en la publicación de la Municipalidad de la Capital de 1896, siendo Intendente de la misma el Señor Francisco Seeber figuran dos calles con ese nombre: Brown (Almirante) – De Brasil a Montes de Oca – Nombre adoptado Martín García. Brown – En el Caballito, de Primera Junta al Norte, al Oeste, de Gran Chaco comprende Segunda Brown, Nombre adoptado Campichuelo en 1893. (16)

Vemos que en plano realizado el 30 de julio de 1849 por Feliciano Chiclana, figura en su primer tramo extendida en el polvoriento camino a La Boca denominado Tragaleguas con la del Camino al Muelle. Después desde Villafañe a Pedro de Mendoza, y en ese año se la denomina como calle “General Brown”, idéntica a la actual Martín García.

En 1851, Brown comienza frente al Parque Lezama y finaliza en el Riachuelo, siendo nombrada con insistencia como el “Camino de La Boca” y el Estado cobraba un impuesto para transitar por el mismo. Si bien estaba el trazo para su tránsito usado con bastante frecuencia, faltaba determinar con exactitud como calle “General Brown”, de acuerdo a la remodelación efectuada sobre la nomenclatura en 1857, manteniendo el nombre en el Plano de la Ciudad de Buenos Aires levantado por el Ingeniero Antonio Aymez en 1866, y en el de Pedro P. Uzal de 1879.

En el Plano del Departamento Topográfico de la Ciudad de Buenos Aires de 1867, diseñado con una eficaz intervención del Agrimensor Germán Kuhl, luego terminado, construido y dibujado por Carlos Glade, los bañados que cubrían todo un sector situado sobre la calle Brown han desaparecido para ser cubiertos por manzanas claramente delineadas, existiendo desde Brown hacia Barracas vastos terrenos baldíos de propiedad de los Brittain. (17)

Otro plano donde podemos apreciar la calle “Brown” con un nombre de calle nueva, es el realizado en 1850 por el Doctor Adolfo Sourdeaux, un ex Capitán Ayudante de Campo del Inspector General de la Infantería de Marina Francesa. (18)

Apreciamos que en el Censo efectuada en 1880, esta calle continuó manteniendo su nombre tradicional hasta el Riachuelo, aunque en parte de su trayecto se la denominaba como Camino de La Boca, el que va desde Plaza Lezama a Wenceslao Villafañe, existiendo alguna confusión con el de Martín García, pues mientras la avenida que finaliza en el Riachuelo llevará Almirante Brown, la que se extendía hacia Barracas, fue bautizada como Almirante Brown (Martín García).

Recién por la Ordenanza del 11 de febrero de 1881, fue confirmada, estando en el Plano Topográfico de la Ciudad de Buenos Aires, levantado por la Oficina de Obras Públicas de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires en 1895, trae su nombre actual y en el Doble Índice de la Nueva y Antigua Nomenclatura de Calles editado en 1896 por G. Kraf, se señala que antes fue conocida también por calle 122, agregando que corre de Norte a Sur.

Comparando algunos datos de los que vemos en otra publicación referente a las calles de la ciudad, en la sección Nomenclatura Antigua, con nuestra investigación de distintas calles que tuvieron por algunos años y algunos tramos el nombre del Almirante, resumimos que:

“Brown” – Plano de Feliciano Chiclana de 1849, su primer tramo se extendía en el Tragaleguas, con la del Camino al Muelle.

“Brown” – Como calle nueva al Riachuelo en el famoso Plano Topográfico de los Alrededores de Buenos Ayres, de 1850, levantado por el Doctor Adolfo Sourdeaux.

“Brown” - General Brown en el Plano de la Ciudad de Buenos Aires levantado por el Ingeniero Antonio Aymez en 1866, confirmado por Ordenanza Municipal del 11 de febrero de 1881.

“General Brown” – En el Plano del Departamento Topográfico de 1867, llamado también de Carlos Glade, ofrece muy patente todas las particulaidades de la zona de la Casa Amarilla como la intersección de la calle “General Brown” actual Martín García y el Camino a La Boca bien delineadas.

“Brown” – Plano Municipal de 1895 es la actual “Cóndor” por Ordenanza Municipal de 1893, se encuentra en el Barrio de Villa Soldati.

“Brown” Se la menciona así cuando por Ordenanza Municipal de 1893 se le impone su actual nombre de “Pescadores”, en el Barrio de San José de Flores.

“Brown” – Por Ordenanza Municipal de 1895 de Primera Junta al norte, al oeste de Gran Chaco comprende Segunda Brown son las primeras cuadras frente a la quinta de los Lezica, entre Av. Rivadavia y Díaz Vélez. En la actualidad es parte de “Campicuelo” en el Barrio del Caballito.

“Almirante Brown” – Entre las actuales Quesada y Virrey Loreto. Por Ordenanza de 1893 “Superí”, en el Barrio de Belgrano.

“Almirante Brown” o “General Brown” o “Del Héroe Brown” por Ordenanza del 11 de febrero de 1881, y luego “Martín García” por Ordenanza 1893 en el barrio de La Boca.

“Almirante Brown” Avenida – Su nombre actual desde 1895.

De todas estas averiguaciones referentes a las distintas calles que llevaron por varios años diversos tramos el nombre del Almirante, podemos apreciar que desde el año 1849, ocho años antes de su fallecimiento la Ciudad de Buenos Aires ya contaba con una arteria que homenajeaba su nombre de acuerdo al Plano levantado por Feliciano Chiclana.

16 – “Ordenanza General de Nomenclatura de Calles de 1896” – Municipalidad de la Capital - Página 11.
17 – Se encuentra en el Archivo de la Dirección de Geodesia del Ministerio de obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires – Registro 68 – 35 – 1
18 – Este plano fue editado por la Librería de la Victoria , que se encontraba en la calle Perú 20 antigua numeración, 44 actual, y litografiado por Julio Pelvilani. Es una especie de plano catastral estando asentados en él nombres de propietarios de quintas y grandes extensiones de terreno y hasta más allá del Riachuelo.

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PLAZA Y PARQUE ALMIRANTE BROWN

La plaza que por Ordenanza de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aire del 28 de noviembre de 1894, establecía la creación de una plaza, con el nombre de “Brown” diríamos en forma lisa y llanamente, ubicada en las calles Irala, Alvar Núñez, California y Coronel Salvadores, a pocos metros de la plaza Solís, pero bien lejos de la Vuelta de Rocha, donde se encontraba instalada “La Maestranza”.

Esta plaza de acuerdo con la Ordenanza que dice: “está situada en la Parroquia de San Juan Evangelista, sobre la línea del Ferrocarril de la Ensenada” (19)

En el “Doble Índice de la nueva y antigua nomenclatura”, que fue editado por el Municipio en 1896, este paseo figura delimitado por las calles 129 o Colón, hoy Irala, Primero de Noviembre o 128, actualmente Alvar Nuñez, California y Sarmiento, hoy Coronel Salvadores.

Ubicamos en ella el monumento mástil dedicado al prócer obra del escultor Juan B. Leone, con la supervisión del capitán Arquitecto Jorge Servetti Reeves, se acuerdo a la propuesta del Doctor Luis Cevasco.

Como rodeando este homenaje se encuentran es esta plaza “Juventud” del escultor Roberto J. Capurro, el “Moderno Anteo” de José Pondlal y el busto de Arnaldo D'Espósito, de Orlando Stagnaro.

Entrar al Parque Almirante Brown, inaugurado el 28 de febrero de 1965, es para sentir en él la presencia de Brown debido a su colorido épico. El motivo dominante de la ornamentación es el monumento, réplica del castillo de popa de una nave de la que emerge la antena monumental de la fragata “Hércules”, nave capitana de la flota del Almirante que viajó por todos los mares de la tierra.

Un bajo relieve de bronce reproduce el lema Browniano “Irse a pique antes que arriar el pabellón”, ciertamente una virtud espartana en la vida marinera. Otras placas conmemoran los combates librados en Martín García, El Buceo, El Callao, Los Pozos, Quilmes, Juncal.

El conjunto integrado con réplicas de balas y cañones, tiene efecto mágico transportándonos fugazmente a otros escenarios azotados por el viento y el oleaje donde por el fragor de la batalla se escuchan gritos de guerra y se percibe el penetrante olor a pólvora y el incesante retumbar del cañón. Creado por Decreto 1816 de 1955, se encuentra entre las Avenidas General Paz, Roca, calle Escalada y el Riachuelo.

19 – “Ordenanzas y Resoluciones de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires” – Año 1895 – Página 115

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BUSTOS EN SU HOMENAJE

Al acercarnos a la plazoleta “Vuelta de Rocha” que posee la diagramación de la cubierta de un barco, encontramos un permanente homenaje al llamado “Padre de nuestra marina de guerra” en el busto realizado en 1945 por el escultor Julio C. Vergottini, habitante de La Boca durante muchos años.

Otro busto, está ubicado en la plazoleta Elisa Brown, hija del Almirante, que fue inaugurada en 1949. Esta obra del escultor Servetti Reeves, colocada desde el 28 de diciembre de 1952 en este solar delimitado por las calles Martín García, Ruy Díaz de Guzmán y Pi Margal, del Barrio de La Boca.

En el Barrio Almirante Brown de Avenida Cruz, Tellier y Cafayate, encontramos otro busto del Ilustre Marino, realizado por Luis Perlotti e inaugurado el 13 de mayo de 1967, catalogado como Monumento-busto de bronce.

El mismo autor realizó otra obra en bronce para ser instalada a partir del 25 de agosto de 1977, en la Plaza República de Colombia.

Como un eterno recuerdo a su memoria tomemos las palabras del poeta Héctor Pedro Blomberg de su libro “A la deriva y cantos navales argentinos”:

Sonad campanas; tronad cañones;
Cantad el nombre del Capitán
Cuya leyenda saben los vientos:
¡Guillermo Brown!
..................................................
Sonad campanas, bronces eternos
Que sus hazañas recordaran;
¡Duerme tu largo sueño de gloria
Guillermo Brown!

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BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA Y FUENTES DOCUMENTALES

AGN – Archivo General de la Nación

ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA – “Documentos del Almirante Brown” – Buenos Aires – 1959 - Dos volúmenes

BAMIO, José R. – “La Casa Amarilla del Almirante Brown” – Buenos Aires – Comisión de Estudios Históricos Navales del Instituto Nacional Browniano – 2005 - 60 páginas - Ilustrado - Planos

BOSCH, Felipe – “Guillermo Brown Biografía de un Almirante” – Buenos Aires – Editorial Alborada – 1966 – 280 páginas - Ilustrado

BOSCH, Felipe - “Historia Naval Argentina” – Buenos Aires – Editorial Alborada – 335 páginas – Ilustrado

CUTOLO, Vicente Osvaldo – “ Buenos Aires: historia de las calles y sus nombres ” – Buenos Aires – Editorial Elche – 1994 - 2 volúmenes

DAIREAUX, Emilio – “Vida y costumbres en el Plata” – Buenos Aires – Félix Lajouane, Editor – 1888 - 2 volúmenes – Planos desplegables

DESTEFANI, Laurio H. –Director – “Historia Marítima Argentina” – Buenos Aires – Departamento de Estudios Históricos Navales – 10 Volúmenes – Nº1 editado en 1981 – Ilustrado – Planos – Mapas

DESTEFANI, Laurio H. – Manual de Historia Naval Argentina” – Buenos Aires – 1970 – 160 páginas - Ilustrado

GIANELLO, Leoncio – “Almirante Guillermo Brown” – Buenos Aires – Angel Estrada 1957 - 250 páginas - Ilustrado

INSTITUTO HISTÓRICO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES – “Barrios, Calles y Plazas de la Ciudad de Buenos Aires, Origen y Razón de sus nombres” – Buenos Aires – 1997 – 490 páginas

LÓPEZ, Vicente Fidel – “Manual de la Historia Argentina” – Buenos Aires – Librería La Facultad – 1920 – 2 volúmenes - Ilustrado

MITRE, Bartolomé - “Arengas de 1848 hasta 1888” – Buenos Aires – Imprenta y Librería de Mayo. Perú 191 – 1889 - 915 páginas

MUNICIPALIDAD DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES – “Ordenanza General de Nomenclatura de Calles” Buenos Aires – Imprenta de la Lotería Nacional, Calle Belgrano 665 – 1896 - 31 páginas

OYARZÁBAL, Guillermo A. – “Guillermo Brown” – Buenos Aire – Librería Editorial Histórica Emilio J. Perrot - 2006 – 430 páginas - Ilustrado

PICCIRILLI, Ricardo y GIANELLO, Leoncio – “Biografías Navales” - Buenos Aires – Departamento de Estudios Históricos Navales - 1963 – 330 páginas - Ilustrado

Revista “The Soutnern Cross” – La Cruz del Sur – Número del Centenario 1875 – 1975 Buenos Aires – 105 páginas – Ilustrada

ROCCA, Edgardo José – “Cronología Histórica del Puerto de la Ciudad de Buenos Aires Siglos XV – XX” – Buenos Aires – Junta de Estudios Históricos del Puerto Nuestra Señora Santa María de Buen Ayre – 2000 – 200 páginas

ROCCA, Edgardo José - “Bibliografía para la iniciación y desarrollo de la Historia del Puerto de la Ciudad de Buenos Aires – II” – Buenos Aires – Junta de Estudios Históricos del Puerto Nuestra Señora Santa María de Buen Ayre – 1998 - 150 páginas

TAULLARD, Antonio – “Los planos más antiguos de Buenos Aires” - Buenos Aires – Jacobo Peuser S.A. - 1940 - 270 páginas - Planos

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