EL ALMIRANTE BROWN Y LA PRIMERA FOTOGRAFÍA ARGENTINA.
Por el Dr. Carlos Vertanessian

 

27 Páginas A4

INDICE

Introducción

Juan Elliot: primer y solitario fotógrafo profesional


Reflejos del Almirante Brown


Análisis de la imagen


El momento en la vida del Almirante


El paquete daguerreano


Conclusión

 
 

Almirante Guillermo Brown y Elisa Chitty.
Buenos Aires, Julio de 1844
"Lo único nuevo

en este mundo

es la historia

que no conocemos."


Harry S. Truman

 

 

 

Introducción

En el Museo Naval de La Nación (1) de Tigre se encuentra un daguerrotipo del Almirante Guillermo Brown y su esposa Elisa Chitty. El mismo reviste un especial interés tanto para la historia Argentina en general, como para la historia de la fotografía Argentina en particular. Este retrato sería, a la fecha, la imagen identificada más temprana del país, registrada en 1844 por el primer artista fotógrafo profesional actuante en Buenos Aires, Juan Elliot.

Identificar el trabajo de artistas fotógrafos daguerreanos es relevante para los estudiosos de la temprana iconografía fotográfica rioplatense, ya que provee un amplio panel de información visual al tiempo que detona emociones que nos asisten en una mejor comprensión de pasado y sus múltiples aspectos.

Los daguerreotipos, como toda temprana fotografía, son documentos para la historia y también para la historia de la fotografía (2).

Toda imagen fotográfica es un testimonio según un filtro cultural, al tiempo que es una creación visual. Es un doble testimonio por aquello que nos muestra del pasado de los retratados y por aquello que nos informa de su autor.

Nos proponemos rastrear el trabajo de Juan Elliot, la ubicación de sus estudios, su modalidad de publicidad, cualidades artísticas, códigos visuales y técnicas fotográficas. Esto nos permitirá recavar pistas para la identificación de su trabajo en daguerrotipos de acervos públicos y privados, haciendo una primera contribución que sirva de referencia para los historiadores en general y los estudiosos de la fotografía antigua en particular.

Las estadísticas indican que en la Argentina menos del 15% de todos los daguerrotipos tienen identificado fehacientemente el artista o el estudio daguerreano que realizó la toma fotográfica. (3) Lamentablemente no existen hasta la fecha imágenes que se puedan atribuir fehacientemente a los primeros retratistas al daguerrotipo - Ibarra, Leys, Elliot (4) - durante 1843-1844 en la Argentina.

“J. Elliot” es reconocido (5) sin lugar a dudas como el primer daguerrotipista profesional activo en Buenos Aires y, salvo una mera atribución sin mayor fundamentación del daguerreotipo de Manuelita Rosas en poder del Museo Histórico Nacional, no existen piezas daguerreanas identificadas inequívocamente como de su autoría.

Este primer profesional (6) daguerrotipista itinerante arribado de Estados Unidos (7), según declara en sus avisos publicitarios en los diarios locales, permaneció activo en Buenos Aires durante un corto período entre 1843 y 1844. De él poco y nada se sabe a ciencia cierta salvo por los datos, deducciones e inferencias que se extraen de su oferta publicitaria.

El importante daguerrotipo del Almirante Guillermo Brown y su esposa Elisa Chitty mencionado, nos da la pista inicial para seguir los rastros de J. Elliot. Tratamos de demostrar fehacientemente que se trata de una toma fotográfica de J. Elliot registrada en su estudio a mediados de 1844, según se presumía correctamente en iconografías (8) del prócer.

Visto que Elliot era el único artista daguerreano (léase fotográfico) en el Buenos Aires de 1844, analizaremos detalladamente su actuación y la del Almirante Brown en ese año, como para determinar la factibilidad de un encuentro entre ambos.

Este hecho no solo reviste importancia para la historia de la fotografía en la Argentina , visto que hasta la fecha el daguerreotipo más temprano identificado corresponde al del Gobernador de Salta Miguel Otero realizado por John A. Bennet el 13 de Octubre de 1845 (9), sino que además nos permite dar a conocer interesantes detalles de la vida del prócer, como su indudable afición por los retratos fotográficas, desde la llegada misma de la técnica daguerreana al país y hasta prácticamente sus últimos días. Esto se ve a las claras por la cantidad de imágenes daguerreanas suyas y de su familia que aún hoy subsisten en poder de Instituciones y descendientes, y del hecho que salvo de sus más tardíos retratos, la mayoría no ha sido litografiado y o publicado oficialmente.

Brown ya había experimentado la arrolladora demanda por su retrato, producto de ser el mayor ídolo popular en 1826-7 (10). La venta de su retrato litográfico (la de Brown es la primera litografía realizada en Buenos Aires) fue un suceso de ventas tras su exitosa Campaña Naval. Dos ediciones litográficas y 2000 copias se agotaron rápidamente en manos de la sociedad porteña (11). Esa sociedad que lo vió batallar heroicamente y en inferioridad de condiciones contra la flota brasilera en el Río de La Plata y desde la rada del Puerto de Buenos Aires.

Detallaremos elementos comunes entre el daguerrotipo del matrimonio Brown y otras piezas existentes en la colección del autor, con la intención de atribuir este conjunto de imágenes al mismo artista J. Elliot, quien las habría tomado durante su paso Argentina. Dichos elementos permitirían ser tomados como referencia para identificar la autoría de J. Elliot en otras piezas de similares atributos, provenientes tanto de repositorios públicos como privados.

De ésta manera podremos atribuir al Norteamericano Juan Elliot una de las principales piezas iconográficas del Almirante Brown, y determinar así que ésta se trata des más temprano retrato fotográfico de La Argentina hasta la fecha.

Al mismo tiempo y muy significativamente se demostrará la utilidad que tiene para el investigador el lograr una acertada y profunda lectura de todos y cada uno de los elementos de la imagen y el paquete daguerreano. Considerado como artefacto y documento histórico se suma a las fuentes documentales escritas y de tradición familiar oral para esbozar una eficiente y multidisciplinaria metodología para trabajos futuros de atribución.

(1) Agradecemos la colaboración de su Museólogo Licenciado Pablo Pereyra por la colaboración en acceder al material original.
(2) Kossoy, Boris. “Fotografía e Historia”. Editorial La Marca. Buenos Aires. Noviembre 2001. Excelente trabajo sobre la relación de la fotografía y la historia, y el valor de las fotografías como documento para la investigación histórica.
(3) Información brindada por el investigador fotográfico Abel Alexander.
(4) Gomez, Juan. “La Fotografia en la Argentina”. Abadía Editoria. Buenos Aires. Abril de 1986.
(5) Casaballe, Amado Bécquer y Cuarterolo, Migel Angel. Imágenes del Río de la Plata. Editorial del Fotógrafo. 1983-1985.
(6) Florencio Varela es considerado el primer aficionado Rioplatense que se dedicara a la daguerrotipia. Gomez, Juan. Citado 2.
(7) Quizás vía Río de Janeiro como vimos.
(8) Iconografía de Arguindeguy y Bamio. Instituto Browniano.
(9) Gomez, Juan. Obra citada en “2”.
(11) Fermín Chavez, Ediciones Theoria. La Cultura en la Época de Rosas, Buenos Aires, Abril de 1973. Menciona que el primer taller de Litografía de Buenos Aires fue el de “Douville et Laboissiere”, en Piedad 95.

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Juan Elliot: primer y solitario fotógrafo profesional

La única información documentada sobre Juan (John) Elliot en Sudamérica es la extraída de sus avisos publicitarios en Río de Janeiro y Buenos Aires. Nada se sabe fehacientemente respecto a su nacionalidad, salvo que vino de Estados Unidos vía Río de Janeiro, ni de su destino final luego de pasar por Buenos Aires. Tenemos la confirmación, gracias Juan Varese (12), que Elliot no habría desempeñado actividad profesional como retratista al daguerreotipo en Uruguay, ante la falta total de sus avisos publicitarios característicos, que comunicaban tanto sus servicios como la dirección de su estudio, como fuera su costumbre a su paso por Río de Janeiro y Buenos Aires.

El primer dato del artista lo menciona Boris Kossoy (13). “J. Elliot” fue uno de los pioneros de la daguerrotipia que actuaron en Brasil, arribando a Río de Janeiro en 1842 donde permaneció apenas algunos meses, para anunciar en marzo de 1843 su intención de partir del país. Sus retratos se vendían a 10 reales cada uno según publicitaba en el “Jornal do Commercio” del 19 de marzo. Es muy factible que se trate del mismo “Juan Elliot” que en junio del mismo año se encontraba en Buenos Aires.

El 16 de Junio de 18 43 el librero y litógrafo Gregorio Ibarra comunica en la “Gaceta Mercantil (14)” que inicia actividades con dos máquinas de daguerrotipo, para continuar poniendo avisos tanto en dicho diario como el “Diario de La Tarde “ hasta el 23 de Junio del mismo año.

El 22 de junio de 1843 J. Elliot se establece en Buenos Aires con la primera galería de retratos al daguerrotipo comercial en plaza de la Victoria, en los Altos número 56 de la Recova Nueva.

Su primer aviso en el país dice:

“Retratos de Daguerreotipo”; El Sr. Elliot tiene el honor de anunciar al respetable público de Buenos Aires que acaba de llegar de los Estados Unidos provisto de todas las máquinas perfeccionadas del Daguerreotipo, y se halla en el caso de poder ofrecer sus servicios en el empeño de todo lo correspondiente a ese admirable arte, sacando con suma brevedad y exactitud los retratos de las personas que gusten honrarle con su confianza y tengan a bien concurrir a la Recoba Nueva, en los Altos número 56, Plaza de la Vitoria desde el lunes próximo 26 en que dará principio a sus trabajos”.

Los avisos de Elliot aparecieron regularmente en los periódicos la “Gaceta Mercantil” y el “British Packet” y esporádicamente en el “Diario de La Tarde”.

El 27 de junio Elliot avisa que “con motivo de no haber podido completar los preparativos necesarios no podrá dar principio a los trabajos”.

El 4 de julio él mismo anuncia “que ya se halla listo para sacar los retratos desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde”. Estos avisos fueron seguidos por otro en español e inglés el 16 de agosto, donde informa que “habiendo vencido los obstáculos que al principio le estorbaban, se haya ya listo a sacar los retratos”.

El valor testimonial de este último aviso del miércoles 16 de agosto de 1843 radica en que a partir de esa fecha se inicia en Buenos Aires la fotografía profesional. La fecha considerada anteriormente era la del 22 de agosto (15), sin embargo dicho aviso salió claramente publicado desde el día anterior citado, ya que el código que figura en el cuerpo del mismo es el “a16 tfc”, indicando el inicio de publicación para el 16 de agosto, hecho que efectivamente corroboramos en los diarios de época.

Durante fines de 1843 y hasta el 1 de marzo de 1844, Elliot realiza una intensa campaña de avisos pautando en la Gaceta Mercantil tanto en castellano como en inglés. Solo se habría ausentado de Buenos Aires por breves lapsos de un par de semanas, como entre el 30 de septiembre y el 17 de octubre durante 1843. En tanto durante 1844 se habría ausentado por poco más de dos meses, entre el 2 de marzo y el 11 de mayo, fecha en la que retoma sus avisos en la Gaceta Mercantil con mayor intensidad aún que el año anterior.

Nada se sabe a ciencia cierta respecto a sus silencios publicitarios y supuestas ausencias. Las especulaciones sin embargo pueden acotarse en función del tiempo necesario para las travesías marítimas. Así, sus destinos en el exterior solo pueden haber sido Montevideo o Río de Janeiro o ciudades a distancias similares.

El 11 de mayo de 1844 reaparecen sus avisos pero en su nueva dirección de Los Altos de La Victoria 106 y agrega:

“J. Elliot informa que ha trasladado su habitación a la calle y No arriba indicado, donde seguirá por algún tiempo más sacando retratos por este proceso del tamaño que se deseare, es decir, chicos como para prendedor ó sea de tamaño de costumbre. No ha ahorrado gastos ni desvelos para poder conseguir retratos tan propios como los que se pueden sacar en cualquier otra parte del mundo. El tiempo que se requiere para sacar un retrato varía de 20 segundos hasta un minuto y medio, desde las 10 de la mañana hasta las 3 de la tarde, todos los días, ya se el tiempo bueno o nublado … El precio de sus retratos con su cagita (sic) es de 100 pesos.”

Siguen sus avisos en mayo, junio y julio hasta el 23 de agosto de 1844 con un aviso en castellano y a casi un año de sus primeras noticias, sus avisos dejan de publicarse definitivamente.

Elliot publica sistemáticamente avisos en dos idiomas, inglés y castellano. Los mismos se complementan, superponen, y hasta se mezclan, llegando a publicar dos avisos superpuestos en la columna del diario la Gaceta Mercantil, y hasta accediendo a la preciada primera posición en la primer columna de la portada del diario. También llega a la incongruencia de publicar un aviso con título en español y texto en inglés en reiteradas oportunidades, sugiriendo un intento más de llegar a la esquiva y retraída, por esos días, aristocracia bilingüe porteña: Así por ejemplo dice el 10 de Mayo de 18 44 en la “Gaceta Mercantil”:

“Retratos de Daguerreotipo”
In the Altos of núm 106 calle Victoria or Cabildo.
J. ELLIOT respectfully informs the citizens and others of this city…

Este primer artista profesional apunta con sus avisos a la clase pudiente criolla y extranjera de Buenos Aires. Tanto el costo de sus retratos (100 pesos o sus equivalentes 100 dólares), como el enfoque de sus textos así lo sugieren. Consistentemente hace referencia a tener los mejores equipos y adelantos del mundo en el nuevo arte, y a comparar su trabajo con los mejores estudios de la época en otros países, al punto de invitar a “todos aquellos que tengan daguerreotipos sacados en otra parte del mundo son completamente libres de traerlos a su habitación y compararlos con los ejecutados aquí (16) (¿quien más que los poderosos de la época estaban en condiciones de viajar y retratarse?). Vemos que insiste en comparar su trabajo con los “ tan propios como los que se pueden sacar en cualquier otra parte del mundo”, que si bien se trata de una apelación necesaria para darse prestigio y seducir a su clientela, claramente marca una exageración publicitaria. Por otra parte, esta afirmación marca el hecho que no tiene con quien compararse localmente, como lo tendrán que hacer los que vendrán luego a Buenos Aires, quienes frecuentemente se definían como “los mejores de la ciudad”.

Elliot habla en sus avisos de “su habitación”, “su casa” y en inglés “his rooms”, definiendo su estudio como un simple ambiente, quizás incluso viviendo él mismo allí. Como era de rigor, por la necesidad de recibir la mayor luminosidad posible, Elliot elige una habitación en los “altos” de la Recoba Nueva (primer piso), cuyo gran ventanal balconeaba a la Plaza de La Victoria (actual Plaza de Mayo).

El horario de sus servicios va desde las 9 de la mañana hasta las 4 de la tarde en verano y desde las 10 hasta las 3 en invierno, consistente con las horas de mayor intensidad solar, tanto para días nublados como despejados. Nuestro artista daguerreano debía aprovechar las mejores horas de luz para acortar los tiempos de exposición tanto como se pudiera, para lograr una toma confortable para el modelo (“brevedad”) y precisa en el registro (“exactitud”).

Una interesante aclaración que hace Elliot respecto a sus retratos es que los mismos “se colocan en una cajita con su vidrio correspondiente, de manera que se puede remitir a cualquier parte sin sufrir deterioros”. Estas “cajitas” nos son más que estuches de tafilete (cuero de Tafil) importados de Estados Unidos y que para principios de los años 40 eran frecuentemente provistas por “Mathew Brady” (17), siendo sus estuches de un sexto de placa los más populares.

Los retratos de Elliot se ofrecían a 100 pesos cada uno, valor comparable con cinco meses de trabajo de un dependiente de tienda (18) en el Buenos Aires federal. Si bien en vías de ser masivo, el daguerrotipo recién arribado al El Plata fue un lujo prohibitivo para el pueblo y exclusivo de la clase cuenta-propista ascendente y la burguesía pudiente local y extranjera.

Vemos que nuestro pionero artista explora todos y cada uno de los recursos técnicos y publicitarios utilizados por los artistas, en pos de captar el interés local, denotando que al menos tenía presentes las prácticas de los mejores estudios norteamericanos.

Salvo por Ibarra, de corto o nulo desempeño, y de Robert Leys (19), quien publica meramente aislados avisos en el British Packet (ofreciendo “Photographic Portraits” en Piedad 62, el día 21 y 28 de octubre y el 4 de noviembre de 1843), es J. Elliot el primer artista que trabaja activamente en solitario durante parte de 1843 y 1844, por lo que se lo reconoce según vimos como el iniciador de la actividad fotográfica profesional en nuestro país.

A pesar de la demora con respecto al resto del mundo que tuvo el daguerreotipo en llegar al país impuesta por el bloqueo y la guerra en el Río de La Plata, la sociedad porteña tampoco en 1843 y 1844 estuvo lista para la llegada de la sofisticación del daguerreotipo.

El contexto de la sociedad de entonces no era apropiado para esta novedad, suntuaria y de alto precio. Su público objetivo, su clientela, se encontraba disociada políticamente, mutilada por el exilio, dispersa y empobrecida por la guerra del sitio de Montevideo, o perseguida dentro de su propio país.

La aristocracia “punzó” no se vió suficientemente atraída por el nuevo proceso, quizás imitando la actitud de su máximo exponente Don Juan Manuel de Rosas quien, hasta donde se sabe, no se retrató nunca por la nueva técnica. A diferencia de su padre, Manuelita se dejo retratar y se cree como vimos que fue Elliot mismo quien dejara prueba, a pesar de todo, de la independencia de la ilustre hija.

Veamos el aire que se respiraba en el Buenos Aires de 1844 en palabras de un contemporáneo, durante e tiempo en que Elliot realizaba ingentes esfuerzos por seducir a una sociedad atontada por el furor Federal:

“El presente año de 1844. Ha concluido sin más novedad que la guerra que aún sigue con Montevideo; pero la ciudad muy tranquila, aunque muy pobre sus habitantes por falta de gentes del país que se halla emigrada y el comercio paralizado” (20).

En resumen tanto Ibarra, de nulo o corto aliento, como Elliot con su agresivo y ruidoso paso comercial por Buenos Aires, no pudieron vencer la apatía de un Buenos Aires empobrecido por la guerra interna y externa.

Hasta la fecha, el destino de J. Elliot al dejar la Argentina sigue siendo un total misterio.

A mediados de 1845 el sábado 28 de Junio y a diez meses del último aviso de Elliot, recién aparece un nuevo artista profesional daguerreano en Buenos Aires ofreciendo “Retratos” en el British Packet (21). Se trata de John A. Bennet, “artista de Nueva York”, quien ofrece toda la gama de servicios de retratos en su estudio “subiendo las escaleras” en el “121 Calle de la Piedad(22).

Finalmente, todo indica que nuestros pioneros fotográficos, aún a pesar de los fuertes esfuerzos en solitario de nuestro primer profesional J. Elliot y luego del segundo J. A. Bennet, llegaron a país en un período no propicio para que los clase porteña adinerada se dejaran cautivar a pleno, por la inefable belleza del retrato daguerreano.

(12) Destacado historiador, investigador fotográfico y escritor uruguayo. Comunicación personal.
(13) Kossoy, Boris. Diccionario Histórico-fotográfico Brasileiro. Instituto Moreira Salles. Brasil. 2002.
(14) Gaceta Mercantil. 16 de Junio de 18 43, página 3 columna 5. BN.
(15) Cuarterolo et al Nota 3.
(16) Gaceta Mercantil, 28 de enero de 18 44.
(17) Brady fabricaba estuches para estudios daguerreotipos en New York y posteriormente fue uno de los más importantes retratistas al daguerreotipo, llegando a ser el fotógrafo del Presidente Lincoln y la Guerra de Secesión más renombrado. Elliot no menciona “marcos” en su oferta, los cuales eran más frecuentes en los artistas europeos, por lo que estimamos que Elliot solamente presentó sus retratos en estuches de tafilete de 1/6 de placa estilo “Brady” y prendedores más chicos.
(18) Fundación Antorchas. “Los Años del Daguerrotipo”. Buenos Aires, Noviembre de 1995. Pág. 17.
(19) Investigación de Gesualdo en Congresos y Otra.
(21) British Packet, Sábado 28 de Junio de 18 45. Biblioteca Nacional.
(22) “British Pack”, septiembre de 1845. Biblioteca Nacional.

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Reflejos del Almirante Brown

 

 

Bs. As. Julio 1844

 

 

 

Bs. As. Julio 1844 (23)

Londres, 1847

Bs. As., 18-4-1852

Bs. As., 1854

Tal como nos planteáramos en la introducción pretendemos demostrar que el daguerrotipo del Almirante Brown que lo muestra con su esposa (24) fue realizado por J. Elliot en Buenos Aires durante mediados de 1844.

Los estudiosos de la Iconografía del prócer (25) coinciden en el año 1844 para la toma de dicho daguerrotipo, pero disentimos ligeramente el momento en el cual la toma habría tenido lugar.

Nuestra investigación nos indicaría que los retratos habrían sido tomados entre junio y agosto de 1844, y no a principios de 1844, ya que hasta junio de 1844 Brown se encontraba embarcado ejerciendo el bloqueo naval sobre Montevideo.

La colección del Museo Naval de la Nación en Tigre Buenos Aires contiene el daguerrotipo reproducido en la introducción, y que nos muestra al Almirante Guillermo Brown (26) sentado de frente, sosteniendo la mano de su esposa Elisa Chitty.

Una primera pista en este sentido nos la estaría dando la evidente evolución de los rasgos faciales del Almirante partiendo desde un daguerrotipo tomado en Londres y fehacientemente fechado entre fines de 1847 y principio de 1848, y los siguientes de Buenos Aires en fechas sucesivas: 1852-1854 (atribuido a Carlos Pellegrini) -1855 y 1856. Veamos con claridad y en palabras de sus iconógrafos que dicen que “Las dos tomas de los Brown asignadas a Elliot –que muestran al Almirante y la otra a éste con su mujer- se encuentran a nuestro juicio suficientemente autenticadas en su autoría, basándose en el análisis comparativo de las facciones del prócer en éstas con las correspondientes a otros daguerrotipos suyos posteriores y fechados, que permiten situar el tiempo de obtención de las primeras” (27).

En estas primeras imágenes su rostro nos muestra a un hombre de facciones mucho más jóvenes, con mirada vivaz, frente despejada y abundantes cabellos blancos. Tiene una expresión casi juvenil de labios carnosos a pesar de sus 67 años y quizás algún problema dentario que se insinúa por su boca entreabierta (28).

De la extensa bibliografía consultada surge un dato muy significativo para nuestro estudio ya que durante un largo período de 13 meses, entre el 19 de Junio de 1843 y viernes 28 Junio de 1844, Brown no pisó tierra. Don Guillermo Brown en su cargo de Brigadier General (29) y Comandante en Jefe de las Fuerzas Navales de la Confederación Argentina (cargo que ostentó desde febrero de 1841) se mantuvo en operaciones contra el gobierno del General D. Fructosas Rivera del Uruguay, reanudando el bloqueo de la costa de la Banda Oriental y en forma especial la ciudad de Montevideo permaneció en forma ininterrumpida por algo más de un año al mando de su escuadra a bordo del “Belgrano”.

Luego de esta larga estadía embarcado y al momento de bajar a tierra desde su averiado buque insignia en la rada del puerto de Buenos Aires el viernes 28 de Junio de 1844, la prensa registró la importante cantidad de público presente y la buena salud que mostraba el Almirante, al punto de hacer notar que se veía aún más gordo que en su última estada y en contraste con los recientes problemas de salud que lo aquejaron a bordo. Decía textualmente el British Packet Nro 932, Buenos Aires el sábado 29 de Junio e 1844.

El Almirante Brown desembarcó ayer a as 2pm después de más de una ausencia de 12 meses, habiendo zarpado de aquí el 19 de junio de 18 43. Vino a tierra en uno de los botes del puerto y fue recibido por el Capitán del Puerto, su ayudante y su hijo Guillermo. Su carruaje lo esperaba y en el se fue a su quinta. Una cantidad de personas se había reunido en el desembarcadero y estamos contentos del estado del Alte. Que parece de muy buena salud y aún más grueso que la última vez que lo vimos…

El Almirante decidió desembarcar en Buenos Aires con licencia a 6 días de cumplidos sus sesenta y siete años, para luego dirigirse directamente su casa-quinta (la “Kinta”) de Barracas, próximo al sábado 7 de septiembre de 1844 en que Elisa su esposa cumplía los cincuenta y siete años, habiendo nacido en Dean, Kent, Inglaterra en el año 1787 (30).

Durante su estada en la Capital, Brown se ocupó del armamento del buque San Martin, el cual fuera destinado a reemplazar a su nave capitana, la Belgrano, vendida por inservible, y de una activa vida social a la que era tan afecto en esta etapa de su vida cuando los deberes y sus afecciones psíquicas se lo permitían (31).

En tierra era asiduo concurrente al teatro o a reuniones sociales en las casa de las más tradicionales familias. Cuando debía permanecer en tierra era visitado por altas autoridades y personalidades del Buenos Aires de la época. Constan así numerosas visitas de su gran amiga Manuelita Rosas (32) y sus acompañantes durante estos años y está documentada su presencia en las tertulias de Doña Mariquita Sánchez, mientras ésta residiera en Buenos Aires. Su estrecha relación con Manuelita Rosas está suficientemente probada.

La Gaceta Mercantil, diario en el que Elliot despliega una intensa campaña de avisos (33), era sin duda lectura obligada para Brown ya que este diario, de exaltación federal y funcional a Rosas, rescataba todas las noticias de su gobierno y los partes y novedades de guerra afines a su actividad. Si bien el Almirante pudo haber tenido conocimiento de este adelanto artístico desde algún desembarco previo en Montevideo o Colonia desde 1840 (fecha en la que la novedad llega a Uruguay) es de suponer que, ya sea tanto por lectura de La Gaceta Mercantil como por los comentarios de amigos y de la sociedad porteña en general, Brown tomara contacto efectivo a su desembarco en 1844 con la oferta de Elliot de retratos al daguerrotipo.

Un hecho adicional de la vida privada de la pareja Brown es especialmente significativo. Al mes de su desembarco, (a 6 días de cumplir 67 años (34) el lunes 29 de julio, se producía el aniversario de casados número 35 (35) de la pareja. Este es un hecho que en la historia grande de Brown pasa desapercibido pero que en nuestro estudio cobra una relevancia esclarecedora. Todo indicaría que con la debida motivación personal estaban dadas las condiciones para celebrar el aniversario con la toma de su primer retrato fotográfico. Además de ser la primera y más importante imagen de Brown, este retrato es también el primero y único de cualquier tipo que se conozca hasta la fecha que muestra la semblanza de la ilustre pareja.

En el análisis e interpretación de estos elementos contextuales y de todos los detalles volcados en la imagen debemos tener en cuenta la significación que tenía, tanto para los retratados (la pareja Brown) como para el artista daguerreano, (presumiblemente J. Elliot), el momento de la toma de un daguerrotipo. Los artistas daguerreanos se enfrentaban con el desafío de lograr plasmar lo mundano y cotidiano en heroico y arquetípico y mostrar a los retratados como querían ser recordados por sus familiares y la posteridad. Si bien y en algunos casos deliberados lo mismo sucede en la actualidad, los retratos.

El momento de la toma de un daguerrotipo era muy especial, sumido de un aura mágica, quizás por lo misterioso que resultaba el proceso científico de fijar la propia semblanza, como nunca antes había sido lograda. Tanto para el artista como para sus modelos era toda una ceremonia, un momento esperado de retiro y recogimiento. Era el registro de un evento y, además, un evento en si mismo (36). En esto primeros retratos no cabía la posibilidad de tomar al modelo por sorpresa, ya que cada pose y todos los elementos de la toma eran deliberadamente elegidos.

El largo tiempo de exposición, (Elliot publicitaba “breves” tiempos de 20 segundos a minuto y medio) hacia imposible cualquier pose que no fuera cuidadosamente estudiada, dando tiempo suficiente para que aflore la personalidad, el orgullo y el carácter del retratado. Los retratados se veían inmovilizados por un “sujeta*cabezas”, especie de trípode que oculto por detrás del modelo le sujetaba firmemente la cabeza facilitando la total quietud durante el prolongado tiempo de exposición.

Como en las mejores imágenes daguerreanas la fuerza de este retrato de la pareja Brown reside en lo directo de su mensaje, el cual nos llega inalterado, por lo que promueve un sentimiento sobrecogedor de estar en contacto directo con el pasado. Si bien el observador responde al arte del operador, frecuentemente y este es un claro ejemplo, respondemos a imágenes y rostros históricamente importantes, siendo el modelo en este caso el Almirante G. Brown ciertamente más importante que las consideraciones estéticas sobre su retrato (37).

Nuestra ilustre pareja Brown pertenece con esta imagen a la primera generación de hombres y mujeres de nuestro país que tuvo la oportunidad de detener su tiempo y decir “aquí estoy, yo he sido así, éste es mi mensaje”.

El matrimonio se muestra con sus mejores ropas para celebrar su aniversario de bodas en la ceremonia que inmortaliza su imagen fotográficamente, mostrándose como un fuerte símbolo de solidez, unión, mutuo sostén, equilibrio y reafirmación de compromiso y eterna entrega. Todo esto se ve arquetípicamente volcado en la imagen que nos ocupa, veamos: la pose equilibrada frontal de uno junto al otro, denota igualdad; los brazos entrelazados muestra su unión; las manos estrechadas su mutuo compromiso; y la entrega eterna se ve claramente al sostener el anillo de compromiso en mano, a modo de ratificación de compromiso matrimonial basado en su compartida religiosidad.

Si bien este es el único retrato conocido de la pareja, es nuestra firme opinión que el matrimonio Brown debe haberse tomado más de un retrato en 1844 o con posterioridad y previo al viaje del Almirante en 1847 para visitar a su familia residente en Irlanda. Sin duda alguna, y a años de no ver a su hermano y la familia de su hermana, Brown debe haber llevado consigo un retrato que los muestre juntos o al menos uno de cada uno (38), para dejar de recuerdo su semblante a sus familiares.

Para entender los recursos utilizados por los artistas daguerreanos es muy interesante realizar un análisis comparativo de la pose, actitud y vestimenta del Almirante en las dos piezas daguerreanas conocidas de él, en las que se lo ve con su uniforme de gala de Brigadier General de las Provincias Unidas del Río de La Plata.

 

 

 

Toma de Elliot, 1844.

 

Toma de Carlos E. Pellegrini, 1854.

En la imagen de la pareja Brown de 1844 de claro corte familiar, el Almirante se muestra con su uniforme de gala con el cuello abierto y casual, sin su faja bicolor de borlas, ni pantalón blanco y gorro bicornio, ni bastón alguno en mano (habitual en él por su marcada renguera). Muestra sí su insignia Federal oficial y obligatoria para la época de Rosas y asume, como vimos, una pose sentada totalmente frontal a la cámara al igual que su esposa, con brazos y manos enlazadas, sosteniendo en su diestra lo que pareciera un anillo.

Esta primera pose, muy común para la época, se asocia al clásico estilo frontal del Folk Art norteamericano contemporáneo del daguerrotipo y aprovechada por J. Elliot, también norteamericano, para mostrar a los modelos de manera equilibrada y sin preponderancia de un modelo sobre el otro.

Este, el de 1844 atribuido a J. Elliot, es un retrato familiar y de carácter estrictamente privado, aquel que celebra su aniversario de casado y el reencuentro con su amada esposa luego de un largo año distanciado, superados brevemente los peligros de la contienda en aguas del Río de la Plata.

El retrato de 1854 atribuido al Ing. D. Carlos E. Pellegrini (39) nos presenta al prócer de manera diferente y con una pose más elaborada de carácter netamente pictórica. Esta es una pose y actitud que denota su cargo, su prestigio y sus logros. El Brigadier General se muestra de tres cuartos de perfil con su cuerpo ligeramente encorvado por el peso de los años y en apostura netamente militar. Tiene la mirada quizás puesta en un horizonte marino en su imaginación, como aquel que siempre lo atrajo en pos de sus proezas. Se muestra ahora con su uniforme reglamentario completo, de cuello prolijamente cerrado, con sombrero elástico o falucho, pantalón blanco y faja bicolor reglamentarios. En su mano derecha sujeta su bastón de ébano tallado (regalo recibido en Inglaterra de parte de sus familiares (40), que en este contexto y por la manera de sujetarlo se ve como un símbolo de mando y autoridad, más que una ayuda para el andar de un anciano ahora de 77 años.

El de 1854 es el retrato que nos muestra al héroe de la Nación y a leyenda viviente. Durante este año tuvo mucha actividad protocolar, instancias que aprovechó para retratarse como no lo hacía desde 10 años atrás. En esta instancia elige (41) a un retratista consumado (¿o habrá Pellegrini elegido a su modelo? (42) seguramente durante una visita oficial al centro de la ciudad (43), cuyo haber contaba con cientos de retratos a la acuarela del más variado acercamiento plástico al carácter del modelo, y quien además fuera uno de sus primeros biógrafos. (44)

Estos dos retratos al daguerrotipo del mismo Brown son un claro ejemplo de como tanto el retratado por un lado y los dos profesionales artistas daguerreanos por el otro (Elliot en 1844, y Pellegrini en 1854) amalgaman sus esfuerzos para mostrar un mensaje totalmente diferente (Unión-Compromiso-Igualdad versus Prestigio-Honor-Autoridad) y expresarlos con códigos visuales cuidadosamente elaborados.

Todo estaba dispuesto para trascender en estos retratos tempranos y cada uno de estos dos daguerrotipos nos muestra al prócer como él quiso ser recordado ayudado por un artista que, en cada caso, elige una rica y correcta gramática visual.

Finalmente y tal como ampliaremos más adelante, la ratificación final de la autoría de Elliot para este retrato de los Brown nos llega de los descendientes directos del Almirante que, en su tradición oral familiar, conservan el hecho que “al llegar el primer fotógrafo al país desde el exterior, los Brown decidieron asistir a su estudio a registrar sus primeros retratos por el nuevo proceso”. Los mismos familiares conservan incluso el anillo de compromiso original, que tiene un gran diamante en forma de corazón y de color plateado, el cual podría ser el que sostiene en su mano Brown y el mismo que “se ve en la foto”, según también se rescata de la memoria familiar del prócer (45).

(23) Detalle del segundo retrato daguerreano de misma fecha que el daguerrotipo de la pareja Brown. Ver 22.
(24) Otro daguerrotipo tomado el mismo día y estudio que nos lo presenta solo y vestido con idéntico uniforme oficial es considerada la imagen central de la iconografía del prócer, por los estudiosos de su carrera naval. Tanto en la realidad de su rostro registrado por primera vez por una cámara fotográfica, como en la de su contextura física la imagen lo muestra en plenitud como Comandante en Jefe de la Escuadra de la Confederación. Ver 23.
(25) Arguindeguy, Pablo E., Bamio José R. “Guillermo Brown” Iconografia. Instituto Browniano.Buenos Aires, 1996
(26) Brown era de origen irlandés y católico y su esposa era Inglesa y protestante.
(27) Arguindeguy, P. E. y Bamio, J. R. “Guillermo Brown Inconografia”. Instituto Browniano. B.s As, Nov. 1996. Pág. 19.
(28) Ver 42.
(29) El grado de “Almirante” de la armada Inglesa, no existirá en la Armada Argentina hasta fin de siglo XIX.
(30) Apostillas, Pág. 321.
(31) Trabajo sobre su psicología
(32) En su arribo a puerto retornando de una expedición al Paraná en septiembre de 1842 comenta la prensa que para darle la bienvenida se embarcaron Manuelita y su esposa Elisa, culminando en tierra con un banquete en su honor en la Capitanía del Puerto y su despedida en carruaje con su esposa sentada a su derecha y Manuelita a su izquierda.
(33) En 270 días de actividad estimada en Buenos Aires, llegó a publicar al menos 200 avisos ofreciendo sus retratos al daguerreotipo.
(34) Según Arguindeguy y Rodríguez en Apostillas, Brown nació el 22 de Junio de 17 77 en Foxford.cerca de Castlebar, condado de Mayo en Irlanda.
(35) Los registros oficiales nos indican que el señor Guillermo Brown soltero y vecino de la parroquia de San Jorge de la Iglesia Anglicana en Middlesex Gran Bretaña, contrajo matrimonio con al señorita Elizabeth Chitty, vecina de Brombley, en aquel templo el 29 de julio de 18 09, según certificado que se encuentra en el AGN . Su arribo al Río de la Plata en 1810 y toda su notable carrera naval al servicio de la Confederación Argentina está suficientemente tratada en sus biografías militares.
(36) “American Daguerreotypes”. Mathew R. Isenburg Collection- Yale University Art Gallery. NH. Connecticut. 1989.
(37) Ver 52.
(38)Ver en “Apostillas” pág. 322, un retrato al daguerrotipo de Mme Brown en 1855, sosteniendo un estuche de daguerrotipo en su mano.
(39) Carlos Enrique Pellegrini: Ingeniero, arquitecto, retratista y litógrafo. Realizó más de 500 retratos a lápiz y acuarela, y se conocen solamente dos óleos de sus pinceles. Pintor costumbrista y gran observador. Sus retratos constituyen una verdadera galería de notables de su época activa hasta 1845, cuando quizás por la llegada del daguerrotipo deja de pintar para adoptar complementariamente la nueva técnica. Se le atribuye esta imagen daguerreana al Ing. Pellegrini por tradición familiar de su hijo el Dr. Carlos Pellegrini. “Iconografía” citada pág. 25.
(40) Conservado el original en el Instituto Browniano.
(41) O quizás haya sido la situación inversa y haya sido el Ing. Pellegrini quien le solicitara el honor de fijar la imagen del prócer en la plancha daguerreana, ya que este retrato proviene justamente de la Familia Pellegrini quien lo donara al MHN en 1890. Ver nota 23.
(42) Carlos Pellegrini publicó la Biografía de Brown en vida durante Junio de 1854 en su “Revista del Plata”, probablemente con la idea de publicar su grabado en ella también. Algo que aparentemente nunca ocurrió. Esta biografía se anticipa a la de Tomás Guido por varios años y es la única conocida publicada en vida del prócer.
(43) Estimamos que fue el 23 de mayo de 18 54, cuando Brown jura la Constitución de la Provincia de Buenos Aires, y previo a la publicación de su biografía en el Comercio del Plata de Pellegrin.
(44) En la Revista Del Plata de Junio de 1854. Carlos Pellegrini ensaya una temprana biografía de prócer seguramente recavada directamente del Almirante, que antecede su muerte en 3 años y la reconocida y completa biografía de Tomás Guido. Seguramente las dos célebres figuras compartieron ricos diálogos durante la sesión fotográfica, lo que habría dado lugar a la biografía citada o al menos al germen de la misma. Es factible así mismo que Pellegrini haya evaluado la posibilidad de incorporar el grabado del prócer a su revista visto que así lo hizo con otros notables de nuestra historia, algo que no ha sido confirmado a la fecha.
(45) Los Brown tomaron una sabia decisión que a modo de mandato familiar indicaba que la rama masculina del Almirante de apellido Brown debía ser depositario y conservar generación tras generación todos los elementos personales del prócer, mientras que la rama femenina del mismo apellido tendría a su cargo la conservación de los elementos personales de Mme. Chitty de Brown. Esto se cumple hasta el día de hoy en las familias de Eduardo Guillermo Brown y María Cristina Brown de Racedo, hermanos ellos y choznos de la noble pareja.

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Análisis de La imagen

Una Fotografía vale más que mil palabras…
Solamente si uno mira la imagen y dice o piensa mil palabras.


William Saroyan

Tanto la distancia de la cámara a los modelos como el tipo de lente elegido por el artista logran un nivel de acercamiento con la imagen que es propio de los encuadres cerrados de los artistas norteamericanos. Esto genera un grado de inmediatez e intimidad con el observador sensiblemente mayor al de los retratos de artistas europeos, cuyo encuadre frecuentemente era más amplio y con más espacio en derredor a los retratados. (46)

La toma daguerreana de los Brown es una imagen invertida (como la imagen en un espejo) de ambos modelos frente a la cámara, propia del período y las lentes utilizadas por los primeros artistas de la década de 1840 (47). El escudo por la Toma de Montevideo (1814) que prende del lado derecho del Prócer en la imagen, está en realidad en su solapa izquierda como correspondería portarla.

El matrimonio Brown está sentado en sendas sillas de esterilla, en una pose frontal y franca que si bien era frecuente en la época, logra transmitir una actitud de equilibrio, estabilidad e igualdad frente a la cámara. Esta actitud de igualdad fue una constante en la vida de la pareja desde el momento mismo en que contrajeran matrimonio. (48)

La pareja se muestra con los brazos entrelazados y estrechando sus manos, teniendo Brown su enorme mano izquierda sobre la derecha de su esposa la cual mantiene entreabierta, en gesto protector y familiar.

Era frecuente que los artistas daguerreanos sugirieran poses que aumentaran la estabilidad e inmovilidad de los modelos, como era el sujetar manos o brazos y apoyar un modelo contra el otro. Sin embargo difícilmente nuestro Comandante de Escuadra accediera a estrechar la mano de su pareja si no fuera esa su decisión, o la de ambos, poniendo así en clara evidencia su mutua pertenencia y firme unión marital.

El Almirante Brown (49) parece sostener en su derecha un anillo que podría ser el de compromiso o el de casamiento de la señora Brown. La forma de sostener este pequeño objeto es consistente con un anillo el cual es visible con suficiente aumento. La enorme mano del Almirante debe cerrarse de manera casi completa para poder sujetar el pequeño anillo en posición de ser entregado a su mujer. Nótese que Brown sostiene el anillo en la mano derecha (izquierda en la imagen) y que Madame Brown tiene su mano izquierda libre, como para recibir el anillo de mano de su esposo. Incluso con su mano apoyada en la falda y sus dedos ligeramente abiertos, pareciera esperar con su dedo anular el anillo de mano de su esposo. Adicionalmente, el Almirante no lleva alianza en su mano izquierda la cual sostiene la derecha de Doña Elisa.

Esta presencia de un anillo en la imagen nos daría la confirmación documental “de mano del propio Almirante” que se trataría efectivamente de un retrato de aniversario de bodas y que por lo tanto fue tomado casi con certeza el lunes 29 de julio de 1844 o algún día muy próximo a esa fecha.

 

Según entendemos este gesto de entregar un anillo en esta oportunidad es consistente con la tradición británica de regalar un anillo a la esposa para un aniversario de bodas importante, a modo de “eternity ring”, o anillo que sella la unión para la eternidad (50), equivalente a la frase hispana “unidos para siempre”. No sorprende entonces que respetando quizás esta tradición nuestro Almirante pose ante la cámara del daguerrotipo recreando el momento y reafirmando el compromiso con su amada Eliza al entregarle el citado anillo de compromiso.

El “Almirante” viste el uniforme de gala propio de su rango de Brigadier General de las Provincias Unidas del Río de La Plata , idéntico a los conservados en repositorios oficiales. La casaca abierta muestra la camisa blanca, cuello de punta y corbatín militar de seda negra. Están a la vista también una faja anudada en la cintura la cual no pareciera ser la bicolor reglamentaria y las charreteras con canelones de oro. Luce en la solapa izquierda cocido por sus cuatro agujeros, un particular distintivo punzó en su versión de uso militar y consistente en una orla de laurel con la leyenda “Federación o Muerte” (51). Brown porta la obligatoria divisa federal prendida al pecho de su uniforme, tal como era imposición del Gobierno de Rosas para la época. Esto no debe sorprender a pesar de conocer su carácter tolerante y postura de mínima confrontación y ostentación política. Brown se rehusaba sistemáticamente a portar divisa Federal, salvo en eventos que lo requiriese oficialmente (52), al punto que los marineros de su buque insignia tampoco estaban obligados a llevarla. Dado que la divisa estaba cocida a su uniforme y pesar de su manifiesto disgusto para con las ofensivas leyendas federales y a pesar de ser una foto de carácter privado, la conserva en su solapa.

Es interesante notar que para su retrato al daguerreotipo de 1854, dicha divisa fue descosida de su uniforme. Esto es así debido a que una vez caído el gobierno de Rosas se prohibió y se retiraron las consignas federales ofensivas contra los Unitarios en todos los documentos oficiales y hasta en el papel moneda de circulación corriente. Así también paulatinamente se dejaron de usar en la vestimenta civil como militar.

La señora de Brown luce vestido de raso de seda negra, con mangas abullonadas y cuello cerrado de igual material en forma circular, que cubre sus hombros, parte del busto y la espalda. Es posible que la señora Brown supiera de la conveniencia de lucir ropas oscuras, como era la sugerencia habitual de los artistas, ya que éstas lograban mejores tonalidades sobre la superficie de la plateada plancha daguerreana.

Lleva además un pañuelo de seda blanca sobre el cuello cruzado al frente, y también una cofia de seda blanca adornada con rosas artificiales de igual material, anudada firmemente con lazo largo bajo el mentón, tal la usanza apropiada para una mujer casada. Está peinada raya al medio, con abundante cabello negro.

Esta vestimenta de la señora Brown coincide con los grabados de modas de principios de la década de 1840 y quedará prácticamente en desuso para 1844 (53). Si bien algo inusual en jóvenes adineradas para la época, las cuales adoptaban rápidamente los dictados de la moda europea, el uso de vestidos ligeramente fuera de moda era razonable y esperable en una mujer mayor y religiosa, de recursos restringidos y con largos períodos sin contacto con su marido, como estuvo Madame Brown entre 1843 y 1844.

Elisa de Brown lleva un largo collar de oro, quizás con perlas intercaladas (54), con sello, anteojos o dije en su extremo inferior, pendiendo por debajo de su cintura y que, significativamente, está en dirección a las manos unidas de la pareja. Quizás esta joya, puesta a la vista de ex profeso, sea un regalo de aniversario del Almirante. Se ésta quizás también la joya que la señora de Brown tratara de vender para costear de su peculio el sepulcro de su esposo, en clara y última prenda de amor, acto que fue impedido por un antiguo comandante subordinado del Almirante (55).

No es casual que la deliberada pose creada por el artista logre una composición que refuerza la unión de ambos. Siguiendo visualmente la línea que nace en la cabeza de la Señora de Brown el collar conduce nuestra mirada a sus manos y éstas a los brazos enlazados hacia el semblante de prócer.

Toda la composición de este poderoso retrato refuerza la idea de franca igualdad y unidad del matrimonio. Los brazos enlazados y las manos estrechadas son una metáfora evidente de su sólida relación. Nótese el equilibrio visual existente entre las manos libres de ambos modelos, como así también el cierre del conjunto que logra el halo de sombra en el fondo.

Tanto el Almirante que viste su uniforme de gala, algo que hacía solo en ceremonias oficiales, como las “Sunday best” (56) de Madam Brown, evidencian la importancia asignada al momento elegido para la ceremonia de su primer toma fotográfica.

Notablemente, nuestro Almirante se muestra en todos sus numerosos retratos en pose sentada, en un encuadre de busto, y nunca de cuerpo entero o de pie. Es probable que esto se deba a su fuerte renguera provocada por su lisiada, corta (por 10 cm) y desviada, pierna derecha (57), producto de las heridas de guerra que sufriera en 1814 y en 1818. Brown era así un hombre que sobrellevó las peores adversidades de la guerra y sus largas temporadas a bordo padeciendo una discapacidad manifiesta en su andar. Brown era así un hombre “desafiado físicamente” que, a pesar de su avanzada edad para el cargo que desempeñaba en 1844, cerró su carrera en 1845 a los 68 años, sin ser batido en guerra franca.

Esta pieza daguerreana nos muestra el semblante del Almirante a sus sesenta y siete años de edad y notablemente más gordo que en los daguerrotipos posteriores de 1847 y los de la década del 50. Se lo ve con una mirada vivaz, frente despejada y abundantes cabellos blancos. Muestra una expresión casi juvenil por sus carnosos labios y boca entreabierta que insinúa algún problema dentario.

Basándose en el análisis comparativo de las facciones del prócer en ésta temprana pieza daguerreana con las correspondiente a otro daguerrotipo tomado fehacientemente en 1847/48 en ocasión de visitar a su hija en Londres, podemos deducir no menos de tres años de diferencia entre ambas, es decir como fecha tardía el año 1844.

Siguiendo con los elementos de la imagen el fondo de la misma está decorado con una columna pintada de características bien definidas y particulares.

El recurso de la columna, que fue tomado de la pintura por los artistas del daguerrotipo, otorgaba un aire clásico a los retratos. Este era buscado por el artista ya que no solo daba un soporte visual al conjunto sino que con una adecuada iluminación, reforzaba además el efecto tridimensional entre fondo y sujeto, tan propio de en las imágenes más logradas de este arte. La columna del fondo refuerza poderosamente la estabilidad visual de la composición donde, como analizamos más arriba, todos los elementos de se encuentran “plantados” en sus lugares.

Es así que nuestro daguerrotipista si bien tuvo dificultades técnicas muestra tener conocimiento sobre los recursos estéticos utilizados por los mejores estudios de la época. Logra aplicar una notable y temprana sensibilidad en la profesión que le permite plasmar metafóricamente al matrimonio Brown como dos sólidos “pilares enlazados”. Si bien los artistas daguerreanos quizás nunca se hayan planteado la pregunta ¿cómo puedo hacer que mis modelos se vean heroicos; como puedo mostrar su esperanza y obtener la fuerza de una obra clásica? Ya sea que se hayan planteado la pregunta o no, ese era el aspecto que buscaban lograr; era el resultado que acompañaba su visión y consecuentemente evolucionaron hacia una técnica que les permitiera lograrla (58).

 

La base de mármol tiene una parte superior cuadrada y sobre ella se erigen la columna posada sobre varios anillos aparentemente del mismo material de ésta.

Es importante notar que la columna no es un objeto real y es verdaderamente una pintura sobre el telón de fondo. La clara demostración de ello es la distancia que existe entre los modelos y el fondo pintado, y la sombra que proyecta el Almirante sobre éste.

De ser la columna un objeto real dicha distancia debería haber sido mucho mayor y la perspectiva y sentido de profundidad más pronunciadas.

El uso de decorados pintados era recurso habitual en los artistas daguerreanos mediados de la década del 40.

Esta modalidad, (iniciada quizás por Antoine Claudet en Londres ya en 1842), estaba suficientemente difundida para mediados de 1840 (59) como para ser adoptada por nuestro artista quien se publicitaba ofreciendo “las últimas novedades del arte” y “retratos propios como los mejores de cualquier parte de mundo”.

 

 

 

Resumiendo, tanto el carácter frontal de la toma como así también el nivel de aproximación a los modelos en su encuadre cerrado y el uso de un fondo pintado con una columna particular en el fondo, son todos elementos distintivos que definen el trabajo de este artista.

En éste trabajo y para la fecha estimada de toma de este daguerrotipo (Julio 1844) es nuestra convicción que el fondo pintado con la columna descripta es la “firma o marca registrada” de Elliot. Se podrá así reconocer y atribuir piezas a su autoría personal o como mínimo, si consideramos la improbable alternativa de la existencia de un segundo operario o ayudante que operara la cámara, a su Estudio a partir de dicho elemento, siempre y cuando las demás consideraciones hechas y analizadas más arriba (vestimenta, rasgos faciales, ángulo de toma, etc.) no sean incongruentes ni contradigan las fechas para la atribución.

(46) Wood, John. “America and The Daguerreotype”. University of Iowa Press. Primera edición, 1991.
(47) En la década de 1850 se introdujo la novedad de un lente corrector que invertía la imagen daguerreana permitiendo ver los retratos correctamente, tal como son registrados desde entonces y hasta la actualidad por todas las cámaras fotográficas.
(48) Elizabeth Chitty agregó al certificado de casamiento de 1809 y en el momento de redactar su testamento en 1860 la siguiente frase ilustrativa: “Declaro bajo juramento que cuando contrajimos matrimonio ninguno de ambos cónyuges introducimos más que la decencia de su persona”.
(49) Dennis Waters en conversación telefónica fue quien notó el detalle del anillo, que pasara desapercibido para todos los que vimos esta imagen reiteradamente. El especialista Waters vió tan claramente el anillo y se mostró tan entusiasmado que pidió ver el otro daguerrotipo con el anillo puesto!! Obviamente esa imagen no ha sido encontrada hasta la fecha ni tenemos documentación que nos de la pista de que realmente haya sido tomada.
(50) Comunicación via email con JJ.
(51) Luque Lagleyze, Julio, lo menciona en su trabajo de 1995, “Apuntes sobre la fotografía naval 1840- 1900” , en la Memoria del 3º Congreso de Historia de la Fotografía en la Argentina , pág. 149, que se trata del “cuyo original se encuentra en el Complejo Museográfico Enrique Udaondo, Luján. Esto contrasta con lo asegurado por los autores de “Apostillas” quienes entienden se trata del escudo por la Toma de Montevideo.
(52) Rosas mismo solía justificar sus faltas a la etiqueta Federal con la frase “son cosas del viejo Bruno”. La falta de obligatoriedad del uso de divisa Federal a bordo, fue una de las formas de mostrar la clara independencia política de Brown, quien se justificaba diciendo que bastaba con que el Comandante en Jefe de a Escuadra la luciera en su uniforme. De igual manera y al notar que los marineros de su buque no usaban devisa federal el Coronel Maza le observa este hecho a lo que Brown contesta con fastidio: “Yo la llevo, coronel, y aunque pequeña, basta”. Ratto. Pág. 443. En oportunidad de visitar Manuelita su buque insignia y ante el extremo partidismo federal en contra de los “salvajes unitarios” de los brindis de los invitados, Brown fastidiado se limita a brindar “por la bandera que luce este buque”
(53) Joan Severa: conversación particular.
(54) La familia Brown descendientes del prócer conserva un collar largo con perlas intercaladas parecido al de la imagen.
(55) Apostillas pág. 328.
(56) “Sunday best”: Literalmente del inglés “las mejores de Domingo”, en referencia a las mejores prendas que habitualmente se vestían los domingos, generalmente para ir a misa.
(57) Un informe forense confidencial de la Armada Argentina , realizado en 1950 sobre los restos óseos del Almirante, confirman que existía una diferencia de 10 cms en el largo de sus huesos fémur, por lo que su pierna derecha era más corta y estaba rotada hacia afuera de manera manifiesta. Copia de este informe está en poder de Maria Cristina Brown de Racedo, chozna de Brown. Brown seguramente usaba suplementos en sus suelas para compensar esta diferencia de largo entre piernas.
(58) “The Daguerreotype”. Editado por John Wood . University of Iowa Press. USA . 1989.
(59) “America and the Daguerreotype”. Editado por John Wood . University of Iowa Press. USA.1991.

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El Momento en la vida del Almirante

Es interesante confirmar el hecho que el Almirante Brown y su esposa tuvieron una vida económicamente medida y modesta (60). Si bien tuvo épocas como comerciante mercante de cierto esplendor económico como cuando compró su “Kinta”, construyó su propio depósito para frutos del país, compró una estanzuela en Colonia de Sacramento (1814, Banda Oriental) y llegó a tener un esclavo negro “Pascual” (1812) y a comprar al menos una esclava (1813), todos signos que lo colocan dentro de la clase media local originada a partir de 1810 (61), también en varias oportunidades quedó prácticamente en la ruina.

La toma de un daguerrotipo durante la década de 1840 era un lujo prácticamente exclusivo de la clase aristocrática y pudiente del Plata. Los avisos de época confirman que las tomas al daguerrotipo costaban nada menos que 100 pesos, equivalente a no menos de 5 sueldos de un dependiente de tienda (62), o comparable con el valor de 4000 metros cuadrados de tierra (63).

Brown pertenecía a ésta clase social por su prestigio popular más que por su estabilidad o esplendor económicos. El Almirante llevaba una vida sin excesos por necesidad y convicción. La decisión de tomarse un retrato en pareja debe haber sido motivada por un acontecimiento relevante en su vida privada, el cual merecía ser “celebrado” con la toma de su primer retrato al daguerrotipo, costara éste lo que fuera. Aprovecharon así la llegada de primer artista y con él la novedad del retrato fotográfico para concurrir inmediatamente a registrar el primero de una serie de ellos que se tomarían en vida. Este hecho ha sido confirmado por sus descendientes directos, el chozno del Almirante Brown Ing. Agrónomo Guillermo E. Brown, quienes conservan en la tradición familiar que “los Brown acudieron en familia al estudio del primer fotógrafo arribado del exterior, para hacerse sus primeros retratos” (64).

Así, una vez desembarcado en junio de 1844 y de descanso en su “Kinta” de barracas, y durante uno de sus viajes a la Capital dedicado en el alistamiento de su nuevo buque insignia, y acompañado por su esposa y muy probablemente para el lunes 29 de julio de 1844, habrá visitado el publicitado estudio de Elliot de la calle Victoria 106. La visita habrá tenido lugar en las más propicias luces del mediodía, permitiendo un tiempo de exposición de alrededor de un minuto, a la luz del sol invernal que entra por el gran ventanal abierto del estudio ubicado frente a la Plaza de la Victoria (Plaza de Mayo).

Significativamente, no hemos podido ubicar alguna otra imagen en toda la iconografía del prócer que lo muestre en pareja junto a Elisa, su esposa. Esto le otorga a este retrato de aniversario de casados una significación especial, quedando así eternizado en la memoria de este espejo daguerreano.

Para el 2 diciembre de 1844 Brown ya se encontraba embarcado y en su puesto a bordo del flamante buque insignia, el bergantín San Martin, dejando nuevamente el puerto de Buenos Aires por un largo período hasta su detención como prisionero de guerra y su retiro definitivo del servicio activo a partir del 2 de agosto de 1845. En dicha fecha su escuadra argentina fue vandálicamente robada por el enemigo pasando a bandera extranjera y engrosando las escuadras aliadas enemigas, forzando además su firma de un compromiso de no servir más a la Confederación durante la guerra. Era el final de su notable carrera bélica al servicio de su Patria adoptiva.

Su vida luego de éstos hechos de 1845 está tratada ampliamente en sus varias biografías y excede el ámbito de este estudio (65). Sin embargo es bueno remarcar que desde su retiro definitivo de las armas, se recluye en su “Kinta” de Barracas. Está profundamente afectado, irritado y amargado con quienes lo habían puesto en tan duro trance, humillante para su carrera. Se mantiene ajeno a la política y Rosas lo abandona literalmente a partir de su regreso a tierra, al punto que no se conozca ningún otro contacto con el viejo Bruno , tan visitado y mimado por Manuelita en los días prósperos, y que sea evidente la frialdad -sin una sola palabra– de la prensa tanto como del gobierno, cuando se despide para emprender su viaje a Inglaterra.

Nos vemos en la obligación de descartar la posibilidad de un contacto entre Bennet y Brown durante 1845, ya que como vimos este segundo artista profesional inicia sus actividades en septiembre y se desempeña hasta diciembre de dicho año. Vemos que además de las facciones del propio Brown, la tradición familiar, el detalle del anillo sujeto en mano y muchas otras consideraciones hechas hasta ahora, entendemos que lo más significativo para archivar esta posibilidad es el hecho que Brown cae prisionero de la escuadra enemiga, deja el servicio activo y se retira a su Kinta de Barracas el 2 de agosto (estando antes embarcado en el Rio de la Plata). No imaginamos en qué circunstancia remota y obviando las consideraciones previas, Brown pudiera nuevamente decidir vestir sus mejores galas (que ya no le eran propias en este período) superara su estado anímico y concurriera al estudio daguerreano a hacerse un retrato con su esposa, del carácter visto hasta aquí. De estar Brown en condiciones anímicas de tomarse un retrato familiar en este momento de su vida, difícilmente lo hubiera hecho vistiendo el uniforme de un cargo que ya no ejerciera, para un gobierno que le diera la espalda y lo abandonara forzando así su retiro del arma definitivo.

Vista su quebrantada salud física y mental (66) y la contrariedad que le produjo la forma en que fue despojado de su Escuadra por el enemigo y del virtual abandono en el que lo dejara Rosas, nuestro héroe se mostrará reacio a la vida social y se mantendrá relativamente alejado del contacto con la ciudad. Se remite a algunos viajes a Colonia o Quilmes visitando a amigos, a la asistencia a ciertos actos oficiales, reuniones con amigos irlandeses, a festividades religiosas y las infaltables contribuciones para obras benéficas.

En limitadas oportunidades volvió a usar su uniforme oficial de Brigadier General. De hecho, y salvo en 1854, no habría vuelto a posar para un artista daguerreano en sus mejores galas militares. Tanto en Londres como en Buenos Aires se mostrará en ropas civiles con levita oscura, tal como se evidencia en sus varias imágenes daguerreanas conocidas (67).

La excepción se da en 1854, año de gran actividad protocolar para el Almirante ya que al menos en tres oportunidades viste su uniforme de Brigadier entre mayo y octubre (68). Es este período, estimamos, dentro del cual habría posado para el Ing. D. Carlos E. Pueyrredón en su notable retrato al daguerrotipo, que lo muestra sentado con sus mejores galas de Brigadier General de las Provincias Unidas. Viste en éste la faja bicolor de borlas, realizada en gros de seda natural con dos franjas, una blanca y la otra celeste (69), y dos grandes borlas con hilos de oro y flecos en las puntas, visibles sobre la falda derecha del Almirante. Esta fue proscripta por aplicación de decreto de agosto de 1835, que prohibió los colores verde o celeste, en cualquier prenda militar de los uniformes militares, por ser considerados propios del Partido Unitario (70). Esto explicaría la falta de dicha faja celeste y blanca en el daguerrotipo de la pareja Brown de 1844, reemplazada aparentemente por una sencilla faja de color claro no definido y sin borlas a la vista.

Creemos así suficientemente demostradas las instancias por las cuales nuestro austero héroe se permitió el lujo de una toma al daguerrotipo en el Estudio de J. Elliot, para celebrar su aniversario de bodas número 35 dejando clara su intención sosteniendo en su mano derecha la alianza matrimonial de su amada compañera.

(60) Es conocido y documentado el episodio que involucra a Comandante Militar del Maldonado Alvaro Alzogaray, que el 29 de Octubre de 18 44 y conociendo la pobreza de la vajilla del Almirante resuelve obsequiarle un juego de media docena de tazas de té, platillos y un hule para su uso personal de mesa. Conociendo la sensibilidad de su jefe de escuadra tiene la delicadeza de hacerle llegar el regalo de manos de su hija. Brown al conocer la procedencia del regalo comprende la intención y sin disimular su desagrado le escribe a su ayudante que rechaza y devuelve el regalo por ser incorrecto enviarlo en manos de una niña y que además no lo necesitaba, y que de ser así lo hubiera comprado el mismo en tierra. (Ratto, pag 442).
(61) Apostillas, pág. 24.
(62) “Los Años del Daguerrotipo”. Ver nota
(63) “Historias de La ciudad”. Andrea Cuarterolo.
(64) Conversación personal con el Ing. Agr. Guillermo E. Brown.
(65) Guillermo Brown. Guillermo Oyarzábal. Librería Histórica SRL. Buenos Aires, noviembre de 2006.
(66) Diversos biógrafos consideran su afección psicológica de diversa manera desde neurótica, paranoica y hasta suicida. Lo cierto es que cualquiera sea la definición técnica de sus males mentales reales éstos, en ningún caso documentado, nublaron o limitaron su juicio en acción al mando de la Escuadra Argentina. Siempre se las tomó, en palabras indulgentes de Rosas, como cosas “del viejo Bruno”. Hay documentados numerosos incidentes de manía persecutoria, que llegaba a alejar a algunos de sus comandantes, quienes se negaban a servir en su nave capitana. También tuvo incidentes suicidas, como cuando se tiró de un segundo piso y quedó inhabilitado varios meses en cama por las fracturas sufridas.
(67) Iconografía.
(68) Durante 1854 al menos vistió su uniforme de Brigadier cuando debió jurar la Constitución de la Provincia de Buenos Aires el 23 de mayo en la Plaza de la Victoria ; luego en Julio se ocupa de repatriar desde Montevideo los restos mortales de su ex camarada de armas Gral. Carlos De Alvear; finalmente luce su uniforme en octubre del mismo año durante el sepelio del General José María Paz, su ministro de Guerra en 1829.
(69) Iconografía: Foto de la faja en pág. 62.
(70) Iconografía: pág. 25

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El paquete daguerreano

El denominado “paquete daguerreano” está integrado por una serie de elementos que permiten la conservación adecuada de la placa o plancha daguerreana y su más o menos lujosa presentación.

Tenemos así y de adentro hacia fuera, la plancha daguerreana o daguerrotipo en sentido estricto, preparado sobre una placa de cobre rígida que ha recibido un baño de plata y luego pulida como si fuera un espejo. Luego viene un paspartú metálico dorado denominado “Matt”; un vidrio protector; una banda de papel engomado que sujeta la plancha daguerreana al matt y al vidrio. A fines de 1840 se incorporó una “bandeleta” metálica a modo de marquito que cierra el conjunto anterior. Finalmente, el conjunto se introduce dentro de un estuche de cuero de “tafilete” decorado con distintos diseños por fuera, y por dentro con una tela decorativa en seda o terciopelo gofrado, enfrentada a la imagen, que cerraba ajustadamente el conjunto y evitaba la presencia de aire dentro del mismo.

Del paquete daguerreano dos cuidados son fundamentales para prevenir serios deterioros en la extremadamente delicada superficie daguerreana (tanto al tacto como a los contaminantes del aire). Primero y principal el sellado del conjunto con el papel engomado evita la entrada de aire y gases que oxiden la placa metálica. Segundo el matt metálico que mantiene al vidrio separado de la imagen, evita que aquel quede en contacto directo con la plancha daguerreana, y demora el deterioro que causa sobre la imagen la característica “sudoración” en forma de gotitas de los vidrio de siglo XIX.

Todos y cada uno de los elementos mencionados si son correctamente evaluados nos permiten aportar datos de relevancia para fechar una imagen daguerreana. Sin embargo, hay que tener presente que tanto los estuches que son objeto de colección en si mismos, como los “mat” y las “bandeletas” eran y son frecuentemente cambiados por diversos motivos, rompiendo así la unidad histórica que aporte pistas válidas y evite confusiones de técnicas y estilos. En otras palabras podemos hallar una imagen de la década de 1840 en un estuche y mat de la década de 1850.

Lamentablemente, éste es el caso del paquete daguerreano de la pareja Brown, el cual presenta varias incongruencias temporales. Tanto el estuche como la bandeleta que sella el conjunto placa-matt-vidrio corresponden a la década de 1850.

 

Sin embargo la marca del platero (71) de la plancha daguerreana que se encuentra en el margen superior derecho de la misma es del tipo “SCOVILLS” y es consistente para la década del 40, ya que ésta fue dejada de usar por su fabricante norteamericano hacia fines de 1840.

La explicación para esta falta de consistencia en las partes del conjunto puede tener varios orígenes.

No es difícil especular que visto que el daguerrotipo de la pareja es de la década de mediados de 1840, pasado el tiempo éste haya precisado ser reemplazado, tarea que frecuentemente realizaban los artistas a pedido de su clientela.

Otra posibilidad igualmente plausible y ciertamente desaconsejable, es la que algún integrante de la familia haya intercambiado estuches entre piezas de diferentes fechas, por razones de preferencia o de reemplazo por deterioro.

Finalmente y esbozando meramente tres explicaciones dentro de un amplio espectro, la posibilidad menos factible es la que durante el siglo XX en alguna de las varias instancias en la cual esta pieza haya sido estudiada, tanto por familiares como por encargados de su archivo una vez donada al patrimonio nacional, le hayan cambiado el estuche pretendiendo lograr una mejor conservación de la imagen. Si este fuera el caso es necesario prevenir de dicha práctica, la cual es totalmente desaconsejable en cualquier caso, pero si por alguna razón se tomara la decisión de realizar el cambio, el mismo debe ser debidamente documentado dentro de la pieza y debajo de la plancha daguerreana, para que no se pierda dicha información en el tiempo.

Confirmada la afición de Brown y su familia al retrato fotográfico, la primera de las tres opciones es a nuestro entender la más factible. Era práctica habitual la restauración o reemplazo de estuches por los propios artistas daguerreano, para lo cual la pareja Brown tuvo varias instancias habiendo visitado en reiteradas oportunidades estudios daguerreanos durante la década de 1850, período al que pertenece el estuche citado.

(71) Marca de Platero: Las placas daguerreanas llevaban frecuentemente la marca del platero que la fabricara. Este dato es relevante como elemento de ayuda para fechar placas daguerreanas y los artistas que las utilizaron.

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CONCLUSIÓN

El estudio de esta temprana imagen nos ha permitido elucidar valiosos detalles de la vida e motivaciones del Almirante Brown, que han pasado desapercibidos hasta la fecha a pesar de los completos estudios biográficos que se le han dedicado incluso desde antes de su muerte ocurrida en 1857. Esto confirma lo afirmado por Boris Kossoy en el sentido que si bien el pasado es un dato que no se puede modificar, el conocimiento del pasado es algo en progreso que constantemente se forma y perfecciona.

Se confirma aquí una vez más que la fotografía debe ser aceptada definitivamente como fuente documental idónea para el estudio de la historia, a la par de los tradicionales documentos escritos e impresos. Vemos también claramente el otro aspecto de la importancia dual del “objeto-imagen daguerreana”, en tanto pieza de acervo patrimonial relevante, como todo original fotográfico, para la historia de la técnica y el arte fotográficos, en tanto parte de la historia de la cultura.

En la iconografía daguerreana mundial es inusual encontrar imágenes con un mensaje tan claro y deliberado, resultado de la acertada amalgama entre la actitud y postura de los modelos y el correcto tratamiento del artista. El artista logra aquí plasmar arquetípicamente la semblanza de nuestros célebres modelos como quisieron ser recordados, trascendiendo así para la posteridad como una pareja fiel a su compromiso, equilibrada y unida.

Con toda la información volcada proveniente tanto de sus biógrafos e iconografías como de la memoria familiar, sumada a la información recopilada de los diarios de la época y una correcta y minuciosa lectura de los códigos visuales de esta temprana pieza daguerreana, creemos plenamente demostrada la fecha de realización de este notable retrato durante julio de 1844. Es así que quedaría confirmada la autoría del Estudio de J. Elliot, único y solitario artista durante todo ese año y reconocido primer daguerrotipista profesional del Río de la Plata.

Se ha podido también identificar una serie de pautas que definen el trabajo de este misterioso pionero. Estos detalles asistirán a futuros investigadores en la identificación de obras atribuibles a Estudio de Elliot tanto en acervos públicos como privados, de igual manera que se ha podido atribuir al mismo y casi con certeza tres piezas en la Colección del autor.

Se ha demostrado finalmente que el Almirante Brown poseía una clara apertura mental a los avances de la época, por lo que cultivó una ferviente afición por el retrato fotográfico. Desde el arribo mismo de la novedad al Plata y con su asidua concurrencia a distintos estudios hasta sus últimos años de vida, tanto en el país como en el exterior, se ubicaría como el prócer argentino más fotografiado al daguerreotipo comprobado hasta la fecha (72).

El aniversario de la célebre pareja Brown quedó inmortalizado en la memoria de este espejo daguerreano y se constituye así en una de las 4 imágenes más temprana de la historia Argentina reconocidas hasta la fecha.

(72) Comunicación con Abel Alexander.

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